Archivado en 16 Mayo 2014

De un tranvía llamado deseo a Los Miserables

16 Mayo, 2014

By Nosolodoctor & Nosoloángel

Hace ya casi tres años, una colaboradora, Contrapunto, de este blog, debutó en sus comentarios con esta preciosísima felicitación de Víctor Hugo. Decía así (1 de Enero del 2011):

Os deseo que os améis a vosotros mismo, que améis y que amando seáis amados, y que de no ser así, seáis breves en olvidar, y que después de olvidar no guardéis rencores. Deseo pues que no sea así, más sí es, sepáis ser sin desesperar.

Os deseo que tengáis amigos, y que incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que haya al menos uno de ellos en el que podáis depositar toda vuestra confianza.

Y porque la vida es así, os deseo también que tengáis enemigos para que no lo deis todo por sentado. Y que al menos uno de vuestros enemigos sea un hombre honesto para que os cuestionéis vuestras certezas.

Os deseo que tengáis dinero, ni mucho ni poco, el suficiente, y que una vez al año podáis poner ese dinero frente a vosotros y decir: “Esto es mío”, para que quede claro quién es el dueño de quien.

Os deseo que siendo jóvenes no tengáis prisa en madurar, que ya maduros no insistáis en rejuvenecer, y llegada la vejez no os deis al desespero, pues cada edad tiene su placer y su dolor,  y es necesario dejarlas fluir entre nosotros.

Os deseo que seáis útiles, más no insustituibles. Y que en los momentos malos, cuando ya no quede nada más, esa utilidad sea suficiente para manteneros en píe…

Os deseo que seáis tolerantes. No con los que se equivocan poco porque eso es fácil, si no con los que se equivocan mucho e irremediablemente. Y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirváis de ejemplo a otros.

Os deseo que descubráis, con urgencia máxima, por encima y pese a todo, que existen seres oprimidos, tratados con injusticia y que sufren…

Os deseo que ninguno de vuestros afectos muera, pero sí así fuere, podáis llorar sin lamentar y sufrir sin sentiros culpables

Os deseo que plantéis una semilla por minúscula que sea y que la acompañéis en su crecimiento, para que descubráis de cuántas vidas está hecho un árbol

Te deseo, por fin, que tengas una buena pareja, hoy, mañana y al día siguiente. Y que cuando estéis exhaustos de la vida, sonrientes aún, os sobre todo el amor del mundo para recomenzar de nuevo.

Si todo esto llegara a suceder, no tengo más que desearos.

VICTOR HUGO.

Bien, leído lo visto, la entrada de este junio es fácil.  Hablaremos sobre los deseos y el amplio espectro que estos ocupan en nuestras almas. Para ello nos vamos a apoyar en una de las obras más importantes de la literatura estadounidense, Un tranvía llamado Deseo (1947), que cuenta la historia de una dama sureña con delirios de grandeza, refugiada en un mundo inventado, presumida, altanera y desequilibrada,  de una familia de clase acomodada,  y su rudo cuñado, proletario, que en aquellos  tiempos era una clase social  en auge, o lo que es lo mismo, un choque de pulsiones, de trenes. Su inevitable pelea final da como resultado la eclosión de todas las emociones de Blanche, quien aparentemente termina internada en una institución mental.

La característica principal de esta obra es el enfrentamiento de dos culturas. Ella, una atractiva y desequilibrada mujer del Sur al final de su juventud, con prejuicios y sentimientos de altivez, cuyas pretensiones de virtud y educación ocultan su alcoholismo, va de visita al apartamento de su hermana Stella casada con Stan, que es Marlon Brando antes del último tango en Paris, que vive en Nueva Orleans, en la calle Campos Elíseos, a la cual se accede cogiendo la ruta del tranvía denominado Deseo. Casi  na…

Existe una atracción oculta pero poderosa entre Blanche y Stan. Cada uno de ellos está acostumbrado a mantener el control de la situación a su alrededor, lo que aumenta las tensiones entre ambos. Su atracción va en contra de los valores morales y culturales de los dos. Sus conflictos representan un choque de trenes, el conflicto entre los grupos sociales a los que representan; por un lado la fuerza bruta de la naturaleza  abriendo paso es tan poderosa como la de los prejuicios morales.

Ese tipo de deseos “volcánicos” ya se han visto en otras películas menos famosas como Jamón, Jamón, El cartero siempre llama dos veces o Padre Padrone, y se encuentra en las antípodas del otro tipo de deseo  “sublimado”  y desesperado que viene representado por el deseo de Víctor Hugo.  Un deseo más de “darse cuenta”, más racional, más afectivo y más generoso, que no esconde “lava volcánica” sino más bien “entrega”.

¿Sabían ustedes que Víctor Hugo pronunció numerosos discursos sobre temas políticos, acerca de la defensa de la libertad, la condición de la mujer, a favor de la escuela laica y gratuita, de la paz, del sufragio universal y contra la pena de muerte?

Víctor Hugo retrata al ser humano sometido a la necesidad extrema  en Los Miserables y cómo somos conducidos hasta que la luz del día se funde con la sombra y la oscuridad en sus corazones y cómo en medio de esa oscuridad el hombre se aprovecha de la debilidad de su prójimo.

En todas las novelas de Charles Dickens, en la película “El médico”,  o en  “Amistades Peligrosas” podemos descubrir personajes degradados por  intentar  birlar un chusco de pan, o el penique, o la honra, o lo que sea a las mujeres, a los desfavorecidos, a los niños,  forzando a la ley del más rápido, del más fuerte o del más zorro. Es un  deseo más ladino que se cuela (no avasalla como en el tranvía llamado deseo) por la mínima rendija que se abre…, y ya se queda ahí…, y como el perro del hortelano “ni come ni deja comer”.  Como dice textualmente Don Víctor:

Parecen totalmente depravados, corruptos, viles y odiosos, pero es muy raro que aquellos que hayan llegado tan bajo no hayan sido degradados en el proceso.

Además, llega un punto en el que los desafortunados y los infames son agrupados, fusionados en un único mundo fatídico.

Ellos son “Los Miserables”, los parias, los desamparados.

Conclusión:  el deseo del tranvía es difícil de controlar, más bien solo queda  “atarse” al árbol hasta que pase el tranvía o el tsunami  (depende el objeto de deseo,  un helado, un filete o  un pedazo de jamón de Zafarralla) y rezar para que no te arrastre. Mientras, que en el otro extremo del espectro, el deseo miserable es producto de una situación sutil que se ha ido complicando cada vez más y más hasta que el alma está tan nublada y oscurecida que no ve el sol.

Frente a eso sólo queda rezar para encontrar a alguien que te redima, compre con verdadero amor piadoso tu alma al mal, como se escenifica en la magnífica escena, y la coloque de nuevo en el escaparate de la vida. De la verdadera vida.

Y ahora los deberes: es obvio que hemos puesto los dos extremos de la horquilla de los deseos; desde el “Jamón, Jamón”  porque está muy bueno y me subo al  tranvía, hasta el chusco de pan birlado porque soy un indigente y necesito “comer”.

Reflexiona dónde se ubica tus pulsiones en esa horquilla…: ¿en el centro?,  ¿centro-derecha?,  ¿extrema izquierda? … No hay que entrar en detalles…, ¿eh?  Je…

Mientras tanto me vuelvo a releer por enésima vez la felicitación de Don Hugo.

Nosolonavegante, esta entrada será renovada el 2 de junio. Mientras tanto, que tengas buen viaje,

¿Una curación milagrosa? Je…

1 Mayo, 2014

By Alberto Herrero, Nosolodoctor, Nuberosa y su esfera de influencia…

– Cuando llegué a casa abrí el buzón y… – La voz de Saúl se rompió mientras su expresión desesperada y su mirada de culpa intentaban esconderse de la mía, respiró profundamente antes de continuar – Miré el correo y allí estaba… estoy bloqueado, no sé qué hacer.

En el rato que llevaba conmigo, aquel afamado médico de sesenta y tres años muy apreciado entre la comunidad científica, se había mostrado muy angustiado, encogido, como queriendo desaparecer, intentando controlar su respiración que se agitaba por momentos. Me senté a su lado y le hablé con voz firme y segura.

– Sabes que trabajando juntos lograremos superar lo que sea, concéntrate, respira hondo…, bien, ahora más despacio…, un poco más… Percibe como entra el aire y síguelo por tu interior, deja que te invada y lentamente ve expulsándolo mientras sientes cómo se vuelve cada vez más cálido. Inhala… Exhala… – El pánico de su mirada fue desapareciendo, se tomó su tiempo y cuando se sintió más calmado continuó relatándome lo sucedido.

– Entre toda la publicidad, vi el sobre del Instituto. Llevaba semanas temiendo que llegara, y allí estaba confirmando todos mis temores. Lo miré al tras luz, intenté adivinar la letra, la cantidad de hojas…, pero incapaz de abrirlo, lo guardé en mi estudio. Un sobre idéntico llegó ocho días después y fue directo al mismo cajón. ¿Absurdo, verdad?,  y lo grave es que ni por un momento logré dejar de pensar en ellos.

– ¿Aún están por abrir? – Exclamé al tiempo que le animaba a continuar, impaciente por conocer eso tan terrible que él suponía que le habían comunicado. Saúl miraba sus temblorosas manos como si aún sujetaran aquellas cartas. Me confesó que se había resistido a llamarme, para él, volver a verme era un vergonzoso fracaso, pero él solo no lograba encontrar una justificación para su supuesto mal comportamiento, y al no poder contárselo a nadie se había sumido en el abatimiento. Entonces llegó la tercera carta y se evaporaron las excusas y su orgullo.

Llamó a primera hora pidiendo una cita, pero no había trascurrido ni dos horas cuando volvió a llamar muy angustiado… No podía esperar. Y allí estaba, tras el último paciente del día, contándome cómo había recibido una beca de seis meses en el Instituto de Investigación de Estocolmo en Suecia, cincuenta mil euros para dar clases y, al tiempo, desarrollar, sin compromiso, un estudio de su elección.

Les cuento su relato…

Le llenó de orgullo que al llegar le recibiera el famoso Dr.K. y mientras estrechaba la mano de aquel hombre, sintió que allí podría encontrar aquella sensación de calor, afecto, aprobación y reconocimiento que tanto había deseado desde que, al perder a sus padres de niño, quedó bajo la tutela de sus tíos. En pocos días, muy ilusionado, propuso un interesante proyecto de investigación comprometiéndose a su publicación.

Trabajó sin descanso dando clases, asesorando a jóvenes colegas y preparando sus sesiones con el Dr. K. Pero a los seis meses el estudio aún estaba incompleto. Para terminarlo invirtió tres meses más, y tras la aprobación de su colega dio por concluído su trabajo en el Instituto.

Regresó a casa después de mandar el artículo a una destacada revista científica, que se lo devolvió a los once meses tras la decisión de abandonar ese tipo de publicaciones. Lo envió inmediatamente a otra, pero se lo rechazaron a los seis meses ya que existían estudios más actualizados sobre el mismo tema. Él sabía que esos artículos envejecían rápidamente, pero revisarlo supondría mucho tiempo y esfuerzo y principalmente confesar al Dr.K que había incumplido su compromiso de publicarlo.

Saúl, como si esperara que todo se solucionara solo, hizo lo que hacía siempre que se bloqueaba…: nada. Para colmo había hecho un estudio similar que hacía referencia al que no había logrado publicar por lo que tuvo que eliminar toda mención a su colaboración con el Dr.K. El editor decidió que saliera en portada de la revista científica más renombrada del momento.

– El Dr.K al verlo me habrá tachado de farsante, ladrón, oportunista y seguro que eso es lo que contienen las cartas, su desprecio y el de todo el Instituto. No soporto el rechazo ¿Y si devuelvo el dinero de la beca? ¿Y si abandono la investigación médica? He preparado una carta explicándoselo todo, quizás así se me quite esta intranquilidad ¿Recuerdas a mi tía? Ella me repetía sin cesar que era muy malo, y sería una amargada rencorosa, pero al final ha tenido razón. Si aún viviera disfrutaría viéndome sufrir. Ya no sé qué estoy diciendo, tanta angustia me hace desvariar.

Observando lo mal que se sentía al creer que había defraudado a alguien, yo tenía claro que aquel sufrimiento era absurdo, y la solución tan rápida como ir a casa y leer aquellas malditas cartas, así que mi propósito fue conseguir que las abriera en una o dos sesiones.

– Puede no ser lo que imaginas. Si yo fuera el Dr.K me quedaría perplejo al leer como te defiendes si no te he culpado de nada. Lo racional es abrirlas antes de nada, podemos poner un plazo de un mes a partir de ahora ¿No habrás devuelto ya el dinero? ¿quieres traerlas y abrirlas aquí conmigo? ¿Quieres que vaya a tu casa y las abrimos allí juntos?

Saúl se había ido poniendo muy serio, estaba muy callado y yo había ido notando como se distanciaba a medida que le presionaba. Empecé a estar muy preocupado, quizás no había elegido la mejor estrategia para él. Se había hecho muy tarde y decidí terminar la sesión concertando otra cita en un par de días, a la que no acudió alegando haberse lastimado la espalda.

Le llamé repetidamente y cuando al fin cogió el teléfono, su voz sombría me recordó los días en los que me hablaba de suicidio. Mi afán por recuperarle aumentó y no le di tregua hasta que aceptó que le visitara en su casa. Me recibió recostado en su cama y aunque ninguno de los dos comentó ese hecho, ambos sabíamos que a su espalda no le pasaba nada.

– Saúl, creo que el otro día te presioné demasiado y no supe evaluar tu sufrimiento. Mejor aparcamos el tema de las cartas, ya las abrirás cuando estés preparado, pero no he podido evitar relacionar tu exagerado empeño por no contrariar al Dr.K, con el comportamiento que tenías en casa de tu tía, que no se cansaba de repetirte lo agradecido que debías estarle por tenerte con ella en lugar de dejarte en un orfanato.

– ¿Te he dicho alguna vez que nunca me adoptó? Cuando sus hijas enfermaban el médico venía a casa, a mí me llevaba al hospital y gritaba ¡Este huérfano dice que está enfermo! Me puso un camastro en el salón que no podía abrir hasta que todos se habían acostado y antes de que se levantaran ya lo había recogido para no estorbar.

Navegando por sus recuerdos en aquel dormitorio triste y vacío que más parecía el cuarto de un motel barato, Saúl y yo habíamos vuelto a conectar.

Hablaba de sí mismo como de un impostor que realmente nunca había hecho nada digno de mención. Me decía, nadie mejor que yo para enjuiciar mi trabajo, el Dr.K. ya lo sabe, y si fueras neurobiólogo lo sabrías también. Lo único que Saúl veía perfecto en él, eran sus autocríticas.

Surgieron episodios de su niñez que jamás antes había mencionado. Me contó como su tío le dejaba de madrugada en una boca de metro vendiendo periódicos, a las tres horas lo recogía aterido para dejarlo en la escuela sin importarle que lo castigaran por llegar siempre tarde. Creyó que para tener un sitio en aquella familia, debía ganarlo y al no conseguirlo se castigaba y exigía cada día un poco más, convencido de no ser digno de estar allí. Y lo triste era que durante toda su vida siguió pensado que esa era la clave para ser querido, aceptado, amado.

A veces se empeñaba en que la solución era devolver el dinero haciendo una donación anónima, el recibo siempre podría justificar que hizo lo correcto. Prefiero darlo al Instituto antes que a los aprovechados de mis hijos o mis ex mujeres, decía muy irritado. Yo insistía en que lo importante no es la decisión, sino cómo y cuándo lo haces. Es diferente querer hacer algo y tener que hacerlo. Sería una buena idea siempre que lo donara por el simple hecho de querer hacerlo.

Analizamos cómo en todas las crisis a lo largo de su vida, subyacía una constante búsqueda de aceptación. Su necesidad de aprobación era tan grande, que cualquier adversidad le bloqueaba impidiéndole ver el camino más simple, que en este caso habría sido mantener a su colega informado de los acontecimientos conforme se producían. Pero a pesar de mis esfuerzos dejó de comer, apenas dormía y se hundía cada vez más en su sentimiento de insignificancia y baja autoestima.

Una noche recibí su mensaje avisándome de que iría a la consulta para la sesión del día siguiente. Nada más entrar puso sobre mi mesa las tres cartas e inmediatamente vi que estaban abiertas. Me contó que un colega le llamó para ver cómo estaba, y en la conversación le comentó lo que lamentaba la muerte del Dr. K. Pero… ¿Cuándo murió? ¿Cómo sucedió? Saúl no daba crédito, el doctor había sufrido un infarto falleciendo días antes de la publicación de su artículo. Colgó precipitadamente y corrió al escritorio.

La primera carta era de un colega pidiéndole una recomendación, la segunda comunicaba la muerte del Dr. K. y la tercera era de la viuda del doctor. Le contaba como la muerte lo sorprendió mientras escribía a Saúl avisándole de su intención de visitarle. Su esposo le había hablado siempre de él con gran cariño, y estaba segura que le habría gustado que le remitiera aquellas líneas. Saúl, muy emocionado, me pidió que las leyera.

Estimado Profesor:

Estoy planeando un viaje a España, el primero en doce años. Me gustaría incluir Andalucía en mi itinerario, siempre y cuando esté en casa y desee verme. He echado muchísimo de menos nuestras charlas. Como siempre, me siento aislado aquí – el colegueo profesional es escaso en el Instituto de Estocolmo. Ambos sabemos que nuestro trabajo de colaboración no ha sido nuestro mejor esfuerzo pero, para mí, lo importante ha sido permitirme conocerle personalmente tras respetar su trabajo durante más de treinta años.

Una petición más…

Con aquella última frase inacabada desaparecieron todos los pensamientos que habían hecho a Saúl sentirse un extraño en su propia piel, un hombre hundido en la desesperación, despojado de su humanidad, su risa y sus ganas de vivir.

No supe de él hasta que a los tres años, un joven doctor me contó que había muerto. La beca que le había permitido trabajar en Estocolmo se debía en parte a Saúl. En su testamento legó al Instituto cincuenta mil euros. Nadie se lo explicaba. Me preguntó ¿Usted lo entiende?

Y ahora los deberes… ¿Alguna vez la angustia por anticiparte a algo te ha amargado la vida sin tener por qué? ¿Qué fue lo que hizo que Saúl, finalmente legara los cincuenta mil euros al Instituto? ¿Hizo bien? ¿Hizo mal? Y para terminar ¿Te ha ocurrido alguna vez que algo se haya solucionado milagrosamente de la noche a la mañana?

Esperamos tu comentario y para terminar con una sonrisa… ¿te apetece una clase de baile? Pues dentro vídeo y ¡feliz semana!!!

Querid@ Nosolonavegante, esta entrada será renovada el próximo quince de mayo.



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