Enemigos Intimos. Parte 1ª.

21 agosto, 2011 por cuartetoregionaldepotosi Dejar una respuesta »

By Nosólodoctor, Nosóloángel, Ángel2 y NosóloYoda

Hace unos días nos fijamos en un programa de máxima audiencia titulado “Enemigos Íntimos”. El programa en cuestión trata de “ex amigos” que se “ex amaban” y que,  a partir de un hecho puntual,  han pasado al otro extremo pasional y aprovechando la información íntima sobre su ex amigo, el uno fusila y el otro se deja fusilar… previo pago de una cantidad pactada.

Hace unos días abríamos  un debate interno en torno al programa en cuestión y lo enlazábamos con un pps que llegó a nuestra factoría para su publicación; el pps  trataba sobre la larga y turbulenta historia hacia la autodestrucción del tío Poroto…,  total, que cogimos el guante y decidimos  saltar a este escenario virtual cuatro de los colaboradores  del blog para que debatiésemos formando un cuarteto que se ha bautizado a sí mismo como: “Cuarteto de Bailes Regionales de Potosí”.

Con mucha guasa y ganas de encontrar la esencia del cuentito que a continuación les mostramos,  nos hemos devanado los sesos y llegado a algunas conclusiones que expondremos después de sus comentarios y en la segunda parte… El trasfondo que entrevemos hace alusión a la facilidad con que a veces la gente duerme con su enemigo. Mejor contarles la historia a ver qué opinan ustedes…

EL TÍO POROTO

Mi tío Poroto andaba fenómeno hasta que su mujer, mi tía Porota, a instancias de su hija, mi prima Tota, le dijo:

-A ver Poroto, vas a cumplir 70 años, es hora de que vayas a un médico.

-Y ¿para qué? – contestó — si me siento bien  (al parecer decían en el pueblo que hasta tenia “una”… )

Porque la prevención debe hacerse ahora que todavía eres joven -contestó a su vez mi tía.

Por este motivo mi tío Poroto fue a consultar al médico quien,  con buen criterio le mandó  unos exámenes y análisis de todo lo que cubría  el seguro.

A los quince días el doctor le dijo que estaba bastante bien, pero que había algunos valores en los estudios que había que mejorar. Así que le recetó Simvastatina  Grageas, para tener el colesterol lo más bajo posible; Coropres 12 mg. para el corazón; Diaben  para prevenir la diabetes,  Vitaminol, complejo vitamínico, Parapres para la presión alta, y como aquí en Andalucía hay mucho olivo y polen, le añadió Alergicatel, para la alergia. Como los  medicamentos eran muchos y había que proteger el estómago, le indicó Omeprazol 20 cápsulas.

Mi tío Poroto fue a la farmacia y cambió sus recetas coloradas (de pensionista) por varias cajitas primorosas de colores variados. Al tiempo, como no lograba recordar si las pastillas verdes para la alergia las debía tomar antes o después de las cápsulas para el estómago, y si las amarillas para el corazón iban durante o al terminar las comidas, volvió al centro de salud a consulta con su médico. Éste, después de hacerle un pequeño discursito en lenguaje de médico  respecto al tema de las ingestas, y usar los términos “post pradial y dispéptico” lo notó un poco alterado y algo contracturado, por lo que le agregó Nervocalm  25 y Aflojex Max.

Esa tarde, cuando entró a la farmacia con las  recetas, el farmacéutico y sus empleados hicieron una doble fila para que él pasara por el medio mientras ellos lo aplaudían. Sin embargo, mi tío, en lugar de estar mejor, estaba cada día peor. Tenía los cartoncitos de todos los remedios en el aparador de la cocina y casi no salía de su casa, porque no pasaba momento del día en que no tuviera que tomar una pastilla. A la semana, el laboratorio fabricante de varios de los medicamentos que él usaba lo nombró “cliente  VIP” y le regaló un termómetro, un frasco estéril para análisis de orina y un imán para la nevera que le sirviera  de recordatorio de sus medicamentos, con el logo de la empresa, por supuesto. Mi primo el Toto dedujo que la dirección la tuvieron que sacar de la receta que la farmacia entregó al Servicio Andaluz de Salud…

Tan mala suerte tuvo mi tío Poroto, que a los pocos días se resfrió y mi tía Porota lo hizo acostar como siempre, pero esta vez, además del té con miel, llamó al médico. Este le dijo que no era nada, pero le recetó Gripedin Dúo y un antibiótico, ciprofloxacino  500 que le dio “diarrea”.

Para colmo, mi tío Poroto se puso a leer los prospectos de todos los medicamentos que tomaba y así se enteró de las contraindicaciones, las advertencias, las precauciones, las reacciones adversas, los efectos colaterales y las interacciones medicamentosas. Lo que decía eran cosas terribles.  No sólo se podía morir, sino que además podía tener arritmias ventriculares, sangrado anormal, náuseas, hipertensión, insuficiencia renal,  parálisis, cólicos abdominales, alteraciones del  estado mental y otro montón de cosas espantosas.  Asustadísimo, llamó al médico, quien al verlo le dijo que no tenía que hacer caso de esas cosas porque los laboratorios las ponían por poner.

– Doctor, las empresas que ganan tanto dinero no  ponen cosas por poner – musitó .

– Bueno, las ponen para cubrirse.

–  Para cubrirse de qué? -preguntó mi tío.

– Para cubrirse por si alguno los lleva a juicio.

– Si, claro, pero para llevarlos a juicio, primero le tuvo que pasar algo. Nadie demanda si no le pasa nada.  Digo yo… – dijo mi tío.

– Bueno… mirado así… (musitó el doctor)

– Es que es la única forma de mirarlo.  Motivos para un juicio hay  si al paciente por bajar el colesterol se le revienta el hígado, se le caen los dientes, se queda ciego, impotente, pelado… y después, ya con un poco de suerte, se muere.

– Usted exagera, esas cosas que ponen en las prospectos no pasan casi nunca.

– Casi… A mí no me interesa que le pasen a muchos, con que me pasen a mí, alcanza y sobra… dijo mi tío Poroto muy nervioso, pese a tomar religiosamente el Nervocalm.

– Tranquilo, Don Poroto, no se excite -le dijo el médico mientras le hacía una nueva receta con Antideprezol Forte Supositorios.

En ese tiempo, cada vez que mi tío iba al centro de salud, donde también ya lo habían nombrado “paciente “polifrecuentador”,   apenas hablaba con el médico se llevaba “de regalo”  seis recetas de pensionistas: gratis. Esto lo hacía ponerse muy mal, razón por la cual el médico le recetaba nuevos e ingeniosos medicamentos.

Esta vez para la depresión, ansiedad, fobias e incluso para “el cambio de  humor de los últimos quince a veinte días”

Pobre tío Poroto, llegó un momento en que las horas del día no le alcanzaban para tomar todas las pastillas, por lo cual ya no dormía, pese a las cápsulas para el insomnio que le habían recetado.

Tan mal se había puesto que un nefasto día, haciéndole caso a los prospectos de aquellos remedios, se murió. Al entierro fueron todos los del pueblo, pero el que más lloraba era el farmacéutico.  Aún hoy mi tía Porota afirma que menos mal que lo mandó al médico a tiempo, porque si no, seguro que se hubiese muerto antes”.

Aunque crean que la historia es inventada. No lo es. Si les decimos lo primero que se nos pasó por la cabeza tras conocer la historia se van a reír… Fue lo siguiente: ¿a ver si ella quería cargarse a su marido porque conocía sus devaneos por el pueblo…? Bromas aparte,  el cuentecito tiene mucha miga. Abramos el pan y saquémosla…,  peeeeeeeeeeero, primero  cuéntenos sus moralejas o la conclusión que sacan y la próxima semana compartiremos con ustedes nuestro punto de vista.

Aquí les dejamos una de maridos e historias matrimoniales…,  ¡dentro video!

Si recibes en tu mail algo que desees compartir: cuentos, pps, fotos, poemas, citas… en nosolodoctorylac@gmail.com podemos convertirlo en una entrada.

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3 comentarios

  1. Rayo dice:

    Creo que el Tío Poroto se dejaba llevar por lo que le decían todos…
    Cuando alguien que te quiere te aconseja para prevenirte de algo, habrá que andarse con cuidado.
    El cuento es buenísimo!!!

  2. Be dice:

    A veces prevenir no es curar… todo lo contrario.

  3. antares dice:

    la verdad; yo creo que muchas nuestra intencion es ayudar y lo que hacemos es cocinar a fuego lento un desastre

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