La ley del deseo (Almodóvar)

27 agosto, 2011 por loschicosdealmodovar Dejar una respuesta »

By Pimpinela Escarlata, Ángel 2, Ángel 6, Nosoloángel y Nosolodoctor

Hace unos días leíamos en la prensa sobre los saqueos ocurridos en Inglaterra y nos quedábamos impactados al descubrir que detrás de los hechos  subyacía  un abanico de acciones entre las que destaca   violencia gratuita, robos por pura diversión y la avaricia,  ya que  muchos de los que intervinieron en las revueltas, ya tenían televisores de plasma pues eran hijos de familias acomodadas… Si miramos con un poco de más atención e intención nos encontramos de bruces con el “Deseo”.

¿Alguna vez os habéis parado a pensar cómo nacen nuestros deseos? ¿Qué dicen nuestros deseos de nosotros? o ¿cómo es posible  que a veces  nuestros deseos  se conviertan en un “valor social” y no en una vía de escape para el egoísmo y la avaricia, como pasó en el Reino Unido?

En la actualidad existe una fuerte corriente budista en  occidente que surge como contrapunto ante una sociedad  materialista. La Cábala, a diferencia del Budismo,  reconoce los deseos como un instrumento enriquecedor para nuestro crecimiento espiritual si estudiamos  y ponemos en práctica la Luz que en él habita. El planteamiento  de esta ciencia espiritual (Cabala), que se centra en enseñarnos la  tecnología del manejo de la Luz (Isaac Luria), es realmente significativa e inspiradora  con respecto al Deseo.

Entremos en el tema.

Ya saben que nuestra naturaleza humana está investida del deseo de recibir. Por esta razón el TENER se puede convertir en el impulso esencial de nuestra vida balanceando nuestra existencia hacia una letanía materialista o, por el contrario, podemos hacer que el “deseo” nos ayude a crecer y mejorar el mundo (al menos el pequeño mundo que nos rodea) enfocándonos en el Ser y Compartir. No es lo mismo dejarse llevar por el deseo que  ser consciente de que lo tenemos que enfocar a un  recibir con la intención de DAR   a los demás.

P.e.: hay una diferencia sustancial entre ser médico para asegurarnos  un sueldo que para ayudar a los demás y buscar la manera de que sus vidas sean saludables y plenas. Según la Cabala si enfocamos nuestros dones (p.e.: sanador) en pro de los demás  recibiremos todo tipo de bendiciones (prosperidad, salud, sabiduría, amor…)

Relacionado con el mismo tema y como alternativa al bombardeo materialista de nuestra sociedad: ropa, casas, joyas…etc, la cábala platea la “restricción” en vez del desapego budista. Porque la esencia, el “espíritu” de los objetos que nos rodean, está en su interior  y es  lo único real y trascendente del mismo. La materia es fugaz, efímera.

¿Qué ocurre cuando entramos en una tienda de moda y nos subyuga todo lo que vemos? Si lo compramos matamos su esencia y si nos restringimos o controlamos,  poseeremos la “esencia” de lo que hemos visto: abundancia, estética…

Cada objeto tiene una esencia y su adquisición o posesión  la anula. La restricción nos hace introducir en nuestro interior su esencia enriqueciéndonos espiritualmente.

Para que quede completamente claro solo tienes que recordar un concierto en directo de tu artista favorito: lo viste, lo escuchaste, lo sentiste, interiorizaste sus mensajes,  y cuando saliste del recinto del evento sabías que te llevabas en el corazón un trozo de su esencia, sabías que te marchanas impregnada de su fuerza o su delicadeza, o su vitalidad…etc.

Nacemos con el deseo y   gracias a la evolución espiritual    vamos adquiriendo una “tecnología” que nos ayuda a posicionarnos en el SER o el TENER. Si nos dejamos llevar por la sociedad y consumimos sin ton ni son,  seremos  seres espirituales en el nivel vegetativo, es decir, una especie de organismo vivo  sin voluntad… que sigue a la masa. No ceder a la fuerza de la gravedad del deseo por poseer todo, nos elevaría en la dirección opuesta.

Ejercer el libre albedrío de poner control-restricción, que no oposición o desapego, nos regala, como hemos dicho,  la sustancia interna de nuestro objeto de deseo y nos eleva a la categoría espiritual de humanos con autonomía.

Carmen Maura siempre deseó refrescarse  en una noche calurosa de verano bajo una manguera del servicio público de limpieza, al hacerlo  consumó  su sueño y  perdió su deseo para siempre… Curiosamente, su frase al conseguirlo fué: ¡Venga, vamos a emborracharnos!

¿Cuántas veces nos puede sorprender una publicidad haciéndosenos la boca agua? El deseo de “eso”, sea lo que sea,  no estaba previamente, y si lo  atiendo y satisfago… se evaporará sin que me haya dado siquiera tiempo a disfrutarlo, sin que me haya aportado nada.

¿Qué nos puede aportar la restricción de un deseo?

-No ceder ante un alimento es aumentar nuestra  fuerza de voluntad.

-Desear los dones de otros es “despertar” lo que dormía en nuestro interior: sabiduría, creatividad, amor…: autoconocimiento. Si por el contrario los celos y la envidia se apodera de nuestro corazón (como le pasó al perrito de Pimpinela Scarlata cuando le presentó a su nuevo compañero Poo), la cabala dice al respecto, que nuestro nivel espiritual, en ese caso, se llamará  “animal”, es decir, si solo podemos pensar en nuestro propio interés, el terrateniente de nuestra vida son los instintos básicos y no podremos ponernos en el lugar de los demás. Si alguien está atrapado en este estadio espiritual llamado “animal” no tiene poder sobre su vida, ni sus decisiones.

En última instancia el “Deseo”  nos regala  “algo” muy especial que es valorar aquellas cosas de la vida que nos parecían anodinas y que por perderlas se convierten  en verdaderamente esenciales para vivir. Tom Wait lo contó escandalosamente bien en esta joya “deseada de canción” para cualquier compositor…

Dice la metafísica que todos estamos aquí por una razón única y exclusiva. Lo que tiene que hacer cada uno de nosotros no lo puede hacer otro. No lo puede hacer nadie por nosotros, es decir, somos únicos  e insustituibles. Si comprendemos esto no resulta tan difícil entender que desear es bueno, pero “desear con los efectos colaterales de beneficiar a las personas de  nuestro entorno”.

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11 comentarios

  1. Rayo dice:

    Antares, ahora falta que se nos meta en el ADN… del corazón.
    Lo releeré para interiorizar.!!!!

  2. Norah dice:

    Jo que pedazo de lección! No sabéis cuanto agradezco que compartais esta entrada, cada día un regalo de luz, ¡mamma mía! que afortunada de encontrarme a diario con una pauta nueva, con un fragmento de sabiduría aplicable. Gracias, muchas gracias

  3. encarna dice:

    Es precioso compartir con los demás lo que posee su alma, porque todos tenemos algo que aportar a la vida. La capacidad de amar es lo unico que nos llevamos cuando hayamos cumplido nuestra mision. DIOS ES AMOR. AMOR ES DIOS.

  4. vega dice:

    La verdad que la leo y la releo y la entrada es “profesional”….

  5. Uf dice:

    Es una verdad como un templo que deseamos lo que no tenemos y que no hay nada que evidencie más el poder del presente, del ahora que el deseo. Tan claro como que tengo el chocolate en la cocina y deseo comerlo y justo en el instante en que lo introduzco en la boca se acaba el deseo y empieza la consumación que dura lo que dura… la tableta y entonces vuelve el mismo deseo que, una vez consumado, tiene nombre y apellido: deseo más.
    Esto anula por completo la teoría de que:
    consumación=satisfacción.
    De hecho hay un mologuista (Ignatius Farray), bastante provocador, que dice que los viciosos pecan de quedarse cortos, si obtuviesen de aquello que les provoca adicción tanta cantidad que llegasen a aborrecerlo, ya no lo desearían más… es su teoría.
    Mi interpretación es otra. Yo creo que desear (así sin más) es enviarle “al universo” un mensaje de carencia (quiero lo que no tengo en este instante) y existen dos formas de desear:
    a) Convertirlo en un una necesidad acompañándolo del apellido dependencia, de convencerte (autoengaño) de que sin su consumación no alcanzarás la satisfacción que ya sabemos que no nos lleva a ninguna parte… o
    b) Más que cambiarle el apellido por el de unos padres adoptivos llamados Restricción o Abstinencia, que podrían dar lugar a interpretaciones más… radicales (o más papistas que el Papa, aprovechando la coyuntura de actualidad) Yo apuesto por “Santificiar” el Deseo convirtiéndolo en un mensaje de alegría, de plenitud… Algo así como decir “no lo necesito, pero si llegase sería bienvenido, festejado y agradecido” Sería como dejar de ponerle exigencias a la vida y pasar a verlo todo como un regalo.
    Lo que en definitiva viene siendo aprender a recibir, que no es de otra forma que dando las gracias, aquello que nos decían las abuelas cuando sus amigas nos daban una golosina ” Niña ¿qué se dice…?”
    Así que GRACIAS, igual sin este rayito de luz que es el blog también podríamos encontrar la salida, pero se agradece la iluminación de emergencia, que no te lo evidencia todo, pero ayuda a no perderse.
    Ahora me resulta apropiada una canción de Rosendo que dice: prometo estarte agradecido
    http://www.youtube.com/watch?v=EZyfZV96nPA

  6. Nuria dice:

    Pues uf, te ha salido genial el comentario

  7. avefenix dice:

    Excelente, gracias!

  8. Pimpinela Escarlata dice:

    Hola Uf:

    Qué otras cosas sabes acerca del deseo?? Es probable que puedas aportar aún más, a mí el asunto del “deseo” me trae de cabeza… y tú ya pareces haber mirado bastante por esos adentros.

    Lanza otro rayo de luz…

  9. Uf dice:

    Bueno, Pimpinela,
    no es que SEPA sobre el deseo, es sólo una reflexión, mi reflexión, mi punto de vista parcial, subjetivo y relativo. No sé aún si es bueno o malo, pero lo cierto es que tengo cierta tendencia a buscar el “consenso” entre posturas enfrentadas, buscar la coincidencia donde “aparentemente” sólo existen diferencias que llevan a la radicalización.
    Así que entre la anulación del deseo, el hedonismo más practicante y la renuncia a la consumación, de momento elijo la aceptación cuando el deseo existe, no el rechazo ni el evitar voluntariamente y como norma su consumación para que permanezca vivo, pero tampoco la persecución obsesiva de ella.
    Algo así como “no necesito comer chocolate cada día (aunque si me paro a pensarlo lo desearía) de hecho podría vivir sin volver a comer chocolate, no domina mi vida, pero lo acepto como un regalo al paladar del mismo modo que acepto un buen consejo o enseñanza para mi alma. Además comprendo que un atracón, el exceso (tanto de chocolate como de consejos) podría acabar con todo lo positivo que aporta”
    Sería mantener viva la llama del deseo sin apagarla y sin provocar un incendio. Cuestión de mesura, de sutileza.

  10. Uf dice:

    Cuando se nos concede todo aquello que deseamos, tomamos esa recepción como un derecho, como una norma exigible a cambio de nada rompiendo el círculo que forman el dar y el recibir en su vínculo innegable, eterno, ése que pone precio a todo.
    Pero esa norma, en cambio, es artificial, inventada y por lo tanto sólo conduce a un callejón sin salida que (re)creamos al desear que la norma sea real.

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