El Problema y la Solución de Agosto

24 agosto, 2011 por Nosolodoctor Dejar una respuesta »

Me preguntan muchas veces: ¿existe una fórmula para la felicidad? y a las personas que suelen preguntarme este tipo de preguntas tan… ambiguas suelo contarles este cuento del Jafets Jaim.

Dice así…

El avión estaba aterrizando mientras el hombre miraba a través de sus ventanas, añorando la ciudad que dejó lejos. Él era un comerciante de piedras preciosas  que iba de un lado a otro para realizar sus negocios. En aquella ocasión llevaba consigo once mil dólares en efectivo.

Abandonó el aeropuerto y se dirigió directamente hacia la zona de los especialistas en el ramo diamantero. Luego de un rato, ya había utilizado casi toda la cantidad que había llevado. Le quedaban mil dólares, lo que le alcanzaría para su regreso con todas las comodidades, como él acostumbraba a viajar.

Ya estaba empacando sus pocas pertenencias, y suenan unos golpes en la puerta de la habitación de su hotel. Abre y aparece un desconocido.
-Disculpe, señor – le dice -. ¿Me permite un minuto, por favor?
-Adelante – respondió el hombre con reservas.
-Escuché que usted es un hábil y exitoso comerciante de piedras. Quizás esté interesado en comprarme un lote a mí. Le aseguro que no se arrepentirá. Es de muy buena calidad y a un precio realmente ventajoso.
-Verá usted, señor. Seguramente hubiera aceptado en otro momento, pero ahora me he quedado sin dinero.
-Es que… De veras vale la pena – insistió el otro.
-Puede ser, pero lo lamento. Sólo me quedan unos dólares para regresar a mi casa…
Sin embargo, dentro de él ardía la curiosidad de saber qué era lo que le estaba ofreciendo.
-Este… ¿Podría ver qué es lo que tiene, si no hay inconveniente?-  le pidió.
El hombre de la calle abrió un maletín y de ahí surgió un fulgor impresionante. El comerciante no podía creer lo que tenía frente a sus ojos…  Realmente ésos eran unos diamantes como hacía mucho tiempo no veía. Los observaba,  los analizaba,  los admiraba…
-¡Oh! ¡Oh! ¡Esto sí es una maravilla..! – exclamaba.
-Yo también sé que son piedras muy valiosas – reconoció el otro hombre.

Y agregó…

– Lo que pasa es que estoy muy necesitado de fondos porque tengo que afrontar deudas astronómicas. A usted no lo puedo engañar. Usted sabe que éstas son auténticas y aquí tiene el certificado de que me pertenecen. Si acepta comprármelas ahora mismo, se las doy a un precio regalado.
-¿C… Cuánto? – el comerciante casi se había arrepentido de pregun­tar. Seguramente no tendría con qué pagar.
-Este lote vale varios miles de dólares. Deme mil dólares y es suyo.
-“¡Mil dólares!”, pensaba el comerciante, “¡este hombre no sabe lo que dice! ¡Me lo está vendiendo por menos del diez por ciento de su valor!”
No sabía cómo hacer para ocultar su contrariedad. ¡Tenía una fortuna al alcance de su mano y no podía comprarla!
– Quinientos dólares… – le ofreció, calculando que el resto le iba a permitir regresar a su casa (aunque no “en primera”, como a él le gustaba).
-Mil y ni un dólar menos. Es la cantidad que necesito.

-Tiene razón-  pensó el comerciante- No tiene por qué hacerme más rebaja de la que ya me hizo. Pero, ¿cómo haré para volver a casa?”, se preguntaba.
Luego recordó que le habían quedado unos billetes sueltos y unas monedas,  quizás con eso le alcance. Porque en realidad, no resultaba lógico dejar pasar una oportunidad como ésa. Jamás se le presentaría algo semejante.

-¡Trato hecho! – metió la mano en su bolsillo y sacó un fajo de billetes

– Cuéntelo. Aquí tiene exactamente mil dólares.
Cuando el hombre se retiró y él se quedó solo en su cuarto con el lote de piedras, se dio cuenta que efectuó la operación comercial más importante de su vida. Pero al mismo tiempo, estaba preocupado.  Aquellos billetes y monedas, quién sabe si le permitirían viajar,  ya no como estaba acostumbrado a hacerlo, sino “viajar” en todo el sentido de la palabra.
Efectivamente, no había medio de transporte “normal” que lo lleve a su casa con la cantidad tan exigua con la que pretendía pagar.

La gente lo miraba extrañada: un hombre tan bien vestido, buscando precios en las ventanillas de ómnibus más corrientes y baratos. ¡Y le parecía caro!
Se le acercó un hombre de aspecto no muy elegante que digamos.
-Señor,  he visto que está buscando algo o alguien que lo deje en esa ciudad que mencionó. ¿Cuánto dinero tiene?
El comerciante se lo dijo.
-Hasta a mí me parece poco… – dijo el hombre haciendo una mueca- Bueno,  si quiere yo lo llevo por esa cantidad,  tengo que pasar por ahí. Pero le advierto que mi camión no es lo que se dice “de lujo”, ¿eh?
Cuando el comerciante lo vio, se dio cuenta que el hombre había exagerado. No es que el camión no era “de lujo”, sino que era miserable. Aparentemente, ahí viajaban sólo personas que apenas si tenían para comer. Pero no era ése un momento para ponerse a exigir comodidades (eso vendría después). Ahora hay que llegar a casa…
Sentado en uno de los asientos, apretaba contra su pecho el gran tesoro que había tenido la suerte de conseguir por tan poco. Mientras el camión transitaba por la carretera, se ilusionaba y hacía proyectos, imagi­nándose qué es lo que iba a comprar con las grandes ganancias que le proporcionarían las piedras.
Sintió que alguien lo miraba. Se volteó  y vio que un hombre de pobre apariencia lo estaba observando detenidamente. Pasó un rato, y el hombre seguía sin despegar sus ojos de él. De pronto, se le acercó.
-Disculpe. Yo a usted lo conozco…
-Puede ser…
-¡Claro! Usted es el famoso comerciante de diamantes. Una vez lo vi pasar mientras yo trabajaba de pintor en un edificio.
El comerciante asintió con la cabeza.
-Y… ¿se puede saber por qué está usted viajando en un camión como éste? Me imagino que un hombre de su riqueza no utiliza otro medio de transporte menor que la primera clase de los aviones…
-Tiene usted razón. Yo ni sabía que existía este tipo de camiones. Pero aunque no me lo crea, le diré que me he quedado sin dinero y no tuve otra alternativa para poder llegar a mi casa.
El comerciante le contó al hombre pobre todo lo que había sucedido  y cómo hizo lo que hizo para no dejar de aprovechar la ocasión de hacerse de ese lote de diamantes que muy difícilmente encuentre otra vez. Luego concluyó: es cierto que podía haber optado por seguir viajando en primera, y me hubiese ahorrado todo este sufrimiento de hacer un viaje tan incómodo y desagradable. Todavía me falta alojarme en lugares muy precarios, en las escalas que haré antes de arribar a la ciudad donde vivo. En el trayecto, tendré que olvidarme de los manjares que incluyen mi menú diario, y los reemplazaré por comidas que apenas me permitan subsistir. Estoy consciente de las penurias que tendré que soportar antes de trasponer la puerta de entrada de mi casa. Pero pensé que vale la pena pasar un rato desprovisto de lo que a uno le gusta y aguantar, con tal de disfrutar después de toda una vida llena de satisfacciones y placeres… Cada vez que me invade la angustia por todas las privaciones por las que estoy pasando, abro el maletín donde guardo las piedras preciosas, y esa angustia es reemplazada por una sensación de felicidad  que disfrutaré como nadie y como nunca, en un futuro no muy lejano…
La figura del destartalado camión se alejaba en el horizonte. El comerciante no estaba muy seguro de haber convencido al pobre de sus ideas, pero sin embargo, era el único pasajero que viajaba con una sonrisa en sus labios.
Sabía que al final de ese trayecto tan dificultoso, le esperaba el bienestar  económico definitivo…

Moraleja: nada es gratis en la vida. No existe una receta conocida para el éxito o la felicidad;  pero sí sabemos los ingredientes del mismo. El problema (o el reto) es saber conjugar dichos ingredientes en la forma y proporción adecuada para que se forje el “éxito” que esperamos.  Muchos terapeutas  recomiendan Disciplina y Autosacrificio como muestra este relato del Jafets Jaim uno de los sabios cabalistas mas renombrados de los últimos doscientos años. Muchas veces se me ha escuchado hablar metafóricamente del concepto “tener saldo a favor” o “estar sin saldo”. A veces  no es tan dramático comer “pan con sal y dormir sobre un colchón  y “dejar sitio” para que otro tipo de bendiciones “quepan” en nuestras vidas.

A veces es tan pesado nuestro equipaje,  nuestra maleta esta tan llena que “nos regalan” un pequeño “don” de gran valor  y tenemos que renunciar a él por no tener espacio libre en nuestra maleta.  Sé que este blog es importante para mucha gente (vanidad aparte) que hace como el diamantero del cuento: cuando están  por perder la paciencia y las esperanzas, se meten en este blog y clickean sobre la entrada del día o sobre algunas de las anteriores,  esa especie de “cofre’ donde están depositadas algunas joyas cuyos mensajes,  reflexiones o moralejas nos hace despertar y encontrar esa rendija que nos asegura al menos la felicidad de ese día.

Quiero agradecer a Dios primero y a todos los colaboradores de este blog después,   por el enorme privilegio de poder “vender”  este tipo de herramientas a precio de ganga: solo “abrir”,  leer y comentar…,  probablemente no sea la felicidad pero te permite “coger” los ingredientes por separados para hacer “la mayonesa”.

A ver qué os parece este videoclip sobre aquella famosa academia que enseñaba a los “aspirantes”  a la  “fama”,   la disciplina y el autosacrificio. ¡Venga video!

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8 comentarios

  1. antares dice:

    sublime:A veces no es tan dramático comer “pan con sal y dormir sobre un colchón y “dejar sitio” para que otro tipo de bendiciones “quepan” en nuestras vidas.

    A veces es tan pesado nuestro equipaje, nuestra maleta esta tan llena que “nos regalan” un pequeño “don” de gran valor y tenemos que renunciar a él por no tener espacio libre en nuestra maleta.

  2. Rayo dice:

    Podemos recibir dones o bendiciones excepcionales “pagando con parte de nuestras comodidades personales”.
    Se recibe si se da.

    Me ha gustao mucho el tema.

  3. Norah dice:

    Esperanzadora entrada, un empujón para reconciliarse con la vida. Gracias Maestro. Muak

  4. olivia dice:

    bonito tema; “hay que saber invertir en….acciones” (igual que en la bolsa….)

  5. avefenix dice:

    Enriquecedora y necesaria lección. Gracias 🙂

  6. Ana dice:

    Un tema para pararse a pensar a que estamos dispuestos a renunciar. Muy interesante el post, gracias.

  7. Pimpinela Escarlata dice:

    Lo que das te lo das, lo que no das te lo quitas.
    Muchas gracias

  8. Uf dice:

    Hace unas semanas la canción de Police “Mensaje en una botella” servía de ejemplo y decía en su letra “espero que alguien encuentre el mensaje de mi botella” Pero plantearlo al revés también puede ser muy enriquecedor, plantearse atender el mensaje de las botellas de otros. No se puede dar lo que no se tiene

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