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No llores por mí

7 julio, 2012

Experimentar tristeza no es un signo de sabiduría… Si bien es cierto que nos puede aportar mucho de empatía, en realidad, cuando sentimos tristeza es, precisamente,  porque hay algo que nos falta por comprender: si nos sentimos tristes… no estamos entendiendo nada…

Pero ¿por qué deberíamos sentir tristeza? Esta pregunta equivale a ¿por qué no nacemos sabidos/aprendidos? Tenemos tanto miedo al error que la mayoría de las veces pecamos por omisión… La vida, en realidad, no es tan difícil, somos nosotros quienes la complicamos con nuestras actitudes y nuestras decisiones. Interiormente creamos  (más bien, fantaseamos con) situaciones más complejas y retorcidas de la cuenta…

Sentirse triste o infeliz por algo, incluso estar de mal humor, es como poner una gota de veneno en un frasco de néctar: estropea la escencia. No sólo se lleva la paz, sino que conlleva infelicidad y amargura. ¡Y no es para eso para lo que estamos aquí!  Las personas sienten tristeza cuando se agarran o se resisten a las situaciones y no se dejan “fluir”… hasta hace muy poco que no comprendimos bien esta palabra; fluir es ” no agarrarse a nada; dejarse llevar (que no arrastrar) por la corriente del río de la vida.

¡Cuantas veces hemos mirado atrás en relación con un problema ya vivido y ha sido entonces cuándo nos hemos preguntado para qué tanto lío si, fíjate, ha pasado y el mundo sigue girando! Cuando te sueltes de las cosas externas a ti, y llegues a ser libre, empezarás a sentirte en un estado de estabilidad, lleno de una felicidad que es independiente de lo que suceda.

Nos aferramos a las cosas y a las personas en un afán de que se nos devuelva con la misma moneda y convertirnos en imprescindibles; así es como, a veces y erróneamente, buscamos nuestro sitio en el mundo… Y por eso sufrimos y lloramos por alguien mientras otro alguien llora por nosotros. En realidad ese llanto siempre es fruto de la autocompasión, de la tristeza de/por uno mismo…

Alternativas al Diluvio

30 marzo, 2012

A menudo me pregunto, en caso de una nueva “limpieza” ¿sería, hoy día, suficiente con una sola familia para garantizar la perpetuación de la humanidad? Tenemos tantas necesidades creadas que ¿a qué estaríamos dispuestos a renunciar? Medicina, Arte, Física, Agricultura… no hay una persona que tenga conocimientos de todo o la capacidad para asimilarlos y posteriormente transmitirlos. Sin duda sería un reseteo en toda regla…

Cuando algo no marcha bien, resulta lógico tomar el sentido opuesto; pero ¿qué pasa cuando éste tampoco funciona? Bien, entonces tal vez haya que buscar un camino intermedio. Y como hoy me he levantado catastrofista… pongamos que tampoco es el correcto… Entonces no queda otra que admitir que lo que falla y lo que hay que cambiar es el objetivo.

Puede costar bastante admitir que aquello que deseamos no es justo lo que más nos conviene, pero eso ocurre sólo porque consideramos “logros” aquello que ya hemos conseguido y fijamos nuestro campamento base en torno a mantener todo lo alcanzado. Al ego le encantan los méritos y tener una vitrina con las medallas. Pero ¿y si nos replanteamos en serio si todo lo obtenido es realmente beneficioso o por contra es un pesado ancla que nos impide avanzar? ¿o si queremos seguir manteniendo el mismo criterio que hasta ahora en el momento de plantearnos las metas?

Por eso Dios, en su infinita sabiduría, captó de momento el mensaje (ya nos contó Nosólodoctor lo primero que hizo Noé… en su entrada titulada Estado de Gracia y Poder II Parte): no más diluvios para imponerles el reseteo y para que el resultado sea un nuevo ciclo que bordea el mismo perímetro de la misma circunferencia o, como mucho, uno concéntrico a éste, pues el compás, mientras fije su pincho en el mismo punto (el ego),  sólo podrá dibujar círculos en torno a sí mismo. De hecho, el símbolo que Dios eligió para que simbolizase este compromiso, fue el Arco Iris, varios círculos concéntricos que nunca se cierran (os recomiendo releer la entrada Ego vs Ángel Interior: el Pacto del Arcoíris de cuando aún era Ángel4).

Sólo desplazando el centro del compás podemos experimentar sus posibilidades.

Puedes proponer en nosólodoctorylac@gmail.com

Liger@ de equipaje

18 agosto, 2011

Llevo años planeando un camino de Peregrinaje, y en cada ocasión que he tenido he preguntado por lo más válido de la experiencia a quienes lo han realizado. La respuesta es unánime : Transitar el camino sólo con lo necesario.

Sabemos de sobra que el secreto de la felicidad no reside en tener cada día más cosas, aunque a veces se nos olvida. Nos han enseñado a acumular, pero luego no podemos movernos por el peso de todo eso que hemos ido juntando : cosas, miedos, estrategias, angustias, y olvidamos el objetivo principal de la vida: “Conquistar una felicidad sencilla”.

Como decía Ryan Bingham (George Clooney) en la película “Up in the air”: Vivir consiste en moverse. Parodiando al propio Bingham en una de sus conferencias : Meta todas sus cosas en una maleta, todo lo que usted considera que tiene valor. Y luego intente arrastrarla, salga a la calle y cargue con ella. Con seguridad, el peso no lo dejará moverse.

¿Es realmente esencial lo que llevamos ahí? O realmente es un reflejo de las inseguridades, los miedos y enajenación?

El mundo material puede convertirse en un monumento equivalente al tamaño de la incapacidad de encontrar la felicidad en lo sencillo. Un monumento forjado en el apego.

El apego es un estado emocional y mental de vinculación compulsiva a una persona, cosa o estado. Es también una ilusión y una fuerza de condicionamiento social, una jugarreta de nuestro ego que nos indica que para ser felices necesitamos poseer, obtener y dominar.

Así cambiamos lo esencial por lo sucedáneo, nos convencemos de que la felicidad está en el mundo de afuera, en la maleta, en el equipaje y nos olvidamos de lo esencial, de la simpleza, de la delicia de viajar liviano.

El verano es propicio para “despojarse” y sentirse ligero. Un paseo allí donde te encuentres, prestando atención al sentir de cada pisada puede convertirse en una meditación.

Para poder cambiar hay que soltar lastre, renunciar al equipaje, dejarlo atrás; para alzar el vuelo necesitamos soltar tanto peso y tantas cosas innecesarias que llevamos acumulando por años y hasta por generaciones, condicionantes que nos hicieron creer que para ser felices teníamos que tener apego, no libertad.

La libertad no es tener, es no necesitar, es no desear lo innecesario.

Dar comienzo al camino del peregrino, que viaja ligero de equipaje con un espíritu solidario, que sigue sus sueños de manera espontánea y vive en el aquí y en el ahora. El que sabe descifrar su camino y sueña sus rumbos y no negocia su libertad, no trafica lo sagrado, recupera el paisaje interno rompiendo la ilusión del apego, retando con su libertad, desapego y autenticidad, las trampas más complejas del mundo material.

Llevando sólo lo esencial, lo básico, lo liviano, lo que no puede ser poseído, entonces no puede ser objeto de apego: el amor.

http://www.youtube.com/watch?v=ZQAvxcv0hvE

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