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El nombre del Amor en vano

17 junio, 2011

Por amor hay quien abandona sus sueños y convierte su vida en una pesadilla.

Por amor hay quien renuncia a expresarse tal cual y acaba con afonía crónica.

Por amor hay quien se coloca una venda que le ayude a ignorar, pero que acaba subrayando lo que no quería ver.

Por amor hay quien se rasga las vestiduras renunciando a la magia sosegada de la sutileza.

Por amor hay quien se cree merecedor de todo derecho y guarda muy bien las obligaciones, tanto que se olvida de que las tiene.

Por amor hay quien se compromete para toda la vida con quien le gustaría, en lugar de hacerlo con quien tiene delante.

Por amor hay quien desprecia lo diferente sin darse cuenta de que es precisamente lo único que puede aportarle lo que necesita para enriquecerse.

Por amor hay quien lucha contra lo injusto en vez de defender la justicia.

Por amor hay quien bebe los vientos hasta embriagarse y al día siguiente se lamenta de la resaca.

Por amor hay quien comete locuras políticamente correctas para sentirse cuerdo aunque sólo sea por un instante.

Por amor hay quien promete la Luna y luego le cuesta entregar su perdón.

Por amor hay quien regala magestuosas extravagancias pero se niega a dar lo básico.

Por amor hay quien se olvida de recibir y acaba vacío.

Por amor hay quien se deleita viendo besos de película y cuando cae la noche, se da cuenta de que ha pasado un nuevo día sin que sus labios hayan rozado otros labios u otra piel.

Por amor hay quien se olvida de sentir y se dedica a padecer.

Por amor hay quien aconseja sin que le pidan su opinión y que hace oídos sordos cuando se le reclama.

Por amor hay quien se olvida de que hay que hacer borrón y cuenta nueva para aligerar el peso del mundo sobre nuestras espaldas.

Por amor hay quien parte, reparte y se lleva la peor parte, para luego acabar mendigando las migajas.

Por amor hay quien se embarca en una nube aún a sabiendas de que tarde o temprano acabará precipitando entre truenos y relámpagos.

Por amor hay quien lo arriesga todo sin apostar por sí mismo.

Por amor hay quien ve normal caminar haciendo el pino, y se rie de quien anda sobre sus pies y utiliza sus manos para construir un mundo mejor.

Por amor hay quien guarda, acumula y reserva esperando una ocasión que nunca llega.

Por amor hay quien admira el arcoíris pero jamás se acercó a buscar la olla de oro que hay en su extremo.

Por amor hay quien prefiere aborrecer a echar de menos y quien prefiere echar de menos antes que atreverse a disfrutar.

En definitiva y como decíamos ayer, por amor hay quien vive en la oscuridad aún a pesar de que posee una fuente de luz grandiosa.

Tener amor y no vivirlo, sentirlo, expresarlo o manifestarlo, es poseer un potencial y no darle uso, es igual que no tener nada, es dormir en el suelo teniendo cama, es “ir pa ná”, es tener en frente las puertas del cielo de par en par y desperdiciar la invitación; eso es atrofiar el amor.

Hay una película (que no recomiendo a los más sensibles ya que, más que al cine negro, pertenece al nigérrimo) que nos muestra a alguien que ha perdido toda capacidad de empatía. El protagonista no distingue el bien del mal, el amor del odio, el placer del dolor, la cortesía de la crueldad… Se trata de El demonio bajo la piel, la adaptación cinematográfica que el director Michael Winterbottom realizó de la novela El asesino dentro de mí de Jim Thompson.

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