Archivado en 29 Febrero 2016

En el camino del héroe

29 Febrero, 2016

By Betty Marmol y Vilma Picapiedra

Un viaje para…  pasar de un estado de “desnudez”  espiritual al de investirse con el ropaje de la dignidad humana (Nosolodoctor  en 50 sombras de engreídos).

En nuestro discurrir por la vida, aunque podamos ser personas de éxito y hayamos alcanzado los objetivos que se esperaban de nosotros (estudios, casa, familia, posición…), en lugar de tener la sensación de haber alcanzado la meta, sintiéndonos felices y plenos con los deberes hechos, puede suceder que nos sorprenda una sensación de vacío que crece, y con ella preguntas acerca de qué hago aquí y qué sentido tiene todo esto ¿Por qué no me siento feliz? ¿Por qué esta inquietud de que algo me falta?

Es entonces cuando el héroe que hay en nosotros es llamado a la acción; y cada uno emprende su viaje particular. Un viaje hacia nuestro interior donde pueden verse rebelados (des-mantados) aspectos que, probablemente, nosotros mismo tapamos (hace mucho tiempo); ya sea por vergüenza al qué dirán, miedo a lo desconocido, o por la angustiosa sensación de comenzar otro camino.

Ese camino que hemos escuchado narrar en las historias de los héroes mitológicos donde, una vez alcanzada la gloria y el éxito, hastiados, abandonaban el aparente sol de una vida cálida llena de placeres mundanos, para emprender el regreso a casa. Y a lo largo de múltiples adversidades iban perdiendo todo lo que creían importante, para encontrar lo más valioso de ellos mismos.

Al igual que ellos, nuestro viaje irá discurriendo por el camino de la humildad, irá trasformando nuestra naturaleza egoísta que todo lo recibe bajo el filtro de… ¿es esto bueno para mí??? Hasta que nuestro EGOísmo, agradeciendo lo recibido con la intención de brindarlo al mundo, se convierta en altruísmo.

Recorrimos el camino del “más” a más egoísmo: yo soy más, yo tengo más, yo… yo… y no somos felices, sufrimos…, la humanidad sufre. El camino a recorrer es hacia nuestro interior, de menos a menos egoísmo para encontrar respuesta al motivo de nuestra existencia, para encontrar qué es lo que nos hace únicos, qué es lo que el mundo nos ofrece y, sobre todo, qué tenemos para ofrecer al mundo…, para qué estamos aquí.

Y cuando el héroe que hay en nosotros es llamado a la acción ¿Qué está expuesto a encontrarse?

Quizás un viaje por tierra. En el que haya que valerse de la intuición: esas sensaciones innatas que, cuando las escuchamos, te dicen qué hacer y cuándo hacerlo. Estar presente con nuestro cuerpo y nuestros sentidos. En el que podemos disponer de lo que da la tierra y no de la tierra en sí, haciendo el buen uso del desapego.

Puede que el viaje sea por agua, embarcándonos y dejando atrás, por ejemplo, a seres queridos que, quizás, no volvamos a ver, el gran esfuerzo del desarraigo. En el mar sólo podemos dejarnos llevar a la deriva de la verdad que dicta nuestro corazón. Y si nos encontramos en un puerto “negociar” sobre qué está en nuestras manos  dar para recibir aquello de lo que carecemos.

Habrá un paso por el fuego en el viaje del héroe, y, así, nos convertiremos en guerreros para protegernos del juez que mora en “nosotros mismos”; estar atentos y no bajar la guardia. Ser disciplinados y comprometernos con nuestra causa, con ¿qué nos llamó a la acción?

Y, como no, un deliberado recorrido por el aire, aire para tomar aliento, aire para soplar vida, aire para emprender el vuelo saliendo de nuestra zona de confort. Para ello es preciso encontrar (o que nos encuentre) un guía. Que nos ayude a entender lo que aún no sabemos, y, ante todo, que nos ayude a que mente y corazón se entiendan y respeten entre sí.

Rodeado de EGOísmo, el camino del héroe muchas veces es solitario y frío, pero una vez iniciado, ya no merece la pena regresar.



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