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8. Descubre al Santo

15 julio, 2018

 De 50 Sombras de enGREYdos

 

Si alguna vez te has propuesto ordenar la habitación de un adolescente, es probable que te identifiques con lo siguiente: atemorizado por la tarea que te espera, tomas la inteligente decisión de empezar por lo más desastroso y anárquico. Luego de quitar algunos muebles, moverlos a las esquinas indicadas, tirar algunas cajas de cartón para reciclaje y descubrir que sí, que había un suelo debajo, recién entonces puedes empezar de verdad a ordenar y asear la habitación. Pero es también entonces cuando se vuelve evidente lo horrible que es el caos de la habitación en cuestión.

Ahora es momento de arrojar a la basura, triturar, echar mano a la papelera  y tirar de fuertes químicos. Las tareas más difíciles siempre quedan para el final. Igual sucede con nuestras vidas en nuestro mundo caótico. La cabala llama Espíritu Santo a la parte de Dios (la presencia divina) que, al igual que nosotros, está fuera de los mundos espirituales. Los Cabalistas la llaman Shejina, los cristianos lo llaman Espíritu Santo

La Cabalá posee una metáfora que intenta explicar la creación del mundo y el sentido de la vida. Según la Cabala antes de la creación de nuestra cadena de mundos, ya hubo otro orden que  fue creado antes, llamado  el orden de Tohu (El Orden o Mundo del Caos). Tohu fue diseñado con tanta intensidad lumínica que la energía entraba en conflicto con sus recipientes pues ellos no podían sostenerla, de hecho  llegó el momento que  explosionó todo. Y así, el mismo estado de Tohu causó su propia destrucción aunque con un propósito que ya veremos al final.

Imaginemos la explosión: los que volaran más lejos del núcleo de la explosión. Esto nos dice que para encontrar los remanentes más poderosos de la luz esencial de Tohu, deberíamos viajar al mundo más bajo posible que generó la explosión. Y ese es nuestro Mundo. Un mundo en el que habitan criaturas que no tienen noción de nada más que de este mismo mundo. Solo ven lo que está delante de ellos, a derecha y a izquierda. Con un poco de suerte, quizás intuyen lo que está detrás de ellos y poco más. Algunos incluso en su ignorancia  se sienten los amos del mundo, el eje del mundo o tienen la sensación de que el Mundo está en deuda con ellos por alguna secreta razón que obviamente solo ellos conocen.

A ese mundo se le conoce como el mundo “material” o lugar donde las cosas ya no pueden ser ni más tangibles, ni más egocentricas, ni más caprichosas, ni más subjetivas de lo que son ahora.  Es el mundo de: “de los perdidos al rio.”

Y es precisamente por esta razón  por la que el Espíritu Santo desciende a este mundo, exiliándose de su lugar habitual para buscar, como el que busca oro en una mina, las chispas más preciosas de aquellas que cayeron tras la explosión del mundo del Tohu.

Una vez encontradas es necesario rescatarlas de sus cáscaras de oscuridad, quitarles sus mantas…, para volver a conectarlas a su fuente superior y que así se transformen de nuevo en “esferas de influencias” que brillen, calienten y nutran la existencia. Que para eso existen, para brillar, calentar y nutrir. Y todo ello a través de nosotros, las vasijas móviles, habilitadas para albergar un mínimo de luz (y de conciencia)  que permita quitar mantas (las cáscaras) y vehiculizarlas a su sitio.

En esa misión el destino del Espíritu Santo, como en cualquier película de El Santo, se infiltra en nuestro mundo envolviéndose en oscuridad y en confusión, hasta tal punto que no puede redimir a las chispas sin redimirse a sí misma por lo que podríamos decir que en esa lucha por recuperar las chispas divinas, él, no sólo redime a dichas chispas, sino que en el fondo lo hace también a la oscuridad misma.

Es a esto, a lo que se le conoce en metafísica  con el nombre  de  “El Exilio de El Espíritu Santo”.

Ya quedan apenas ocho Sombras que desmantelar y las que restan son ya mantas sutiles. Descubrir al (espíritu) SANTO supone ya salir definitivamente de la Dualidad y sentir la presencia divina cerca. Conseguir que la presencia divina se quede junto a tí es tan difícil como conseguir darle de comer a un León de la Selva con tu mano y poderlo acariciar.

El alma que respira dentro de nosotros es un fractal del Espíritu Santo, por tanto vale decir que, efectivamente, es una chispa divina. Entonces es fácil de entender que el camino de nuestra alma refleja de manera holográfica el drama del Espíritu Santo: entender la paradoja de nuestro propio viaje y de nuestro propio exilio nos ayudaría bastante  a entender la profundidad del secreto del propósito y del sentido de nuestra vida.

Esto quiere decir que al igual que el Espíritu Santo, nuestra alma era perfecta antes de descender. Ella viene aquí, tal como el SANTO, para redimir las chispas del cuerpo en el que está infundida a modo de avatar, influyendo y rectificando las chispas tapadas por las mantas  de la personalidad a la que se le ha adscrito, así como de la parte de este mundo que se le ha asignado.

A este proceso se le conoce con los nombres en Cabala de  Birur y Tikún.  Birur significa separar el bien del mal, lo deseable de lo desechable, la luz de la manta, el Yo del tú, lo útil de lo inútil, la verdad de la mentira, la derecha de la izquierda, “esto” de “eso”,  etc…

Tal como un buscador de oro tamiza la arena en busca de pepitas, o como un herrero separa el metal puro  de las impurezas. De la misma manera, nosotros luchamos para deshacernos de lo malo, de lo feo, de la mentira, de la carencia, de la esclavitud, de lo engañoso, de la oscuridad, etc…, de nuestro alrededor, y buscamos todas las chispas divinas que  contiene.

Buscamos valor donde sea que este pueda encontrarse. No siempre tenemos éxito. Pero si El “Santo”, El Espíritu Santo, está cerca, infiltrado, que lo está, la misión puede acabar con bien.

Descúbrelo. Esa es la Manta a quitar. Birur puede llevarse a cabo sólo cuando domina la sabiduría; como dice el Zohar: “Con sabiduría (Jojmá) serán purificados”. Es una sabiduría “espiritual”  que nos permite trascender nuestros propios deseos personales y rendirnos ante una verdad única y superior. Por eso la llamamos “UNI” “versal”.

Por el contrario, Tikún es el proceso que sigue al Birur   en el que la chispa divina despojada de su inmunda manta se conecta con su lugar indicado. Es como poner la bombilla adecuada en el lugar del arbolito de Navidad  buscando transformar un “Arbol” en una “lámpara de muchas luces” porque es Navidad.

Esto es lo que se obtiene gracias al déficit de la desastrosa caída del mundo del Caos (Tohu): no sólo regresan las chispas a su lugar, sino que además los restos materiales en los que quedaron  atrapadas los restos de mantas,  ahora se divinizan. Es decir, se reciclan y forman parte a partir de ahora del adorno del Árbol de Navidad con las Bombillas encendidas.

El sentido de la vida te sugiere que donde sea  que tus pies te lleven, siempre estás programado para cumplir tu misión en la vida:  rescatar un determinado número concreto  de bombillas y llevarlas al arbolito de nuestra metáfora. Nunca se sabe…

Puede ser una hierba que espera para ofrecer sus poderes curativos, presentarle a una chica el hombre de su vida del cual nacerá el inventor de la terapia que cure al cáncer, puede ser  encarrilar a una persona que había decidido no vivir… Puede ser simplemente iluminar el mundo con tu sonrisa…, o entregar un golpe de sabiduría que aún tiene que encontrar un corazón para que comprenda, una relación humana que debe ser sanada, un generoso y altruista acto de bondad, sacrificarse por algo, un renunciar a algo, puede ser  representar o avalar algo, quizá bendecir algo, quizás agradecer algo, o  erradicar la tristeza de la vida de alguien, etc…., etc… etc….

Si has descubierto que hay un Santo camuflado y además has aprendido a mantenerlo cerca de tí, puede que haya algún lugar en el mundo sostenido por divinas chispas que han estado esperando desde el comienzo de la Creación para proveerte un lugar inspirador para estudiar, para que tus palabras de entendimiento y tus actos de bondad las rediman.

En este proceso nuestra Alma ha tenido que irse y volver tantas veces a este mundo hasta completar su trabajo, que es casi inevitable que por momentos caiga en el lodo, quede atrapada en una trampa.

Se cae cuando la ciegan los espejismos de la falsa realidad o queda a oscura ante una gigantesca manta, o tarada cuando la engañan y le pueden las pasiones del animal  de la que es su avatar.A veces el Alma dirige y vence,  a veces el cuerpo la sodomiza y se tara. 

El Espíritu Santo mismo también tropieza y cae en el lodo con nosotros.  Nosotros mismos lo arrastramos allí. Entonces ahora tampoco puede liberar las chispas  sin redimirse a sí mismo. Su destino se envuelve en el de las chispas.  Como escribió rabí Moshé Cordovero: “Aquellos que saben no dicen, y aquellos que dicen no saben”.  Porque si supiéramos,  triunfaríamos sin luchar. Y es la lucha misma lo que saca nuestros poderes más recónditos, los poderes de la redención. Y al igual que las chispas y que el Espíritu Santo, cuanto más descienda el alma, mayor será su ascenso final.

Por supuesto, hay sólo ascenso. Porque el descenso en sí mismo, en retrospectiva, es el escenario activo que pone en marcha el ascenso.  El descenso seria la rampa de tomar impulso para el ascenso. Las tareas más difíciles siempre quedan para el final. Como en el ejemplo inicial del dormitorio desordenado.  

Apenas son redimidas las primeras chispas, llegan misiones todavía más desafiantes. A medida que pasa el tiempo, las chispas divinas son cada vez más difíciles de descubrir, porque están encerradas dentro de los terrenos  más oscuros y se resisten obstinadas a ser libradas de allí.  

La oscuridad misma da pelea y ataca a cualquier alma que venga a liberar a sus prisioneras almas. Cuanto más importante es la chispa, más intensa es la batalla.

Volviendo a la metáfora de la desastrosa habitación del adolescente; son  esas chispas que no pueden ser liberadas si las atacas de frente, sino sólo si fallas y debes volver con otra estrategia o mejor vacunado contra el dolor o la inocencia…. Fallar es una de esas cosas que no pueden ser preestablecidas. Sin embargo, es sólo a través del fallo que puedes liberar  no sólo las chispas más intensas de Tohu, sino también la oscuridad en sí misma.  La oscuridad hizo que fallaras.  Y ahora, cuando regresas, es esa experiencia de la oscuridad lo que te conduce con un ímpetu invencible sabiendo lo que hay que hacer, dónde y cuándo.  Te has convertido en lo que el Zohar llama “el maestro del retorno”, que sabe usar el Árbol de la vida para subir y calentarse a la sombra del mismo Dios. Un lujo.

 Y si reflexionas un poco sobre ello, el lujo es darse cuenta de lo  inconmensurablemente útil que resultó ser  la oscuridad.

 

 

 

 

 

 



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