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Una entrada gallega

13 abril, 2012

Recuerdo este poema de mi libro de lectura de 3º de Primaria…

La luna en el agua

Tres sabios con muy poquito seso
creían que la luna era un queso.

Un queso que flotaba en el río
y quisieron pescarlo, ¡Dios Mío!

Los peces cantaban a la una
contemplando su mala fortuna:

¡No es un queso!
¡Es la luna!
¡La luna!
¡LA LUNA!

Es genial eso de darle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César pero, a veces, creyendo dar liebre, damos  gato o viceversa y luego todo se sabe… Hay que poner cuidado y si lo que se pretende es ayudar, entonces hay que extremar las precauciones.

Dice Fito que “si la noche es clara, a la Luna se le ve el ombligo“… Así que por si las moscas o “by if the flies” (como previene Nosólodoctor), y como dicen en México “acuéstense con Luz, aunque le apaguen la vela“, no vaya a ser que, en un ataque de ombliguismo, la Luna salga tarde y nos quedemos sin manjar y sin astro al que (ad)mirar.

Os dejo la letraza…

Me tumbé en el suelo sólo para oir crecer la hierba
y hasta mí vinieron todos los sonidos de la tierra.
Escuché a los insectos en sus mil rituales
y las plegarias que cayeron del cielo ¡Quién sabe!
si haciendo espirales…
La noche que la luna salió tarde.
Me tumbé en el suelo sólo para oir crecer la hierba
esperando un sueño que como un enjambre me envolviera
y que me hiciera oir las rimas de antiguos romances
pero sólo oí llorar a los que fueron amantes
un sólo instante…
La noche que la luna salió tarde
la noche que la luna salió tarde.
Me tumbé en el suelo sólo para oir crecer la hierba
y escuché más cosas, muchas más de las que yo quisiera:
El sonido de tus lágrimas al derramarse
el eco de tus pasos al alejarte
y el tiempo pararse…

nosolodoctorylac@gmail.com

Recalculando el objetivo

30 noviembre, 2011

by el Oso Yogui y Bubú (Nosólodoctor y Nosóloyoda)

Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias” (Locke)

Existen personas que se pasan la vida buscando la felicidad, esperando ser felices y con el paso de los años, descubren que han desperdiciado miles de momentos, que de haber sido conscientes y las circunstancias haberlo permitido, probablemente las habrían disfrutado mucho “más”. Es como si, a medida que vamos cumpliendo años, en vez de aspirar a ser más sabios, pretendiésemos  “no envejecer” y ahí empezamos a “perder el rumbo”… y de pronto nos damos cuenta de que nuestro GPS nos empieza a insistir: gire a la derecha… recalculando el objetivo… siga todo recto y luego la segunda salida a la derecha… Y nosotros… con cara de bobos e ignorando las indicaciones, vamos buscando desesperadamente esa felicidad (ese destino marcado en el navegador) que creemos que se nos ha escapado.  Estamos tan convencidos de que nuestra vida será mejor cuando logremos esto o aquello, que cuando lo tenemos, seguimos creando nuevas expectativas y nos sentimos frustrados porque nos gustaría que fuera de otra forma, porque seremos más felices cuando salgamos de esa etapa. La realidad es que no hay mejor momento para ser feliz que ahora mismo. Así que mejor no plantearnos nuevos retos o condiciones para ser feliz “mañana” porque puede que mañana no venga. Una cosa es la ambición y tener metas para nuestra realización personal y otra muy distinta es pensar que dichas metas u objetivos nos van a asegurar la “felicidad”.

Mi abuela tuvo el gran acierto de darme una tremenda biblioteca que estaba a mi disposicion con tan sólo ocho años. Recuerdo que allí había un libro de una tal Pearl S. Buck titulado “Viento del este, viento del oeste” en el que menciona una frase de estas para enmarcar: “Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad”. No se dan cuenta de que el tiempo es un recurso muy valioso para perderlo . El ayer, ya no lo puedes recuperar, el mañana, llegará, pero tienes el hoy  que es un regalo; por eso lo llaman “presente”. Muchas personas confunden “éxito” con felicidad sin reparar en la enorme cantidad de personas exitosas que han muerto más tristes que las ratas… Ralph Waldo Emerson nos indica por donde podemos encontrar la diferencia entre ellas: El éxito consiste en obtener lo que se desea; la felicidad, en disfrutar lo que se obtiene .

Nos habrán leído ya muchas veces aquello de “los ojos no ven lo que la mente no sabe”, haciendo alusión a que nuestro cerebro es incapaz de procesar diferenciadamente aquello a lo que nunca se enfrentó. Esta especie de visión acotada nos hace buscar excusas que justifiquen actitudes para las que no tenemos una explicación racional. Por eso les vamos a contar la historia de 5 amiguetes nuestros (que podíamos ser nosotros mismos) cuyo GPS les fue guiando década tras década.

Estos cinco amigos de la infancia, decidieron reunirse todos para celebrar que habían entrado en los cuarenta. Finalmente se pusieron de acuerdo para cenar en el conocido  “Café Central” situado cerca de la Plaza Mayor de Madrid. En realidad eligieron el sitio porque las camareras  eran guapas, llevaban minifaldas, escotes generosos y una especie de “tu-tu” que con el tercer whisquie… “disparaba la “imaginacion”…

No tendría nada de especial el hecho, si no hubiésemos sabido que,  diez años después, esos mismos amigos quedaron de nuevo en reunirse para celebrar que ya eran todos cincuentones y volvieron a elegir aquel  restaurante del Café Central, sólo que la razón esta vez varió un poco: “el menú era muy bueno y además disponían de una magnífica carta de vinos”.

Pasados otros diez años, los mismos amigos, pero esta vez ya sesentones, se reunieron de nuevo para celebrar su entrada en una nueva década y acordaron “volver a aquel restaurante tan tranquilo al que fuimos aquella vez, ese donde no hay ruidos y ademas tiene salón para no fumadores…”

Diez años más tarde, y aunque parezca un chiste, los amigos, ya setentones, se reunieron ya jubilados y quedaron en cenar en el restaurante del Café Central, ya que éste era uno de los pocos que disponían de acceso para minusválidos e incluso tenía… ascensor.

La historia termina otros diez años después cuando estos amigos, ya octogenarios, vuelven a quedar para cenar en el Café Central, al que había que ir porque “nunca habían cenado allí”…

Sí, reíros, está claro que a estos amigos no les hizo falta recalcular el objetivo pero… en fin, habrá que irse acostumbrando si vamos cumpliendo años… Esta historia hace pensar en lo rápido que pasa la vida ¿os acordáis de la canción? Algunos recordarán la sevillana de Romero San Juan, otros la versión de Pata Negra

Pasa la vida y no has notado que has vivido, cuando pasa la vida.
Tus ilusiones y tus bellos sueños, todo se olvida.
Pasa la vida, igual que pasa la corriente cuando el río busca el mar
y yo camino indiferente donde me quieran llevar.
Pasa la gloria, nos ciega la soberbia y ves que de tu obra
ya no queda ni la memoria.

Hay canciones que se convierten en bandera de esa sensación de mirar atrás y ver que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es difícil borrar de la memoria colectiva temas como el siguiente, que se incluye en el álbum en directo titulado, por cierto,  “Nos vemos en los bares” de Celtas Cortos:

Con los años perdemos visión (lo que no nos impide ganar perspectiva) y energía (lo que propicia dedicarle más tiempo a cada cosa en lugar de tratar de abarcar cuanto más mejor) y lo interpretamos como un “medio-gas” que va derivando en “media-luz”. Es como sentarse a ver el crepúsculo del atardecer (ese momento que ni es día ni es noche) y no disfrutar de esa bella visión plagada de tonalidades espectaculares porque sientes que el tiempo de la luz ya pasó. Y existe esa actitud que nos hace entrar en una dinámica “segura” anti-tropiezos que es la que nos mete en esa persistente recurrencia al mismo lugar, frente a la variabilidad de los motivos, como en el caso que le hemos contado de los amigos y el Café Central. A veces, los datos son secundarios y nuestro ser pensante ha de rendirse ante la intuición. Por más que tratemos de explicar sentimientos, sensaciones y emociones como el amor, nunca dejará de ser un gran enigma ante nuestros ojos. Podemos asignarle definiciones variopintas en un intento de moldear la realidad para hacerla más comprensible, en un afán característicamente humano de transformar el caos en orden (o más bien en lo que cada cual considera orden). Y con cada explicación mecanicista o mágica que descubrimos, dejamos de buscar respuestas, dejamos de aprender, para convertirla en un axioma incuestionable y empezamos a aceptar como verdad sólo aquello que nos reafirma lo anterior, que es lo que ya “conocemos”.

Creamos un mapa y decidimos que “el mapa es el territorio” olvidando que el mapa trazado en nuestras mentes es sólo algo representativo de la realidad y no la realidad misma. Y así nos pasamos gran parte de nuestra vida: a media luz. como el tango. Precioso también, por cierto (y tambien sensual y sugerente).

La propia expresión “a media luz“, ya es de por sí gráfica y definitoria para lo que queremos expresar.  Cuando  nos instalamos en esa epecie de limbo entre la luz  y la oscuridad,  nos envuelve una penumbra sensual, sugerente… donde parece que puedes refugiarte en una vivencia “X”   sin consecuencias “visibles”. A sólo un paso de la claridad, pero también al borde de las tinieblas. En ese estado , todos los gatos son pardos y es difícil saber con quien tropiezas o a quien le tiendes tu mano. Las sombras parecen corpóreas y los cuerpos, se antojan espectrales. Ni el paso del tiempo se quiere evidenciar… no hay noche ni mañana, ni arrugas ni tersura y si las hay ¿alguien puede percibirlas? No, pero hay que reconocer que puede ser tan tentador regirse por el “ojos que no ven…” que las pupilas se acostumbran a la penumbra y cualquier rayo de luz se convierte en una molestia… pero lo cierto es que la luz siempre estuvo, está y estará ahí, incluso cuando no la ves.

Tras la noche, vuelve un nuevo crepúsculo, un nuevo momento “a media luz”, esta vez matutino, que vuelve a encender el cielo con el alba.

Conclusión: la felicidad no tiene reglas fijas, mas un buen punto de partida para seguir siendo feliz “a media luz” es no comparar el presente con ningún tiempo pasado que, aunque fuese mejor, ya pasó… y un “sorbito más” siempre será un sorbito más… aunque tengamos que estar después  una temporadita tomándonos la tensión porque se nos ha “disparado”…  (y el azúcar y la prótesis dental se rompiera de un pisotón…)

Ahora empiezan las comidas de empresa, las de compañeros del gimnasio, reuniones de amigos… ¿sabéis ya dónde quedaréis? Se aceptan recomendaciones en nosolodoctorylac@gmail.com



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