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19. Evita el “des” propósito

15 Agosto, 2017

De 50 sombras de enGREYdos

El pasado 3 de abril del 2011 contaba en este mismo blog  la historia de mi “profe” de superación personal que un mal día enfermó, y próximo a morir  nos reunió y nos pidió que le acercáramos su propia “libreta de superación personal”.

Era una libreta donde cada uno escribía sus metas y objetivos semanales, su propósito de vida. Él, también tenía la suya. Fuímos a su estante y, tal cual como estaba,  se la entregamos. A continuación se levantó de la cama,  cogió una palangana,  roció con alcohol su libreta y le prendió fuego.

Estábamos en silencio,  mis compañeros de estudios y yo. Adivinando nuestra pregunta nos dijo muy bajito: “no quiero que cuando me vaya penséis que soy lo que no soy”.

Tardé años  en comprender aquella enseñanza. La “autenticidad”,  la “verdad” y la “honestidad”: su libreta de autosuperación personal planteaba objetivos y superaciones de tan alto nivel  que probablemente nosotros,  sus discípulos,  tras su muerte hubiésemos tenido la tendencia a sublimarlo como algo más que un ser humano cuando viéramos la envergadura de sus retos y logros.

Hasta ese punto puede un Maestro dar una lección: “cuando ya no permanece en el mundo físico”. Y la lección consistía en que debemos ponernos “metas y objetivos”, aunque sepamos que están fuera de nuestro alcance. Dichos objetivos y metas son para “nosotros mismos” y no un estandarte a enseñar para que los demás vean nuestra “dimensión” personal…

Toda acción requiere antes una “voluntad” que se traduce en un “propósito” que finalmente se convierte en la “acción final”. Cuando la acción es inconsciente y no tiene propósito, resulta difícil “encajar” a posteriori el propósito de la acción una vez manifestada esta. Y así es muy difícil encontrarle un sentido a nuestras acciones.

La sefira de “DAAT”  es la que surge de fusionar sabiduría (idea, propósito) con conocimiento, y la encargada de hacernos discernir entre los actos conscientes (y por tanto con responsabilidad y con sentido) de los que no lo son.  

 Al que discierne se le llama Tsadik (justo), y está  representado por el valor de la letra tsadik (צ), que vale 90 o lo que es lo mismo 10 veces 9 (el número de la maestría). Una por cada nivel sefirótico.

El Justo (tsadik) se diferencia del estado anterior (el del Maestro)  en que él sabe por qué está en el mundo.  Su misión y cuándo se va a “ir”.  Sabe que los que le rodean no son peores que él,  sino probablemente “mejores”, pero que no tienen conciencia de ello.

Llegar a este nivel no es fruto de la suerte,  ni de la casualidad,  es algo trabajado que denota haberse trazado una meta objetiva que hemos escrito en nuestro GPS mental.

El filo de la navaja.

1 Junio, 2017

Siempre me han escuchado decir aquello de que la búsqueda de la verdad es parecida al caminar por el agudo filo de la navaja. Ahora tengo que explicar a qué me refiero con esta expresión. Decía Ken Wilber que dentro de los llamados Maestros Espirituales, están los juiciosos, los afables, los consoladores, los tranquilizadores, los preocupones; pero están también los forajidos, los terroristas psicológicos, los Chicos Rudos y las insoportables Chicas floripower de la realización divina. Todos de una manera u otra hacen su trabajo enfrentándote a ti contigo mismo, te importunan o te aterran, hasta que finalmente despiertas radicalmente a lo que en realidad eres. Y entonces ya te mueres. Porque “esa” verdad, la verdad del espejo de quien eres, es el motivo de tu existencia.

Así que, como sugerencia, mejor escoger a tus maestros con todo cuidado. Porque la travesía es dura. Si quieres que te animen, o que te soben el ego, o te den palmaditas en la espalda o te digan dulces palabras de consolación, lo mejor es la floripower y así caminar por la delicada senda del confort egoico. Pero si lo que quieres es despertar, si lo que quieres es freírte en el fuego de tu inconsciente más profundo e Infinito entonces, búscate un Maestro Rudo, confrontativo, de esos que te haga de espejo…, que te haga sentir incómodo, de esos que a veces te ponen colorado o en ridículo, y en el mejor de los casos te hacen llorar.

Yo tuve hace años Terapeutas así y la verdad dañaron mucho mi dignidad de persona pero reconozco que me hicieron vivir aquello que más temía, que era eso: el temor al ridículo, al desapego, al llanto público del desamparo….

“Cuando el tiempo llegue, te darás cuenta de que la auténtica gloria se encuentra allí donde uno cesa de existir”, decía Ramana Maharshi. Y es verdad, tu verdadera gloria y paz se halla al otro lado de tu muerte…., y ¿quién es capaz de mostrarte una cosa así? Solo un Terapeuta feo “Rudo”, tipo Oso que venga del océano de tus miedos, o que haya pasado por los mismos miedos que tu… y sobrevivió. Ahí no sirven los terapeutas amables ni los floripower, porque ellos no desean herir tus sentimientos. Ni quieren agobiarte. Solo quieren que vuelvas la semana que viene para seguir alimentando tu neurosis.

Fritz Perls, el fundador de la teoría de la Gestalt, solía decir que nadie va con el terapeuta para mejorar (por más que siempre digan eso), sino que van para perfeccionar sus neurosis. Y esto es verdad con los terapeutas blandiblues como yo les llamo, y que juegan a ese juego de “¡Miren qué espiritual soy! Después de todo, ¿quién sabe que es espiritual? ¿Religión? ¿Moral? ¿Crecimiento personal? ¿Transpersonal?

Por eso me encanta la frase del “filo de la navaja” como dificultad de recorrido de lo obvio a lo espiritual…, de la dualidad a la Unicidad, de lo “virtual” a la “verdad”…, dificultad que cuesta elegir ante el ancho y cómodo camino del ego, ese que recorremos solo pensando en qué tiene de bueno para mí aquello que me llega. Sin embargo, lo mismo no es tan genial esa forma de andar cuando  la infelicidad muchas veces nos sienta  ante un terapeuta, que con suerte sacude nuestros cimientos, y lo mismo logra que veamos más allá de nuestro propio interés.

A medida que vamos corrigiendo nuestra naturaleza egoísta, a medida que vamos cambiando nuestra intención de recibir solo para mí por el deseo de recibir para dar, el camino del ego se va estrechando, y cuesta. No es fácil corregir nuestra naturaleza que antepone la individualidad, y cambiarla por un pensamiento que incluya la colectividad. Es difícil hasta para aquellos que han visto que el camino para ser feliz, individual y colectivamente, trascurre por la senda del altruismo.

Incluso ellos caen una y otra vez en el egoísmo, pero lo que importa es la intención, y a pesar de errar, no pararán de presentarse oportunidades de rectificar. Situaciones que vemos como una adversidad, pero que a la larga no son sino la forma en que se nos invita a aprender que no debemos destruir el lado contrario a nosotros, que necesitamos aprender a vivir con él, aprender la habilidad de ponernos en la piel de los demás. Cada tropiezo superado del que aprendemos nos refuerza y nos acerca a conectarnos por encima de las diferencias.

Necesitamos nuestra individualidad, si, pero también conectarnos en un propósito por encima de nuestros deseos particulares, un deseo colectivo que nos una y nos desarrolle como humanidad. Un propósito que nos lleve a desear lo que es bueno para todos. Si la humanidad fuera altruista y actuara pensando en lo que es bueno para todos, no existiría lo que vemos en Siria ni Grecia, ni existiría discriminación, ni abusos, ni corrupción, ni maltrato… ¿Acaso desde el espacio se ven barreras o fronteras en el planeta?… algo estamos haciendo muy mal.

Desde aquí les invitamos a acotar el ego, a conectar con ese propósito por encima del propio interés, a caminar al filo de la navaja. Es difícil, pero todo es posible con amor… y un Maestro de los Rudos.

Hoy somos como nueces en un saco, y sin enemigos externos, estaremos totalmente separados unos de otros. Necesitamos aprender a construir una conexión por encima del ego de todos, o no podremos sostener a la familia ni a la sociedad ni al mundo (Thich Nhat Hanh)

Autora: NubePink

21. Matar el tiempo es como suicidarse a plazos…

1 Mayo, 2017

De 50 sombras de enGREYdos

¿Has estado alguna vez en una entrevista laboral en la que te preguntan “qué es lo que más odias”? Esa es una pregunta difícil de responder con éxito. Mi respuesta es que odio el desperdicio. El desperdicio de recursos, el desperdicio de esfuerzo y, lo peor de todo, el desperdicio de tiempo.

El tiempo es oro, o más que oro, porque con el tiempo se puede comprar oro, pero con oro no se puede comprar tiempo, y no sabemos nunca el tiempo que nos queda. Y además, sabemos que cualquier tiempo pasado nunca podrá ser recuperado. Una vez que se perdió, se ha ido (llegar a los 50 años hace que esta realidad sea mucho más profunda).

A menudo me digo esto de “matar el tiempo es suicidarse a plazos”. Cuando zapeo, o al clickear sin ton ni son por internet, a la deriva en lo que llamo “desperdicio cibernético”.Ya sabes, haciendo clic aquí y allá, en una interminable cadena de exploración. Ese es el momento para detenerte y pensar: ¿estoy haciendo algo productivo? (Revisar tu historial de navegación es una forma excelente de saber cuánto tiempo desperdicias).

Una vez escuché a mi profesor de cábala explicar que en la mayoría de las joyas, la piedra más valiosa es puesta en el medio y es rodeada por material de menor valor (como por ejemplo, un anillo de diamantes). La excepción a esto es un reloj de pulsera, en el cual, se ocupa un costoso armazón de oro, para albergar unos pocos resortes y unas agujas. Esto es así, porque en realidad, el tiempo es el bien más valioso de todos.

Nacemos como los más ricos del mundo, decía un anuncio de algo que vi hace unos días, y morimos totalmente pobres, porque el tiempo, esa porción con la que llegamos al mundo, se va gastando inexorablemente, sin prisa pero sin pausa, desde que llegamos e iniciamos nuestra andadura desde diferentes cunas, para experimentar, aprender y decidir qué hacer con cada momento.

Vivimos muchas veces metidos en una espiral ajetreada sin pararnos a ver qué estamos haciendo, a qué dedicamos “el tiempo libre”. El ritmo de la vida absorbe cada instante del día a día en mil cosas, que a veces nos hacen decir: “tengo la sensación de que el tiempo no me pertenece, de que hoy no he dedicado un instante para mí, de que he perdido el tiempo dejando escapar momentos que nunca se volverán a presentar”.

Como decía el gran Chaplin, la vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Todos y cada uno de los granitos de nuestro particular reloj son igualmente valiosos. No esperemos a cuando caiga el último grano para decir, espera espera…, me gustaría…

¿Te apetecen deberes?? Porque aquí y ahora podemos decidir qué hacer con este momento, con lo que está sucediendo en él. Sea lo que sea y hagas lo que hagas, ¿por qué no poner la atención y la intención a todo lo que puedas dar, a todo lo que puedas recibir, a lo que puedas aprender o enseñar?.

Decidir si es momento de amar por encima de todo, de no perderte en lo malo que te rodea, sino buscar algo para combatirlo o al menos no alentarlo, si ya llegó el momento de aceptar lo diferente de los demás porque cada cual lleva su propio camino, y ¿quién es nadie para juzgar al otro sin andar dentro de sus zapatos…? Tantas cosas pueden suceder en este momento.

Si paseas no te pierdas nada teniendo la mente ocupada en lo que no forma parte de tu caminar.

22. Destapar lo bello y lo sublime.

1 Abril, 2017

De 50 sombras de enGREYdos

Hay un paso más arriba de lo Bello y se llama “lo sublime”. A los filósofos siempre les ha atraído filosofar acerca de la distinción entre lo bello y lo sublime. La belleza es un concepto contenido, exquisito e intimista que  es lo que experimentamos cuando vemos una flor o un rostro hermoso.  Lo sublime nos arrebata y nos asombra…, o nos sobrecoge, es lo que sentimos cuando vemos una cordillera o un huracán.  Algo sublime nos recuerda que somos algo muy pequeño dentro del cosmos…, ante lo sublime…, de la inmensidad. También la ciencia  ha demostrado que las experiencias de la belleza y el asombro activan partes diferentes del cerebro.

La distinción entre lo bello y lo sublime no solo se da en el terreno de la estética, sino también  en la vida en general. Por ejemplo, tenemos amores bellos y amores sublimes. El rabino Joseph Soloveitchik escribió que Dios puede ser majestuoso e infinito como concepto de creador del universo y, sin embargo, también puede ser bello e intimista; como cuando su esposa yacía en su lecho de muerte, entonces Dios no se apareció de forma sublime sino que tomó la forma de “un amigo cercano, un hermano, un padre… Sentí  (decía) su mano cálida, por decirlo así, sobre mi hombro, me abracé a sus rodillas. Estuvo conmigo en los estrechos confines de una pequeña habitación, sin ocupar espacio”.

En la vida diaria también tenemos amores grandes y amores pequeños. Estos últimos, como el que sentimos por los hijos, nuestro vecindario o nuestro jardín, generan compasión, actos de servicios y un deseo de cuidar. Los amores en grande, como el que sentimos por la causa de los derechos humanos universales, nos inspiran valor y grandeza. Un pequeño amor es un pastor que protege a sus ovejas. Un amor en grande es Martin Luther King Jr. cuando lideraba a su gente.

La cantidad de amor en grande en una sociedad puede aumentar o disminuir. En Andalucía, creo que ha disminuido, así lo percibo yo en mi día a día del Centro de Salud. Antes éramos  generosos y hospitalarios…, ahora decimos cada dos por tres eso de “Ya estoy harto de dar…, bla, bla, bla…”

El amor grande es esperanzador, pero hoy en día, permítanme que sea pesimista, pues se pide recuperar lo dado al menos a medio plazo, y es que  oigo decir cada vez más… ¿y a mí qué?  Esa pregunta le resta estatura al Amor sublime y lo deja en un simple “favor”…

A mí se me ocurre que ya que hay tan pocas cosas sublimes en nuestro día, que la mejor manta que podemos quitar es…

Es….

¡Ya lo tengo! La mejor manta que podemos quitar este mes de abril es reconvertir un amor pequeño, una belleza como la sonrisa de tu hijo, o las manos de tu pareja y meterle el zoom de nuestra conciencia y hacerla ¡Sublime!!! ¿Qué te parece? ¿vamos?

¡Vaaaaaaaamosssss!

Oye, abre tus ojos.

2 Marzo, 2017

Estas pasadas navidades me he dado cuenta que  las supuestas fiestas, desde hacía mucho tiempo, se habían convertido en una especie de carrera de obstáculos, a la que me había prestado casi sin darme cuenta.

Cuando veía acercarse estas fechas  se me ponían los pelos de punta solo de pensar en las compras, las comidas, organizarlo todo para que nada se olvidara…, para que todo fuera perfecto. La mayoría de las veces llegaba tan agotada a la meta, que me perdía lo verdaderamente importante.

Me di cuenta, que había olvidado el verdadero espíritu, el que está tras cualquier motivo que nos reúna con aquellos a los que queremos. Eso que llamamos en estas fechas el espíritu de la Navidad, esa ilusión que recuerdo de niña, ese olor a pucheros, ese abrir los ojos y saltar de la cama a ver qué cosa maravillosa me iba a regalar el día, y que en este mundo alocado y consumista, se había desvirtuado… al menos para mí.

A ese cambio de enfoque, que sutilmente ha ido sucediendo a medida que cumplía años,  también había contribuido la partida de seres muy  queridos. Mi hermana, mi padrino, mi padre…, y en este último año mi prima. Sus ausencias, habían ido añadiendo una añoranza y una nostalgia plagada de recuerdos,  que en esta época, igual que me sucedía en primavera, ponía en mí un punto triste en algo, que en esencia representa alegría y amor por todo, y por todos.

Odio la Navidad, me escuché decir un día… Entonces llegó a mí esta pregunta: “Elige una persona muy importante para ti y dime: ¿qué le regalarías?, ¿qué harías para hacerla feliz?”

Si quieres puedes jugar conmigo y elegir a esa persona especial.

Yo pensé en mi madre, y en que iba a traerla a casa a mimarla en Navidad, ese era mi regalo. ¿Pensaste en alguien? Bien, pues ahora viene la pregunta del millón…

¿Qué le regalarías a esa persona, si supieras que estas iban a ser sus últimas navidades? Recuerda que solo es un juego para aprender algo muy importante.

Una vez superas el  asombro que pueda causarte la pregunta, y si como yo, crees en que tenemos un tiempo contratado para lo que hayamos venido a hacer en esta travesía, ves que pensar en esa posibilidad no influye en nada. Puede que entonces te suceda como a  mí, y veas como tú regalo…, tú intención, se llena de nuevos matices.

Porque, lo que inicialmente era mucho trabajo para cuidar de una persona con casi 96 años, sutilmente cambió. Y como si de una película se tratara, nos vi buscando un menú sencillo que nos permitiera compartir el tiempo, algo para preparar a medias, algo en lo que estuviéramos juntas disfrutando con ilusión, en lugar de obligación. La ilusión que recuerdo, cuando de niña me despertaba  escuchando el sorteo de la lotería que impregnaba cada rincón de la casa… ¡por fin había llegado la Navidad!!!!

De pronto, pensar en preparar un plato se había llenado de amor y luz, y aunque no sé las navidades que aún podremos disfrutar  juntas, o si tendré la bendición de tener más, estoy segura de que con mi intención, y con la ayuda de Dios, mi mesa, mi comida y la convivencia que hemos tenido, habrán sido las mejores que podría imaginar para todos nosotros.

Ojalá que,  viva los momentos que viva,  consiga hacerlo sintiéndolos  llenos de todo el amor que he imaginado, y saboreándolos como si cada uno de ellos fuera a ser el último. Entonces el tiempo, ese que contraté al venir aquí, y que alguien dijo una vez que valía más que el oro, se convertiría en un constante regalo de Navidad para todos.

Con mis mejores deseos para que encontréis ese regalo especial, para todas y cada una de las personas a las que queréis, os dejo aquí  lo que me hizo pensar en compartir estas palabras. Como dice Nosolodoctor… ¡Dentro vídeo!!!!

Vivir siendo consciente de que este instante es único te ubica en el presente, y no perderte la posibilidad de llenarlo de “amor incondicional”, hace de este momento, de este ahora en el que discurre toda nuestra vida la mayor de las fortunas.

Autora: Nubepink

23. Cómo saber

1 Febrero, 2017

De 50 SOMBRAS de enGREYdos

La protagonista y autora de la canción que da titulo a la canción con la que termino el post de este mes escribió hace muchos años en mi blog dijo  lo siguiente: “…Hay terribles trenes a los que nos sube la vida y de los que no podemos bajar o no sabemos bajar o  no sabemos que podemos bajar…,  no sabemos que hay puertas para poder bajar o incluso de los que no queremos bajarnos porque no vemos.  Y como dicen en los pueblos, el que no ve es como el que no sabe”.

Hay situaciones insostenibles que nos llevan a  vivir al límite de nuestras fuerzas y nos hacen sentir  que estamos  atrapados en una vida sin vida. Algo así como el púgil (nuestra esencia) en el rincón del cuadrilátero recibiendo  palos y esperando que suene la campana o que el árbitro “corte”. El que golpea es la insidia, la ignorancia, el lado oscuro…, que al apagar la luz (tu luz) te hace sentir  sin ilusión, frágil, impotente, sin dignidad, humillados, caótico en modo automático.  Sin plan “B”. Eso es “Insidous” el señor del lado oscuro.

Pero Si Hay Plan “B” (y probablemente C, D y muchas más), solo que no somos capaces de verlos por la falta de luz. Cualquiera de estas alternativas nacen de la intuición que es nuestro GPS que traemos de fábrica para cuando atravesemos precisamente túneles o triángulos de la Bermudas en nuestras vidas.

Nuestro Doble que es  el remanente de Alma que se ha quedado arriba, allá en el mundo de Briáh conoce todas las coordenadas. Mónica Villamarin en el siguiente video nos explica en clave científica un concepto teológico y cabalístico que enunció uno de los físicos que están de moda llamado Jean Pierre Garnier Malet acerca del Doble y la Teoría del Desdoblamiento del Espacio y el Tiempo, aplicado a la vida cotidiana.
El fenómeno del desdoblamiento del tiempo nos da como resultado el hombre que vive en el tiempo real y en el cuántico, un tiempo imperceptible con varios estados potenciales: memoriza el mejor y se lo transmite al que vive en el tiempo real.

Esta es una de las maneras de “como saber” bajarse de esos trenes que María José Coronado Luque  hablaba en mi blog que nos hacen transitar por esas situaciones insostenibles de nuestra vida.

Como saber es una canción de  Caradefuego.

Volvemos en un mes.

25. Recupera la perla

1 Noviembre, 2016

De 50 SOMBRAS de enGREYdos

El otro día llegó a mí el llamado “Himno de la perla”, un relato novelesco y simbólico proveniente del libro apócrifo de los Hechos de Tomás.  Este himno narra el descenso de un príncipe celeste al mundo perverso que el texto denomina de modo simbólico “Egipto,” en una misión consistente en hacerse con una Perla Única que aprisiona una serpiente en el fondo del mar.

Esta Misión se ve obstaculizada por la oscuridad que el héroe experimenta tras el descenso, pero que a duras penas solventa mediante su despertar, provocado por la carta que recibe de sus padres “celestiales”, en la que le recuerda su alto rango y la importancia del encargo que debe cumplir.  Una vez que logra el príncipe su objetivo, puede volver al reino de su Padre y vestirse una vez más con sus hábitos gloriosos.

A mí me recuerda mucho esta leyenda a otras muchas que hablan de un paraíso perdido y lo mucho que tiene que ver con nuestro paso por esta vida.  Recuerdo el Viaje del Héroe, el Viaje a Ítaca, el Pan de la Vergüenza.  De arriba a abajo o del Norte al Sur, da igual, siempre hay un exilio.

En todas estas concepciones independientemente de la religión que estemos tratando la idea central es siempre la misma: nacemos “mágicos”, pero perdemos esa “magia” a medida que ejecutamos el guión de la vida que alguien nos ha dado y nos convertimos en desesperados o en optimista, en ejecutivos o en esclavos, en triunfadores o en perdedores, en felices o desgraciados, en malvados o en bondadosos, blandiblues o castigadores, etc…  Y nos oscurecemos paulatinamente opacificando nuestra luz interior para posteriormente “rescatarnos”, encontrándole unas veces el encanto a la vida, otras veces el sentido de la vida y otras veces el propósito de la vida.  Muy pocos elegidos encuentran las tres.

Lo que está claro es que para conseguirlo hay que transitar por un abanico de experiencias que van desde un abandono, un divorcio, un cáncer, un fracaso, una injusticia, una perdida afectiva etc… Solo transitando a través de una o varias de esas experiencias despertamos, encontramos nuestro “don”, transformamos nuestro carbón interno en un diamante, y acabamos por entender que estamos en el exilio.

26. Evita la sofistificación innecesaria

1 Octubre, 2016

(De las 50 sombras de en GREYdos)


Alguien preguntó cierta vez al Rabí Najmán de Breslev: “Cuándo estoy rezando… ¿qué pensamientos debo tener en mente?

“¡¿No te es suficiente pensar que estas rezando?!” contestó el Maestro.

La vida puede ser simple y también a veces puede ser complicada. Depende de lo que nosotros hagamos de ella. Por eso lo deseable es que aspiremos a ser uno de esos que hacen “fácil” lo “difícil” porque entonces estamos consiguiendo mantener la vida en “modo” simple.

En este mundo la dualidad se expresa en acción/intención, útil/vano, dar/recibir y también, en el tema que nos ocupa, “simple” versus “complejo”, y esto último depende de nosotros. En todos los órdenes de la vida es admirable quien hace algo difícil de una forma fácil. Con simpleza es posible lograr mucho más que a  través de la maraña de la complejidad.

Pídele a cualquiera que te  describa a una persona simple y probablemente te describirán la imagen negativa de alguien de pocas luces, tonto e incluso imbécil. En el mejor de los casos, decir que alguien es simple evocaría  la imagen de algo intrascendente. Por eso tendemos a sobresofisticarnos para evitar la risa y la indulgencia de la masa crítica.

Muchas veces creemos que ser espiritual es lo contrario de ser “primario” y estamos tentados de “sofisticarnos” para aparentar  que entendemos por encima del bien y del mal. Pues… no. No es así. Así probablemente causemos la burla o la carcajada de nuestros observadores amen de reconocer que no somos nosotros mismos y menos aún espontáneos.   Curiosamente, la simplicidad — el arte de hacer las cosas por el camino más fácil y más corto –no es una cualidad fácil de obtener.

La palabra hebrea que designa a la persona simple: “tam” no significa simple de mente y falto de inteligencia, sino alguien sin presunciones, sincero y directo, que  no actúa con engaño y evita la manipulación y los razonamientos tortuosos. En cuanto a la palabra “simple”, en sí, ésta implica plenitud (que no necesita nada más). La simpleza denota algo puro y no adulterado. Así, vivir la vida de manera simple, significaría adherirse a lo esencial, comportándonos de forma realista, y evitando todo tipo de complejidades y sofisticaciones que nos hagan parecer lo que no somos o decir lo que no pensamos…, o a hacer lo que no queremos…

Citando un proverbio del Rey Salomón (Proverbios 10:9), “Aquél que sigue el camino simple, anda seguro”. De hecho, insiste el Rabí Natán, “tal persona nunca tropezará. Y aunque se equivoque e inadvertidamente caiga  de seguro se mantendrá firme en sus convicciones  de que existe un proceso en el cielo a través del cual todo es dirigido para el bien” (rabi Natan Likutey Halajot, Devarim Min HaJai 4:49). Porque como  dijo el Rey David (Salmos 116:6): “Dios protege al tonto”.

Aún más, el más sabio de los mortales hasta la fecha: el Rey Salomón,  llegó a escribir “El tonto cree en todas las cosas” (14:15). Aún esto que parece algo peyorativo por su excesiva simpleza también es bueno y recomendable  pues  mientras uno crea en aquello que es falso, también creerá en lo verdadero. En esto tendrá ventaja sobre la persona sofisticada y escéptica de todo, que solo cree en lo que cree y termina ridiculizando todo, incluso a  “la propia verdad”.

Hemos elegido a David Garret y su versión  de  Star Warr para cerrar este artículo porque sorprende todo lo que dice con sólo un violín…

27. Un poco más de inspiración.

1 Septiembre, 2016

(De las 50 sombras de enGREYdos)

“No debe ser dicho todo lo que se piensa, ni debe ser escrito todo lo que se dice, y tampoco debería ser publicado todo lo que se escribe”.

R. Menajem Mendel de Kotzk

La vida (como internet) se parece a un infinito flujo de información.  Tweeter me dice exactamente en dónde almorzaron hoy mis “amigos”, Facebook me muestra fotos de quienes almorzaron con ellos, y Pinterest me dice si les gustó o no.

A veces pareciera ser un círculo lunático de “entra información, sale información”. ¿Qué pasó con la privacidad, la modestia y la discreción?

Lo que algunos guardan con celo como un derecho, la mayoría regala, lo que algunos consideran el único territorio intocable (su intimidad), la mayoría lo da en las redes sociales para la especulación de la gran máquina (google) que todo lo analiza, mide, contabiliza, estudia para convertir en dinero mediante anuncios estratégicamente ubicados en nuestras pantallas.

Por otra parte, ¿es que nos estamos objetivando hasta el punto de vender incluso nuestras vidas?

Todos utilizamos este flujo de información: para mostrar lo bien informados que estamos, para mostrar lo guapo que somos, para mostrar lo solidario que fuimos, para mostrar lo humano que nos sentimos por compartir frases trascendentes…

Algunos conscientes, otros autoengañándose, otros porque ellos lo valen, muchos arrastrados por la ola de información y curiosidad, muchos porque buscan amor…

Ahí es donde un poco de “libre albedrío” entraría en juego. Sólo porque tenemos las herramientas para compartir, compartir y compartir, no significa que tengamos que utilizarlas para todo y Siempre.

Realmente pienso que hemos vuelto  al lejano y salvaje oeste, donde las leyes aún no han sido acordadas, donde los buscadores de riquezas escarban en   las minas de oro de la información ansiosos de encontrar una veta, que ahora se llama “nicho” de posibles clientes, y donde todos estamos como enloquecidos en una tierra de nadie, escasa de moral y valores, donde sobre todo se roba canciones, fotos, ideas, películas, libros…, pero también el trabajo de otros, identidades, inocencia, juventud, seguridad,  tranquilidad, equilibrio, silencio,  paz.

Necesito saber cuándo es suficiente. Necesitamos prudencia, discreción intimidad y seguridad. De otra forma, es como vivir en un gran agujero negro que todo es consumido. ¿Y cuál es el producto final de aquello que es consumido? Deshechos o cenizas… En todo caso: basura. Basura que en términos reales se traducen en miedo, un miedo gigantesco a lo que comemos, a los médicos, a la medicina, a los extranjeros, a otras culturas, espiritualidades… Miedo del vecino.

Antes creíamos que lo más plus era tener información, hoy en lo que a mí respecta no quiero saber tanto en cantidad (a granel), personalmente  me gustaría algo más filtrado y encauzado para mi limitada mente.

Necesitamos menos información… y un poco más de inspiración.

Si no seremos como un canto rodando sin dirección… “Bob Dylan”.

28. Búscate un maestro

1 Julio, 2016

(de 50 sombras de enGREYdos)

No pretendas saber más que nadie.  El problema de la individualidad es que si te equivocas no hay nadie que te haga ver el error.  Y si todos los que te rodean son tus discípulos ¿quién te va a corregir?, ¿y cómo?, ¿y cómo buscar un buen maestro?

Toma nota.

Receta para reconocer un verdadero maestro

Ingredientes:

1 Taza de Compromiso 1 Vaso de predicar con el ejemplo 2 Ramitas de creatividad 1 Taza de grandes expectativas 1 Pizca de seguridad

Condimentos: Confianza, paciencia y motivación.

Nota del Chef: Un buen maestro siembra el deseo de aprender en sus alumnos.

Modo de Preparación:

1.- El verdadero maestro es capaz de cambiar el destino de sus alumnos.  Percibe a sus discípulos no como botellas vacías que se tienen que llenar, sino como recetas únicas que deben desarrollarse y perfeccionarse. Y les trasmite la verdad de sus luces aunque estas no se vean por el espesor de las mantas que se llevan encima.

2.- Es importante que los maestros crean genuinamente en las habilidades de sus estudiantes. El verdadero Maestro es aquel que logra motivar y hacer creer que cada estudiante vale su valor intrínseco en función de lo que es y no de su status.  El Valor recae sobre su nombre, sobre el propósito de su vida y sobre su Tikun.  Regala confianza, despierta el interés por aprender y ayuda a desarrollar las habilidades de cada estudiante de forma individual.

3.- Un Estudiante que se destaca lleva el sello de un maestro ejemplar. Y es considerado por el Zohar un hijo espiritual de su Maestro.  Por esta razón personas que no han podido tener hijos físicos aún tienen la posibilidad de tener “verdadera” descendencia… El Maestro es un ser humano que tiene la nobleza de enseñar (Tiferet), la bondad de escuchar (Jesed), la inteligencia para guiar (Jojma), el talento para motivar (Netzah) y la pasión para comprometerse (Hod)

“Y habló Dios a Moisés en el desierto de Sinaí en la Tienda del Campamento, en el desierto, en el día primero del mes segundo, cuando salieron de la tierra de Egipto…” De esta forma comienza el cuarto de los cinco libros del Antiguo Testamento, “Números” que narra las peripecias de Israel durante los cuarenta años que estuvieron dando vueltas por el desierto….

Lee y entiende esto con detenimiento: toda persona puede llegar a alcanzar la estatura espiritual de Moisés.  ¿Cómo? Considerándose como “un desierto” al que todos pisan. Donde no hay Televisión, ni Internet.  Donde no puedes contaminarte con la opinión de una inmensa mayoría que puede (o no) estar equivocada o caminar por otros derroteros. También, el “Sinaí” era el monte más bajito de todos….

Cuando uno enseña de verdad, el objetivo no es simplemente que acumules información, sino procurar la percepción de cómo el Creador del Universo se relaciona con sus criaturas y de que pienses de una forma….



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