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Rebeca

1 julio, 2014

by Nosolodoctor & Nosoloángel


Existe un clásico entre los cinéfilos que tiene entre otras curiosidades la de ser  la primera película de Hitchcock  producida en EEUU, y que trata del matrimonio de alguien tras el fallecimiento de su esposa, Rebeca De Winter, quien fue dada por muerta y desaparecida en la costa.

Cuando el nuevo matrimonio se instala otra vez  en Manderley, tras el viaje de novios, la joven esposa empieza a darse cuenta de que la sombra de la anterior señora De Winter sigue presente en la casa, en su ama de llaves, Mrs. Danvers, y también en los pensamientos de su marido. Y es que hay gente que olvida muy pronto y otros, sin embargo, tardan toda una vida en hacerlo.

Pero…, mientras les introducimos en el film para cuando tengan tiempo, les contamos una historia que tiene de protagonista a otra Rebeca mucho más cercana.

Existe una canción de Maná titulada “El muelle de San Blas”, que cuenta una historia real muy similar a la de “Penélope”, cantada por Joan Manuel Serrat, precisamente estos días peinando google en busca de inspiración para el blog me enteré que el pasado mes de Noviembre falleció Rebeca Méndez Jiménez, la auténtica protagonista de aquella historia.

Nuestra Rebeca  tejía ropa para muñecas y elaboraba curiosidades artesanalmente, para después venderlas   en la plaza del pueblo donde vivía, también se dedicaba a trabajar en un restaurante y en las casas limpiando.

Rebeca  tenía 23 años en el 1971, fecha desde la que   esperó en el puerto el regreso de su novio, un joven que salió a pescar  en la playa del Borrego y que jamás regresó.

Según se dice, ese día, la tormenta tropical del Pacíficop llamada Priscilla  pudo ser la causante de que “un amor que fue la gloria” se perdiera y Rebeca, siendo casi adolescente, quedara trastornada.

Cuentan que “Manuel” se embarcó temprano a la pesca junto con otros hombres 3 días antes de su boda con Rebeca, y llegado el día de la boda al no regresar, la novia, al verse abandonada, vistió el ajuar de novia y  caminó por la playa El Borrego, donde esperó encontrar a su novio durante días con los atuendos del casamiento.

Un historiador popular cuenta que las personas se compadecían de ella y en las ramadas le ofrecían comida, sobre todo porque muchos de ellos también perdieron a alguno de sus familiares al paso de esa tormenta.

Ella se quedó sola pero su familia la buscó por las playas y vinieron a por ella. La mujer fue homenajeada por los pobladores de Puerto Vallarta, donde se convirtió en un símbolo por la espera de su amor. Fueron más de 41 años que esperó a su amado Manuel. Nunca más se supo de él y tampoco se encontró su cuerpo.

Con esa elegancia que da la entrega inocente dedicó el resto de sus días a vender  dulces a los turistas en el Muelle de San Blas.  Y  allí fue que el líder de Maná, Fher, la conoció en la década de los noventa, interesándose por su historia, convirtiendo la canción que le compuso en una de las  insignias de Maná.

Tras su muerte, el cuerpo de Rebeca fue incinerado y sus cenizas arrojadas al mar, para que se encuentre con su gran amor.

La Espera incondicional tiene muchos parangones en la música. Otra canción: “Maitexu”, cantada por Placido Domingo y también por Mocedades, habla de una joven que murió esperando el regreso de su amor.

Pero en esta ocasión  nos han pedido que utilcemos el blog como homenaje a Rebeca y esto hacemos, no sin antes encargar los deberes para estos  días… Contesta sinceramente: ¿qué crees tú que en tu inocencia habrías esperado toda una vida?

Mientras reflexionas acerca de la respuesta. Te ponemos el videoclip de Maná y la letra de la canción. Miles de lunas pasaron…

“El muelle de San Blas”

Sola en el olvido
sola con su espíritu
sola en el olvido
sola con su
espíritu.


Ella despidió a su amor
el partió en un barco
en el muelle de San Blás,
el juró que volvería
y empapada en llanto ella juró
que esperaría.
Miles de lunas pasaron
y siempre estaba en el muelle
esperando.
Muchas tardes se anidaron,
se anidaron en su pelo
y en sus labios.


Llevaba el mismo vestido
y por si él volviera
no se fuera a equivocar
Los cangrejos le mordían
su ropaje su tristeza
y su ilusión,
y el tiempo escurrió,
y sus ojos se le llenaron
de amaneceres,
y del mar se enamoró
y su cuerpo se enraizó
en el muelle…
Sola…, sola en el olvido
Sola… sola con su espíritu
Sola… con su amor ,el mar
Sola… en el muelle de San Blás
Su cabello se blanqueó
pero ningún barco
a su amor le devolvía
Yen el pueblo le decían
le decían la loca
del muelle de San Blás.
Una tarde de abril
la intentaron trasladar
al manicomio,
nadie la pudo arrancar
y del mar nunca jamás
la separaron
Sola… sola en el olvido
Sola… sola con su espíritu
Sola… con su amor el mar
Sola… en el muelle de San Blás
Se quedó, se quedó sola, sola
se quedó, se quedó
con el sol y el mar
Se quedó ahí, se quedó hasta el fin
Se quedó ahí
se quedó
en el muelle de San Blás
oh…
Sola, sola se quedó
sola, sola.

Nosolonavegantes, esta entrada será renovada el 13 de julio. Hasta entonces que tengan buen viaje…




El Tiempo pasa

9 febrero, 2013

By José & María José

Dedicado a un “Hombre afortunado”.

El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo, como ayer.
En cada conversación, cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo de razón.

Pasan los años, y cómo cambia lo que yo siento,  lo que ayer era amor
se va volviendo otro sentimiento. Porque años atrás tomar tu mano, robarte un beso,
sin forzar un momento formaban parte de una verdad.

El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos y el amor no lo reflejo, como ayer.
En cada conversación, cada beso, cada abrazo, se impone siempre un pedazo de temor.

Vamos viviendo, viendo las horas, que van muriendo,
las viejas discusiones se van perdiendo entre las razones.

A todo dices que sí, a nada digo que no, para poder construir la tremenda armonía, que pone viejos, los corazones.

El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos  y el amor no lo reflejo, como ayer.
En cada conversación,  cada beso, cada abrazo, se impone siempre un pedazo de razón.

¿Eres consciente del paso del tiempo por ti? Normalmente no. Nosotros normalmente nos vemos “igual” y nos “sentimos” igual pero siempre hay un factor externo que nos hace ver que no somos los mismos y que el tiempo afortunadamente ha pasado por nosotros. En mi caso, suele ser un paciente al que traté cuando niño y viene con su hijo para que le medique, o aquella preciosidad de niña que sus padres me trajeron hace años con  “escoliosis” y que ayer entró llorando en la consulta porque después de once años de noviazgo lo habían dejado… Tiene veintisiete…

¿Se acuerdan de la serie la casa de la pradera?  Fue una serie que aunque algo “blandibluista”  representaba  la filosofía y aspiraciones de los pseudofelices 70. Hoy, si la volvieran a reponer, probablemente la quitarían en la primera semana al no haber nadie viéndola… Puede ser porque la serie  no haya envejecido bien, o ¿porque nosotros hayamos perdido “algo”… en el camino?

Con  los años, decae la capacidad de sorprendernos, decae la ilusión, decae la confianza en los demás, decae la capacidad de entregarnos…

La inocencia  del niño desemboca en el desencanto de la persona adulta a consecuencia de un  viraje hacia la intelectualización desde  la capacidad innata de sentir las bendiciones de la vida porque sí… El encuentro con el brillo del “conocimiento”  nos ayuda  a  enmascarar nuestra “supuesta” ignorancia y así resurgiremos en la madurez  más sofisticados intelectualmente, más brillantes, …, y mal pensados…, además de más inconscientes (desaprendemos). La asociación de inocencia con  ignorancia es pués la razón por la que huimos de la ella.

El precio de conocer es pues: perder el cuerno del unicornio  para entrar en una nube de juicios que nos hace vivir  a la baja, muchas veces mal vivir, o incluso, llegar a ser muertos vivientes… (La vida es una decisión)

Sin embargo, ¿cómo seguir respirando esa flor y no parecer un tonto “alelao”? No hay forma…, la inocencia también tiene su precio: “humildad”  y perdón (entendimiento).

Pero en realidad, la inocencia consciente  tiene un plus que conocen bien  los sabios… (y los niños): ella regala una mirada llena de sorpresa, alegría y agradecimiento por las bendiciones de la vida. Nacemos inocentes, luego crecemos y nos avergonzamos de “ella”, aunque los seres más elevados la consideren  imprescindible para vivir de forma trascendente cada momento.

En relación al tiempo, diremos que tiene,  la inocencia, la capacidad de ralentizar los segundos, desacelerar la sucesión de los días. Le da a cada edad su justa medida… Recuerda: quien roba inocencia a un niño, a un joven, o a cualquiera… roba años de vida… Por lo tanto, seríamos más longevos y regalaríamos años de vida a los demás  si cultivásemos la inocencia.

La inconsciencia necesita de un despertar espiritual para abrir la puerta a la consciencia. La inocencia es consciencia clandestina”. Es como una mujer guapísima que no se da cuenta de sus atributos…

En nosolodoctorylac@gmail.com escuchamos tus propuestas como  el primer día.



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