El filo de la navaja.

1 junio, 2017 por admin Dejar una respuesta »

Siempre me han escuchado decir aquello de que la búsqueda de la verdad es parecida al caminar por el agudo filo de la navaja. Ahora tengo que explicar a qué me refiero con esta expresión. Decía Ken Wilber que dentro de los llamados Maestros Espirituales, están los juiciosos, los afables, los consoladores, los tranquilizadores, los preocupones; pero están también los forajidos, los terroristas psicológicos, los Chicos Rudos y las insoportables Chicas floripower de la realización divina. Todos de una manera u otra hacen su trabajo enfrentándote a ti contigo mismo, te importunan o te aterran, hasta que finalmente despiertas radicalmente a lo que en realidad eres. Y entonces ya te mueres. Porque “esa” verdad, la verdad del espejo de quien eres, es el motivo de tu existencia.

Así que, como sugerencia, mejor escoger a tus maestros con todo cuidado. Porque la travesía es dura. Si quieres que te animen, o que te soben el ego, o te den palmaditas en la espalda o te digan dulces palabras de consolación, lo mejor es la floripower y así caminar por la delicada senda del confort egoico. Pero si lo que quieres es despertar, si lo que quieres es freírte en el fuego de tu inconsciente más profundo e Infinito entonces, búscate un Maestro Rudo, confrontativo, de esos que te haga de espejo…, que te haga sentir incómodo, de esos que a veces te ponen colorado o en ridículo, y en el mejor de los casos te hacen llorar.

Yo tuve hace años Terapeutas así y la verdad dañaron mucho mi dignidad de persona pero reconozco que me hicieron vivir aquello que más temía, que era eso: el temor al ridículo, al desapego, al llanto público del desamparo….

“Cuando el tiempo llegue, te darás cuenta de que la auténtica gloria se encuentra allí donde uno cesa de existir”, decía Ramana Maharshi. Y es verdad, tu verdadera gloria y paz se halla al otro lado de tu muerte…., y ¿quién es capaz de mostrarte una cosa así? Solo un Terapeuta feo “Rudo”, tipo Oso que venga del océano de tus miedos, o que haya pasado por los mismos miedos que tu… y sobrevivió. Ahí no sirven los terapeutas amables ni los floripower, porque ellos no desean herir tus sentimientos. Ni quieren agobiarte. Solo quieren que vuelvas la semana que viene para seguir alimentando tu neurosis.

Fritz Perls, el fundador de la teoría de la Gestalt, solía decir que nadie va con el terapeuta para mejorar (por más que siempre digan eso), sino que van para perfeccionar sus neurosis. Y esto es verdad con los terapeutas blandiblues como yo les llamo, y que juegan a ese juego de “¡Miren qué espiritual soy! Después de todo, ¿quién sabe que es espiritual? ¿Religión? ¿Moral? ¿Crecimiento personal? ¿Transpersonal?

Por eso me encanta la frase del “filo de la navaja” como dificultad de recorrido de lo obvio a lo espiritual…, de la dualidad a la Unicidad, de lo “virtual” a la “verdad”…, dificultad que cuesta elegir ante el ancho y cómodo camino del ego, ese que recorremos solo pensando en qué tiene de bueno para mí aquello que me llega. Sin embargo, lo mismo no es tan genial esa forma de andar cuando  la infelicidad muchas veces nos sienta  ante un terapeuta, que con suerte sacude nuestros cimientos, y lo mismo logra que veamos más allá de nuestro propio interés.

A medida que vamos corrigiendo nuestra naturaleza egoísta, a medida que vamos cambiando nuestra intención de recibir solo para mí por el deseo de recibir para dar, el camino del ego se va estrechando, y cuesta. No es fácil corregir nuestra naturaleza que antepone la individualidad, y cambiarla por un pensamiento que incluya la colectividad. Es difícil hasta para aquellos que han visto que el camino para ser feliz, individual y colectivamente, trascurre por la senda del altruismo.

Incluso ellos caen una y otra vez en el egoísmo, pero lo que importa es la intención, y a pesar de errar, no pararán de presentarse oportunidades de rectificar. Situaciones que vemos como una adversidad, pero que a la larga no son sino la forma en que se nos invita a aprender que no debemos destruir el lado contrario a nosotros, que necesitamos aprender a vivir con él, aprender la habilidad de ponernos en la piel de los demás. Cada tropiezo superado del que aprendemos nos refuerza y nos acerca a conectarnos por encima de las diferencias.

Necesitamos nuestra individualidad, si, pero también conectarnos en un propósito por encima de nuestros deseos particulares, un deseo colectivo que nos una y nos desarrolle como humanidad. Un propósito que nos lleve a desear lo que es bueno para todos. Si la humanidad fuera altruista y actuara pensando en lo que es bueno para todos, no existiría lo que vemos en Siria ni Grecia, ni existiría discriminación, ni abusos, ni corrupción, ni maltrato… ¿Acaso desde el espacio se ven barreras o fronteras en el planeta?… algo estamos haciendo muy mal.

Desde aquí les invitamos a acotar el ego, a conectar con ese propósito por encima del propio interés, a caminar al filo de la navaja. Es difícil, pero todo es posible con amor… y un Maestro de los Rudos.

Hoy somos como nueces en un saco, y sin enemigos externos, estaremos totalmente separados unos de otros. Necesitamos aprender a construir una conexión por encima del ego de todos, o no podremos sostener a la familia ni a la sociedad ni al mundo (Thich Nhat Hanh)

Autora: NubePink

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2 comentarios

  1. mariangeles dice:

    Necesitamos aprender a construir una conexión por encima del ego de todos, o no podremos sostener a la familia ni a la sociedad ni al mundo… Una unión de cada latido, insustituible y único, en un solo corazón

  2. María José dice:

    Efectivamente, es indispensable. Entrar a retirar lo que sobra de nuestra vida para trabsgormarla en una obra de arte. Algo bello.

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