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Nace una estrella y se apaga otra.

5 noviembre, 2018

Ayer fui al cine con mi mujer. Elegimos “Ha nacido una estrella”, por elegir una. Tenía buenos recuerdos de la versión de Barbra Streisand, por eso le puse mi gesto torcido a mi mujer cuando supe que la protagonista era Lady Gaga ya que no soy nada fan.

Más bien lo contrario. Estoy ubicado en las antípodas conceptuales de su Universo.  Incluso reconozco que  me produce rechazo. Sin embargo, tengo que reconocer que me sorprendió. Ver a Lady Gaga sin máscara y poder acceder a una actriz y cantante verdaderamente talentosa, mucho más allá de lo que ella deja ver en su performance diaria, es realmente una sorpresa. No me importa para nada reconocerlo y darle el  sitio que tiene como artista.

Admito que me sorprendió. Y admito que no pude evitar que se me escaparan algunas sutiles lágrimas al final de la película, por no decir de la letra y música de la película, que deja muy muy atrás a la ya muy buena Banda Sonora de la versión de Barbra Streidsan y Kris Kristoferson. 

El soundtrack es genial, la historia igualmente genial, y la actuación de Gaga y también de Bradley Cooper, también genial. Es fácil empatizar y sentir a flor de piel su historia …

Después me he enterado que todas las canciones se grabaron en riguroso directo por petición expresa de Gaga, lo cual dice  mucho de lo que ella quería demostrar en esta película. Realmente consigue hacerte sentir que estás en un concierto.

Pienso que el mensaje, así como el hecho de que sea Gaga quien la protagoniza, no es casual y hay mucho que “leer” tras una simple mirada a la pantalla.  De hecho, el hecho de que en la primera escena intimista Bradley Cooper, le pide a la joven Ally (Lady Gaga) que se quite las cejas postizas con las que acababa de actuar en un club de Drag Queens, no puede ser casual y lo interpreto como símbolo del deseo inconsciente de Gaga de desenmascararse en la gran pantalla de la máscara de su vida, y mostrar su talento real.  Una cosa es a lo que se dedique una persona  y otra cosa es lo que lleva dentro, que podrá (o no), querrá (o no), o sabrá (o no) mostrar. Y ella pudo, quiso y supo. Y es que hay trenes que no se pueden dejar escapar.

Y resulta hasta cierto punto chocante ver a Lady Gaga sin maquillaje, guapa y cuasi femenina, liberada de la artificiosidad del rol  público y mediático que es lo que le ha hecho “archifamosa” como cantante. 

La película es un reflejo inverso de su vida  intentando darnos a entender que, tras la aparatosidad de sus disfraces, hay una artista con un gran talento.  Una especie de justificación de lo que hacemos muchos de nosotros. Ampararnos en la forma y en el exterior para vender un producto en el cual la cáscara de la fruta se paga más caro que el interior, cuando el interior, el interior de cualquier fruta deliciosa, siempre, siempre es mejor, por eso se llama fruto, que la cáscara que la protege.

Además, Cooper que además de actor es el director de la película  deja a años luz  la primera versión que interpretaron  James Mason y Judy Garland, y también muy lejos  a la segunda de Kris Kristoferson y mi admirada Barbra.   

La clave está en el mensaje: poder tener compasión (entender y sufrir por él) del personaje masculino de esta historia, mientras que las versiones anteriores daban a entender de que Jackson Maine, la estrella del rock, a la que da vida Bradley Cooper, era simplemente un alcohólico perdedor, pero, esta versión nos hace ver que detrás de ese alcoholismo hay una terrible herida infantil, una enorme falta de calor humano, una verdadera infancia desdichada con dos hermanos mal unidos por la sombra de un padre ausente que fue más hijo que padre, y que este equipaje en la mochila solo puede conllevar un vida desgraciada, aunque sea un hombre bueno y genial.

Porque los lastres  de los traumas de la infancia, la soledad y la fiereza de su adicción, son mucho lastre, y los instintos de autodestrucción están muy a flor de piel.

Un cóctel inapelable de lo que llamo el fracaso del éxito, que tarde o temprano uno acaba bebiendo cuando  empiezan a haber otros intereses. De eso trata la enorme canción estrella de la película. La escuchamos y termino.

Y decía lo de un hombre bueno porque es el que le da a Ally (Gaga) el consejo, el apoyo y la oportunidad, las tres cosas que hay que saber  para sacar petróleo de una persona que lleva máscara. Y el mensaje subliminal: como  se va quedando sin sitio en la vida hasta verse abocado a tomar serenamente una decisión.

Tuve un profesor de Psiquiatría que me dijo que el suicidio puede ser por desesperación o por sublime inteligencia.

Pues eso. Descubrir a un artista virgen, pura en performance, sin estilo, solo contenido y con algo que decir, y  ver cómo a medida que el éxito llega y vienen otros a “aconsejar” y a “mejorar” el producto, lo único que hacen es adulterarlo, solo te deja la salida sin hacer ruido y dejar que  corra el aire…

A mí no me cabe duda que todos los días nace una estrella, pero casi siempre mueren pronto porque hay muy pocos   Jackson Maines en la vida de la gente. Quizás porque murieron alcoholizados y aburridos de su propio éxito, ya que solo los genios son conscientes que el éxito nunca rellena las carencias infantiles.

 Solo te ayuda a pagar las facturas.  Así que…, por favor, no dejen de ver la película y opinen en consecuencia.

 

Kata ton daimona eaytoy

11 marzo, 2012

By Nosolodoctor (alias “el guardaespalda”)

Dedicado a todos los que salieron del infierno y pueden contarlo.

No quiero engañar a nadie. Este post está inspirado en un artículo precioso que leí el lunes 13 de febrero en el Diario El Mundo, sobre el infierno que no han podido superar algunas estrellas de nuestro Universo. Me refiero a Whitney “Poo” , Elvis Presley, Billie Holliday, Janis Joplin… Jim Morrison, al que un 3 de julio de 1971 Pamela Courson encontraba muerto en la bañera de su piso del barrio parisino de Marais . Tenía 27 años y una larga vida acompañada por los excesos. En su tumba reza el epitafio que resume la vida de él como de otros muchos que bajaron al infireno en vida: ‘Kata ton daimona eaytoy’, lo que en griego antiguo se puede traducir como ‘cada quien su propio demonio’.

En el caso de Withney fue la coca y el alcohol; en el caso de Elvis Presley, anfetaminas para adelgazar y Demerol (un narcótico analgésico) que usaba como vía de escape de una vida que aunque desde fuera podría parecer de ensueño, para su propio pasajero oculto era una auténtica pesadilla. El 16 de agosto de 1977 Ginger Alden, la que por aquel entonces era su pareja sentimental, le encontró inconsciente en el cuarto de baño de su mansión de Gaceland. Los médicos intentaron reanimarle pero fue imposible. Un ataque cardíaco repentino y violento” bastaba para trascender la historia.

La “heroina” de mi juventud (en su doble acepción) era La “Janis” (Joplin) . El Club de los 27 es el nombre que se ha dado a los artistas que murieron a los 27 años. Una de las primeras en entrar en tan tétrico club fue la cantante Janis Joplin. La cantante más blanca con voz más negra de mi década de los setenta y que llegó a ser un hito de la música. Un espíritu rebelde y libre, que como la mayoría de los artistas de aquellos años se dejó llevar por las drogas experimentales y que luego no supo frenar. El 3 de octubre de 1970, cuando sólo contaba con 27 años, murió de una sobredosis de drogas (se cree que de heroína) en su habitación del Landmark Motor Hotel.

¿ Y que te voy a decir del “ancestro de Carlos Santana ? Me refiero a Jimi Hendrix que también recurrió a la mezcla de alcohol y barbitúricos para decir adiós. El 18 de septiembre de 1970 en su casa londinense. En este caso no fue una muerte tan dulce , ya que su autopsia reveló que falleció ahogado por sus propios vómitos. Como Morrison o Joplin tenía 27 años. Muchos años después de su muerte, se supo que, en realidad, Jimi no murió aquella noche, sino que cuando lo llevaban en la camilla necesitó girar la cabeza para poder vomitar en el suelo y el camillero colocó su cabeza boca arriba causando así su atragantamiento y fallecimiento. Su muerte fue la muerte de una estrella. En el año 2003 fue elegido por la revista Rolling Stone el mejor guitarrista de todos los tiempos. Su guitarra sigue sonando hoy 42 años después de su muerte.
Ya hicimos tambien un post sobre Kurt Cobain, el líder de Nirvana ,el juguete roto de la decada de los 90. Amor-odio. Odio-amor. Así era la vida de Kurt Cobain desde que conoció a Courtney Love. Varios intentos de suicidio, detectives privados, drogas, en definitiva, una vida atormentada con la que finalmente no pudo sobrevivir. Durante su vida, Kurt luchó contra la depresión, la bronquitis crónica y contra un intenso dolor físico debido a una úlcera que jamás fue diagnosticada. Desesperado recurrió a las drogas, en especial, a la heroína. Su muerte se puede decir que duró casi una semana.

También Enrique Urquijo, el cantante de los Secretos fue encontrado un 16 de Noviembre de 1999 en un portal de la calle del Espíritu Santo, en el madrileño barrio de Malasaña desatándose finalmente del círculo vicioso (nunca mejor dicho) del que en vida no pudo escapar. Cuando no tenía depresión se drogaba y cuando tenía depresión no se drogaba. La pescadilla que se muerde la cola. Demasiado dificil para llevar desde los 19 coqueteando con las drogas. No le gustaba la fama, ni las discográficas, ni los tumultos, ni que le persiguieran. Un carácter apático, triste, depresivo con el que no pudo continuar.

A Antonio Flores se le veía día sí y día también por un bar del barrio Retiro en el que entraba bien y salía sin rumbo fijo. Ni su música, ni su hija, ni sus hermanas fueron suficientes para ocupar el lugar que dejó su madre, La Lola de España … El 30 de mayo de 1995, catorce días después de la muerte de su madre, Antonio Flores fue hallado muerto en la casa familiar de El Lerele en Madrid, al parecer por un posible suicidio causado por sobredosis. “¡Me cago en la droga!”, se escuchó decir al por aquel entonces marido de Lolita.
¿Y recuerdan aquel genio negro que queria ser un Peter Pan blanco ? que pena de talento… La noticia que sobrecogió a todo el mundo. El Rey del Pop que se negaba a crecer había muerto por una sobredosis de propofol en su cuerpo demacrado, débil, frágil que esa noche salió de ‘Neverland’ para no volver jamás. Parecia que Michael Jackson esa noche conseguía por fin volver al mundo que siempre le quiso.

La penultima era una tal Amy Winehouse a la que solo le dio tiempo a grabar dos discos, pero fueron suficientes para encumbrarla a lo más alto. Las drogas, el alcohol, las malas influencias, la fama… fueron el empujón a la tumba de Amy Winehouse. Dio el portazo el 23 de julio en su apartamento de Londres. “Todo lo que Amy hizo, lo hizo con exceso: tomó con exceso y también se desintoxicó con exceso”, dijo su padre tras su muerte. Sin comentarios.

Y llegamos a Whitney Houston que reconozco me cautivó en el Guardaespalda. En la bañera de la habitación de un hotel de Beverly Hills, ahogada, la encontró su estilista. Ella misma ya lo dijo, era su mejor amiga y su peor enemiga, y aquella noche lo fue. Las drogas que le acompañaron muchos años, el alcohol con el que se olvidaba y los antidepresivos eran sus acompañantes. Aunque todavía no se sabe oficialmente de qué murió, las primeras hipótesis es que se ahogó en la bañera tras una sobredosis de Xanax, el trankimazin-lexatin de los norteamericanos.

Seguro que me dejo a muchos en el tintero pero esta es una muestra de como el éxito (como el dinero) no garantiza nada: Porque sólo el pasajero oculto sabe a que ha venido y donde quiere ir, y muchas veces los caballos o el cochero le meten en un infierno dificil de salir.

Kata ton daimona eaytoy, cada uno con su propio demonio, cada quien en su propio infierno. Les confieso un sentimiento algo narcisista (lo reconozco), cada vez que conseguimos que un paciente se libere de su adicción y sale de su infierno y lo veo vivir su vida… me siento exactamente igual que el guardaspalda de Withney. Vean la letra, preciosísima. Dentro vídeo!

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