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De pájaros y peces: final alternativo

13 julio, 2012

Que a veces nos empeñamos en cosas (no diré imposibles pero sí) muy improbables, ya nos lo demostró Contrapunto con la entrada del gato y la botella… Ese mismo día ponían en un canal de televisión una versión de La Cenicienta titulada Por siempre jamás. Lo que más me sorprendió no fue que la protagonista proclamase su pasión por Utopía de Tomás Moro o que el Hada Madrina fuese Leonardo da Vinci… sino el argumento que esgrime ella para rechazar una relación amorosa con el príncipe:

“Un pájaro puede amar a un pez, pero ¿dónde vivirían?”

Los seguidores de Buscando a Nemo podrían decirme que el el pez podría vivir en la boca del ave, pero ¿por cuánto tiempo aguantaría el pez tan aislado y el pájaro con semejante carga?

Veo comprensible que un pájaro observe un pez y admire el rico caldo vital en el que se desenvuelve con soltura de acá para allá, codeándose con las más ancestrales criaturas, como se alimenta de la propia cuna de la vida; que se deslumbre con el brillo que las escamas confieren a los colores que lo visten; que considere exótico y novedoso cuanto hace ese escurridizo animal. Y viceversa… entiendo que un pez mire hacia arriba y se quede anonadado ante la majestuosidad de quien puede surcar los cielos y darle sentido a la libertad; que desee acariciar el suave y cálido plumaje que lo cubre y se fascine con la posibilidad de compartir un instante…

Pero si el pájaro pasa bajo el agua más tiempo de la cuenta… morirá. Y lo mismo le ocurriría al pez si la abandonase…

Que conste que yo soy una defensora a ultranza del amor… pero aunque no van por ahí los tiros de esta entrada, al igual que el amor o en este caso el enamoramiento o la fascinación no es suficiente para hacer viable una relación, las  intenciones, anhelos y deseos,  si van solos, se quedan cortos y no bastan para mantener cualquier causa, proyecto o empresa. Además de esa fuerza motora e inspiradora, siempre tenemos que poner de nuestra parte y a veces ni siquiera eso garantiza el éxito… entendiendo éxito como consumación del objeto de deseo. Al igual que el pajáro y el pez pueden seguir profesándose admiración mutua sin morir en el intento tratando de vivir juntos y revueltos, muchas causas perdidas no serían tales si se les diese una salida que no necesitase tanto calzador, algo más fluido…

Igual, si nos replanteamos el concepto de éxito y lo acercamos más a la idea de milagro… entonces todo cobre un poco más de sentido: éxito/milagro no es cuando ocurre lo que esperamos/deseamos (Dios hace lo que se nos “antoja”) cargados de expectativas, sino cuando obramos conforme a lo que está para nosotros (hacemos lo que Dios desearía que hiciésemos); cuando fluimos es cuando encajan las cosas.

¿Y cómo ponemos de nuestra parte (esfuerzo, empeño) y a la vez dejamos que sea lo que tenga que ser? No renunciando a lo que se es ni a lo que se tiene, sino aceptándonos tal cual y potenciando lo mejor de nosotros para que, cuando llegue la hora de que todo encaje en su sitio (y no en el sitio con el que fantaseamos), lo haga sin fricciones innecesarias.

Casi siempre, lo inesperado goza de una satisfacción más intensa que aquello que forzamos. ¿O no nos alegró y alivió a todos no tener que meter al lindo gatito en la botella? Todo apuntaba a que había que hacer sufrir al pobre animal pero ¿por qué? Eso es trascender… no quedarse en lo aparentemente predecible.

Me sorprendo a mí misma recurriendo a comedias románticas como apoyo audiovisual… pero este es un ejemplo que habla por sí sólo. Mientras dormías nos cuenta la historia de una empleada de metro que cada día observa embobada al hombre de sus sueños. Un día éste sufre un accidente y ella lo ayuda y acude con él al hospital y lo acompaña mientras está en coma. Cuando llega la familia todos creen que es su prometida y ella no deshace el engaño. Así comienza a entablar contacto con ellos y en especial con su “supuesto” cuñado, con quien se da cuenta de que es bastante más que compatible. Cuando él despierta lo hace con algunas lagunas de memoria y acaba por aceptar que aquella chica es su prometida, así que hay que casarse, pero…

El pez puede abrirle todo un mundo al pájaro y viceversa, no tienen por qué sacrificarse en valde, sólo buscar un final alternativo…



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