Archivado en 31 Enero 2014

Babel, ¿comunicación u oratoria?

31 Enero, 2014

https://www.youtube.com/watch?v=HNC73ZVzd9w

Qué importante es conversar. ¿A que sí? No me refiero a pedir, rogar, quejarse o reivindicarse. Me refiero al hecho de conversar con otro ser humano. Cruzar palabras con el prójimo.

A menudo se nos olvida que somos los únicos parlantes del globo terráqueo… No en vano, Adán, después de ver que era el único parlante en el Edén, le pidió al mismo Dios alguien “enfrente” de él con el que pudiese hablar… y contestarle, claro…, sólo que después de ser creada Eva parece como si Adán se despistase, o se desmarcase, porque…., en el tema de la serpiente, ¿dónde estaba él?

Y, claro, ya se sabe que cuando hay demasiado silencio, si alguien abre la boca…, se le presta especial  atención y en este caso, ¿quién fué?.

Pues la serpiente cruzando más que unas palabras (cruzó unos conceptos, de paso…) con la mujer más guapa (y más sola) del paraíso…

Aunque el video que les ponemos bajo el título habla de comunicación “y” oratoria, el propósito de este post es precisamente dilucidar si existen diferencias entre comunicarse y el piquito de oro… Y para ello vamos a seguir rastreando el génesis bíblico desde la creación del hombre hasta llegar a Babel.

Por ejemplo: si los primeros padres, Adán y Eva, no hablaron con naturalidad y desde el corazón entre ellos, no es de extrañar que sus hijos, Caín y Abel, tampoco se comuniquen bien y luego pasa lo que pasa… ¿De qué hablarían en aquel campo antes de la pedrada?

Conversaciones que no sean por propio interés (oratoria) no hay hasta que después del diluvio y ante el desolador panorama de lodo, después de los 40 días de lluvias incesantes, los supervivientes se dan cuenta de que calentando el barro con fuego se pueden hacer ladrillos…, y con los ladrillos casas… Entonces, empieza la primera conversación constructiva y altruista: “hagamos una torre en previsión…”


Nosolonavegante, renovamos esta entrada el siete de febrero.

9 Semanas y Media: LA OCTAVA SEMANA: BUSCANDO UNA EVIDENCIA

23 Enero, 2014

By: Nejemia coopersmith , Yaacov Salomon;  Noaj weimberg  & Nosolodoctor extraído de un monográfico de Aish latino

No te parece extraño que cuanto más conocimiento acumulamos, más confundidos estamos. O  que cuantas más comodidades inventamos, menos tiempo parecemos tener? Las preguntas nos comen el coco. Corremos. A veces físicamente, a veces mentalmente. No damos la cara en decir todo lo que pensamos …todas nuestras dudas…La mayoría de las veces las preguntas nos persiguen. Carcomiéndonos… Recordándonos que no estamos realmente en paz. Porque cuando las contradicciones abundan, nos bloqueamos y necesitamos dirección, claridad y entendimiento.  Las voces en nuestro interior nunca se van. Aunque no les hagamos caso “ahí están”. Es posible que el botón de “silencio” esté activado y que el “ruido de fondo” sea ensordecedor, pero las dudas continúan acechando y las incertidumbres nunca se desvanecen realmente.  ¿Cuándo seré verdaderamente feliz con mi vida?    ¿Puedo realmente confiar en mis creencias?  ¿Cómo sé si mis decisiones son las correctas?  ¿Por qué el dinero no me trae esa felicidad?  ¿La vida está predestinada o yo determino lo que me ocurre?  ¿Hay verdades absolutas en este mundo o son sólo “percepciones” de las personas? Un doctor le dice a una paciente que tiene una rara enfermedad que será fatal a menos que reciba una inyección específica en las próximas 24 horas. En un ataque de pánico, ella se arremanga la manga para recibir el remedio. En ese momento, otro doctor entra apurado al cuarto. “¡Espera!”, grita. “¡La has diagnosticado mal! ¡Si le das esa inyección morirá en 24 horas!”.   La paciente casi se desmaya. ¿Qué debería hacer?  Obviamente, obtener una tercera opinión. Y así hasta obtener 20 opiniones más.  Después de pasar todo el día en consultas frenéticas, 20 doctores dicen que sin la inyección morirá, y 10 que con la inyección ella morirá.  ¿En qué basará su decisión? Su decisión estará basada en la ponderación de los argumentos y en el análisis de la evidencia. Siempre que haya una oportunidad para descubrir en dónde yace la verdad, lo mejor que podemos hacer es tratar de descubrirla.  Su miedo a recibir esa inyección no es un factor. Sus sentimientos personales sobre los doctores deberían ser completamente irrelevantes en su decisión. Sus sentimientos no tienen nada que ver con las consecuencias que inevitablemente enfrentará. Siempre que haya una oportunidad para descubrir en dónde yace la verdad, lo mejor que puede hacer es tratar de descubrirla. Ignorar la realidad es irracional e irresponsable. Este calculado enfoque de toma de decisión tiene sentido cuando se elige qué coche comprar o al determinar la culpa o inocencia en un juicio. ¿Sabían ustedes que determinados juicios ya no se pueden hacer con jurado popular porque estos dictaminan de “corazón” y no “racionalmente”?; sus decisiones “por unanimidad” no están  basadas en la recopilación de evidencia ni en hechos substanciales. ¿Entonces qué hago me guío por el intelecto o por la intuición?   Muy poca gente es consciente del desafío intelectual que plantea la espiritualidad y por ende su extensión; la religión o el de la existencia de Dios. Por ejemplo, ¿Dios existe? O,  ¿hay un Dios o no?. Ambos no pueden ser verdad, no hay una tercera opción.  Todas las religiones se contradicen en aspectos fundamentales que tienen consecuencias tremendas, no pueden ser todas ciertas. Es fácil crear una religión a medida para uno mismo, eligiendo diferentes rituales y valores de cualquier fuente que uno encuentre satisfactoria.  Para poder aceptar una idea como verdadera, uno necesita tener evidencia convincente de que es verdad.  Digamos que un adulto te dice que cree que el Ratoncito Pérez existe. Tú le pides evidencia que apoye esa creencia, y él responde: “Bueno, ¡pruébame que el Ratoncito Pérez no existe!”.    ¿Es necesario desaprobar su afirmación? Quizás nunca estemos seguros de que está equivocado. Puede que hasta desees en secreto que él tenga razón. Pero mientras no haya evidencia positiva de que existe, no deberíamos aceptarlo.   ¿Por qué no?

Para empezar, aceptar una creencia sin ninguna evidencia no tiene nada que ver con la realidad, continúa siendo una fantasía personal. Segundo, las creencias tienen consecuencias prácticas. ¿Qué haría este muchacho si recibiera una carta del Ratoncito Pérez pidiendo una donación de 10 mil euros? ¿Qué pasaría si el líder de una nueva secta les instruyera a sus creyentes que renuncien a sus vidas para conocer a Dios? (¿Escuchaste hablar de la secta Heaven Gate?)   Las convicciones son la fuerza motivadora detrás de nuestras acciones. Como son tan serias, necesitan estar construidas sobre una base racional.  En realidad, si el deseo es lo suficientemente fuerte, la fe hasta negará la evidencia que revela la mentira de la convicción.   Un intelectual verdadero toma sus decisiones basado en la verdad y la evidencia, en oposición a sus sentimientos. Ser un intelectual no tiene nada que ver con ser inteligente. Todos conocemos mucha gente inteligente que ha tomado decisiones muy tontas. Un intelectual es quien utiliza su mente para que lo guíe durante su vida en lugar de utilizar su corazón. La Biblia dice: “Sabrás este día y lo llevarás a tu corazón, que Dios es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra…” (Deuteronomio 4:39). Primero viene el conocimiento (“sabrás”)  – construir una fuerte base intelectual. Luego sigue el corazón – las emociones dirigidas por el intelecto.

Si eres una persona de intelecto y entendimiento… estás obligado a utilizar tus facultades hasta que obtengas un conocimiento claro y definido… que alguien que puede lograr certeza mediante el método de demostración racional se base sólo en la tradición mostraría falta de voluntad. Todas las personas están obligadas a investigar con su razón todo lo que pueda ser adquirido, y a traer evidencia que el juicio deliberado pueda apoyar (Rabeinu Bejaie, “Los Deberes del Corazón).

El mundo está lleno de una plétora de ideas que compiten entre sí, de valores confusos y argumentos contradictorios. Toda persona pensante tiene el derecho a desechar ideas si puede refutarlas con un razonamiento convincente y con la suficiente evidencia. La búsqueda de la verdad exige estar abierto y ser realmente tolerante, sin comprometer la honestidad intelectual.  La mente cerrada sigue siendo impermeable a la verdad. Una mente independiente y crítica sigue siendo la mejor guía para atravesar las turbulencia de nuestro día a día. Y ahora el cuestionario de esta penúltima semana de pasión. contestanos por favor estas preguntas:

¿Cuándo seré verdaderamente feliz con mi vida?

¿Puedo realmente confiar en mis creencias?

¿Cómo sé si mis decisiones son las correctas?

¿Que no puedo comprar con dinero?

¿La vida que he tenido ha estado predestinada o la he determinado  yo de una u otra manera?

¿Tengo alguna verdad absoluta en mi concepción del mundo o son sólo “percepciones” mías relativas y subjetivas?

Aviso para Nosolonavegantes: esta entrada permanecerá abierta hasta el día 30



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