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25. Recupera la perla

1 Noviembre, 2016

De 50 SOMBRAS de enGREYdos

El otro día llegó a mí el llamado “Himno de la perla”, un relato novelesco y simbólico proveniente del libro apócrifo de los Hechos de Tomás. Este himno narra el descenso de un príncipe celeste al mundo perverso que el texto denomina de modo simbólico “Egipto,” en una misión consistente en hacerse con una Perla Única que aprisiona una serpiente en el fondo del mar.

Esta Misión se ve obstaculizada por la oscuridad que el héroe experimenta tras el descenso, pero que a duras penas solventa mediante  su despertar, provocado por la carta que recibe de sus padres “celestiales”, en la que le recuerda su alto rango y la importancia del encargo que debe cumplir. Una vez que logra el príncipe su objetivo, puede volver al reino de su Padre y vestirse una vez más con sus hábitos gloriosos.

A mí me recuerda mucho esta leyenda a otras muchas que hablan de un paraíso perdido y lo mucho que tiene que ver con nuestro paso por esta vida. Recuerdo el Viaje del Héroe, el Viaje a Ítaca, el Pan de la Vergüenza. De arriba a abajo o del Norte al Sur, da igual, siempre hay un exilio.

En todas estas concepciones independientemente de la religión que estemos tratando la idea central es siempre la misma: nacemos “mágicos”, pero perdemos esa “magia” a medida que ejecutamos el guión de la vida que alguien nos ha dado y nos convertimos en desesperados o en optimista, en ejecutivos o en esclavos, en triunfadores o en perdedores, en felices o desgraciados,  en malvados o en bondadosos, blandiblues o castigadores, etc… Y nos oscurecemos paulatinamente opacificando nuestra luz interior para posteriormente “rescatarnos”, encontrándole unas veces el encanto a la vida, otras veces el sentido de la vida y otras veces el propósito de la vida. Muy pocos elegidos encuentran las tres.

Lo que está claro es que para conseguirlo hay que transitar por un abanico de experiencias que van desde un abandono, un divorcio, un cáncer, un fracaso, una injusticia, una perdida afectiva etc… Solo transitando a través de una o varias de esas experiencias despertamos, encontramos nuestro “don”, transformamos nuestro carbón interno en un diamante, y acabamos por entender que estamos en el exilio. Fuera de casa.

Solo admitiendo que somos exiliados de un paraíso perdido podremos encontrarle el sentido a esta vida y acceder al conocimiento del  qué, por qué y para qué estamos aquí y por qué algún día tendremos que volver.

Ahora atentos y atentas pues estos son los ejercicios para quitarte una nueva sombra:

1) Identifica quién eras tú antes de las experiencias que opacificaron tu luz.

2) Recuerda qué experiencia fue la que te terminó de desconectar  de tu “origen”.

3) Imagina cuál puede ser tu sitio en el mundo.

4) Escribe en tu GPS virtual hacia dónde quieres caminar…

Nosolonavegante, seguimos juntos un mes más…


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