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El Cielo y la Tierra

10 julio, 2012

by Nosólodoctor y Uf

Para la cabala, el cuerpo es como la tierra, y el alma es la parte que tiene  que ser cultivada y nutrida para ser fructífera. La única forma en que  nuestra alma pueda dar frutos en este mundo es si nos damos a nosotros  mismos una oportunidad para escucharla. En otras palabras, necesitamos tomar  la decisión proactiva de conectar con aquella parte de nosotros que está más  allá del aspecto físico (metafisica) y que corresponde a nuestra alma. Lo  que ocurre la mayor parte del tiempo, sin embargo, es que estamos tan  ocupados haciendo cosas (trabajo, personas, negocios, familia) que no nos  tomamos el tiempo necesario para ver la belleza que está dentro, el tiempo  suficiente para hablar con nuestra alma y preguntarle qué quiere de  nosotros.

Karen Berg relata una historia al respecto realmente conmovedora.  En una ocasión, una joven mujer creó una librería para que niños sin hogar  pudieran leer antes de irse a la cama. Digamos que esta mujer logró ir más allá  de ella misma para traer algo poderoso al mundo; que es esencialmente  nuestra misión como seres humanos.

Incluso algo inanimado, como una mata de tomate, no está aquí simplemente para crecer, reproducirse y morir… alimenta a otros seres vivos, inspira la creatividad de artistas y cocineros… Así que imaginaos el potencial “reservado” a seres como las personas… Cada cual puede (y por ende y en su propio beneficio además de la aportación comunitaria, debería…) realizar un trabajo  específico personalizado para transformar el mundo en un lugar mejor, porque  hemos vivido en él. Sin daños colaterales. Sin “fuego” amigo. Esto no quiere  decir que tengamos que volvernos activistas o cambiar cada caso de caos que  veamos, sino que necesitamos nutrir ese algo especial que llevamos dentro,  nuestra  alma, que nos “active” esa habilidad (ese “don”) de ir más allá (trascender) de nuestra propia  naturaleza egoica.

Pensar únicamente en  nosotros mismos y estar sujetos al “deseo de recibir sólo para uno mismo”…  Fijaos, la paradoja de la vida es que cuando pensamos sólo en nosotros  mismos, nunca estamos satisfechos. Por ejemplo, pudimos haber comido la  mejor comida del mundo y salir del restaurante y decir: “¡Wow! Éste fue un  gran lugar para comer”. Pero preguntémonos a nosotros mismo a cerca de esta  fabulosa comida un mes después y seguramente no la recordaremos. Pero si  vamos a un restaurante con una amiga y le damos algo que la ayude, o quizás  la amiga comparte algo con nosotros, puedes estar seguro que recordaremos  esa comida para siempre. ¿Por qué? Porque hubo un compartir involucrado, y la razón por  la que estamos aquí en esta vida es para practicar el compartir tanto en la  forma grande como en la pequeña, así como la joven mujer que comentaba  Karen Berg.

Nuestro trabajo es, pues, manifestar nuestra alma (nuestra escencia) en este  mundo físico. De lo contrario, no hay propósito para nuestra vida; de lo  contrario, podríamos ser menos que una mata de tomate. No debemos olvidar que nuestro cuerpo es sólo una prenda, y que  conectamos con la fuerza de la Luz sólo a través de la belleza de nuestra  alma. De eso trata la conexion divina de “corazón a corazón”. Y es así como  se consigue… “demasiado” cielo como la letra de esta preciosa canción.



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