Archivado en Marzo, 2014

Una pregunta inocente

1 Marzo, 2014

By Nosolodoctor


Imagínate  cuatrocientas personas, extrañas las unas con las otras, a las que se les dice que se pongan en parejas y le pregunten a su compañero una única pregunta: “¿qué quieres?”, una y otra y otra vez.   ¿Puede haber algo más simple? Una inocente pregunta y su posible respuesta. Y sin embargo, este “tonto” ejercicio de grupo que he visto preguntar y responder  una y otra vez, bastantes veces remueve inesperados sentimientos poderosos. He visto como muchas  veces, en cuestión de minutos, tras la preguntita, la habitación se estremece de emoción. Hombres y mujeres, que no son de modo alguno personas desesperadas ni necesitadas, todo lo contrario, sino exitosas, trabajadoras, bien vestidas, que brillan al caminar, son removidos en las profundidades de su alma.

Si estos son “los exitosos”, qué deciros de los desfavorecidos de la vida “occidental” y los damnificados de la cultura del éxito, de la estética o de la felicidad consumista. A mí todavía se me saltan las lágrimas cuando escucho  sus almas gritar pues tienen para siempre  padres muertos o ausentes, cónyuges, hijos, amigos…

“Quiero volverte a ver”… “Quiero tu amor”… “Quiero saber si estás orgulloso de mí”… “Quiero que sepas que te quiero y cuánto siento no habértelo dicho nunca”… “Quiero que vuelvas, estoy tan sólo”… “Quiero la infancia que nunca tuve”… “Quiero estar sano, ser joven de nuevo”… “Quiero ser amado, ser respetado”…“Quiero que mi vida signifique algo”… “Quiero tener un papá del que esté orgulloso…

“Quiero que mi mamá me mire…,  quiero llevar a cabo algo…, quiero importar, ser importante, ser recordado”…

Tantos deseos. Tantos anhelos. Y tanto dolor, tan cerca de la superficie, sólo a minutos de profundidad. El dolor del destino. El dolor de la existencia. Dolor que siempre está ahí, runruneando continuamente justo bajo la membrana de la vida. Dolor que en su totalidad es fácilmente accesible.

Muchas cosas…, un simple ejercicio de grupo, unos pocos minutos de profunda reflexión, un trabajo de arte, un sermón, una crisis personal, una pérdida, nos recuerdan que nuestros deseos más profundos pueden no ser cumplidos nunca: nuestros deseos de juventud, por detener el envejecimiento, por el regreso de los que se fueron, por el amor eterno, la protección, la significancia, por la propia inmortalidad.  Es cuando estos deseos inalcanzables vienen a dominar nuestras vidas que buscamos ayuda en la familia, amigos, en la religión y otros en psicoterapeutas.

La única manera de luchar contra ese dolor existencial es … la terapia y si puede ser  virtual, como hemos hecho estos tres años en el blog, pues mejor pues te puedes asomar y retirar en función de la intensidad de la hemorragia de tu alma …, o de tu insensibilidad…, o de tus prioridades. Porque otra opción es simple y llanamente no hacerte la pregunta.

Una paciente decía llorando, “quiero que mi hijita muerta vuelva”. El “malnacido” novio que la maltrataba para darle un escarmiento cuando iba en el coche a 150 km por hora, abrió la puerta de su lado y la empujó. Y adiós a 18 años. Y adiós hija. Y adiós felicidad. “Quiero que vuelva”… solo quiero eso…

Otra declaró, “quiero ser siempre joven,” mientras ella, una mujer de sesenta seis años, no podía quitarse de la mente su amor obsesivo por un hombre treinta y cinco años más joven.

Creo que el eje central en la psicoterapia es siempre este dolor existencial, y no, como a menudo se clama, los esfuerzos instintivos reprimidos o fragmentos mal enterrados de un pasado personal trágico. En la terapia “existencial”, a diferencia de la Gestalt o de la psicoanalítica (que también aportan cosas), la premisa sobre la que baso mi hoja de ruta terapéutica es, siguiendo a Irvin Yalom, que la ansiedad básica emerge de la iniciativa de la persona, consciente o inconsciente, para hacer frente a los duros hechos de la vida, los “dictados” de la existencia.

Los cuatro dictados particularmente relevantes de la Mirada interior son la una, inevitabilidad de la muerte para cada uno de nosotros y para aquellos a los que amamos, dos, la libertad para hacer con nuestras vidas lo que deseamos, tres, nuestra soledad suprema, y, finalmente, la ausencia de cualquier significado obvio o sentido para la vida. Sin embargo, por muy desalentadores que estos dictados puedan parecer, contienen las semillas de la sabiduría y la redención.

Y la pregunta de este “MES” para contestar y hacer verdadera terapia virtual es obvia: ¿qué quieres tú?   Mientras te inspiras para mirar dentro ponemos una de mis canciones favoritas.

Nosolonavegante, daremos paso a otra entrada el uno de abril.


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