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1. No seas buena persona, mejor sé un Ser Humano…

25 enero, 2019

De 50 sombras de enGreydos

Si has conseguido quitar todas las mantas que ocultaban todas las luces que simulaban oscuridad hasta llegar aquí, es que te has dado cuenta de algunas cosas. Como por ejemplo: lo solos que estamos, la importancia del entorno que nos rodea, lo mucho que nos traicionamos a nosotros mismos etc….Y lo mucho que nos prostituimos.

Este es un gran secreto acerca de la diferencia entre el materialismo y lo que no lo es. La diferencia estriba en el concepto de prostitución que va mucho más allá del aspecto sexual. Según los diccionarios actuales, “prostituir” significa hacer de algo o alguien un uso o cargo de forma deshonrosa o hacer un uso deshonroso (restarle valor intrínseco) a una cualidad, facultad, entidad o persona.

A diferencia de lo material, en materia de espiritualidad solo cabe darle a cada cosa su valor, o trascenderlo y elevarlo, todo lo contrario de lo que ocurre  en el materialismo, donde se eleva lo que no debe ser elevado, y/o prostituye lo que debería ser “valorado en su medida” (como la mujer, el descanso, la caridad, la ética, la Moral, el concepto de Dios, el sexo, el trabajo, el dinero, el ocio … ¿sigo? etc….).

Es muy difícil  hacer coincidir a las personas en el valor de algo material pues depende de su dualidad, que es lo que llamamos “escala de prioridades”, mientras que la espiritualidad tiene un denominador común respecto a la colectividad. Todos coinciden en un determinado valor respecto a una referencia espiritual, porque ese “algo” espiritual se supone que es la fuente de alimentación que nutre lo material. Lo que no se ve alimenta lo que se ve.

En contra de lo que podría uno suponer, en la verdadera espiritualidad, no cabe el fanatismo, y lo que parece fanatismo en los materialistas no es más que la insatisfacción que genera alimentar el ego. Uno siempre quiere un poco más.

Sin embargo, la espiritualidad supone contemplar, y la contemplación solo necesita apenas un minuto de elevación. Para la verdadera espiritualidad la materia nunca ha sido enemiga del espíritu, sino solo su expresión y vehículo para trascender…. Y para perfeccionar lo imperfecto sin importar la individualidad.

Siempre hay un momento en nuestras vidas en el que uno reconoce que ha sido engañado por la realidad aparente. Lo superfluo que incorporamos para ser aceptados, queridos, valorados o empoderados, y que finalmente  termina confundiéndonos al punto de llegar a  olvidamos de nuestra verdadera esencia. Así ha sido.

Habría que reconocer que le hemos dado más al intelecto (que también es Materia) de lo que él nos ha dado a nosotros, y es en esos momentos que uno habla de verdadera crisis existencial o noche oscura del alma que no todo el mundo tiene el privilegio de vivir cuando nos da…

¿Sabíais que en el teatro griego ‘persona’ (πρόσωπον) se refería a la máscara que llevaba el actor, pues en aquel entonces no existían ni vestuarios ni atrezos? Bastaba con cambiar de “persona” para indicarle al espectador que el aquel personaje había cambiado de registro. Es decir, según el personaje al que representaban, los actores llevaban una máscara u otra, con diferentes peinados, maquillaje, etc. Y sorprende que un concepto tan validado para tener “personalidad” jurídica en nuestro mundo tenga un origen (una fuente, un espíritu) tan falso, tan ambiguo y tan relativo como el de una máscara, que precisamente oculta nuestro verdadero ser… Humano. Y no es que podamos decir que nuestra vida hoy día siga siendo una especie de teatro griego, con cada vez más luces, pero inevitablemente más sombras.

Del mismo modo que cuando vamos caminando y alguien que lleva una taza de café choca con nosotros y nos hecha el café encima, nosotros derramamos lo que llevamos cuando nos chocamos o nos rozamos o nos apegados con algo o alguien. Derramaremos lo que llevemos; si llevamos café, mancharemos de café, si llevamos paz, contaminaremos de paz al otro, si es rencor…. Lo importante no es pues con quien chocamos o porque chocamos, sino lo que llevamos en la taza. Nosotros somos una enorme taza andante con una mente y un “vestido” que movemos para andar por esta casa. Somos un recipiente relleno de una esencia y muchas veces más allá de pensar lo justo o injusto  que fulanit@ se haya cruzado en nuestras vidas, y el destrozo que ha hecho, quizás podríamos pensar en esa inteligencia superior que mueve los hilos que jugó, a que precisamente tu derramaras el contenido de tu taza sobre tu agresor. De seguro que quizás le sanates algo… a cambio de nada.  Y ¿qué?

Uno debería de pensar si quiere considerarse un “Ser Humano” y que hacer bien a alguien que quiere no tiene apenas mérito. Faltaría más. Sin embargo, sonreír a alguien que te ha perjudicado consciente o inconscientemente es ir contra la lógica que es lo mismo que decir, ir en contra del intelecto, de la razón, porque el Alma juega a otra cosa. Nuestra verdadera escencia es nuestro pensamiento.

El sentimiento es relativo y cambia con mucha facilidad. Donde ayer amábamos hoy odiamos, aquello que nos hacía vibrar , hoy ya no lo hace etc…

La secuencia representativa de los mundos es pensamiento, sentimiento, lo que decimos y lo que hacemos…. ¿Cuántas veces hacemos algo que no habíamos dicho o que no pensamos?. Las personas son las que dicen y hacen en función de la máscara que llevan en una determinada función teatral que por supuesto puede cambiar (o no), pero el Ser Humano es aquella entidad inteligente que es consciente de que no es más que una enorme taza con el mejor continente posible según su naturaleza, circunstancias, entorno y capacidad de observación…

SER HUMANO

Publiée par María José Coronado Luque sur Vendredi 25 janvier 2019

 

 

 

La libertad es una cometa.

23 julio, 2011

Martín Fierro es el eje central del libro de poemas llamado «El  Gaucho Martín Fierro» y «La vuelta de Martín Fierro», ambos  escritos por José Hernández  en el 1872 y 1879 respectivamente. La historia de Martín  ha sido traducida  a 70 idiomas y  es el libro nacional de los argentinos.

Víctor Ramil no es argentino pero  es un excelente  cantante y compositor, que recientemente ha dedicado algunas de sus composiciones al mencionado personaje de los poemas de José Hernández, cuya historia guarda una gran similitud  con la de  muchos otros hombres y mujeres… de todos los tiempos.

Martín Fierro representa al campesino o gaucho que fue obligado a reclutarse para ir a la guerra de la Independencia y enfrentarse con los «indios»,  y que después, en la frontera,  se vio forzado a matar a un moreno, hecho que le sumió en tal tristeza, que  le hizo refugiarse en el  bando contrario y vivir con el enemigo, los indios.

En una especie de picado histórico, nuestro cantante, Víctor Ramil,  cuenta y canta  la historia del «moreno» que cayó muerto a manos de Martín Fierro: descendiente de esclavos africanos, esclavos que fueron vendidos por los ingleses y holandeses en la plaza del mercado, liberado con el tiempo y bautizado como americano…, y al final,  reclutado en el regimiento número 6…

Escuchemos la  canción   «Milonga de los Morenos».

Estos versos cantados  nos  introducen en la historia de la esclavitud africana, pero también en todas las esclavitudes pasadas y presentes,  evidentes y soterradas.

Pero,  ¿cómo es posible que pueblos enteros hayan sido tratados como esclavos durante siglos, cómo hemos permitido que  miles, millares de personas no puedan  hacer acopio de fuerzas para cortar la cadena, que no cuerda,  que impide elevar su cometa hacia la  libertad?

Podemos llegar a comprender que alguien, en particular, no pueda ver durante años que está siendo presa de una pareja narcisista o un jefe manipulador por el desconocimiento de los mecanismos  de la naturaleza humana (Recibir antes que DAR)…, pero ¿cómo es posible que miles de personas durante generaciones se hayan doblegado ante otras?

En el siguiente vídeo puede que esté una de las respuestas…

Enfocar un fin común por el bien del grupo. Velar en parte  lo que nos hace diferentes de los otros  y ser uno con los demás (fusión-común unión) puede que sea una de las claves…

José Luis Sampedro dice  sobre la libertad  que  «es una cometa pues si no tiene cuerda no puede volar…» y concreta que la cuerda es la igualdad y la fraternidad.

Quizá cuando habla de  «igualdad» se trate de la que se consigue amainando o reduciendo nuestros talentos personales para marchar a la par del grupo y «fraternidad» la que se consigue haciendo encender la llama del amor en nuestros corazones por los demás,  a pesar de las diferencias…

Reducir nuestra valía ante el grupo y sentirnos hermanos es la receta de José Luís San Pedro.

¿Saben cuál es el manual  de los opresores,  según uno de los pensadores más relevantes  del siglo XX?.  Robar a las personas la capacidad de sufrir, robarles la última gota de vida del corazón, que es: sentir dolor.

Según el sociólogo y psicólogo Erich Fromn, sin capacidad de sufrir en las adversidades, ya no podemos reaccionar. El sufrimiento es el  garante  de que aún queda corazón, humanidad.

«…El sufrimiento provoca la rebelión; la rebelión provoca la emancipación de la esclavitud;  la emancipación de puede conducir eventualmente a la emancipación para una vida nueva sin idolatría. Pero dado que no hay un cambio milagroso en los corazones, cada generación solamente puede dar un paso. Los que han sufrido y desencadenado la revolución no pueden ir más allá de los limites que su pasado les señala. Sólo aquellos que no han nacido en la esclavitud (servidumbre y adoración a los ídolos) pueden arribar a la tierra prometida.» Y seréis como dioses  Edt.: Paidós, 2011.

¿Qué nos quiere decir su autor con estas palabras? ¿Es que sin corazón nunca podremos ser libres? ¿Es que ser libre es tener corazón? ¿Se mide la  humanidad por el tamaño de nuestro corazón o capacidad de amar? ¿Fuimos y somos esclavos porque no somos bastante humanos?¿Siginifica que ser semejantes a Dios es en realidad ser semejantes a un ser humano de verdad?

En «Ay Amor», Caetano Veloso pide a su amada que si se lleva su alma, que por favor, también se lleve el sufrimiento… y su vida,  ¿puede ser que NO supiera  que cuando alguien se queda sin alma ya no puede sentir   dolor, ya no siente abosolutamente nada, ya no tiene corazón?.

Que la Luz de la fuerza te ayude a hacer crecer tu corazón.

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Tanto monta, monta tanto… ¿la cuestión es montar?

8 abril, 2011

Lo complejo de Dios, que no es lo mismo que el complejo de Dios, nos enfatiza la importancia de los pequeños detalles, evidenciando como una diminuta palabra marca la diferencia y nos hace comprender que un artículo realmente es determinante (unidad gramatical que limita o cuantifica)

Para explicaros de forma breve y sencilla cómo entiendo yo «el complejo de Dios», citaré una frase que le leí a Pascual Candel Palazón: sólo los necios confunden la carga de su estulticia con el peso de la responsabilidad.

Más allá de la relatividad, de que cada cual es un mundo y ve la vida desde un punto de vista concreto, reconocer o ser consciente de que existe algo más grande que uno mismo es una de las cosas que le aporta sentido a la propia vida, lo que nos motiva a seguir creciendo. Sin embargo, es fácil caer en la trampa de que se está en posesión absoluta de la verdad (la osadía de la ignorancia). Por suerte o por desgracia, no soy una persona lo que se dice discreta, sin embargo y aunque parezca contradictorio, la popularidad me intimida bastante. Veo a todas esas estrellas de la música, del cine, del deporte… sienten el cariño del público, todos escuchan lo que sea que tengan que decir, y desear se convierte en sinónimo de extender la mano y coger… es complicado mantener la humanidad cuando vives en un Panteón, cuando lo superior de todo cuanto alcanzas a ver eres tú mismo.

La lógica nos lleva al método científico y éste al «ver para creer«, lo que podría romper con lo que normalmente defiendo pero, a estas alturas, ya sabreis lo que me gusta darle la vuelta a las cosas; así que, en este sentido, es curioso como la Ciencia apuesta por un diseño inteligente del universo regido por unas leyes de las que no conocemos qué  o quién las ideó ni mucho menos su vigencia, tan sólo que hasta el momento y desde que tenemos constancia, ha sido así. Es decir, que cada vez que presiono el interruptor de la luz, me tomo un ibuprofeno, tiendo la ropa o simplemente abro los ojos tras un parpadeo, estoy viviendo un auténtico acto de fe en que la bombilla se encenderá, en que la bioquímica me calmará el dolor, en que el aire seguirá soplando y el sol continuará irradiando calor y en definitiva, en que las leyes «universales» de origen desconocido son y serán constantes, eternas, infinitas… Si sólo puedo creer lo que percibo, ¿cómo predecir que, efectivamente, todo seguirá como hasta ahora?

Las últimas teorías basadas en los nuevos hallazgos astrofísicos reconocen la constatación de «singularidades» que exigen un elemento ajeno al Universo. Leyendo al físico y folósofo jesuíta Robert J. Spitzer, comprendí las consecuencias metafísicas de los últimos descubrimientos: «según las pruebas científicas más recientes, el Universo no es infinito, sino finito, comenzó en un cierto punto (estimado aproximadamente hace unos 13 millones de años) y está en cosntante expansión. La complejidad del Universo se basa en un equilibrio increíblemente delicado de 17 constantes cosmológicas. Si cualquiera de ellas se modificara tan sólo una décima a la tetragésima potencia, estaríamos muertos y el Universo no sería lo que es«.

Existen varios modelos de Big Bang, pero todos y cada uno de ellos muestran lo que los científicos llaman una «singularidad«. Cada singularidad exige la existencia de un elemento externo al Universo. Incluso la Teoría cuántica (tal y como Roger Penrose corrigió a Stephen Hawking) confirma la existencia de estas singularidades. Es decir, aunque pueda sonar a argumento teológico, todas las explicaciones nos llevan a una fuerza que es previa e independiente al Universo, las conclusiones científicas también apuntan a la necesidad de un Creador fuera del espacio y del tiempo.

Me resulta curioso que los astrofísicos acaban de alcanzar conocimientos sobre los que los teólogos llevaban siglos asentados; de cualquier manera (recordando reflexiones del famoso padre Loring) «aunque la Ciencia es más lenta que la teología, ambas son de Dios y conllevan a la verdad«.

La otra cosa que da sentido a la vida y que nos libera de «el complejo de Dios«, a la vez que nos hace comprender «lo complejo de Dios«, es la humildad vista desde su perspectiva más grandiosa y desprendida. Una vez que hemos admitido la existencia de una Fuente, reconocer que todos portamos la luz que emana de ella. Cuando el azar o la casualidad no aportan ninguna explicación, sólo el hecho de vernos a todos como reyes y no como vasallos, otorga a cada cual el valor de haber sido creados a imagen y semejanza del Origen, libres para crear pero destinados a ejercer ese derecho universal si realmente queremos materializar la divinidad depositada en cada cual.

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