Archivado en 1 Octubre 2016

26. Evita la sofistificación innecesaria

1 Octubre, 2016

(De las 50 sombras de en GREYdos)


Alguien preguntó cierta vez al Rabí Najmán de Breslev: “Cuándo estoy rezando… ¿qué pensamientos debo tener en mente?

“¡¿No te es suficiente pensar que estas rezando?!” contestó el Maestro.

La vida puede ser simple y también a veces puede ser complicada. Depende de lo que nosotros hagamos de ella. Por eso lo deseable es que aspiremos a ser uno de esos que hacen “fácil” lo “difícil” porque entonces estamos consiguiendo mantener la vida en “modo” simple.

En este mundo la dualidad se expresa en acción/intención, útil/vano, dar/recibir y también, en el tema que nos ocupa, “simple” versus “complejo”, y esto último depende de nosotros. En todos los órdenes de la vida es admirable quien hace algo difícil de una forma fácil. Con simpleza es posible lograr mucho más que a  través de la maraña de la complejidad.

Pídele a cualquiera que te  describa a una persona simple y probablemente te describirán la imagen negativa de alguien de pocas luces, tonto e incluso imbécil. En el mejor de los casos, decir que alguien es simple evocaría  la imagen de algo intrascendente. Por eso tendemos a sobresofisticarnos para evitar la risa y la indulgencia de la masa crítica.

Muchas veces creemos que ser espiritual es lo contrario de ser “primario” y estamos tentados de “sofisticarnos” para aparentar  que entendemos por encima del bien y del mal. Pues… no. No es así. Así probablemente causemos la burla o la carcajada de nuestros observadores amen de reconocer que no somos nosotros mismos y menos aún espontáneos.   Curiosamente, la simplicidad — el arte de hacer las cosas por el camino más fácil y más corto –no es una cualidad fácil de obtener.

La palabra hebrea que designa a la persona simple: “tam” no significa simple de mente y falto de inteligencia, sino alguien sin presunciones, sincero y directo, que  no actúa con engaño y evita la manipulación y los razonamientos tortuosos. En cuanto a la palabra “simple”, en sí, ésta implica plenitud (que no necesita nada más). La simpleza denota algo puro y no adulterado. Así, vivir la vida de manera simple, significaría adherirse a lo esencial, comportándonos de forma realista, y evitando todo tipo de complejidades y sofisticaciones que nos hagan parecer lo que no somos o decir lo que no pensamos…, o a hacer lo que no queremos…

Citando un proverbio del Rey Salomón (Proverbios 10:9), “Aquél que sigue el camino simple, anda seguro”. De hecho, insiste el Rabí Natán, “tal persona nunca tropezará. Y aunque se equivoque e inadvertidamente caiga  de seguro se mantendrá firme en sus convicciones  de que existe un proceso en el cielo a través del cual todo es dirigido para el bien” (rabi Natan Likutey Halajot, Devarim Min HaJai 4:49). Porque como  dijo el Rey David (Salmos 116:6): “Dios protege al tonto”.

Aún más, el más sabio de los mortales hasta la fecha: el Rey Salomón,  llegó a escribir “El tonto cree en todas las cosas” (14:15). Aún esto que parece algo peyorativo por su excesiva simpleza también es bueno y recomendable  pues  mientras uno crea en aquello que es falso, también creerá en lo verdadero. En esto tendrá ventaja sobre la persona sofisticada y escéptica de todo, que solo cree en lo que cree y termina ridiculizando todo, incluso a  “la propia verdad”.

Hemos elegido a David Garret y su versión  de  Star Warr para cerrar este artículo porque sorprende todo lo que dice con sólo un violín…



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