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34.Sagrado o profano

24 septiembre, 2015

(De 50 sombras de enGREÍdos)

¿Caes simpático a la mayoría de las diferentes personas que forman parte de tu círculo?

Si no es así, el problema está en ti. Alguna manta está ocultando la luz de tiferet, la sefirat de la simpatía, por ello no “transmites” bien y no eres bien  “recibido” por la gente que te rodea.

Quizás te enorgulleces un poquito, buscas honor, nos preocupamos solo por nosotros. Quizás no transmitimos autenticidad, o espontaneidad, o nos reservamos, o nos guardamos cosas solo para nosotros.

Ha llegado el momento de hacer una revisión en casa.  Pero… ¿qué buscar? Muy fácil: busca la santidad que hay en ti……

Me explico: Santo es sinónimo de “consagrado”, apartado, único, etc…,  lo contrario a lo consagrado (santo) se conoce como profano que también se puede entender como cotidiano, multiuso, multifunción, etc…

A medida que aumenta la Santidad aumenta la capacidad de trascender puesto que solo a través de la consagración, de lo Santo, puede uno vislumbrar lo que es único, lo excelso o lo absoluto.  Cuando se carece de santidad todo nos parece relativo, lógico y obvio. En estado de total profanidad, es decir, mínima santidad, todo es: relativo, usable y multifuncional. Ejemplo: tener  “otros dioses” como el dinero, el sexo, el trabajo… Comer de “todo”, servir para todo, “querer que todos sean tus amigos, no discriminar, ponerle en última instancia una vela a Dios y otra al Diablo, aprovecharlo todo, rebañar…, etc…, abusar en una palabra.

Detrás de la Santidad está lo genuino. Y solo lo genuino es admirable en un mundo cada vez más pret a porter.

Muchos comportamientos, principalmente comportamientos éticos, dependen de la Santidad de la persona. Sin embargo, sabemos que no todos los seres humanos que aparentan ser éticos y nobles lo son y recelamos de ellos porque dicen lo que queremos escuchar y hacen lo que queremos que hagan…, pero no son genuinos. Y por eso no nos caen simpáticos. Por eso nosotros tampoco les caemos simpáticos,  porque también a nosotros se nos nubla la sefirat de Tiferet….

Y el ejercicio es el siguiente: busca algo en tu interior que sepas  claramente que no es genuino en ti y tira de la manta…

Nosolonavegante, espéranos una semana más.

Todo el mundo tiene corazón. Testimonio de Terapia I.

21 febrero, 2014

By Irving Yalom & Nosolodoctor

Basado en el libro de Irvin Yalom “El verdugo del amor”.

Capítulo intitulado “Si la violación fuese legal…”


INTRODUCCIÓN: LAS PREGUNTAS A UNO MISMO…

“Tu paciente es un imbécil de mierda y así se lo dije en el grupo anoche, con esas palabras.”

Sarah, una joven psiquiatra residente, se tomó una pausa aquí y observó desafiándome a criticarla. Obviamente algo extraordinario había ocurrido. No todos los días una estudiante entra en mi despacho y, sin ningún atisbo de arrepentimiento, de hecho parecía orgullosa y desafiante, me cuenta que ha atacado verbalmente a uno de mis pacientes. Especialmente a un paciente con cáncer avanzado.

“Sarah, ¿te importaría sentarte y contármelo? Me quedan unos minutos antes de que llegue el próximo paciente.”

Luchando por mantener la compostura, Sarah comenzó. “¡Este Carlos es el ser humano más grosero y más despreciable que he conocido jamás!”

“Bueno, ya sabes, tampoco es mi persona favorita. Te lo dije antes de remitírtelo.” Había estado viendo a Carlos en terapia individual durante unos seis meses y, hace unas semanas se lo remití a Sarah para incluirlo en su grupo de terapia. “Pero continúa. Perdona por interrumpirte.”

“Bueno, como sabes, suele ser habitualmente desagradable, olisqueando a las mujeres como si fuera un perro y nosotras zorras cachondas, e ignorando todo lo demás que sucede en el grupo. Anoche, Marta, una mujer joven realmente frágil que ha estado casi muda en el grupo, empezó a contar que había sido violada el año pasado. No creo que ella lo hubiera compartido antes, al menos con el grupo. Estaba tan asustada, sollozando con tanta fuerza, con tanta dificultad para decirlo, que era increíblemente doloroso. Todos estaban intentando ayudarle a hablar y, bien o mal, decidí que podía ayudar a Marta si compartía con el grupo que yo también había sido violada hacía tres años .”

“No sabía eso, Sarah.”

Sarah se detuvo aquí y se le humedecieron los ojos. Se veía claramente que para ella era difícil contarme esto, pero llegados a este punto no podía estar seguro de qué le dolía más: contarme la violación, o cómo se había revelado excesivamente con el grupo. Que yo fuera el instructor de la terapia de grupo debe haber complicado las cosas para ella. O ¿estaba más enfadada por lo que aún tenía que decirme? Uhmm, decidí mantenerme en los hechos sobre esto.

“¿Y entonces?”

“Bueno, pues entonces Carlos entró en acción.”

¿Mi Carlos? ¡Ridículo!, pensé. Como si fuera mi hijo y tuviera que responder por él. (Aunque era cierto que yo había instado a Sarah para que lo atendiera: se había mostrado reacia a incluir a un paciente de cáncer en el grupo. Pero también era verdad que su grupo tenía menos de cinco personas, y que ella necesitaba nuevos miembros). Nunca la había visto tan irracional y tan desafiante. Tenía miedo de que después se sintiera avergonzada por esto, y no quería empeorarlo con algún indicio de crítica.

“¿Qué es lo que hizo?”

“Le inquirió a Marta muchas preguntas sobre los hechos, cuándo, dónde, qué, quién. Al principio eso le ayudó a hablar, pero tan pronto como empecé a hablar de mi violación, ignoró a Marta y empezó a hacer lo mismo conmigo. Entonces empezó a preguntarnos a ambas más detalles íntimos. ¿Si el violador rasgó nuestra ropa?. ¿Si eyaculó dentro de nosotras?. ¿Si había algún momento en el que empezamos a disfrutar? Todo esto ocurrió de una forma tan insidiosa que hubo un lapsus de tiempo antes de que el grupo empezara a entender lo que estaba sucediendo. No le importábamos un pimiento ni Marta ni yo, tan sólo estaba disfrutando sexualmente. Sé que debería sentir más compasión por él, ¡pero es que es el tío es un mierda!”

“¿Y cómo acabó todo?”

“Bueno, finalmente el grupo se dio cuenta y empezó a enfrentarse a él por su insensibilidad, pero no mostró ningún tipo de remordimiento. De hecho, empezó a ser más ofensivo y nos acusó a Marta y a mí, y a todas las víctimas de las violaciones en general, de darle demasiada importancia. “¿Cuál es la gran cosa?”, preguntó, y entonces afirmó que él personalmente no tendría ningún problema en ser violado por una mujer atractiva. Y el colmo para el grupo fue decir que estaría encantado de que cualquier mujer del grupo intentara violarle. Entonces es cuando salté, “¡si piensas eso, eres un puto ignorante!”

“Pensaba que tu intervención terapéutica fue llamarle imbécil de mierda.” Eso redujo la tensión de Sarah, y ambos sonreímos.

“Eso, ¡también! Realmente perdí el control.”

“Me reuniré con él mañana. Pero quiero que te serenes. Estoy disponible si necesitas alguien con quien hablar más tarde o en cualquier momento de la semana.”

Sarah me dio las gracias y me dijo que necesitaba tiempo para pensar sobre esto. Mientras salía de mi despacho pensé que incluso aunque decidiera hablar de sus asuntos con alguien más, intentaría reunirme con ella después, cuando se calmara, para ver si podíamos hacer de esto una experiencia de aprendizaje, también para ella. Tuvo que haber sido todo un infierno para ella haber pasado por esto, y lo sentí por ella, pero me pareció que se había equivocado al intentar hacerse una autoterapia “gratis” para ella misma en el grupo. Mejor, pensé, hubiera sido para ella haber trabajado sobre esto primero en su terapia personal y entonces, si aún decidía hablar sobre esto en el grupo, y eso era problemático, lo habría manejado mejor para todas las partes involucradas. Y pensé en toda mi experiencia de estos treinta años: ¿hasta dónde es lícito y correcto relatar a un paciente acontecimientos vitales de uno mismo que tienen que ver con el problema que se está planteando?. ¿No es arriesgar? ¿No es, en todo caso, hacerse autoterapia gratis? Yo lo he hecho un par de veces con resultados dispares. Sarah acaba de hacerlo y le ha salido el tiro por la culata… Nosolodoctor lo hace más que habitualmente… ¿Es aprendible para el paciente esa información?. ¿Lo desmitifica?. ¿Descentra al paciente?. ¿O todo lo contrario?, ¿le hace ver que su experiencia no es única y que le puede pasar a cualquiera, inclusive su propio terapeuta?

EL PERSONAJE ANTE TI…

Empecé a pensar en el tal Carlos… Recuerdo que pensé: “este tío es un gato con nueve vidas, pero ahora parece que está llegando el final de la novena”. De hecho, eso fue lo primero que me dijo el oncólogo que le había recomendado tratamiento psiquiátrico. Continuó explicando que Carlos sufría un extraño linfoma de crecimiento lento que le causaba más problemas por la gran cantidad que por su malignidad. Durante años el tumor había respondido bien al tratamiento pero ahora había invadido sus pulmones. A sus médicos se les acababan las opciones: le habían dado la máxima exposición a la radiación y habían agotado sus farmacopeas de agentes de quimioterapia. ¿Cuán honestos debían ser? Me preguntaron. Carlos no parecía escuchar. De hecho, Carlos estaba aislado. Aparte de su hijo y su hija, de diecisiete años, gemelos dicigóticos, que vivían con su ex mujer en Sudamérica, Carlos, que contaba treinta y nueve años, se encontró a sí mismo virtualmente solo en el mundo. Había crecido, como hijo único, en Argentina. Su madre murió en el parto, y veinte años atrás su padre sucumbió al mismo tipo de linfoma que ahora intentaba matarlo a él. Nunca había tenido un amigo. “¿Quién los necesita?” Me dijo una vez.Nunca he conocido a nadie que no te cortaría en pedazos por un dólar, un trabajo o un coño.” Me soltó una vez….

Había estado casado sólo brevemente y no había tenido ninguna otra relación significante con mujeres. “¡Tienes que estar loco para follarte a una mujer más de una vez!” Su meta en la vida, me dijo una vez sin ningún tipo de pudor o timidez, era tirarse a tantas mujeres diferentes como pudiera…

No, en mi primer encuentro pude encontrar pocas cosas atractivas sobre el personaje de Carlos, en mi opinión un eneatipo 8, que obviamente estaba deprimido, y con razón, y que hablaba amarga y cansadamente de sus diez años de experiencia con el cáncer. Su linfoma, decía, le estaba matando por etapas. Ya había matado casi todo en él, su energía, su fuerza, y su libertad (tenía que vivir cerca del Hospital de Stanford, en permanente exilio cultural, lejos de sus amigos de habla hispana…) Y lo más importante, había matado su vida social, que para él suponía, su vida sexual: mientras estaba en quimioterapia, era impotente, cuando acabó el tratamiento de quimioterapia, y su apetito sexual empezaba a fluir, no pudo hacerlo con ninguna mujer debido a su calvicie. Incluso cuando su pelo volvió a crecer, unas semanas después de la quimioterapia, dijo que aún no pudo mojar: ninguna prostituta le recibiría porque se pensaban que sus evidentes nódulos linfáticos eran por el SIDA. Su vida sexual ahora había quedado reducida completamente a masturbarse mientras veía cintas de video de sadomasoquismo alquiladas.

La idea de placer proveniente del contacto humano cercano (no sexual) le parecía extraño. Había una excepción, sus hijos, y cuando Carlos habló de ellos, emergió una emoción real, una emoción a la que me pude unir. Me impresionaba la apariencia de su frágil cuerpo suspirando con sollozos mientras describía su miedo a que ellos, también, le abandonaran, que su madre finalmente saliese victoriosa al envenenarles contra él, o que su cáncer les repeliera y le dieran la espalda.

“¿En qué te puedo ayudar, Carlos?”

“Si quiere ayudarme, ¡entonces enséñeme a odiar a los armadillos!

Por un momento Carlos disfrutó de mi perplejidad, y entonces procedió a explicarme que había estado trabajando con imágenes visuales,  una forma de auto-cura que prueban muchos pacientes de cáncer. Salama también lo usa mucho. Esta práctica está basada en los estudios de Stephanie Simonton. Consiste en visualizaciones metafóricas de lo que le está ocurriendo en su cuerpo bajo un estado de trance al más puro estilo Ericksoniano. En su caso su metáfora visual para sus nodos linfáticos cancerosos era un armadillo recubierto de huesos. Por tanto, en sus sesiones de meditación, visualizaba osos y cerdos que se suponían que era el ejército de las defensas a través de la quimio atacando a los armadillos. El problema era que no conseguía que sus osos y sus cerdos fueran lo suficientemente maliciosos para rasgar y destrozar a los armadillos.

Pese al horror de su cáncer y a su estrechez de espíritu, me atraía Carlos. Quizás era generosidad que fluía de mi alivio de que era él, y no yo, quien se estaba muriendo. Quizás era su amor por sus hijos o la quejumbrosa forma en que agarró mi mano con las suyas mientras salía de mi despacho. Quizás era la extravagancia de su petición: “enséñeme a odiar a los armadillos. Lo cierto es que “conecté con él”.

Por tanto, mientras consideraba si podía tratarle me persuadí a mí mismo de que era más un asocial que un malvado antisocial. Y que muchas de sus formas y creencias eran flexibles y abiertas a ser modificadas. Por supuesto, su aislamiento dependía de él, pero ¿iba yo a poder ayudarle a reconocer o cambiar eso?. ¿Ahora?. Frente a la muerte, estas consideraciones parecían inmateriales. ¿O no?. ¿Era posible que Carlos pudiera completar algo más “ambicioso” a lo largo de una terapia?. ¡No, no, no! ¿Qué sentido tiene hablar de un tratamiento “ambicioso” para alguien cuya vida puede ser, en el mejor de los casos, cuestión de meses?. ¿Hay alguien que quiera (¿quisiera yo mismo?) invertir tiempo y energía en un proyecto tan…. “evanescente”?.

YA EN FAENA: LA TERAPIA…

Carlos no tuvo problemas en acudir a terapia conmigo. Era una persona, como buen 8, que quería probarlo todo al menos una vez, y que nunca antes había hablado con un psiquiatra, ni con un terapeuta…, ni con un amigo… Le sugerí que nos reuniéramos seis veces y entonces evaluaría si el tratamiento me parecía provechoso. Para mi sorpresa, Carlos hizo un excelente uso de la terapia, y tras seis sesiones, acordamos seguir con el tratamiento. Venía a cada sesión con una lista de asuntos de los que quería hablar: sueños, problemas de trabajo… (era un exitoso analista financiero que había continuado trabajando a lo largo de su enfermedad). A veces hablaba sobre su malestar físico y su aversión a la quimioterapia, pero casi siempre hablaba de mujeres y sexo. En cada sesión describía todos sus encuentros de aquella semana con mujeres (a menudo no consistían en más que una mirada en la tienda de ultramarinos) obsesionándose con lo que podría haber hecho en cada caso de haber consumado una relación. Estaba tan preocupado con las mujeres que parecía olvidarse de que tenía un cáncer que estaba activamente infiltrándose en todas las células de su cuerpo. Pero su fijación con las mujeres había precedido mucho a su cáncer. Siempre había rondado a las mujeres y las había considerado en términos de alto contenido sexual con una pizquita de matices denigrantes. Así que el relato de Sarah sobre Carlos y el grupo, impactante como era, no me sorprendió. Sabía que era completamente capaz de semejante conducta grosera y peor.

Le había asignado un grupo seis semanas antes para proporcionarle una comunidad que le ayudara tanto a perforar su aislamiento como para que, al identificar e instarle a alterar parte de su conducta socialmente más objetable, ayudarle a crear conexiones en su vida social. Durante las primeras cinco semanas, había hecho un excelente uso del grupo pero, a menos que cambiara su conducta dramáticamente, que lo haría, yo estaba convencido, irreversiblemente se distanciaría de todos los miembros del grupo, ¡si no lo había hecho ya!

Nuestra siguiente sesión comenzó tranquilamente. Carlos ni siquiera mencionó el grupo pero, en cambio, quería hablar sobre Ruth, una mujer atractiva que acababa de conocer en una asociación de la iglesia. (Era miembro de media docena de iglesias porque creía que le proporcionarían oportunidades ideales de mejora). Había hablado brevemente con Ruth, quien luego se excusó porque se tenía que ir a casa. Carlos dijo adiós pero después empezó a convencerse de que había perdido una oportunidad de oro al no ofrecerle acompañarla hasta su coche, de hecho, se había persuadido a sí mismo de que había una posibilidad, quizás de un diez o un quince por ciento, de poder casarse con ella. Sus auto-recriminaciones por no haber actuado con más rapidez se sucedieron durante toda la semana e incluían ataques verbales y autolesiones. Se pellizcaba y se golpeaba la cabeza con la pared.

No seguí con sus sentimientos sobre Ruth (aunque eran tan patentemente irracionales que decidí volver a ella en algún punto) porque pensé que era urgente conversar sobre el grupo. Le dije que había hablado con Sarah sobre el encuentro. “¿Ibas a hablar, le pregunté, sobre el grupo hoy?”.

“No en particular, no es importante. De cualquier modo, voy a dejar ese grupo. Estoy demasiado avanzado para él.”

“¿Qué quieres decir?”

“Todos son deshonestos y hacen jueguecitos allí. Soy la única persona con suficiente coraje para decir la verdad. Los hombres son todos unos perdedores, si no, no estarían allí. Son unos imbéciles sin cojones, se sientan por ahí a lloriquear sin decir nada.”

“Dime lo que sucedió en el encuentro según tu punto de vista.”

“Sarah habló sobre la violación, ¿te lo dijo?”.

Asentí.

“Y Marta lo hizo, también. Esa Marta. Dios, esa es para ti. Es un lío, una auténtica loca. Tiene un rollo mental, va de tranquilizantes. En cualquier caso, ¿qué demonios estoy haciendo en un grupo con gente como ella? Pero, escúcheme. Lo importante es que hablaron sobre sus violaciones, ambas, y todos se quedaron sentados allí en silencio con la boca abierta. Al menos yo respondí. Les hice preguntas.”

“Sarah sugirió que algunas de tus preguntas no eran muy útiles…”

“Alguien tenía que hacer que hablaran. Además, siempre he sentido curiosidad por las violaciones. ¿Usted no? ¿Acaso todos los hombres no la sienten? ¿Sobre cómo se hace, sobre la experiencia de la víctima?

“Oh, vamos, Carlos, si eso es lo que buscabas podías haber leído un libro sobre eso. Había personas de verdad allí, no fuentes de información. Allí estaba sucediendo algo más.”

“Quizás sí, lo admito. Cuando empecé en el grupo, sus instrucciones fueron que debía ser honesto al expresar mis sentimientos con el grupo. Créame, lo juro, en el último encuentro fui la única persona honesta del grupo. Me excité, lo admito. Es una excitación fantástica pensar en tirarse a Sarah. Me encantaría tomar parte y tocarle esas tetas que tiene. No te he perdonado por evitar que quedara con ella.”

Cuando empezó con el grupo seis semanas atrás, me habló muchísimo sobre su obsesión con Sarah, o mejor dicho, con sus pechos, además él estaba convencido de que ella querría salir con él. Para ayudar a Carlos a que fuera integrado en el grupo, en las primeras sesiones le había dado una serie de pautas sobre conducta social adecuada. Le había persuadido, con dificultad, de que un acercamiento sexual con Sarah sería inútil e impropio.

“Además, no es ningún secreto que a los hombres les excita la violación. Vi a los otros hombres del grupo como me sonreían. ¡Mira el negocio del porno! ¿Ha echado alguna vez un buen vistazo a los libros y cintas de video sobre violación o sumisión? ¿Has visto el exitazo de la trilogía “sombras de Grey”? ¡Hágalo! ¡Vaya a visitar una tienda de porno en Tenderloin, será bueno para su formación. Imprimen esas cosas para alguien, debe haber un mercado ahí fuera. Le digo la verdad, si la violación fuera legal, yo lo haría de vez en cuando.”

Carlos se paró ahí y me sonrió condescendientemente, ¿o era más bien una mirada lasciva a modo de palmada en el brazo, una invitación subliminal a ocupar mi lugar junto a él en la hermandad de los violadores?”

Me quedé en silencio durante varios minutos intentando identificar mis opciones como terapéuta…, y como hombre: Era fácil estar de acuerdo con Sarah: , sonaba depravado. Por otra parte estaba convencido de que era parte de una fanfarronada, y que podría haber algo elevado detrás de toda esa coraza de lujuria. Me llamó la atención la coletilla de su última frase y decidí aferrarme a ella en plan terapéutico: “de vez en cuando.” Aquellas palabras, se añadían casi como un pensamiento posterior, parecían sugerir algún tipo de auto-consciencia o vergüenza… o límite.

“Carlos, tú estás orgulloso de tu honestidad con el grupo, pero ¿estabas realmente siendo honesto?. O ¿sólo parcialmente, o aparentemente honesto?. Es cierto, tú fuiste más abierto que los otros hombres del grupo. Sí, expresaste algunos de tus auténticos sentimientos sexuales. Y tienes alguna idea de cómo esos sentimientos están extendidos: el negocio del porno debe estar ofreciendo algo que atrae a los impulsos que tenemos todos los hombres. “¿Pero estás siendo completamente honesto?. ¿Qué hay de todos esos otros sentimientos que tienes dentro y que no has expresado? Permíteme opinar sobre algo: cuando dijiste “gran cosa” a Sarah y a Marta sobre sus violaciones, ¿es posible que estuvieras pensando en tu cáncer y en todo lo que tienes que enfrentar todo el tiempo? Es un infierno mucho más difícil de enfrentar algo que amenaza tu vida ahora mismo que algo que sucedió hace un año o dos. “Quizás te gustaría recibir algo de cariño por parte del grupo, pero ¿cómo puedes lograrlo si vienes tan tosco? Aún no has comentado que tienes cáncer.” Había estado instando a Carlos a que revelara al grupo que tenía cáncer, pero él dejaba el tiempo pasar: dijo que tenía miedo a que le tuvieran lástima, y no quería sabotear sus oportunidades sexuales con las mujeres del grupo.

Carlos me sonrió. “¡Buen intento, Doctor!. Tiene mucho sentido. Tiene buena cabeza. Pero seré honesto: el pensamiento de mi cáncer nunca entró en mi mente. Desde que dejamos la quimioterapia dos meses antes, a veces paso días sin pensar en el cáncer. Eso es condenadamente bueno, ¿verdad? , ¿olvidarlo, librarme de él, ser capaz de tener una vida normal por un rato?”

¡Buena pregunta! Pensé. ¿Era bueno olvidarlo? No estaba tan seguro. Durante los meses que había estado viendo a Carlos, había descubierto que podía trazar, con asombrosa precisión, el curso de su cáncer al anotar las cosas que él pensaba. Cuando su cáncer empeoraba y él se encontraba activamente enfrentándose a la muerte, reestructuraba sus prioridades de vida y se volvía más pensativo, compasivo y sabio. Cuando, por otro lado, remitía, tal cual lo dijo, su nabo le guiaba y se volvía visiblemente más grosero y superficial. Pensé que si podía encontrar una forma de mantenerle continuamente consciente de su muerte y de lo “clarificadores” que son los efectos de ésta, podría ayudarle a acometer cambios más importantes en la forma en que se relacionaba con la vida y con otra gente. Era evidente por la forma en la que me estaba hablando hoy, y hace un par de días en el grupo, que su cáncer estaba inactivo de nuevo, y que la muerte, con su sabiduría presente, estaba lejos de su mente.

Probé otra táctica.

“¿Recuerdas cómo enfaticé que cualquier cosa que ocurre en el grupo se puede usar para ayudarnos con la terapia?” Asintió.

Continué.

“¿Y que uno de los principios más importantes de los grupos virtuales o no (la terapia de grupo o el blog) es un mundo en miniatura que refleja la forma en la que hemos elegido vivir? ¿Recuerdas que dije que cada uno de nosotros establece en la dinámica grupal el mismo tipo de mundo social que tenemos en nuestra vida real?”

“Ahora, ¡mira lo que te está sucediendo dentro del grupo! Empezaste con un número de personas con las que podrías haber desarrollado relaciones cercanas. Pero ahora, después de sólo seis semanas, todos los miembros y al menos una de los co-terapeutas están profundamente enfadados contigo. Y lo has hecho tú. ¡Has hecho dentro del grupo lo que haces fuera del grupo! Quiero que me respondas con honestidad: ¿estás satisfecho? ¿Es eso lo que quieres de tus relaciones con los demás?”

“Doctor, entiendo completamente lo que me está diciendo, pero hay un error en su argumento. No me importan una mierda, ni una mierda, la gente del grupo. No son auténticos. Nunca me voy a unir con perdedores como esos. Su opinión no significa nada para mí. No quiero acercarme a ellos.”

Ya había visto a Carlos cerrarse en banda así otras veces.

“Escucho estos sentimientos y críticas, y sé que son de verdad. Pero, Carlos, intenta ponerles un paréntesis por un momento y mira si puedes tener contacto con alguien más. Tanto Sarah como Marta estaban pasando por un gran dolor. ¿Qué otros sentimientos tenías por ellas? No estoy hablando de sentimientos principales o predominantes, si no sobre otros destellos que has tenido.

“Sé tras lo que está. Usted está haciendo lo mejor por mí. Quiero ayudarle, pero me inventaría cosas. Usted está poniendo sentimientos en mi boca. Justo aquí, en este despacho, es el lugar en el que puedo decirle la verdad, y la verdad es que, más que nada, ¡lo que quiero hacer con aquellos dos coños del grupo es follármelas! Se lo dije de verdad, si la violación fuera legal, ¡lo haría! ¡Y sé por dónde empezaría!

Lo más probable es que se refería a Sarah, pero no pregunté. Lo último que deseaba era entrar en esa conversación con él. Nunca perdió una oportunidad de describirme en términos gráficos lo que le gustaría hacerle a Sarah, aunque consideraba que yo era un rival para ella. Sé que creía que la razón por la que le había disuadido previamente de invitar a salir a Sarah era que la quería para mí. Pero este tipo de interpretación sería totalmente inútil ahora: estaba muy cerrado y a la defensiva. Si iba a conseguir algo, tendría que usar algo más convincente. Me quedaba involucrar aquel estallido de emoción que había visto en nuestra primera sesión, la táctica parecía tan simplista que no podía haber predicho jamás el asombroso resultado que produciría.

“De acuerdo, Carlos, vamos a considerar esta sociedad ideal que estás imaginando y por la que abogas, esta sociedad de violación legal. Piensa ahora, por unos minutos, sobre tu hija. ¿Cómo sería para ella vivir en comunidad, estar disponible para una violación legal, un trozo de carne para cualquiera que estuviera cachondo y se arrancara a forzar a niñas de diecisiete años?

De repente Carlos dejó de sonreír. Se estremeció visiblemente y tan sólo dijo: “no me gustaría eso para ella.”

“¿Pero dónde encajaría, entonces, en este mundo que estás construyendo? ¿Encerrada en un convento? Tienes que construir un lugar donde ella pueda vivir: eso es lo que hacen los padres, construyen un mundo para sus hijos. Nunca te he preguntado antes ¿qué es lo que realmente quieres para ella?”

“Quiero que tenga una relación maravillosa con un hombre y que tenga una familia maravillosa.”

“Pero ¿cómo puede ocurrir eso si su padre aboga por un mundo de violaciones? Si tú quieres que ella viva en un mundo maravilloso, entonces depende de ti construir ese mundo, y debes empezar con tu propia conducta. No puedes estar fuera de tu propia ley, esa es la base de todo sistema ético.”

El tono de la sesión había cambiado. Ya no había competencia o crudeza. Nos pusimos mortalmente serios. Me sentí más como un filósofo o profesor de religión que como un terapeuta, pero sabía que este era el único camino posible. Y éstas eran cosas que debería haber dicho antes. A menudo él había bromeado sobre su propia inconsistencia. Recuerdo que una vez me contó con alegría una conversación en la mesa durante la cena con sus hijos (ellos le visitaban dos o tres veces al año) cuando le comunicó a su hija que querría conocer y aprobaría cualquier chico con el que saliera. “Y en cuanto a ti,” señalando a su hijo, “¡tírate a todas las que puedas!”

No había preguntas ahora que tenía su atención. Decidí aumentar mi influencia por triangulación, y enfoqué el mismo asunto desde otra dirección.

“Y, Carlos, algo más me viene a la mente justo ahora. ¿Recuerdas tu sueño del Honda verde de la semana pasada? Volvamos a él.”

Él disfrutaba trabajando con sueños y estaba muy encantado de emplearse en él, y al hacerlo, dejar la dolorosa conversación sobre su hija.

Carlos había soñado que iba a la agencia de alquiler a alquilar un coche, pero los únicos disponibles eran Honda Civic, su coche menos favorito. De entre los varios colores disponibles, escogió el rojo. Pero cuando salió al aparcamiento, el único coche disponible era verde, ¡su color menos favorito! El hecho más importante sobre un sueño es su emoción, y este sueño, pese a su contenido benigno, estaba lleno de terror: le había despertado y le inundó con ansiedad durante horas.

Hacía dos semanas que no habíamos conseguido avanzar con el sueño. Carlos, como le recordé, se salió por la tangente de las asociaciones con la identidad de la secretaria del alquiler de coches. Pero hoy vi el sueño con una luz diferente. Hace muchos años él había desarrollado una fuerte creencia en la reencarnación, una creencia que le ofrecía un bendito descanso de los miedos sobre la muerte. La metáfora que usó en una de nuestras primeras sesiones fue que morir era simplemente entregar tu cuerpo a cambio de otro, como cambiar un viejo coche. Le recordé ahora aquella metáfora.

“Supongamos, Carlos, que el sueño es más que un sueño sobre coches. Obviamente alquilar un coche no es una actividad que dé miedo, no es algo que se pueda convertir en una pesadilla y que te mantenga despierto toda la noche. Pienso que el sueño es sobre la muerte y una vida futura, y utiliza tu símbolo de comparar muerte y renacimiento con la compra-venta de coches. Si lo miramos de esta manera, podemos sacarle más sentido al poderoso miedo que el sueño transportaba. ¿Qué entiendes del hecho de que el único tipo de coche que podías conseguir era un Honda Civic verde?”

“Odio el verde y odio los Honda Civic. Mi próximo coche será un Maserati.”

“Pero si los coches en el sueño son símbolos de cuerpos, ¿por qué tú, en tu próxima vida, coges el cuerpo, o la vida, que más odias?”

Carlos no tenía otra opción más que responder. “Obtienes lo que mereces, dependiendo de la forma en la que has vivido tu vida presente. Puedes subir o bajar.”

Ahora se dio cuenta de a dónde estaba yendo la conversación, y empezó a sudar. El denso bosque de tosquedad y cinismo que le envolvían siempre había impactado y disuadido a los visitantes. Pero ahora era su turno de estar impresionado. Yo había invadido sus dos templos interiores: su amor por sus hijos y sus creencias sobre la reencarnación.

“Vamos, Carlos, esto es importante, aplica eso a ti mismo y a tu vida.”

Masticó cada palabra lentamente. “El sueño diría que no estoy viviendo bien.”

“Estoy de acuerdo, pienso que es lo que el sueño está diciendo. Di algo más sobre tus pensamientos sobre vivir bien.”

Iba a pontificar sobre lo que constituye una buena vida en cualquier sistema religioso: amor, generosidad, cuidado, pensamientos nobles, búsqueda de lo bueno, caridad, pero nada de eso era necesario. Carlos me permitió saber que yo había dado en el clavo: dijo que se estaba mareando. Quería tiempo para pensar sobre ello durante la semana.

Se acabó toda la bravuconería. Con voz tenue Carlos preguntó, “entonces, ¿dónde me deja esto?”

“Si lo que realmente necesitas ahora es cercanía, entonces es hora de dejar toda esa obsesión de encontrar una mujer como trozo-de-carne. He estado observando cómo te has machacado con esto durante meses. Creo que es hora de que te detengas en ti mismo. Acabas de terminar un difícil tratamiento de quimioterapia. Hace cuatro semanas no podías comer, o levantarte de la cama o dejar de vomitar. Has perdido mucho peso, estás recuperando las fuerzas. Ponte una meta razonable, puedes hacer esto igual que yo. Concéntrate en tener una buena conversación con una mujer…, intenta profundizar una amistad con la gente que ya conoces.”

Vislumbré una sonrisita detrás de su máscara….y “disparé”:

¿Y qué mejor lugar para empezar que en el grupo?”


EPÍLOGO: TODO EL MUNDO TIENE CORAZÓN

Carlos nunca fue ya la misma persona después de aquella sesión. Nuestra siguiente cita fue al día siguiente de su encuentro con el grupo. Inteligentemente había decidido escapar de la confrontación diciendo al grupo que tenía cáncer. Afirmaba, y, semanas después Sarah iba a corroborar esto, que su conducta había cambiado tan radicalmente que los compañeros ahora confiaban en su apoyo. Elogió nuestra última sesión. “La última fue sin duda nuestra mejor sesión. Ojalá pudiéramos tener siempre sesiones como esa. No recuerdo exactamente sobre qué hablamos, pero me ayudó a cambiar mucho.”

La mejoría de Carlos creció exponencialmente. Dos semanas después, comenzó nuestra sesión anunciándome que había tenido, durante la semana, dos revelaciones importantes. Estaba tan orgulloso de las revelaciones que las había bautizado. A la primera, y que da título a esta entrada, la llamó: “Todo el mundo tiene corazón.” A la segunda la llamó: “Yo no soy mis zapatos.” Algún día, si encarta, hablaremos de esta.

Me explicó la de “Todo el mundo tiene corazón”.

“Durante el encuentro del grupo de la semana pasada, las tres mujeres estaban compartiendo muchos de sus sentimientos, sobre lo difícil que era estar solteras hoy día en la vida, sobre la soledad, sobre el lamento por sus padres, sobre pesadillas. No sé por qué, ¡pero de repente las vi de forma diferente! ¡Eran como yo! Estaban teniendo los mismos problemas que yo tenía. Antes siempre había imaginado a las mujeres sentadas en el Monte del Olimpo con una cola de hombres ante ellas y escogiéndolos, este para mi dormitorio, ¡este otro no! “Pero en aquel momento,” Carlos continuó, “tuve una visión de sus corazones desnudos. El muro de sus pechos se había desvanecido, se habían derretido dejando una cavidad cuadrada rojo-azulada con paredes de costillas, en el centro, un reluciente corazón marrón-rojizo latiendo. Durante toda la semana he estado viendo latir el corazón de tod@s. Y me he estado diciendo: “todo el mundo tiene un corazón, todo el mundo tiene un corazón.” He estado viendo el corazón de cada persona: un jorobado deformado que trabaja en la recepción, una señora mayor que limpia el suelo, ¡incluso mis compañeros de trabajo!”

El comentario de Carlos me dio tanta alegría que se me saltaron las lágrimas. Imagino que se dio cuenta pero me ahorró el bochorno, no hizo ningún comentario lo cual agradecí para mis adentros…

Aquella revelación de Carlos, la primera de muchas que iban a venir, fue un regalo para mí y mis alumnos. Esa revelación ilustraba la diferencia entre lo que uno puede obtener de la terapia de grupo, con el objetivo de la comunión entre terapia individual y la terapia grupal. En los pocos meses que le quedaban de vida, Carlos eligió continuar dando. Organizó un grupo de auto-terapia para enfermos de cáncer (no sin algunos comentarios graciosos por ser su “última parada” en la mejora en grupo) y también era el líder de algunos grupos de técnicas interpersonales en una de sus iglesias. Sarah, ahora una de sus grandes defensoras, fue invitada a dar una charla en uno de sus grupos y dio fe de su liderazgo responsable y competente. Pero, sobre todo, dio a sus hijos, que percibieron el cambio en él y eligieron vivir con él y se matricularon durante un semestre en una facultad cercana, fue un padre maravillosamente generoso y alentador.

Siempre he sentido que la forma en que uno enfrenta la muerte es en gran parte determinado por el modelo que establecen nuestros padres. El último regalo que los padres pueden dar a sus hijos es enseñarles, a través del ejemplo, cómo enfrentar la muerte con ecuanimidad, y Carlos dio una extraordinaria lección en gracia. Su muerte no fue oscura, atenuada o conspiradora. Hasta el minuto último de su vida, él y sus hijos fueron honestos entre ellos sobre su enfermedad y se reían juntos por la forma en que resoplaba, ponía bizcos los ojos, o arrugaba los labios cuando se refería a su linfooooooooooooooma.”

Pero nos dio un regalo mayor que el que me ofreció a mí, poco antes de morir, y fue el regalo que responde de una vez por todas a la pregunta de si es racional o apropiado esforzarse por una terapia “ambiciosa” para enfermos terminales. Cuando le visité en el hospital estaba tan débil que apenas se podía mover, pero levantó su cabeza, apretó mi mano y susurró, “Gracias. Gracias por salvarme la vida.”

Nosolonavegante, cambiamos de tema el día 28 de febrero.

Certificado de calidad.

24 septiembre, 2011

http://www.youtube.com/watch?v=7yjxwo1Wurw&NR=1

“El hombre de al lado” es la historia  de un Arquitecto y su familia, los cuales  viven en una casa espectacular diseñada por Le Corbusier. Charles Édouard Jeanneret-Gris, conocido como Le Corbusier, fue  un  arquitecto, diseñador y pintor suizo. Es considerado uno de los más claros exponentes del Movimiento Moderno en la arquitectura (junto con Frank Lloyd Wright, Walter Gropius, Alvar Aalto y Ludwig Mies van der Rohe), y uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX.

La esposa del protagonista es profesora de yoga, bastante fría, calculadora e irritable…  Y sobre todo, no admite que un vecino abra una pequeña ventanita  en su casa pues invadiría su intimidad y rompería la armonía de líneas de su impresionante hogar,  aunque el vecino les haya  explicado que sería solo para recibir “el rayito de sol que a ellos les sobra”. Todo sobre la película en: El hombre de al lado

Casa Curutchet, la única obra de Le Corbusier en Latino América. Vía:Wikipedia.

Muchas veces deseamos hacer realidad sueños, como tener un rayito que a otros le sobra y no lo alcanzamos  pues parecen que son sueños que encuentran su techo de cristal en una especie de sensación de que no nos lo merecemos  en el fondo…  Pero si llevas pensando que algo no te lo mereces desde hace tiempo, solo falta que rompas  ese “techo de cristal” incluyendo a los demás en tu sueño o deseo, aspirando a que los beneficiados sean los otros…

Hablemos de Víctor, el tipo que sueña con tener una ventanita en su pequeña casa. Él  es un ser libre,  comunicativo, sociable y que no le teme al otro. Logra reconocer, sin embargo,  a Leonardo (el dueño de la casa de diseño) como alguien superior a él en cuanto a los logros sociales y económicos alcanzados y además, percibe que Leonardo no se permite conectarse con un ser socialmente opuesto, impensado desde la diferencia de clase y, si quiere, hasta temido.

Sin embargo, a partir de la ventana, comenzarán a intercambiarse el rol de observador-observado. Una conexión que irá in crescendo hasta que Leonardo abre su ventana interior y “comienza a observarse a si mismo”… ¿Víctor  pretendía abrir una ventana en la pared o en la conciencia del vecino? ¿Deseaba para él algo o su objetivo incluía hacer que su vecino iniciara el autoanálisis?

Si no se siente conexión con el dolor ajeno, en este caso con  la necesidad de recibir un poquito de luz por una minúscula ventana de un vecino,  por ende,  conectar con los demás de forma humana es imposible.  La evolución personal se estancará, nos quedamos en el estadio animal: “lo mejor para mi”.  Sentir ese dolor es una especie de “certificado de calidad humana”. Un salvoconducto para empezar a ver el escenario de la vida con “todo detalle” para actuar correctamente.

¿Podemos madurar hasta el punto de cosechar la semilla que encienda la posibilidad de ponernos en lugar del otro?,  ¿ya lo estamos haciendo al colaborar o participar en este blog? ¿Podemos madurar hasta conseguir que nuestras acciones estén dirigidas exclusivamente por la idea de despertar a otros?

El grupo Radiohead y su canción “Girl, make your own mind up” (Chica, haz que tu mente despierte) hace su parte y contribuye a su manera para abrir una ventana más.

http://www.youtube.com/watch?v=0tCZpHOIuJc

Si deseas participar en este blog hay muchas maneras de hacerlo… ponte en contacto con nosotros en: nosolodoctorylac@gmail.com

Campamentos infantiles: ¿y mañana qué?

28 agosto, 2011

Dedicado a Pepe Trueno, excelente marido.

Entra y descubre...

Ayer no pude evitar llorar con una paciente. Su hija de 8 años sufrió hace tres años una leucemia y tras muchos sufrimientos consiguió ser dada de alta del Hospital Materno Infantil.

Lo malo viene ahora: llamó urgente porque se encontraba “muy mal”. Cuando hablé con ella me contó la razón.

Los padres que  conocieron en aquel duro trance  y de los que se hicieron amigos  solidarios,  los unos de los otros, en su sufrimiento y preocupaciones por el…: ¿y mañana qué?, ahora  seguían aún sufriendo.

Uno de los niños (de tan solo 5 años…), de esos padres, ha recaído gravemente y la ciencia ha recurrido como ultima opción a una terapia “experimental”. Como “ultima opción”.

Cada vez que este paciente habla con la madre de este peque no puede refrenar un torrente de lagrimas “en chorro de vapor”,  sintiéndose “culpable” de que su hija “permanezca” sana.

No le contesté como mçedico,  sino como humano. Le dije: si lloro yo al escuchar la historia… ¿No crees que tienes más derecho tu a llorar? Le expliqué que eso se llama “conexión con el dolor ajeno”, y le expliqué también que desgraciadamente “gracias a la experiencia con su hija” ella es capaz de “entender” y “sentir” el dolor de la “madre ajena”.

Solidaridad en el dolor. Si esto lo aplicásemos a todas las aéreas de la vida,  de seguro que el mundo de hoy sería sensiblemente mejor.

Hablando de otra cosa después,  ya más calmados (ambos),   me comentó que la niña en cuestión iba a pasar quince días en un campamento infantil especial en Inglaterra en el Castillo de Paul Newman. La asociación de cáncer infantil  a través de un proyecto llamado “Avoid”,  en el que están implicados muchos Nosolofamosos, ofrecen  lo que se llama “un respiro familiar”.

Para ello  el niño enfermo y sus hermanos sanos disfrutan en un castillo  que el jefe de los “nosolofamosos”,   un tal “Paul Newman”,  tiene habilitado exclusivamente para estos niños durante todo el año…,  con la condición de que los enfermos “viajen solos” y luego sus hermanos sanos viajen al día siguiente.

Allí los niños enfermos montan a caballo y hacen todas las actividades infantiles imaginables y, singularmente, ninguna de ella se para para  realizar la terapia que sea, es decir,  que si un niño está aprendiendo a “montar a caballo”,  o hacen “carrera de saco” y le “toca” la quimio,  un monitor va al sitio de juego y se lo administra,  y después el niño sigue jugando. La vida, allí,  no se detiene: hermanos, niños  enfermos y sanos,  viven en casa del “tito Paul”,  otro miembro del club AHB (“Algunos hombres buenos”).

Así que vamos a interesarnos un poco por Mr. Wonderfull “Paul”,  fallecido un mes de septiembre,  como el que vamos a estrenar,  pero del año 2008.

De madre húngara y católica y de padre judío alemán, desde su juventud, el tito Paul “Newman” (curiosamente “nuevo Hombre”), se caracterizó por obtener una formación importante, no sólo en el área de la interpretación.

La universidad fue algo que le atrajo desde muy temprano. Estudió Economía en el Kenyon College, de Ohio. Como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, sirvió como marino en la Armada y, finalizada la contienda, estudió Arte Dramático en Yale. Pasó también por el Actor’s Studio, donde fue uno de los estudiantes más brillantes de su generación, entre los que se encontraban algunos que luego alcanzarían un especial renombre, como James Dean o Marlon Brando.

Los inicios de NosoloPaul fueron teatrales, donde logró alcanzar un gran éxito y ponerse en situación de dar el paso al cine. Tras aparecer en algunos programas de televisión, intervino en “El cáliz de plata” (1954), de Victor Saville, debut poco afortunado, pues la película no consiguió ningún tipo de reconocimiento.

Dos años después, sin embargo, se produjo el ascenso a la fama  con un trabajo que le situó en primera línea de los jóvenes actores de aquel momento. Robert Wise, le dio el papel principal de “Marcado por el odio” (1956),  pensado en un primer momento para James Dean, con el que se metió en la piel del boxeador Rocky Graziano. A continuación se sucedieron una serie de excelentes actuaciones, que le confirmaron como un actor de muchísima valía. Pueden mencionarse, entre otros, su trabajo en “El zurdo” (1958), de Arthur Penn, en el que representaba al legendario pistolero del Oeste, “Billy el Niño”. Ese mismo año, volvió a obtener otro gran éxito, al encarnar al joven marido de “La gata sobre el tejado de zinc” (1958), de Richard Brooks, una adaptación de la obra de Tennesse Williams. Volvió a acertar de nuevo con su interpretación en “La ciudad frente a mí” (1959), de Vincent Sherman, esta vez como joven estudiante que se abría paso en el mundo de la abogacía y que mantenía diferentes relaciones amorosas. Fue una de las cintas que comenzaron a darle mayor popularidad fuera de Estados Unidos. A comienzos de los sesenta, colaboró en dos películas que, por diferentes causas, tuvieron una excelente acogida. Una fue “Exodo” (1960), de Otto Preminger, versión cinematográfica de la voluminosa novela, que el especialista en Best-Sellers,  Leon Uris realizó. Su otro importante trabajo de inicios de la década, fue “El buscavidas” (1961), de Robert Rossen.

Cuando el actor estuvo plenamente situado, sus siguientes trabajos estuvieron por debajo de lo que se podía esperar de él. Algunos de sus fracasos no sólo le competían como actor sino, también, como productor. Tal vez por ello comenzó una actividad como director, que empezó a finales de los sesenta y llegó hasta 1987.  En esta faceta realizó cinco películas, algunas de las cuales mostraban el deseo de hacer un cine “diferente”, donde las ideas y la tipología de los personajes dominaban sobre la acción y la anécdota. En alguna de ellas el protagonismo femenino correspondía a su esposa y único amor de su vida, Joanne Woodward.

A lo largo de los sesenta y en su faceta de actor, trabajó con directores como Alfred Hitchcock (Cortina rasgada, 1966), y obtuvo un importante éxito con “Dos hombre y un destino” (1969), de George Roy Hill, en la que participó como compañero de reparto Robert Redford, cuyo trabajo obtuvo una gran acogida. En los años ochenta su actividad se redujo, entre otras causas, porque dejó de lado los papeles de hombre joven y buscó interpretaciones más acordes con los años que tenía. Fueron los años en que aparecía en títulos desiguales, pero a veces importantes, como “Ausencia de malicia” (1981), de Sidney Pollack, “Veredicto final” (1982), de Sidney Lumet o “El color del dinero” (1986), con Martin Scorsese en la dirección, película que se concibe como una segunda parte de “El buscavidas”.  Este trabajo fue especialmente importante, pues con él consiguió el Oscar de la Academia, para el que había sido propuesto hasta seis veces, en 1994 recibiría uno honorífico, por el conjunto de su carrera y ser uno de los actores con más títulos a sus espaldas.

De gran atractivo físico y varonil, este hombre ha sabido ir más allá de ser una simple “cara bonita con ojos azules”, para demostrar profesionalidad, interés y preocupación por su entorno y mundo en el que vivió.

Ha sido probablemente uno de los precursores del concepto de anti-estrella y así lo demostró en 2002 cuando, a punto de cumplir los 78 años, regresó a los escenarios de Broadway, después de casi cuatro décadas de ausencia, con una nueva adaptación del clásico de Thornton Wilder, “Our Town”.

Al margen de su gran afición a las carreras de automóviles que le ha llevado a participar en carreras profesionales y a diversos tipos de negocios en los que, con la cobertura de su popularidad, ha procurado en ocasiones, que parte de las ganancias reviertan sobre colectivos necesitados,  también ha desempeñado cargos en las Naciones Unidas, aunque por poco tiempo.

Nunca permitió que sus obrar filantrópica como lo del proyecto Avoid se supiese. Esto me hace recordar la ultima película que vi de este “hombre bueno” cuyo título era “El escándalo Blaze”,  junto a la pelirroja Lolita Davidovich que tiene el dudoso mérito de haberme hecho dudar de mi… ¿espiritualidad? (ejem…).

La película se basa en un hecho real, pues trata  la historia de  un senador que se lía con una joven stripper que se hacía llamar “Blaze Star” (¿imaginan quién, verdad…?).

Ella era la joven reencarnación espiritual de “Gilda”.  Chica  provinciana que sale de su pueblo natal y cuya  madre le da un solo consejo para sobrevivir en la gran ciudad: “hija mía,  no confíes en nadie que te diga “confía en mi”,  y lo cumplió a pies juntillas,  aún a pesar de estar rodeada de tiburones que deseaban  hincarle el diente a semejante bombón,  hasta que se encontró  con este senador brusco, “populista” y verborréico,  que a la primera copa con Blaze,  le dijo mirándola a los ojos: “jamás , jamás, confíes en mi”. Y eso fue el detonante de su historia de amor.  El,  senador “católico”, en la America negra, profunda,  con sesenta y tantos años y, ella,  stripper  con diecinueve años,  pelirroja y bonita.

Vivieron su “presente”, y  él pagó el precio al no ser “reelegido” senador debido al “escándalo Blaze”. Para ellos siempre fue presente. Ella nunca confió en él,  por eso siempre se preguntaban cada día… “y mañana ¿qué?”

Bonita historia ¿verdad? Por eso,  le dije a la paciente del comienzo del relato de hoy: “Se necesita mucho valor para llamar a tu amiga solidaria, a la que solo estás unida por el dolor y hacerle ver que eres capaz de llorar con ella… Lo demás es “demagogia” y “eso” es el verdadero “escándalo” ¿no creen? ¡Dentro video!

El nombre del Amor en vano

17 junio, 2011

Por amor hay quien abandona sus sueños y convierte su vida en una pesadilla.

Por amor hay quien renuncia a expresarse tal cual y acaba con afonía crónica.

Por amor hay quien se coloca una venda que le ayude a ignorar, pero que acaba subrayando lo que no quería ver.

Por amor hay quien se rasga las vestiduras renunciando a la magia sosegada de la sutileza.

Por amor hay quien se cree merecedor de todo derecho y guarda muy bien las obligaciones, tanto que se olvida de que las tiene.

Por amor hay quien se compromete para toda la vida con quien le gustaría, en lugar de hacerlo con quien tiene delante.

Por amor hay quien desprecia lo diferente sin darse cuenta de que es precisamente lo único que puede aportarle lo que necesita para enriquecerse.

Por amor hay quien lucha contra lo injusto en vez de defender la justicia.

Por amor hay quien bebe los vientos hasta embriagarse y al día siguiente se lamenta de la resaca.

Por amor hay quien comete locuras políticamente correctas para sentirse cuerdo aunque sólo sea por un instante.

Por amor hay quien promete la Luna y luego le cuesta entregar su perdón.

Por amor hay quien regala magestuosas extravagancias pero se niega a dar lo básico.

Por amor hay quien se olvida de recibir y acaba vacío.

Por amor hay quien se deleita viendo besos de película y cuando cae la noche, se da cuenta de que ha pasado un nuevo día sin que sus labios hayan rozado otros labios u otra piel.

Por amor hay quien se olvida de sentir y se dedica a padecer.

Por amor hay quien aconseja sin que le pidan su opinión y que hace oídos sordos cuando se le reclama.

Por amor hay quien se olvida de que hay que hacer borrón y cuenta nueva para aligerar el peso del mundo sobre nuestras espaldas.

Por amor hay quien parte, reparte y se lleva la peor parte, para luego acabar mendigando las migajas.

Por amor hay quien se embarca en una nube aún a sabiendas de que tarde o temprano acabará precipitando entre truenos y relámpagos.

Por amor hay quien lo arriesga todo sin apostar por sí mismo.

Por amor hay quien ve normal caminar haciendo el pino, y se rie de quien anda sobre sus pies y utiliza sus manos para construir un mundo mejor.

Por amor hay quien guarda, acumula y reserva esperando una ocasión que nunca llega.

Por amor hay quien admira el arcoíris pero jamás se acercó a buscar la olla de oro que hay en su extremo.

Por amor hay quien prefiere aborrecer a echar de menos y quien prefiere echar de menos antes que atreverse a disfrutar.

En definitiva y como decíamos ayer, por amor hay quien vive en la oscuridad aún a pesar de que posee una fuente de luz grandiosa.

Tener amor y no vivirlo, sentirlo, expresarlo o manifestarlo, es poseer un potencial y no darle uso, es igual que no tener nada, es dormir en el suelo teniendo cama, es “ir pa ná”, es tener en frente las puertas del cielo de par en par y desperdiciar la invitación; eso es atrofiar el amor.

Hay una película (que no recomiendo a los más sensibles ya que, más que al cine negro, pertenece al nigérrimo) que nos muestra a alguien que ha perdido toda capacidad de empatía. El protagonista no distingue el bien del mal, el amor del odio, el placer del dolor, la cortesía de la crueldad… Se trata de El demonio bajo la piel, la adaptación cinematográfica que el director Michael Winterbottom realizó de la novela El asesino dentro de mí de Jim Thompson.

Tenemos abierto un saco donde tienen cabida tus dudas, tus inquietudes, tus reflexiones… nosolodoctorylac@gmail.com



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