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Volver a casa

12 mayo, 2015

By Nosolodoctor, Nubepink y Nosolomamá

Se trataba sólo de mi examen físico anual de rutina. No tenía problemas de salud ni quejas particulares. Tanto mi madre como mi padre habían vivido una vejez saludable. Supuse que recibiría las clásicas palabras tranquilizadoras: “todo está bien” junto con una sugerencia de que volviera en un año.

Me pareció raro que el doctor no estuviera sonriendo cuando me llamó a su oficina para darme los resultados de sus análisis. Fue entonces que empecé a sospechar que algo podría andar mal.

-Me es difícil decirle esto —comenzó diciendo—. No tengo cómo decirlo de forma más suave. Usted es sacerdote, un hombre de fe, y sé que encontrará cómo lidiar con las noticias que estoy a punto de darle. Tiene una rara enfermedad  terminal para la que no hay cura conocida…

Casi no escuché el resto.

Mi cabeza comenzó a dar vueltas. Había sido el predicador de una congregación por casi cuatro décadas. Entre mis funciones había aconsejado a los enfermos y había apoyado a los agonizantes. Casi siempre sabía qué decirles a quienes se enfrentaban a los más graves desafíos. Ayudé a la gente a enfrentarse a la muerte.

Pero esta vez era completamente diferente. No le estaba pasando a otra persona, ¡me estaba pasando a mí!

Por primera vez en mi vida, a pesar de tener 78 años, me di cuenta que realmente iba a morir.

¿Cómo podemos olvidar esa verdad sobre nuestra existencia? El famoso primer dictado de la vida llamaba a mi puerta; ante mí se presentaba la realidad universal de la vida, a la que no queremos ni ver ni oir… Asumimos que viviremos para siempre, eliminamos de nuestra mente la posibilidad de la muerte como si al negarla pudiéramos evitar su certeza. Como dice Woody Allen, decimos no temerle a la muerte, pero “no queremos estar allí cuando ocurra”. Je…

Steve Jobs en su legado nos  dejó escrito que la muerte siempre nos está esperando al final del camino, sólo que no sabemos cuándo será. Y escucharla como un diagnóstico médico hace que su certeza sea inevitable.

Así que voy a establecer las 10 prioritarias cosas que debo, quiero y me gustaría hacer antes de volver a casa… Por ese orden: lo que creo que debo hacer, lo que quiero hacer y lo que me gustaría hacer….

Y aquí las tienes. Un beso.

1. Daré  valor a lo que realmente lo tiene, para poder regresar sabiendo que he gastado de forma consciente, buena parte de mi tiempo, en aquello que realmente es valioso.

2. Me responsabilizaré  de mis errores en la misma medida que de mis aciertos, para así sentir que soy justo.

3. Viviré en estado de equilibrio, paz y armonía espiritual.

4. Seré flexible y  fluiré con los acontecimientos, me  ocuparé  en lugar de preocuparme sin sentido para así  superar  las adversidades.

5. Mi mayor deseo es que  en mi mochila solo quede la satisfacción del trabajo bien hecho. Un trabajo por el que merezca la pena vivir. Haré aquello que realmente merezca la pena.

6. Viviré cultivando la chispa de un niño alegre que siente la vida como un juego, que se siente entusiasmado por el mero hecho de existir.

7. Seré un ser vulnerable a la verdad.

8. Seré consciente de mi infinita pequeñez y guardaré un respetuoso silencio ante el Universo.

9. Seré valiente y estaré  en movimiento, la acción será mi fiel compañera. Me   dejaré  mecer por los vaivenes de la vida al igual que por las olas.

10. Amaré la vida procurando nutrir sin juicios a todos y a todo.

11. Cuidaré mi boca mediante un estado de plena consciencia para que de la verdad y la gracia sea portadora.

¿Y tú ?…

(La lista que acabo de hacer,  la verdad que no está completa ni es fija, la renuevo cada mes como la luna… Si quieres podemos seguir haciéndola juntos… Espero curioso tus palabras. Je….)

Pero lo más interesante del tema este, de  por qué estoy  escribiendo acerca de los enfermos terminales es la sorprendente conclusión sobre mi historia personal.

Han pasado dos años. Dos años de regalo. Me dijeron que iba a morir. Una rápida búsqueda en Google me informó que mi condición de “terminal” normalmente permite seis meses más de vida a partir del diagnóstico. ¡Eso pasó hace casi dos años y medio!

Gracias a Dios hoy sigo sintiéndome perfectamente bien. Mi equipo de doctores siguen preguntándose cómo es que pasó. Yo traté de explicarles que me someto a una medicación que se ha probado ser exitosa durante miles de años, aunque sus propiedades curativas aún no han sido científicamente corroboradas.
Consiste básicamente en no estar enfocado en “cómo morir”, sino enfocarme solo en cómo vivir.

Nosolonavegante, esperamos tus propuestas para inspirarnos en ellas… Nos vemos el próximo jueves.



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