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2. La Hermandad de los Gansos

28 noviembre, 2018

“Debe haber otra manera de atravesar la dualidad,

otro modo de llegar a la verdad,

debe haber otro modo de pasar de una orilla a la otra….

 Debe haber otra manera de volar

que no sea solo en contra de corrientes ideológicas,

ya sean de aire frio o de aire caliente,

 al fin y al cabo, corrientes que crean torbellinos difíciles de solventar…”

Me habéis podidos leer desde el pasado 2011 prácticamente el mismo discurso una y otra vez, con algún que otro matiz: el valor de nuestra propia individualidad como elemento innegociable para poder alcanzar la felicidad o Bienestar con uno mismo, y el autorespeto como forma de imaginar el lugar que ocupa uno en el Universo.

Solo que…, todo eso es o debería ser… al servicio de la “colectividad”.  Se puede ser Egoísta, pero nunca Ego-CÉNTRICO. Egoísta implica mirar por uno antes que por otros, lo cual puede ser reprobable pero nunca será ilegítimo. Lo que nunca podemos ser es Egocéntricos porque, afortunada o desgraciadamente, no estamos en el cetro de “nada”.

No somos realmente  importantes (imprescindibles)  para nadie y jamás podremos rellenar nuestra carencia interna con algo de fuera.

A lo más que podemos aspirar a lo largo de nuestra vida es a dos cosas:

A estar en paz con uno mismo porque nada escondemos e intentar mantener cierta coherencia entre pensamiento-sentimiento-nuestra palabra y nuestra acción, lo cual no siempre es posible…,  y a poder ejercer cada uno nuestra propia esfera de influencia; no por lo que decimos. sino por lo que hacemos. Un mundo mejor se refiere a una sociedad mejor, y una  sociedad mejor solo puede estar integrada por individuos sanos, equilibrados, responsables, que piensan más en ser Humanos “derechos” (de pie), que en sus “Derechos” Humanos y reivindicaciones.

Salomón Michan nos dice  que tenemos que copiar la forma en la que los gansos viajan (vuelan). Lo hacen en “V”, con el vértice delante porque dicha posición  beneficia al que está detrás en la formación, y porque la bandada consigue aumentar hasta en un 70% su capacidad operativa de vuelo.

Es decir, cuando la colectividad, la sociedad, comparte un destino común y todos saben a dónde ir, la formación ideal es la de   una “V” “gansa” (una enorme y gigantesca “V”). Se llega más fácil, descansado y rápido, volando como los gansos.

Viajar de esta manera tiene otras ventajas que deberíamos copiar de ellos: ellos se dan cuenta del cansancio que supone volar venciendo la resistencia del aire, porque si volasen solos tendrían que descansar cada dos por tres. Sin embargo, viajar resguardado por el  compañero que tenemos delante de nosotros… ayuda a viajar a velocidad de crucero.

Si tuviésemos la lógica del ganso, nos acostumbraríamos a hacerle el relevo al líder. En la formación  de los Gansos, cada vez que el líder se cansa pasa al final de la formación, y el segundo ocupa su lugar sin detrimento del prestigio o cavod del que se ha puesto el último, porque a medida que otros líderes van cansándose, también ellos van pasando al final de la formación. El viaje es largo y los relevos nos permiten mantener siempre la misma velocidad de crucero, porque lo realmente prioritario es estar de acuerdo en la dirección que hay que escribir en nuestro GPS psicoespiritual. Además, los gansos que van detrás  graznan fuerte para estimular al líder y evitar que se duerma o distraiga observado el viaje. El graznido bien pueden ser algunas críticas, sí. Pero también palabras de aliento que nos pueden reforzar nuestra autoestima. Y cuando un ganso de la formación enferma  cae herido por el disparo de un cazador, dos gansos salen de la formación en “V” y bajan a tierra con el compañero para curarlo, asistirle y quedarse con él hasta que pueda volar o, en el peor de los casos, si fallece, hasta enterrarlo, para inmediatamente después, reincorporarse a los puestos finales de la formación.

Yo siempre he pensado que ese era el propósito de Dios con los judíos en el desierto aquellos raros cuarenta años: saber “viajar” en formación. Acampar en formación, pensar-sentir-graznar-y volar como un solo corazón. Quizás yo sea un soñador (que no creo), pero es posible comportarnos como una hermandad de Gansos.

¿Ustedes recuerdan un post que escribí hace años acerca de las diferencias entre los “hermanos de sangre” y los “hermanos de Almas”?. Pues bien, un peldaño inmediatamente superior al de la Hermandad de las Almas sería, en mi humilde opinión, la Hermandad de los Gansos. Vivir pensando en los demás, ayudando y pensando en lo que pueda necesitar el compañero no es una utopía hecha para “santones” ni “alternativos”…. Si los gansos, que no son obviamente humanos, lo hacen…, nosotros entonces ¿Por qué no?

Todo nuestro crecimiento individual, toda nuestra  sabiduría, conocimiento  y discernimiento, toda nuestra capacidad de dar y de restringir, todo nuestro esplendor…, ¿para qué es?  ¿Para quién es?  Si no es para el compañero de viaje,  ¿para quién es?  Si viajar por la vida se te hace duro, cansado,  ¿no hay otra manera de viajar? Si. Debe haber otro modo de ir por la vida…, sí que la hay…

 

 



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