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La verdad sea dicha

2 febrero, 2012

(By Nosolodoctor y Angel 2)

En 1968, se estrenó en las televisiones de nuestro país, una serie llamada “Un ladrón sin destino” que tuvo enorme éxito durante una década. Trataba de un tal Al Mundy, un ladrón profesional convicto, que es liberado de la prisión con la condición de que se ponga a los servicios de la CIA para estar al servicio del “bien” utilizando sus dotes “delictivas”.

Una especie de reconducción de un defecto en algo útil para la sociedad.

El tema nos sirve para contestar la petición de un post acerca del aprendizaje erróneo de lo políticamente correcto versus verdadera honestidad en nuestras relaciones humanas y hasta que punto es ético engañar y/o dejarnos engañar o hasta donde la conciencia de nuestro “self” nos debe dejar que la gente mantenga su rol de engañador y no nos atrevamos a “quitarles” sus máscaras.
No crean que es fácil hablar de ello, alguien puede manifestar “su verdad” y quien le escuche o lea puede creer que lo señalado es mentira porque “su verdad” es distinta.

No existe la verdad absoluta y como consecuencia tampoco la mentira total. Por esto, aceptamos que mentir es expresar algo en contra de lo que se sabe, se cree o se piense.
Cuando se miente es porque la persona que lo hace está consciente de ello. Por otra parte, mentir también es omitir la verdad. Los seres humanos mentimos o callamos la verdad por múltiples razones. Algunos terapeutas de parejas, por ejemplo en algunos casos, recomendamos a los amantes infieles, cuando van a consulta, no cometer un “sincericidio” y contarle todo a su cónyuge. Generalmente se trata de casos de un encuentro sexual “casual” con una ex pareja, hecho ocurrido ocasionalmente sin mayores consecuencias (¿o si?) . En estos casos el terapeuta quizás evalúe la situación familiar y llegue a la conclusión de que es preferible que su paciente no diga la verdad a su cónyuge porque puede terminar una feliz relación familiar y ser más perjudicial que beneficioso para él, para su pareja y sus hijos.

En otro área, muchos médicos, por razones del tratamiento, ocultan o no dicen toda la verdad del diagnóstico al paciente por el propio beneficio del enfermo. El médico puede ayudar a sanar usando el efecto placebo en enfermedades psicosomáticas. Para lograrlo, debe mentirle al paciente asegurándole que algún medicamento lo curará a sabiendas que la pastilla es inerte. Igualmente, algunos profesionales de la salud no le informan a un enfermo en terapia intensiva su gravedad, porque piensan que la angustia, las preocupaciones y el pánico que puede generar la información de su estado le provocaría eventualmente un daño mortal.

¿Ustedes que piensan? ¿Verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? ¿Estamos preparados para ello? ¿De verdad?

Los adultos les dicen a los niños que no deben mentir mientras disfrutan con ellos los regalos que trajo durante la noche Santa Claus o los Reyes Magos, aunque en este caso podríamos estar hablando de una ficción o leyenda, la cual sin ser una mentira, tampoco es una verdad.

Por último esta la opción de ser asertivos y decir siempre la verdad sin ofender.

Ser asertivos es exponer todo o parte de lo que sabemos, pensamos y sentimos haciendo uso de un lenguaje justo, de expresiones corporales no agresivas, comunicando en positivo y tomando en cuenta los derechos de quien recibe el mensaje.

¿Se apuntan a esta línea?

Durante muchos años hace muchísimo tiempo me jactaba de ser el médico que mejor daba “las malas noticias”, de hecho me buscaban mis compañeros para comunicar los casos “difíciles”. Un día después de decirle a una joven mucha de treinta años que se iba a quedar viuda en breves días debido a la situación irreversible de su marido, tuve un sueño que no les voy a contar para que puedan dormir tranquilos… acerca de la gravedad de mi comportamiento y sus consecuencias.

Aun así no me libré de la “multa espiritual” que duró dos años, pero le aseguro que el tema no da para un chiste. Quizás estemos ante la reflexión más espinosa, dolorosa, ambigua y relativa pero también trascendente de la historia del blog:

Es deseable resaltar virtudes en lugar que proclamar defectos en los demás. Es preferible indicarle a un niño antes de ser inyectado que va a sentir un pinchazo pero solamente durará el tiempo de contar hasta cinco que decirle “no te va a doler”. Lo más probable es que entretenido contando, no sienta el dolor.
Quizás lo más importante sea no hacer daño, no ser mensajero de algo malo… seguro que siempre hay un tonto o un temerario o un loco que se preste a tamaña función; en ese caso,pasen de decir “mentiras arriesgadas…(true lies) que en realidad son “”mentiras verdaderas”… no olviden que hay mucha gente que no es consciente del daño que hace la palabra aunque sea “verdad” lo que está diciendo…

Ya no se trata de debatir si lo que vamos a decir o no es lo políticamente correcto… sino el resultado de lo que vamos a decir va a ser util o no y si va a producir efectos colaterales o no….por no decir del valor de nuestra credibilidad para tiempos futuros…

Vamos más allá aún: En una de las entradas de este blog, la del pasado sábado 28 sobre el Aserejé, se planteaba el hecho de que para un terapeuta su paradigma lo puede todo y “cura” todo.

Planteamos, cuando ésto lo dice el terapeuta ¿Lo cree de verdad? ¿Se engaña a sí mismo? O en el fondo piensa que es un “cliente” y que él tiene que vivir de su profesión y que hará todo lo que pueda aunque sepa que hay pocas posibilidad de éxito?

En cuanto a lo políticamente correcto… si la idea es “encajar” o integrarse en un esquema/lenguaje/accionar que no se superponga o interfiera con los “ya creados y aprendidos”, aún en contra del propio sentir y convencimiento… haría que se estuviera modificando la REALIDAD, alejándola así de la VERDAD, o poniéndola en duda.

A veces exponer la “cruda realidad” nos plantea un panorama tan sombrío que el que lo escucha o lo ve piensa que no hay noticias de Dios . Tremendo diálogo que les ponemos y pedimos contestación ¿sincera? en los comentarios de esta “entrada” del menú que ustedes pidieron…

También tienes un buzón para expresarte aún más sinceramente en nosolodoctorylac@gmail.com

¿Darlo todo?

18 noviembre, 2011

Sigo la serie de televisión House. Sí, creo que ya lo he comentado. Donde muchos ven un ególatra, impertinente e insoportable, yo veo un personaje que me hace cuestionármelo todo, salirme, aunque sólo sea en la teoría, de mi zona de confort. Digamos que representa esa otra cara de la Luna que no conozco y que no por ello deja de existir.

La mayoría de nosotros hemos jugado al “¿Qué pasaría si…?” Es fácil teorizar acerca de grandes temas y posicionarse de un modo contundente cuando no te pica… Por ejemplo: el aborto, la eutanasia, una guerra civil, donar un riñón…

Y este último ejemplo es el que atañe a la trama del último capítulo que he visto (el tercero de la temporada final). Tranquilos, para los que no tienen la Fox: no voy a destriparlo. Pues la cosa está en que un megamultimillonario se levanta un día y decide comenzar a donar su fortuna hasta el punto de irse a vivir a un apartamento de una sola habitación y vivir sólo con lo básico, renunciando a vehículos propios (sólo usa los transportes públicos) y sufrir, por ello, el abandono de su mujer que se marchó con su hijo pequeño. Sí, confesó ser una egoísta y no comprender cómo para su marido contaba más la vida de un niño que no conocía de nada que la del suyo propio.

Y no queda la cosa aquí, oyó a unas enfermeras hablar de que una paciente necesitaba urgentemente un riñón y decidió donarle uno de los suyos. Y el más difícil todavía surge cuando otra persona se interesa por el riñón y también quiere darle el que le queda libre. Su planteamiento se basa en que ninguna vida vale más que otra y de ningún modo podría anteponer la suya a la de cualquiera. Y hasta aquí puedo leer

¿Solidaridad? ¿Altruísmo? ¿Humildad? ¿Demencia? ¿Estupidez? Diagnósticos habrá de todo tipo. Yo que por mi trabajo no me queda más remedio, en muchas ocasiones, que ponerme en el pellejo del “abogado del diablo“, jugaré a eso un ratito…

Comprendo perfectamente que una persona para la que todo han sido facilidades (estudió en los mejores colegios, institutos y universidades pagados por papá; viajes, coches y ropa de lujo gracias a la Visa de papá; al acabar la carrera papá le fundó una empresa y cuando decidió casarse, papá le organizó un bodorrio por todo lo alto…) necesite sentir que aporta algo a su vida y al mundo por sí mismo. Lo que pasa es que por esta regla de tres, el que recibe la donación ¿cómo podría sentirse “en paz”? En fin, si tuviese el mismo modo de ver las cosas… necesitaría equilibrar la balanza de algún modo… y acabaría en un constante estar en deuda unos con otros.

También entiendo que, aunque el amor no consiste en esperar la correspondencia, el matrimonio necesita una implicación doble, es muy difícil que subsista con la aportación de uno sólo de los cónyuges.  Vale, sí, resultaría ejemplar para un hijo que su padre se ocupase de parte de las miserias del mundo, pero ¿a qué precio para ese niño que siente que cualquier causa capta con mayor facilidad la atención de su padre?

Llegados a este punto casi preferiríamos tener lo justo y necesario para no tener que plantearnos la justa medida de la solidaridad y sus responsabilidades añadidas. Porque ¿cuánto es lo necesario? y lo necesario ¿para qué? o ¿para quién?

Nos guste o no, con las relaciones que establecemos con otras personas adquirimos unos compromisos que implican priorizar. No hablo de expectativas ajenas que haya que cumplir como si fuera una pesada cadena que nos ancla, sino de respeto, humildad y responsabilidad, tres consignas que abren muchas y muy buenas puertas.

Por otro lado… ¿qué pasa con el pedir? ¿Qué, cuándo o cuánto pedir y sobre todo a quién? ¿Dónde empieza y dónde acaba convirtiéndose en exigencia o por contra en mendicidad? ¿Merecemos aquello que no estamos dispuestos a pedir?

Después de ver el trailer que os propongo hoy, me contáis…

También podéis contarnos cosas en nosolodoctorylac@gmail.com




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