Archivado en 7 Enero 2016

¿Quién quiere vender la paz de un niño durmiendo?

7 Enero, 2016

En la plaza vacía nada vendía el vendedor,
y aunque nadie compraba no se apagaba nunca su voz.

¿Quién quiere vender conmigo la paz de un niño durmiendo,
la tarde sobre mi madre y el tiempo en que estoy queriendo?

Vendo en una cesta el agua y la nieve en una hoguera y

la sombra de tu pelo cuando inclinas la cabeza.

Mucha gente me dice: “no entiendo por qué hay personas que todo le sale bien, son felices y parece no tener ningún problema”.  Normalmente no suelo responderles o si lo hago solo le apunto que mejor es mirar a nosotros mismos y no lo que le pasa a los demás.

El mundo en el que vivimos se parece a un Mercadillo donde se reúnen compradores y vendedores, tal como ya escribió el Rey Salomón en Eclesiastes, y de todas las personas que van (vamos) al mercadillo, hay quien viene a comprar y hay quienes vienen a vender…, y hay quien solo “mira”. Los que solo miran se van del mercadillo igual que como vinieron. Pasaron el Tiempo.  Los que vienen a comprar ¿qué compran?: compran los ingredientes necesarios para arreglar las carencias de sus Almas. Si imaginásemos nuestras Almas como una enorme campana con ciertas rajaduras que hemos venido a arreglar (tikun) en este mercadillo (vida) es donde compramos (adquirimos) los elementos necesarios para nuestro arreglo.

¿Y los que venden qué venden? Venden su propia Santidad y por Santidad debe entenderse su propia  “unicidad”,  es decir, la especialidad o “don”  de nuestro YO que nos hace especiales y únicos (e irrepetibles) ante el Universo,   a través del cual nuestra vida adquiere no solo un propósito sino, además, un “sentido”. Solo a través de la toma de conciencia plena somos capaces de entender el libre albedrio entre comprar y/o vender.

En eso simplemente consiste la vida con sus luces y sus sombras: comprar o vender luces. Solo que si vendes tu  “luz” defectuosa (la paz de tu niño interior dormido) o con carencias, por el “ofertón” de una cesta con agua o de una hoguera con nieve  te  quedas sin campana y sin propósito. Y el sentido de tu vida… cambia.

Muchas personas vienen al mercadillo con la intención de comprar y sin embargo son “liados” por un charlatán o alguien realmente seductor que le convence, no solo de que no adquiera los elementos que fue a comprar sino para que además le venda el badajo de su campana por una oferta aparentemente sugerente, pongamos por ejemplo (por seguir con la letra de nuestra canción): la tarde sobre mi madre (que ya no está)  o el tiempo en que estamos queriendo a alguien (para que sea “Eterno” y no pase …”nunca”).

A eso se refiere José en el Génesis cuando una vez ya reunidos con sus hermanos antes de presentarles al Faraón les aconseja lo siguiente:

Y cuando el Faraón (El Arquetipo de Lado Oscuro)  os llame y os diga: “¿Cuál es vuestra ocupación?, (34) vosotros responderéis: “Tus siervos han sido hombres de ganado (en el hebreo original, hombres que adquieren, que compran)  desde su juventud hasta ahora, tanto nosotros como nuestros padres, para que así podáis habitar la tierra de Goshén, porque para los egipcios ( los “otros”)  todo pastor de ovejas (en el hebreo original,  este tipo de personas que “compran”) es una abominación (gilipollez).

Y también según esto se puede entender la Bendición que Malkitsedek le dio a Abraham cuando le dijo: “Bendito tú Abraham que adquieres (compra) “el  cielo y la Tierra”   (Génesis 14, 19). Y también lo que escribió el Rey Salomón en Proverbios: “La verdad (de este mundo) es comprar y no vender”.  Es decir: la verdadera (cosa) es las rajaduras de tu Alma; compra pues los elementos para arreglarla (tikun) y no vendas (nada de tu campana) por muy defectuosa o aparentemente inservible que parezca o sientas que está. Compra Entendimiento  y compra Sabiduría para saber dónde está aquello que necesitas comprar. Eso es todo.

¿Y cuál es el dinero para esa compra simbólica?   El esfuerzo. El esfuerzo es el  dinero espiritual. Aquello que uno adquiere (compra) con su esfuerzo es Eterno; aquello que se adquiere regalado es transitorio (por eso está escrito también por el Rey Salomón: “Quien odia los regalos “vivirá”.  Del mismo modo que aquí en este mundo nos da seguridad conseguir la escritura de una propiedad que hemos comprado porque sabemos que nadie nos la puede quitar, así aquello que se nos ha dado por un esfuerzo está de alguna forma escriturado en otro plano para tu pertenencia. Y aquí en este punto viene el ejercicio para las próximas tres semanas:

1.      Identifica cual es la grieta (carencia) de tu Alma.

2.      Piensa qué elementos necesitas para su arreglo y dónde se venden.

3.      Esfuérzate (cómpralos) en arreglarla.

Y si por alguna razón alguien te comió el coco para venderte una hoguera con nieve o una cesta con nieve  y piensas que “hay gato encerrado”, busca en la plaza al vendedor  y anula la “operación” aunque le pierdas “dinero”. Simplemente dile: “lo he pensado mejor. Te aseguro que no te arrepentirás.

Nooslonavegante, volveré dentro de tres semanas.



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