Archivado en: ‘Yo solo hablo del alma’ .

2. La Hermandad de los Gansos

28 noviembre, 2018

“Debe haber otra manera de atravesar la dualidad,

otro modo de llegar a la verdad,

debe haber otro modo de pasar de una orilla a la otra….

 Debe haber otra manera de volar

que no sea solo en contra de corrientes ideológicas,

ya sean de aire frio o de aire caliente,

 al fin y al cabo, corrientes que crean torbellinos difíciles de solventar…”

Me habéis podidos leer desde el pasado 2011 prácticamente el mismo discurso una y otra vez, con algún que otro matiz: el valor de nuestra propia individualidad como elemento innegociable para poder alcanzar la felicidad o Bienestar con uno mismo, y el autorespeto como forma de imaginar el lugar que ocupa uno en el Universo.

Solo que…, todo eso es o debería ser… al servicio de la “colectividad”.  Se puede ser Egoísta, pero nunca Ego-CÉNTRICO. Egoísta implica mirar por uno antes que por otros, lo cual puede ser reprobable pero nunca será ilegítimo. Lo que nunca podemos ser es Egocéntricos porque, afortunada o desgraciadamente, no estamos en el cetro de “nada”.

No somos realmente  importantes (imprescindibles)  para nadie y jamás podremos rellenar nuestra carencia interna con algo de fuera.

A lo más que podemos aspirar a lo largo de nuestra vida es a dos cosas:

A estar en paz con uno mismo porque nada escondemos e intentar mantener cierta coherencia entre pensamiento-sentimiento-nuestra palabra y nuestra acción, lo cual no siempre es posible…,  y a poder ejercer cada uno nuestra propia esfera de influencia; no por lo que decimos. sino por lo que hacemos. Un mundo mejor se refiere a una sociedad mejor, y una  sociedad mejor solo puede estar integrada por individuos sanos, equilibrados, responsables, que piensan más en ser Humanos “derechos” (de pie), que en sus “Derechos” Humanos y reivindicaciones.

Salomón Michan nos dice  que tenemos que copiar la forma en la que los gansos viajan (vuelan). Lo hacen en “V”, con el vértice delante porque dicha posición  beneficia al que está detrás en la formación, y porque la bandada consigue aumentar hasta en un 70% su capacidad operativa de vuelo.

Es decir, cuando la colectividad, la sociedad, comparte un destino común y todos saben a dónde ir, la formación ideal es la de   una “V” “gansa” (una enorme y gigantesca “V”). Se llega más fácil, descansado y rápido, volando como los gansos.

Viajar de esta manera tiene otras ventajas que deberíamos copiar de ellos: ellos se dan cuenta del cansancio que supone volar venciendo la resistencia del aire, porque si volasen solos tendrían que descansar cada dos por tres. Sin embargo, viajar resguardado por el  compañero que tenemos delante de nosotros… ayuda a viajar a velocidad de crucero.

Si tuviésemos la lógica del ganso, nos acostumbraríamos a hacerle el relevo al líder. En la formación  de los Gansos, cada vez que el líder se cansa pasa al final de la formación, y el segundo ocupa su lugar sin detrimento del prestigio o cavod del que se ha puesto el último, porque a medida que otros líderes van cansándose, también ellos van pasando al final de la formación. El viaje es largo y los relevos nos permiten mantener siempre la misma velocidad de crucero, porque lo realmente prioritario es estar de acuerdo en la dirección que hay que escribir en nuestro GPS psicoespiritual. Además, los gansos que van detrás  graznan fuerte para estimular al líder y evitar que se duerma o distraiga observado el viaje. El graznido bien pueden ser algunas críticas, sí. Pero también palabras de aliento que nos pueden reforzar nuestra autoestima. Y cuando un ganso de la formación enferma  cae herido por el disparo de un cazador, dos gansos salen de la formación en “V” y bajan a tierra con el compañero para curarlo, asistirle y quedarse con él hasta que pueda volar o, en el peor de los casos, si fallece, hasta enterrarlo, para inmediatamente después, reincorporarse a los puestos finales de la formación.

Yo siempre he pensado que ese era el propósito de Dios con los judíos en el desierto aquellos raros cuarenta años: saber “viajar” en formación. Acampar en formación, pensar-sentir-graznar-y volar como un solo corazón. Quizás yo sea un soñador (que no creo), pero es posible comportarnos como una hermandad de Gansos.

¿Ustedes recuerdan un post que escribí hace años acerca de las diferencias entre los “hermanos de sangre” y los “hermanos de Almas”?. Pues bien, un peldaño inmediatamente superior al de la Hermandad de las Almas sería, en mi humilde opinión, la Hermandad de los Gansos. Vivir pensando en los demás, ayudando y pensando en lo que pueda necesitar el compañero no es una utopía hecha para “santones” ni “alternativos”…. Si los gansos, que no son obviamente humanos, lo hacen…, nosotros entonces ¿Por qué no?

Todo nuestro crecimiento individual, toda nuestra  sabiduría, conocimiento  y discernimiento, toda nuestra capacidad de dar y de restringir, todo nuestro esplendor…, ¿para qué es?  ¿Para quién es?  Si no es para el compañero de viaje,  ¿para quién es?  Si viajar por la vida se te hace duro, cansado,  ¿no hay otra manera de viajar? Si. Debe haber otro modo de ir por la vida…, sí que la hay…

 

 

3. Una manga de once varas.

25 noviembre, 2018

El trabajo duro hacia el exito es silencioso, la caída y el linchamiento siempre es ruidoso.

Antiguamente, en la Edad Media, durante la ceremonia de adopción de un supuesto hijo adoptivo, el padre que adoptaba  debía introducir al futuro hijo adoptado por una manga de una camisa de once varas, claro, sacándolo por el cuello para posteriormente darle un fuerte beso en la frente como prueba de la aceptación de la paternidad. La vara (835,9 mm) era una barra de madera o metal que se usaba en aquel entonces para medir cualquier cosa. En aquel contexto once varas equivalían a más de 9 metros, dando a entender que se trataba de una camisa con una manga exageradamente grande, en la misma medida de lo que el futuro le iba a “caber” de amor y bendiciones.  Sin embargo,  ocurría que,  a veces,  estas adopciones no eran del agrado del hijo adoptivo, y entonces se le recomendaba a éste que no se metiera en esa camisa de once varas (que no se dejase adoptar), vaya a ser que se arrepintiera.

En metafísica el número once se consideraba un número indefinido situado más allá del 10, que significaba la plenitud, y cuyo significado era “demasiado”, y por esto se entendía que era una camisa demasiada larga… para que fuera bueno.

Hoy día la expresión meterse en camisa de once varas, se usa cuando una persona se complica la vida inmiscuyéndose o dejándose contaminar en asuntos o problemas que no le son propios, y entonces un tercer observador  le aconseja que no se meta en camisa de once varas. Cuando a alguien se le dice  que se está metiendo en camisa de once varas significa que se complica  (y/o la complica a los demás) la vida innecesariamente. Otras veces  se aplica a aquellas personas que por ser excesivamente serviciales prometen cosas que no pueden dar o que no dependen de él, no con ánimo de estafar, sino por las ganas en demasía  (once varas) de complacer a la otra persona. Pongamos el caso de un amigo que tiene un problema con su coche, y lo necesita inmediatamente porque precisa irse al día siguiente de viaje, y le decimos que se lo miramos y que  al día siguiente se lo tienes arreglado fijo, y que no hace falta que lo lleve a un mecánico que le va a dar gato por liebre. En ese caso nos estaríamos metiendo en una camisa de once varas. Este punto es una falla importante en nuestro sistema evolutivo, tanto para la persona que ofrece la camisa de once varas, como de la persona que confía en el gran facilitador.

A esta altura del crecimiento espiritual no es congruente depositar un exceso de confianza en alguien semejante a ti. En palabras del Zohar: “maldito el Hombre que confía en el Hombre”.

¿Entonces qué?,  ¿confiamos?, ¿ayudamos?. Lo recomendable es esperar a que te pidan tu opinión, al menos tres veces, y contestar siempre “te digo ésto porque me lo preguntas, y te lo digo desde mi verdad, pues habría que  ponerse en tus zapatos para vivir la realidad que estás viviendo”.  Desde mi posición yo haría…, bla, bla, bla….

Porque la manta que toca hoy quitar es la del orgullo de ser útil a la humanidad para así ser querido y respetado, así como en el caso de la “víctima”, evitar  depositar la confianza en una instancia probablemente inferior a la suya propia.

El problema de meterse en camisas de once varas  es, que tanto el equivocado como la victima, reaccionan malamente tras conectar con la realidad al pasar a relacionarse con el entorno a partir de ese momento a través del sentimiento.

Cuando se pasa de la “emoción”  al “sentimiento”, perdemos en un día todo lo que hemos  ido atesorando toda una vida. Cuanto más nos alejamos  de la voz interior que es nuestro pensamiento, más nos desborda las emociones, y  más nos alejamos de nuestra conciencia relacional, y entramos más en el dominio de los instintos de supervivencia ante la decepción (unos con odio, otros con revancha, otros con venganza y otros con ambos, o con todo el abanico de los sentimientos activados).

Lo malo es que este sentimiento redunda en la palabra, y cuanto más alejada esté la voz interior de  la voz que emitimos, menos “verdadera” y objetiva será la “realidad” que estamos viviendo.

Lo malo de esto es que nuestro entorno, las personas que nos rodean y que nos retroalimentan, se crea en función de lo que decimos y hacemos, y no en función de nuestro pensamiento y/o voz interior y, claro, al entrar en la dinámica sentimental creamos un entorno (un contra-entorno) que refuerza y alimenta ese odio, revancha y/o  venganza que expresamos en nuestro dolor. Y es “ahí”, en ese momento cuando empleamos en nuestro discurso palabras como “mala suerte”, “injusto”, “no me lo merezco” etc…

Lo malo de la “manga ancha” es que al ser una manga de nueve metros no solo caben  el damnificado y su entorno sino también otros entornos y victimas que han vivido situaciones similares, y que conectan con el discurso público del primero, llenándose la manga de más voces que jalean lo mismo, y la manga no se llena, tarda en llenarse porque para eso era “ancha”.

Las palabra que decimos, las emociones que sentimos, al hacer lo que hacemos y el sentimiento con el que decimos lo que decimos, crea el nuevo orden social con el que nos relacionamos,  alejándonos cada vez más de nuestro propósito, y nos arrastra como una riada “sentimental” (y por tanto subjetiva) que nos lleva a  “desaparecer”.

Tal como decíamos el 16 de Abril del 2015, cuando empezamos a subir por esa escalera para quitarnos esa sombra número 50 de obligado paso, para trascender del estado de engreimiento (instinto + sentimiento) personal a otro más evolucionado y abierto que culminase en sacudirse la última sombra (sombra 1), que permita pensar, escuchar, sentir, detenerse, comprender,  para luego hablar y finalmente “hacer.  Un camino difícil no exento de trampas emocionales, que te pondrá tu propio  EGO, el cual no está interesado para nada en cederle el poder al Alma.

De ahí que sostengamos en estos escritos que atravesar los dictados de la vida, y pasar de un estado de “desnudez”  espiritual al de investirse con el ropaje de la dignidad humana, solo depende en primera instancia de tirar de  la manta adecuada que opacifica un determinado nivel de luz, así como llevar una camisa con manga larga pero de nuestra talla en la que solo quepa nuestro brazo.

Recordad que la primera sombra a desmantelar  era la del miedo a la muerte. La muerte del Ego que nos hace preferir “malo conocido” que “bueno por conocer”. En esta sombra, a dos del final, el miedo a haber hecho el ridículo, el miedo a perder la partida, el miedo a lo que habrán pensado los demás, el miedo a lo que sufre mi entorno, nos puede hacer regresar a la casilla de inicio en un “plis plas”.

Así que te queda la palabra, te queda saber si la palabra representa tu pensamiento o si la palabra expresa tu sentimiento. Ufff…

 

4. Los Engreídos.

25 noviembre, 2018

 

A  esta altura del Árbol de la vida, a tres escalones de liberarse de la dualidad, te habrás dado cuenta de cuan fácilmente construimos nuestra realidad a través de nuestra forma de hablar: si decimos “divina de la muerte”, por ejemplo, estamos diciendo que para nosotros lo divino y lo inerte vienen a ser una cosa,  si decimos: “asco de vida”, estamos creando una realidad desilusionante,  con medias verdades o mentiras “piadosa”, que finalmente nos repugnará y nos hará vomitar “asco”. Y así todo.

Palabras como “buena o mala suerte”, “me merezco o no me merezco”,  “no es justo o es justo”,  “es culpable o no lo es”, etc…, son las palabras que nos hacen crear nuestra realidad a corto y largo plazo. Pero saber no es conocer.  Yo, por ejemplo, sé lo que es un parto y he asistido a muchos pero no “conozco” (vivido)  un parto; sé que duele pero no me ha dolido a mí, sé que merece la pena pero no sé hasta cuanto sí o no merece la pena.

Lo que sembraste ayer es lo que recoges hoy, y casi el 100% de las veces nosotros convocamos de forma inconsciente los acontecimientos futuros. A mejor y  mayor conocimiento,  mejor y más libre elección.  Porque la necesidad está en las antípodas  de la libertad.  “La verdad nos hará libres”. Cierto. Pero nunca tendremos en este plano y en nuestro nivel la verdad absoluta, aunque las personas inmaduras e ignorantes vayan por la vida “en nombre de la verdad”  juzgando y emitiendo edictos sobre tal o cual cosa, que poco tiempo después en función del guión de sus vidas defiendan lo contrario y defiendan la “nueva” verdad.

La verdad, que en hebreo se dice EMET tiene un valor de guematria de 9. El nueve es el último número de la individualidad. A partir de él empieza la pluralidad y la convivencia. Cualquier número multiplicado por 9, suma 9. Es decir, el 9 no cambia, ni multiplicado por 3 (27=2+7=9) ni  multiplicado x 15 (135=1+3+5=9). La verdad no cambia en función de nuestros intereses, ni en función de nuestras necesidades, ni en función de nuestro sistema de creencias al cual pertenezcamos. A la única verdad que podemos aspirar es a “nuestra verdad”, y nuestra verdad consiste en pensar, sentir, decir y hacer lo más alineado posible, aunque casi siempre como observaréis pensamos algo, sentimos otra cosa, decimos una parte y hacemos lo contrario.

La manta número 4, la sombra de los “engreídos”, es esa: ¿Quiénes son los engreídos? Aquellas personas que viven en “la” verdad absoluta y no se interesan para nada en “tu” verdad. Viven para conquistar opiniones y voluntades ajenas que retroalimenten su verdad, porque no debería haber otra. Son una especie de ISIS anímico que corta tu  cabeza, si piensas, sientes, hablas o haces de un modo “que no se lleva”.

Precisamente, para defendernos del pavor que nos da ese ISIS anímico, se va construyendo eso que llamamos “EGO”, que nos vende la moto de que nos protege de la incertidumbre, del rechazo y del desamor. Tampoco es verdad.

Siempre tengo muy en cuenta un consejo de mi Catedrático de Psiquiatría, Don Manuel Ruiz, que allá por el año 1980 me dijo, entre otras muchas cosas…

  • Salama, cuando alguien le diga que es usted lo mejor y que gracias a usted se ha sanado de tal o cual afección…, no le crea. Y cuando alguien le eche en cara o le diga: es usted un pesetero, una mal persona, tal o cual…, igualmente, no le crea. Porque solo usted sabe lo que es, y la proyección que usted da hacia los demás no es usted. Es simplemente una proyección, algo virtual, que depende del observador no del emisor. Así que no se pase la vida alimentando y gastando energías que sostengan esa proyección que a usted le reafirma, o intentando lo contrario, es decir, no se pase la vida intentando revocar la imagen que tienen de usted. Se dará cuenta más tarde que pronto, que la vida se le pasó en intentar, en perseguir al pollito equivocado, y cuando uno se da cuenta, queda poco tiempo y mucha soberbia para reconocer que estábamos equivocados.

Gracias Don Manuel. Verdad de la buena. Je…

Nace una estrella y se apaga otra.

5 noviembre, 2018

Ayer fui al cine con mi mujer. Elegimos “Ha nacido una estrella”, por elegir una. Tenía buenos recuerdos de la versión de Barbra Streisand, por eso le puse mi gesto torcido a mi mujer cuando supe que la protagonista era Lady Gaga ya que no soy nada fan.

Más bien lo contrario. Estoy ubicado en las antípodas conceptuales de su Universo.  Incluso reconozco que  me produce rechazo. Sin embargo, tengo que reconocer que me sorprendió. Ver a Lady Gaga sin máscara y poder acceder a una actriz y cantante verdaderamente talentosa, mucho más allá de lo que ella deja ver en su performance diaria, es realmente una sorpresa. No me importa para nada reconocerlo y darle el  sitio que tiene como artista.

Admito que me sorprendió. Y admito que no pude evitar que se me escaparan algunas sutiles lágrimas al final de la película, por no decir de la letra y música de la película, que deja muy muy atrás a la ya muy buena Banda Sonora de la versión de Barbra Streidsan y Kris Kristoferson. 

El soundtrack es genial, la historia igualmente genial, y la actuación de Gaga y también de Bradley Cooper, también genial. Es fácil empatizar y sentir a flor de piel su historia …

Después me he enterado que todas las canciones se grabaron en riguroso directo por petición expresa de Gaga, lo cual dice  mucho de lo que ella quería demostrar en esta película. Realmente consigue hacerte sentir que estás en un concierto.

Pienso que el mensaje, así como el hecho de que sea Gaga quien la protagoniza, no es casual y hay mucho que “leer” tras una simple mirada a la pantalla.  De hecho, el hecho de que en la primera escena intimista Bradley Cooper, le pide a la joven Ally (Lady Gaga) que se quite las cejas postizas con las que acababa de actuar en un club de Drag Queens, no puede ser casual y lo interpreto como símbolo del deseo inconsciente de Gaga de desenmascararse en la gran pantalla de la máscara de su vida, y mostrar su talento real.  Una cosa es a lo que se dedique una persona  y otra cosa es lo que lleva dentro, que podrá (o no), querrá (o no), o sabrá (o no) mostrar. Y ella pudo, quiso y supo. Y es que hay trenes que no se pueden dejar escapar.

Y resulta hasta cierto punto chocante ver a Lady Gaga sin maquillaje, guapa y cuasi femenina, liberada de la artificiosidad del rol  público y mediático que es lo que le ha hecho “archifamosa” como cantante. 

La película es un reflejo inverso de su vida  intentando darnos a entender que, tras la aparatosidad de sus disfraces, hay una artista con un gran talento.  Una especie de justificación de lo que hacemos muchos de nosotros. Ampararnos en la forma y en el exterior para vender un producto en el cual la cáscara de la fruta se paga más caro que el interior, cuando el interior, el interior de cualquier fruta deliciosa, siempre, siempre es mejor, por eso se llama fruto, que la cáscara que la protege.

Además, Cooper que además de actor es el director de la película  deja a años luz  la primera versión que interpretaron  James Mason y Judy Garland, y también muy lejos  a la segunda de Kris Kristoferson y mi admirada Barbra.   

La clave está en el mensaje: poder tener compasión (entender y sufrir por él) del personaje masculino de esta historia, mientras que las versiones anteriores daban a entender de que Jackson Maine, la estrella del rock, a la que da vida Bradley Cooper, era simplemente un alcohólico perdedor, pero, esta versión nos hace ver que detrás de ese alcoholismo hay una terrible herida infantil, una enorme falta de calor humano, una verdadera infancia desdichada con dos hermanos mal unidos por la sombra de un padre ausente que fue más hijo que padre, y que este equipaje en la mochila solo puede conllevar un vida desgraciada, aunque sea un hombre bueno y genial.

Porque los lastres  de los traumas de la infancia, la soledad y la fiereza de su adicción, son mucho lastre, y los instintos de autodestrucción están muy a flor de piel.

Un cóctel inapelable de lo que llamo el fracaso del éxito, que tarde o temprano uno acaba bebiendo cuando  empiezan a haber otros intereses. De eso trata la enorme canción estrella de la película. La escuchamos y termino.

Y decía lo de un hombre bueno porque es el que le da a Ally (Gaga) el consejo, el apoyo y la oportunidad, las tres cosas que hay que saber  para sacar petróleo de una persona que lleva máscara. Y el mensaje subliminal: como  se va quedando sin sitio en la vida hasta verse abocado a tomar serenamente una decisión.

Tuve un profesor de Psiquiatría que me dijo que el suicidio puede ser por desesperación o por sublime inteligencia.

Pues eso. Descubrir a un artista virgen, pura en performance, sin estilo, solo contenido y con algo que decir, y  ver cómo a medida que el éxito llega y vienen otros a “aconsejar” y a “mejorar” el producto, lo único que hacen es adulterarlo, solo te deja la salida sin hacer ruido y dejar que  corra el aire…

A mí no me cabe duda que todos los días nace una estrella, pero casi siempre mueren pronto porque hay muy pocos   Jackson Maines en la vida de la gente. Quizás porque murieron alcoholizados y aburridos de su propio éxito, ya que solo los genios son conscientes que el éxito nunca rellena las carencias infantiles.

 Solo te ayuda a pagar las facturas.  Así que…, por favor, no dejen de ver la película y opinen en consecuencia.

 

5. No me compares.

10 octubre, 2018

De 50 sombras de enGREYdos

A menudo vemos en la lejanía de un camino el espejismo de un fuego ardiente que en realidad no existe cuando nos acercamos.

La vida como cualquier camino y nosotros como cualquier caminante también somos así.  A muchos de nosotros el corazón se nos  inflama o parecemos inflamados ocasionalmente ante una experiencia mística, espiritual,  que nos hace “creer” (no “crear”) un fuego ardiente, pero que después de un tiempo ante una nueva adversidad o simplemente por mimetismo con todo lo que nos rodea, alguien  se acerca al divisar ese fuego interno que parece que teníamos, y se ve que por H o por B, que ese  entusiasmo del que hacíamos gala,  se disipó y realmente seguimos estando en  la realidad de lo que éramos antes.

Y volvemos  a lo que siempre fuimos. Nuestro  fuego interno, ese fuego que daba calor a nuestro ámbito de influencia, duró simplemente unos días, unas semanas, unos meses a lo más.

En realidad fue nuestra necesidad de ser útil que al fin y al cabo es “puro ego” aunque refinadísimo, o el   de reconocimiento de nuestro “status”, o la necesidad de sentirnos “especiales” (en realidad lo somos…),  lo que prendieron ese “Espejismo de Fuego”. Sentimientos que se juntaron y que prenden nuestro  corazón; pero en realidad fue la sensación de salir del armario de la materialidad o el dolor por una crisis existencial  lo que activó esa situación…

Porque, a esta altura de la escalera, y con tan solo 4 sombras más por descubrir, deberíamos tener claro que  si no se alcanzó previamente una conciencia de error, una verdadera clarividencia de que nosotros convocamos consciente o inconscientemente la realidad a la que hemos llegado  haciéndonos  errar, es imposible que haya verdadero arrepentimiento. Y si no hay verdadero arrepentimiento es imposible que se produzca tu mejora como producto “universal”.

Del mismo modo que en cualquier empresa existe el concepto de productividad ante la “mejora continua” (Departamento de Control de calidad encargado de que lo que publicitamos sea real y no el engaño del espejismo de la bruma)  deberíamos tener ese “amigo verdadero”, imparcial y objetivo que te dice lo que no quieres escuchar (normalmente suele ser la pareja,  capaz de decirte cuándo nuestras acciones son mas “de escaparate” que  “trastienda”.

Porque no hay una cosa más ridícula que ir de “santo”, “perfecto” y “espiritual”, y que baste un poco de  viento frío  (un nuevo revés, una decepción, una expectativa no cumplida, una falta de reconocimiento por parte de los demás, etc, etc, etc…) para que se disipe el deseo (fuego) de ser mejor ante uno mismo, y no ante los demás, y nos tiremos al barro arguyendo el lema del otro lado: de perdidos… al río”.

Muchas personas son espiritualmente competitivas y andan comparándose continuamente con otros para ver quién es más espiritual, olvidando que el propósito de esta vida es la mejora continua de uno mismo …. Ante uno mismo. Esa es su “sombra”….

Tags: auténtico desarrollo esperitual, desarrollo personal real, crecimiento espiritual.

6. Quitar la frialdad. Dar calor.

4 octubre, 2018

De 50 sombras de enGREYdos.

Tras el Terremoto de Irán del 2003, el SAS envió un equipo de Médicos “sin fronteras” para el lógico apoyo asistencial de los 20.000 muertos y 50.000 heridos, que fue el saldo de aquel terremoto de  magnitud 6.3 de la escala ritcher.

Tantos eran los niños huérfanos tras el desastre que no habían suficientes recursos humanos para poder darle los consiguientes biberones. Así que ideamos una solución tipo “Mc Gyver”.  A 500 niños le daríamos el biberón nosotros (médicos y enfemer@s) y a los 340 restantes colgaríamos cada  biberón de un palo porta-suero y dejaríamos que el niño succionase dicho biberón como si este le cayese del cielo…

Pasaron 10 días y de los 500 niños que recibieron biberones de nuestros brazos solo fallecieron 11, mientras que de los 340 restantes que recibían el “bibi” del palo del suero  fallecieron 112….

¿Qué conclusiones sacamos de esta experiencia en vivo? Simple y llanamente que lo que nos nutre existencialmente, lo que nos da la vida no es el “bibi”, sino el calor humano de quien nos da el “bibi”.

Y esto es, queridos lectores, lo que nos hace humanos, dignos, y también lo que nos “indigna” (es decir, lo que nos enoja y nos despoja de nuestra dignidad haciéndonos enfermar…)

Hay un principio jurídico que viene a decir que LA COSTUMBRE SE CONVIERTE EN LEY, y eso es lo que pasa en muchas historias de desamor entre los seres humanos y no tienen que ser  necesariamente parejas:

nos dan todo pero sentimos frialdad, automatismos, superficialidad… Hasta conformarnos con el “bibi” del porta-suero.

Me decía un paciente al respecto: no se puede estar dándole de mamar a un hijo, ofreciéndole un pecho y al mismo tiempo estar whatsapeando, vete tú a saber con qué o con quién, hasta que la teta se vacía. Eso no es nutrir. Es “dar de mamar”. Que parece lo mismo, pero no es igual. No es que “dar el pecho” esté mal, simplemente es que le  falta la conciencia de la “dueña del pecho”.

Necesitamos poner conciencia en lo que se hace, y “situarnos nosotros mismos” como factor de transmisión de lo que se está dando.

Calor Humano versus frialdad. Como decía Triana “yo quisiera saber  si tu alma es como la de cualquier mujer….

Y esta es la manta que debemos quitar. La de la frialdad. No importa que todos seamos fríos. Si has llegado a este nivel donde apenas te faltan 5 escalones para considerarte un Humano sano y equilibrado, una criatura modélica en la creación Universal, con un uso racional y dosificado del intelecto, pero complementado con los focos del Daat (Dicernimiento), entonces debemos dar “calor humano” sin perjuicio de tu dignidad.

Y ahora viene la pregunta del millón de euros: ¿cómo sé que lo que doy y lo que recibo es sin perjuicio de mi dignidad?  Fácilmente. Si lo que das lo das libremente o no. ¿Y cómo sé si lo doy libremente o no? Fácilmente también. Si quiero lo doy y si no quiero no lo doy. Si me siento en la obligación de dar entonces ya…, estamos dando solo “bibi”…. Y si  me siento libre de darlo entonces estoy dando  “Bibi” con Calor Humano.

Tags: amor y vida.

 

7. Leer entre líneas.

22 agosto, 2018

De 50 sombras de en GREYdos

A menudo hemos leído en este foro el “cuidado” que debemos tener con el intelecto. El 90% de las dudas que plantea el crecimiento personal, el desmantelamiento de las sombras y la búsqueda de la luz son contrarias a la lógica del intelecto. Es más, algunas de las conclusiones que los años dan a la persona suelen ser contrarias a la lógica y por ello se conocen con el nombre de “Experiencia”, en contraposición al “conocimiento” teórico de lo que se supone que es la vida. “Saber no es lo mismo que experimentar”.

Entonces, si nuestro intelecto es al fin y al cabo “puro Ego”…, desde el punto de vista metafísico: ¿cuál es la misión del intelecto?

Nuestro intelecto nos sirve para escrudiñar entre lo exterior y lo interior, entre la derecha y la izquierda,  entre arriba y abajo, y  entre lo principal y lo accesorio. El intelecto solo nos sirve para saber colocar las piezas del puzle de manera que podamos ver la figura.

“El intelecto está diseñado para que podamos encontrar lo oculto en cualquier cosa aparente, sea de la naturaleza que sea y del tamaño que sea”.

Dios puede ser hallado en todo momento y en cada cosa. Detrás de cada sombra, detrás de cada miseria, ahí seguro que está.

El intelecto está también para poder saber contestar a la persona que quiere enfriar tu fe, tu certeza y tu motivación. El intelecto te sirve para diseñar una estrategia de vida, una hoja de ruta. En palabras de mi maestro Rab Saadia Truzman shlitá “el intelecto sirve para saber subir y crecer espiritualmente de uno en uno cada escalón para no bajar después rodando de tres en tres. El intelecto nos sirve para ser conscientes de las enormes posibilidades de mejora que disponemos cada día que pasa por delante sin apenas ser vista.,,

El intelecto nos sirve para ser consciente de que la individualidad está al servicio de la colectividad, y que el rigor está al servicio delJesed (bondad) y no al revés.

Cuando se carece de intelecto uno solo es “impulso y emoción”, un caballo viejo que se bambolea por la  vida, y cuando uno ve las consecuencias de sus emociones e impulsos (si es que las llega a ver) ya es tarde.

El mes de septiembre es el mes del intelecto. Coincide con los días previos a la balanza de la constelación de Libra. Es precisamente en esta constelación que  el intelecto nos dice qué poner en el platillo del debe y qué poner en el platillo del haber, porque tampoco se trata de ponerlo todo al “tun, tun” o revuelto.

Septiembre es un mes para serenar la mente, apagar el fuego de las emociones, al mismo tiempo que va atenuándose el calor sofocante de Agosto, y para  aquietarnos en nuestros impulsos.

Septiembre es el final del verano lo cual supone dejar ya “lo que me pida el cuerpo” para, por el contrario, examinar al cuerpo para ver si además de pedir y exigir es capaz de dar una “mijita” de misericordia al alma que lo alberga y en última instancia a la colectividad en la que vive.

8. Descubre al Santo

15 julio, 2018

 De 50 Sombras de enGREYdos

 

Si alguna vez te has propuesto ordenar la habitación de un adolescente, es probable que te identifiques con lo siguiente: atemorizado por la tarea que te espera, tomas la inteligente decisión de empezar por lo más desastroso y anárquico. Luego de quitar algunos muebles, moverlos a las esquinas indicadas, tirar algunas cajas de cartón para reciclaje y descubrir que sí, que había un suelo debajo, recién entonces puedes empezar de verdad a ordenar y asear la habitación. Pero es también entonces cuando se vuelve evidente lo horrible que es el caos de la habitación en cuestión.

Ahora es momento de arrojar a la basura, triturar, echar mano a la papelera  y tirar de fuertes químicos. Las tareas más difíciles siempre quedan para el final. Igual sucede con nuestras vidas en nuestro mundo caótico. La cabala llama Espíritu Santo a la parte de Dios (la presencia divina) que, al igual que nosotros, está fuera de los mundos espirituales. Los Cabalistas la llaman Shejina, los cristianos lo llaman Espíritu Santo

La Cabalá posee una metáfora que intenta explicar la creación del mundo y el sentido de la vida. Según la Cabala antes de la creación de nuestra cadena de mundos, ya hubo otro orden que  fue creado antes, llamado  el orden de Tohu (El Orden o Mundo del Caos). Tohu fue diseñado con tanta intensidad lumínica que la energía entraba en conflicto con sus recipientes pues ellos no podían sostenerla, de hecho  llegó el momento que  explosionó todo. Y así, el mismo estado de Tohu causó su propia destrucción aunque con un propósito que ya veremos al final.

Imaginemos la explosión: los que volaran más lejos del núcleo de la explosión. Esto nos dice que para encontrar los remanentes más poderosos de la luz esencial de Tohu, deberíamos viajar al mundo más bajo posible que generó la explosión. Y ese es nuestro Mundo. Un mundo en el que habitan criaturas que no tienen noción de nada más que de este mismo mundo. Solo ven lo que está delante de ellos, a derecha y a izquierda. Con un poco de suerte, quizás intuyen lo que está detrás de ellos y poco más. Algunos incluso en su ignorancia  se sienten los amos del mundo, el eje del mundo o tienen la sensación de que el Mundo está en deuda con ellos por alguna secreta razón que obviamente solo ellos conocen.

A ese mundo se le conoce como el mundo “material” o lugar donde las cosas ya no pueden ser ni más tangibles, ni más egocentricas, ni más caprichosas, ni más subjetivas de lo que son ahora.  Es el mundo de: “de los perdidos al rio.”

Y es precisamente por esta razón  por la que el Espíritu Santo desciende a este mundo, exiliándose de su lugar habitual para buscar, como el que busca oro en una mina, las chispas más preciosas de aquellas que cayeron tras la explosión del mundo del Tohu.

Una vez encontradas es necesario rescatarlas de sus cáscaras de oscuridad, quitarles sus mantas…, para volver a conectarlas a su fuente superior y que así se transformen de nuevo en “esferas de influencias” que brillen, calienten y nutran la existencia. Que para eso existen, para brillar, calentar y nutrir. Y todo ello a través de nosotros, las vasijas móviles, habilitadas para albergar un mínimo de luz (y de conciencia)  que permita quitar mantas (las cáscaras) y vehiculizarlas a su sitio.

En esa misión el destino del Espíritu Santo, como en cualquier película de El Santo, se infiltra en nuestro mundo envolviéndose en oscuridad y en confusión, hasta tal punto que no puede redimir a las chispas sin redimirse a sí misma por lo que podríamos decir que en esa lucha por recuperar las chispas divinas, él, no sólo redime a dichas chispas, sino que en el fondo lo hace también a la oscuridad misma.

Es a esto, a lo que se le conoce en metafísica  con el nombre  de  “El Exilio de El Espíritu Santo”.

Ya quedan apenas ocho Sombras que desmantelar y las que restan son ya mantas sutiles. Descubrir al (espíritu) SANTO supone ya salir definitivamente de la Dualidad y sentir la presencia divina cerca. Conseguir que la presencia divina se quede junto a tí es tan difícil como conseguir darle de comer a un León de la Selva con tu mano y poderlo acariciar.

El alma que respira dentro de nosotros es un fractal del Espíritu Santo, por tanto vale decir que, efectivamente, es una chispa divina. Entonces es fácil de entender que el camino de nuestra alma refleja de manera holográfica el drama del Espíritu Santo: entender la paradoja de nuestro propio viaje y de nuestro propio exilio nos ayudaría bastante  a entender la profundidad del secreto del propósito y del sentido de nuestra vida.

Esto quiere decir que al igual que el Espíritu Santo, nuestra alma era perfecta antes de descender. Ella viene aquí, tal como el SANTO, para redimir las chispas del cuerpo en el que está infundida a modo de avatar, influyendo y rectificando las chispas tapadas por las mantas  de la personalidad a la que se le ha adscrito, así como de la parte de este mundo que se le ha asignado.

A este proceso se le conoce con los nombres en Cabala de  Birur y Tikún.  Birur significa separar el bien del mal, lo deseable de lo desechable, la luz de la manta, el Yo del tú, lo útil de lo inútil, la verdad de la mentira, la derecha de la izquierda, “esto” de “eso”,  etc…

Tal como un buscador de oro tamiza la arena en busca de pepitas, o como un herrero separa el metal puro  de las impurezas. De la misma manera, nosotros luchamos para deshacernos de lo malo, de lo feo, de la mentira, de la carencia, de la esclavitud, de lo engañoso, de la oscuridad, etc…, de nuestro alrededor, y buscamos todas las chispas divinas que  contiene.

Buscamos valor donde sea que este pueda encontrarse. No siempre tenemos éxito. Pero si El “Santo”, El Espíritu Santo, está cerca, infiltrado, que lo está, la misión puede acabar con bien.

Descúbrelo. Esa es la Manta a quitar. Birur puede llevarse a cabo sólo cuando domina la sabiduría; como dice el Zohar: “Con sabiduría (Jojmá) serán purificados”. Es una sabiduría “espiritual”  que nos permite trascender nuestros propios deseos personales y rendirnos ante una verdad única y superior. Por eso la llamamos “UNI” “versal”.

Por el contrario, Tikún es el proceso que sigue al Birur   en el que la chispa divina despojada de su inmunda manta se conecta con su lugar indicado. Es como poner la bombilla adecuada en el lugar del arbolito de Navidad  buscando transformar un “Arbol” en una “lámpara de muchas luces” porque es Navidad.

Esto es lo que se obtiene gracias al déficit de la desastrosa caída del mundo del Caos (Tohu): no sólo regresan las chispas a su lugar, sino que además los restos materiales en los que quedaron  atrapadas los restos de mantas,  ahora se divinizan. Es decir, se reciclan y forman parte a partir de ahora del adorno del Árbol de Navidad con las Bombillas encendidas.

El sentido de la vida te sugiere que donde sea  que tus pies te lleven, siempre estás programado para cumplir tu misión en la vida:  rescatar un determinado número concreto  de bombillas y llevarlas al arbolito de nuestra metáfora. Nunca se sabe…

Puede ser una hierba que espera para ofrecer sus poderes curativos, presentarle a una chica el hombre de su vida del cual nacerá el inventor de la terapia que cure al cáncer, puede ser  encarrilar a una persona que había decidido no vivir… Puede ser simplemente iluminar el mundo con tu sonrisa…, o entregar un golpe de sabiduría que aún tiene que encontrar un corazón para que comprenda, una relación humana que debe ser sanada, un generoso y altruista acto de bondad, sacrificarse por algo, un renunciar a algo, puede ser  representar o avalar algo, quizá bendecir algo, quizás agradecer algo, o  erradicar la tristeza de la vida de alguien, etc…., etc… etc….

Si has descubierto que hay un Santo camuflado y además has aprendido a mantenerlo cerca de tí, puede que haya algún lugar en el mundo sostenido por divinas chispas que han estado esperando desde el comienzo de la Creación para proveerte un lugar inspirador para estudiar, para que tus palabras de entendimiento y tus actos de bondad las rediman.

En este proceso nuestra Alma ha tenido que irse y volver tantas veces a este mundo hasta completar su trabajo, que es casi inevitable que por momentos caiga en el lodo, quede atrapada en una trampa.

Se cae cuando la ciegan los espejismos de la falsa realidad o queda a oscura ante una gigantesca manta, o tarada cuando la engañan y le pueden las pasiones del animal  de la que es su avatar.A veces el Alma dirige y vence,  a veces el cuerpo la sodomiza y se tara. 

El Espíritu Santo mismo también tropieza y cae en el lodo con nosotros.  Nosotros mismos lo arrastramos allí. Entonces ahora tampoco puede liberar las chispas  sin redimirse a sí mismo. Su destino se envuelve en el de las chispas.  Como escribió rabí Moshé Cordovero: “Aquellos que saben no dicen, y aquellos que dicen no saben”.  Porque si supiéramos,  triunfaríamos sin luchar. Y es la lucha misma lo que saca nuestros poderes más recónditos, los poderes de la redención. Y al igual que las chispas y que el Espíritu Santo, cuanto más descienda el alma, mayor será su ascenso final.

Por supuesto, hay sólo ascenso. Porque el descenso en sí mismo, en retrospectiva, es el escenario activo que pone en marcha el ascenso.  El descenso seria la rampa de tomar impulso para el ascenso. Las tareas más difíciles siempre quedan para el final. Como en el ejemplo inicial del dormitorio desordenado.  

Apenas son redimidas las primeras chispas, llegan misiones todavía más desafiantes. A medida que pasa el tiempo, las chispas divinas son cada vez más difíciles de descubrir, porque están encerradas dentro de los terrenos  más oscuros y se resisten obstinadas a ser libradas de allí.  

La oscuridad misma da pelea y ataca a cualquier alma que venga a liberar a sus prisioneras almas. Cuanto más importante es la chispa, más intensa es la batalla.

Volviendo a la metáfora de la desastrosa habitación del adolescente; son  esas chispas que no pueden ser liberadas si las atacas de frente, sino sólo si fallas y debes volver con otra estrategia o mejor vacunado contra el dolor o la inocencia…. Fallar es una de esas cosas que no pueden ser preestablecidas. Sin embargo, es sólo a través del fallo que puedes liberar  no sólo las chispas más intensas de Tohu, sino también la oscuridad en sí misma.  La oscuridad hizo que fallaras.  Y ahora, cuando regresas, es esa experiencia de la oscuridad lo que te conduce con un ímpetu invencible sabiendo lo que hay que hacer, dónde y cuándo.  Te has convertido en lo que el Zohar llama “el maestro del retorno”, que sabe usar el Árbol de la vida para subir y calentarse a la sombra del mismo Dios. Un lujo.

 Y si reflexionas un poco sobre ello, el lujo es darse cuenta de lo  inconmensurablemente útil que resultó ser  la oscuridad.

 

 

 

 

 

 

9. Amor Eterno.

4 mayo, 2018

De 50 sombras de enGREYdos

Conforme vamos subiendo por la escalera del Crecimiento Personal y nos acercamos a lo Transpersonal, vamos tomando conciencia de que a pesar de ser el amor una de las cualidades más trascendente y elevadas de la especie humana, no siempre resiste la prueba del tiempo.

Desgraciadamente pocos son los amores eternos. A veces porque equivocadamente vemos que no recibimos en contraprestación a lo que damos, y por tanto dejamos de otorgar, y otras veces simplemente porque no hemos sido constantes en el ánimo, o en la voluntad de dar debido a nuestras fluctuaciones psíquicas o físicas  a lo largo de nuestra vida.

El famoso “Yo soy Yo y mis circunstancias”. Y circunstancias hay muchas y nuestro Yo más débil de lo que creíamos. Otras veces el Amor se pierde porque quedó trabado en el mismo amor, y no supimos o pudimos perdonar o ceder ante la postura de nuestro prójimo….

Por eso muchas veces el Amor aunque existe no llega a verse, no llega a cristalizar…, y, definitivamente, no llega a verse.

¡Hay tantas cosas que existen y no se ven ¡!!! Muchos amores abortan y no llegan a nacer y a existir realmente, aun a pesar de que se puso la semilla adecuada en la matriz, quizás porque algo falló en la secuencia que todo proceso debe tener si quiere sobrevivir en este mundo tan poco sutil: raíces-conexión-afinidad-cristalización- madurez.

Cualquier factor ajeno al amor en sí mismo: interés, sumisión, atracción, admiración, y todos los etc… que quieran ustedes añadir, puede evitar que el amor cristalice y madure.

Y por Amor Maduro me refiero, a esa sensación de dignidad tanto en el que da como en el que recibe que te hace sentir que aun a pesar de ser una pequeña lucecita en todo el ingente macrouniverso y más allá, tienes un sitio , un “dominio” especial, personal e intransferible que impedirá que, por los siglos de los siglos, te “des-moralices”, y que tu espíritu  se quiebre y se eche a perder. Esa sería la auténtica muerte. ¿No creen?

Amor y trascendencia, amor y dignidad, aprender a amar, saber amar.

10. No seas un Zombie

1 mayo, 2018

De 50 sombras de enGREYdos

En el supuesto de que seas de esa rara avis existencial que constituyen los CREYENTES, estarás conmigo de acuerdo en que Dios no creó el mundo por diversión, ni como un experimento científico, ni tampoco porque se sentía solo.

Los cabalistas explican que Dios creó el mundo porque no existía nada ni nadie fuera de Él, es decir, no tenía la posibilidad de “dar”. Por lo tanto, el propósito principal de la creación es recibir y a su vez reenviar esa  bondad a otros. De este modo, se puede decir que la forma más profunda que existe de emular a Dios seria a través del acto de dar.

Ahora bien tú podrías decirme que, a veces, simplemente no “sientes” deseos de dar. Y es lógico. Aun más; diría que es hasta humano. No siempre uno tiene ganas de hacer algo loable por el prójimo. Por muchas razones…

Nefesh-Ruaj y Neshama son las tres instancias o niveles de nuestra alma  que deben estar activadas para poder trascender de la dualidad y poder “comprender” cómo funciona el Universo. El Nefesh corresponde con el Hígado (Instinto), El Ruaj con el corazón (Altruismo-Solidaridad), y la Neshama con el Intelecto (Conciencia-+Lenguaje de las Ramas).

Así como cualquier bebé solo puede en virtud de su nefesh (su instinto de supervivencia)  pedir teta, y llorar por su necesidades sin tener en cuenta  lo cansada que esté su madre, o que sea de día o de noche,  con los años, y en nuestro proceso de maduración, vamos entrenando nuestro Ruaj o nuestra capacidad de ver al prójimo, Verlo y ponerse en sus zapatos, en sus necesidades, y en sus tribulaciones.

Esto es crucial para nuestra salud espiritual pues de no alcanzar el estado de Ruaj, no podremos nunca “encender” la Neshama. A este respecto el Talmud dice de alguien que no es capaz de darle a los demás  se compara a un “muerto viviente”. Un alma que no da, es un alma desnutrida y marchita. Un zombi.

Y es un error esperar hasta que estemos emocionalmente “inspirados”  para salir de nuestro estado de ZOMBI.  Por el contrario, a veces es mejor robotizarse y dar en modo DONANTE si esperar a estar predispuesto a serlo porque es a través del acto de “dar” como me transformo de RECEPTOR EN DONANTE, y no el sentimiento o emoción que me mueve a ello.

Serán finalmente mis emociones las que seguirán a mis acciones. Y de tanto dar acaba uno queriendo seguir dando pues dar y recibir son en última instancia adictivas.  Y mientras tanto, como quien no quiere la cosa, se habrá hecho mucho bien en nuestro entorno  y el mundo va mejorando pokito a poko. Je…..

 



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