Archivado en 14 julio 2014

Demasiado cielo

14 julio, 2014

By Nosolodoctor

Hubo una paciente a la que le recomendé en su día “crearse su propio cielo”. Después de transcurrir un tiempo me confesó que tenía dudas acerca de si lo que ella había creado era realmente el cielo o un sucedáneo de cielo. Ella me preguntó:

“Realmente ¿cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?

Y entonces le conté la historia del Talmud acerca de la mujer que tras fallecer su alma abandonó su cuerpo y subió flotando hacia arriba al más allá, a  un lugar llamado “Cielo”. La mujer llamó a la puerta del arcángel. Era una puerta de madera, enorme y muy sólida, y cuando se abrió chirrió estrepitosamente al girar sobre sus goznes antiquísimos y oxidados.   Cuando el arcángel vio a la mujer, respiró hondo y dijo:

“Así que por fin has venido. Nos estábamos temiendo tu llegada”.

“¿Cómo que temiendo mi llegada?”, dijo ella algo molesta.

“Bueno”, dijo el arcángel, “ya sabes que mi trabajo consiste en mandar a la gente al Cielo o al Infierno. El problema es que en tu caso concreto no sabemos exactamente qué hacer contigo”.

¿Queeeeé? “¿Cómo que no sabéis qué hacer conmigo?”.

“Bueno”…, contestó el arcángel, “ya sabes que tenemos unas balanzas especializadas para estos asuntos, unas balanzas enormes sobre las cuales colocamos todo lo bueno que has hecho en uno de los platillos y todo lo malo en el otro. El platillo que pese más decide si subirás al Cielo o bajarás al Infierno”.

“¿Y bien?”.

“En tu caso, y este es el problema, cuando pesamos tu alma la balanza aparece totalmente equilibrada. Nunca nos había sucedido antes. No sabemos qué hacer contigo”.

“¡¡Que no sabéis qué hacer conmigo!! ¿A dónde voy a ir entonces? ¿Qué habéis pensado hacer?”.

“Hemos pensado dejarlo a tu elección”.

La mujer se quedó perpleja por un momento y dijo:

“¿Qué broma es esta? ¿Que elija yo? Estáis de coña… (Perdón…) ¿No?

¿Que sea yo la que elija si voy al Cielo o al Infierno?”.

“Sí”, dijo el arcángel. Ya sabes: libre albedrío…

Hubo una larga pausa.

Finalmente la mujer preguntó: “¿Cuál es la diferencia entre los dos?”.

“¿Entre el Cielo y el Infierno? -dijo el arcángel- Uhmmm no creas que hay mucha. En el aspecto material ninguna diferencia, ninguna en absoluto”, contestó el Guardián de la Puerta.

“¿Ninguna? ¿Ninguna en absoluto? ¡Estáis de broma!”. Si esto es un sueño quiero despertarme… ¡ya!

“Por supuesto que no. No es un asunto como para tomárselo a broma. Simplemente queremos que elijas el lugar en el que te gustaría hacer tu residencia eterna”. Solo eso…

Hubo otra larga pausa. Finalmente la mujer dijo: “¿Estáis seguros de que no hay ninguna diferencia?”.

“Bueno”, dijo el arcángel, “¿te gustaría verlo por ti misma antes de decidirte?”. La mujer asintió con la cabeza. “¿Por dónde te gustaría empezar? ¿Por Arriba o por Abajo?”.

“Creo que por Arriba”, dijo la mujer.

“Muy bien. Pero estamos hablando de lugares muy grandes, ¿por dónde quieres empezar?”. La mujer parecía perpleja. “Déjame ayudarte. ¿Cuáles eran tus grandes pasiones mientras estabas con vida?”,

“Ah, eso es fácil. Comer y beber”.

“Entonces empezaremos por el restaurante, ¿de acuerdo?”.

La mujer asintió con la cabeza y entraron juntos en el ascensor celestial. El Restaurante Celestial estaba muchos pisos más arriba. Antes incluso de que las puertas del ascensor se abriesen, la mujer pudo oler los deliciosos aromas, olores que le trajeron una sensación de alegría y despreocupación a todo su ser. Cuando se abrieron las puertas vio unas mesas muy largas, cubiertas con manteles completamente blancos y unos sencillos bancos a cada lado. En los bancos había hileras de gente de aspecto relajado y amigable, sonrientes, bien alimentados y charlando afablemente unos con otros.

Sobre las mesas había grandes soperas de plata que contenían la sopa de la que emanaban los deliciosos aromas. La mujer se dio cuenta de que tenía ganas de comer, de probar la comida que olía tan maravillosamente. Notó una sensación de vacío en el estómago deseoso de llenarse y la presencia de saliva en la boca.

Y después se dio cuenta de que había algo fuera de lo normal. Sobre las mesas no había ningún cubierto, ni tenedores ni cuchillos, ni cucharillas de café ni cucharillas de postre, sólo unos cucharones de servir muy largos y de plata. Pero estos cucharones eran enormes; el mango de cada uno de ellos medía un metro y medio de largo por lo menos.

El arcángel le pidió a la mujer su opinión. “Maravilloso”, dijo, “pero ahora siento curiosidad por ver el otro lugar, para comprobar por mí misma si realmente es igual”.

Bajaron en el Elevador Infernal. La mujer se sorprendió de no advertir ninguna diferencia en la presión ni en la temperatura. Antes incluso de que las puertas del ascensor se abriesen en el Restaurante Infernal, la mujer pudo oler los mismos deliciosos aromas que había percibido en el Restaurante Celestial, olores que le trajeron la misma sensación de alegría y despreocupación a todo su ser. Cuando se abrieron las puertas vio unas mesas muy largas, cubiertas con manteles completamente blancos y unos sencillos bancos a cada lado, exactamente igual que antes.

Sobre las mesas había también grandes soperas de plata que contenían la sopa de la que emanaban los deliciosos aromas. Se dio cuenta una vez más de que tenía ganas de comer, de probar la comida que olía tan maravillosamente. Notó la misma sensación de vacío en el estómago deseoso de llenarse y la presencia de saliva en la boca.

Y advirtió igualmente que pasaba algo raro con la cubertería, no había ni tenedores ni cuchillos, ni cucharillas de café, ni cucharillas de postre, sólo los cucharones de servir muy largos y de plata, cada uno con el mango de un metro y medio de largo por lo menos.

Y después se dio cuenta de que sí había una diferencia. Había estado tan absorta en los olores de la comida, la elegante sencillez del arreglo de las mesas y la curiosidad de la cubertería que no había advertido el silencio y la atmósfera siniestra. En los bancos había hileras de gente, sentados unos frente a otros, como en el Restaurante Celestial. Pero mientras que las del Cielo eran gentes de aspecto relajado y amigable, sonrientes, bien alimentadas y charlando afablemente unas con otras, estas eran absolutamente diferentes.

Estas personas parecían malhumoradas y taciturnas y se miraban fijamente unas a otras con maldad y suspicacia. Y aunque la sopa de las soperas que había sobre las mesas era tan abundante como en el Restaurante Celestial, estas personas parecían hambrientas y demacradas, como si llevaran semanas sin comer.

La mujer se volvió al Guardián de la Puerta. “En todos los aspectos, excepto en la gente, los restaurantes del Cielo y del Infierno son exactamente iguales. Pero aquí, aunque la comida es abundante, las personas están hambrientas y furiosas. ¿Cuál es la causa de que sean tan diferentes?”.

El arcángel dijo: Es verdad, te mencioné que no hay ninguna diferencia material. Salvo  mencionarte la actitud. La diferencia entre el cielo y el infierno estriba en la actitud de sus habitantes. Ya has visto los cucharones. Es imposible servirse por sí mismo. El simple hecho de que aquí abajo en el Infierno las personas se esfuerzan desesperadamente por alimentarse a sí mismas hace que la vida sea…, eso…, un infierno. Mientras que allá arriba en el Cielo, las personas disfrutan alimentándose las unas a las otras y el aire de “solidaridad” que se respira es lo que lo hace realmente “celestial”.

¿Lo comprendes ahora?

Nosolonavegante, recibirás más información de alto valor vitamínico el 3 de agosto.

Rebeca

1 julio, 2014

by Nosolodoctor & Nosoloángel


Existe un clásico entre los cinéfilos que tiene entre otras curiosidades la de ser  la primera película de Hitchcock  producida en EEUU, y que trata del matrimonio de alguien tras el fallecimiento de su esposa, Rebeca De Winter, quien fue dada por muerta y desaparecida en la costa.

Cuando el nuevo matrimonio se instala otra vez  en Manderley, tras el viaje de novios, la joven esposa empieza a darse cuenta de que la sombra de la anterior señora De Winter sigue presente en la casa, en su ama de llaves, Mrs. Danvers, y también en los pensamientos de su marido. Y es que hay gente que olvida muy pronto y otros, sin embargo, tardan toda una vida en hacerlo.

Pero…, mientras les introducimos en el film para cuando tengan tiempo, les contamos una historia que tiene de protagonista a otra Rebeca mucho más cercana.

Existe una canción de Maná titulada “El muelle de San Blas”, que cuenta una historia real muy similar a la de “Penélope”, cantada por Joan Manuel Serrat, precisamente estos días peinando google en busca de inspiración para el blog me enteré que el pasado mes de Noviembre falleció Rebeca Méndez Jiménez, la auténtica protagonista de aquella historia.

Nuestra Rebeca  tejía ropa para muñecas y elaboraba curiosidades artesanalmente, para después venderlas   en la plaza del pueblo donde vivía, también se dedicaba a trabajar en un restaurante y en las casas limpiando.

Rebeca  tenía 23 años en el 1971, fecha desde la que   esperó en el puerto el regreso de su novio, un joven que salió a pescar  en la playa del Borrego y que jamás regresó.

Según se dice, ese día, la tormenta tropical del Pacíficop llamada Priscilla  pudo ser la causante de que “un amor que fue la gloria” se perdiera y Rebeca, siendo casi adolescente, quedara trastornada.

Cuentan que “Manuel” se embarcó temprano a la pesca junto con otros hombres 3 días antes de su boda con Rebeca, y llegado el día de la boda al no regresar, la novia, al verse abandonada, vistió el ajuar de novia y  caminó por la playa El Borrego, donde esperó encontrar a su novio durante días con los atuendos del casamiento.

Un historiador popular cuenta que las personas se compadecían de ella y en las ramadas le ofrecían comida, sobre todo porque muchos de ellos también perdieron a alguno de sus familiares al paso de esa tormenta.

Ella se quedó sola pero su familia la buscó por las playas y vinieron a por ella. La mujer fue homenajeada por los pobladores de Puerto Vallarta, donde se convirtió en un símbolo por la espera de su amor. Fueron más de 41 años que esperó a su amado Manuel. Nunca más se supo de él y tampoco se encontró su cuerpo.

Con esa elegancia que da la entrega inocente dedicó el resto de sus días a vender  dulces a los turistas en el Muelle de San Blas.  Y  allí fue que el líder de Maná, Fher, la conoció en la década de los noventa, interesándose por su historia, convirtiendo la canción que le compuso en una de las  insignias de Maná.

Tras su muerte, el cuerpo de Rebeca fue incinerado y sus cenizas arrojadas al mar, para que se encuentre con su gran amor.

La Espera incondicional tiene muchos parangones en la música. Otra canción: “Maitexu”, cantada por Placido Domingo y también por Mocedades, habla de una joven que murió esperando el regreso de su amor.

Pero en esta ocasión  nos han pedido que utilcemos el blog como homenaje a Rebeca y esto hacemos, no sin antes encargar los deberes para estos  días… Contesta sinceramente: ¿qué crees tú que en tu inocencia habrías esperado toda una vida?

Mientras reflexionas acerca de la respuesta. Te ponemos el videoclip de Maná y la letra de la canción. Miles de lunas pasaron…

“El muelle de San Blas”

Sola en el olvido
sola con su espíritu
sola en el olvido
sola con su
espíritu.


Ella despidió a su amor
el partió en un barco
en el muelle de San Blás,
el juró que volvería
y empapada en llanto ella juró
que esperaría.
Miles de lunas pasaron
y siempre estaba en el muelle
esperando.
Muchas tardes se anidaron,
se anidaron en su pelo
y en sus labios.


Llevaba el mismo vestido
y por si él volviera
no se fuera a equivocar
Los cangrejos le mordían
su ropaje su tristeza
y su ilusión,
y el tiempo escurrió,
y sus ojos se le llenaron
de amaneceres,
y del mar se enamoró
y su cuerpo se enraizó
en el muelle…
Sola…, sola en el olvido
Sola… sola con su espíritu
Sola… con su amor ,el mar
Sola… en el muelle de San Blás
Su cabello se blanqueó
pero ningún barco
a su amor le devolvía
Yen el pueblo le decían
le decían la loca
del muelle de San Blás.
Una tarde de abril
la intentaron trasladar
al manicomio,
nadie la pudo arrancar
y del mar nunca jamás
la separaron
Sola… sola en el olvido
Sola… sola con su espíritu
Sola… con su amor el mar
Sola… en el muelle de San Blás
Se quedó, se quedó sola, sola
se quedó, se quedó
con el sol y el mar
Se quedó ahí, se quedó hasta el fin
Se quedó ahí
se quedó
en el muelle de San Blás
oh…
Sola, sola se quedó
sola, sola.

Nosolonavegantes, esta entrada será renovada el 13 de julio. Hasta entonces que tengan buen viaje…






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