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De pájaros y peces: final alternativo

13 julio, 2012

Que a veces nos empeñamos en cosas (no diré imposibles pero sí) muy improbables, ya nos lo demostró Contrapunto con la entrada del gato y la botella… Ese mismo día ponían en un canal de televisión una versión de La Cenicienta titulada Por siempre jamás. Lo que más me sorprendió no fue que la protagonista proclamase su pasión por Utopía de Tomás Moro o que el Hada Madrina fuese Leonardo da Vinci… sino el argumento que esgrime ella para rechazar una relación amorosa con el príncipe:

“Un pájaro puede amar a un pez, pero ¿dónde vivirían?”

Los seguidores de Buscando a Nemo podrían decirme que el el pez podría vivir en la boca del ave, pero ¿por cuánto tiempo aguantaría el pez tan aislado y el pájaro con semejante carga?

Veo comprensible que un pájaro observe un pez y admire el rico caldo vital en el que se desenvuelve con soltura de acá para allá, codeándose con las más ancestrales criaturas, como se alimenta de la propia cuna de la vida; que se deslumbre con el brillo que las escamas confieren a los colores que lo visten; que considere exótico y novedoso cuanto hace ese escurridizo animal. Y viceversa… entiendo que un pez mire hacia arriba y se quede anonadado ante la majestuosidad de quien puede surcar los cielos y darle sentido a la libertad; que desee acariciar el suave y cálido plumaje que lo cubre y se fascine con la posibilidad de compartir un instante…

Pero si el pájaro pasa bajo el agua más tiempo de la cuenta… morirá. Y lo mismo le ocurriría al pez si la abandonase…

Que conste que yo soy una defensora a ultranza del amor… pero aunque no van por ahí los tiros de esta entrada, al igual que el amor o en este caso el enamoramiento o la fascinación no es suficiente para hacer viable una relación, las  intenciones, anhelos y deseos,  si van solos, se quedan cortos y no bastan para mantener cualquier causa, proyecto o empresa. Además de esa fuerza motora e inspiradora, siempre tenemos que poner de nuestra parte y a veces ni siquiera eso garantiza el éxito… entendiendo éxito como consumación del objeto de deseo. Al igual que el pajáro y el pez pueden seguir profesándose admiración mutua sin morir en el intento tratando de vivir juntos y revueltos, muchas causas perdidas no serían tales si se les diese una salida que no necesitase tanto calzador, algo más fluido…

Igual, si nos replanteamos el concepto de éxito y lo acercamos más a la idea de milagro… entonces todo cobre un poco más de sentido: éxito/milagro no es cuando ocurre lo que esperamos/deseamos (Dios hace lo que se nos “antoja”) cargados de expectativas, sino cuando obramos conforme a lo que está para nosotros (hacemos lo que Dios desearía que hiciésemos); cuando fluimos es cuando encajan las cosas.

¿Y cómo ponemos de nuestra parte (esfuerzo, empeño) y a la vez dejamos que sea lo que tenga que ser? No renunciando a lo que se es ni a lo que se tiene, sino aceptándonos tal cual y potenciando lo mejor de nosotros para que, cuando llegue la hora de que todo encaje en su sitio (y no en el sitio con el que fantaseamos), lo haga sin fricciones innecesarias.

Casi siempre, lo inesperado goza de una satisfacción más intensa que aquello que forzamos. ¿O no nos alegró y alivió a todos no tener que meter al lindo gatito en la botella? Todo apuntaba a que había que hacer sufrir al pobre animal pero ¿por qué? Eso es trascender… no quedarse en lo aparentemente predecible.

Me sorprendo a mí misma recurriendo a comedias románticas como apoyo audiovisual… pero este es un ejemplo que habla por sí sólo. Mientras dormías nos cuenta la historia de una empleada de metro que cada día observa embobada al hombre de sus sueños. Un día éste sufre un accidente y ella lo ayuda y acude con él al hospital y lo acompaña mientras está en coma. Cuando llega la familia todos creen que es su prometida y ella no deshace el engaño. Así comienza a entablar contacto con ellos y en especial con su “supuesto” cuñado, con quien se da cuenta de que es bastante más que compatible. Cuando él despierta lo hace con algunas lagunas de memoria y acaba por aceptar que aquella chica es su prometida, así que hay que casarse, pero…

El pez puede abrirle todo un mundo al pájaro y viceversa, no tienen por qué sacrificarse en valde, sólo buscar un final alternativo…

El propósito en la vida: acción-reacción

18 septiembre, 2011

A menudo la gente se “ralla” con el tema  de “para qué estoy aquí” si será para tal o será para cual…

Durante mi estancia en el extranjero me sucedieron tres acontecimientos vitales: una la del Sol en Gibón que ya les narré el pasado año,  la que voy a contarles ahora sobre la sincronicidad y el propósito de la vida y la tercera que aún no les puedo decir nada y  que se titulará si Dios quiere “Mamy Blue”.

Les cuento una historia real que escuché de mi amigo Jaime en 1983 cuando me encontraba haciendo un stagge en un Hospital de Holon (Tel aviv) (Israel).

Eithan,  un soldado del ejército israelí apostado en Hebrón (poblado árabe donde, por cierto, reposan los restos de Abraham, padre de los judíos y de los árabes y de Isaac y Rebeca,  Jacob,  Sara y Lea…) resultó herido de gravedad por un árabe. Sucedió de madrugada,  muy temprano,  sobre las 4.40 h de la mañana de un viernes, y no había ningún soldado  cerca y, para más inri, todos estaban dormidos para oírlo.

Eithan se desmayó y sangraba terriblemente. Su vida se escapaba a chorros, pero en esto que otro soldado que estaba emplazado a 800 metros (casi un Kilómetro) y que  se había desvelado,  oyó el tiro y fue a investigar.

Entonces, encontró a su compañero que sangraba mortalmente. Trató de hacer el torniquete y todo lo que se aprende para que no se desangrase una persona y buscó ayuda urgente por el walky talky.  Esperando, siguió aplicando presión sobre la herida sosteniendo la vida de Eithan, “literalmente en sus manos”.

Eithan fue trasladado a aquel hospital donde trabajaba yo en la UCI y donde fue sometido a una cirugía complicada. Los padres de Eithan fueron notificados y se apresuraron al hospital. Cuando llegaron, el doctor les dijo que Eithan había recibido un disparo cerca del  corazón  pero que estaría bien. Sin embargo, si no hubiese sido por la inmediata asistencia de aquel otro soldado, hubiese muerto.

Realmente fue un milagro que el otro muchacho oyera a 800 metros lo que nadie del resto oyó, y además lograra localizar a Eithan tan rápidamente como lo hizo. Los padres quisieron agradecer a ese soldado, pero él había dejado el hospital después de oír que el joven en cuestión al que ayudó sobreviviría.

Mientras Eithan se recuperaba en casa, sus padres llamaron al ejército para averiguar el nombre del otro soldado, para agradecerle personalmente su acción. Desgraciadamente, el nombre del benefactor no fue encontrado y aunque intentaron averiguarlo no pudieron rastrear su identidad. La madre de Eithan sabía que lo más importante era, evidentemente, que su hijo estaba vivo, sin embargo no podía dejar de sentir que mientras no encontrara y le agradeciera en persona al soldado que salvó la vida de Eithan, todo el susto no estaría totalmente superado.

Hablaba mucho con aquella madre y ella me contaba como el no poder agradecerle al soldado le proporcionaba un sentimiento de vacío… Pero de pronto tuvo una idea. La pareja poseía un almacén de comestibles en Ashkelon (por cierto, el lugar donde ocurrió la historia de Sanson y Dalila….). Decidieron poner una nota en la puerta de su tienda de ultramarinos describiendo lo que pasó, asumiendo que Israel al ser un país tan pequeño probablemente tarde o temprano podría pasar el misterioso soldado.

Pasaron 4 meses sin novedades. Finalmente, una mañana de domingo (allí cierran los viernes por la tarde  y sábados y abren los domingos…), al séptimo mes de aquel incidente, una mujer se fijó en la nota que colgaba en aquella puerta de aquel negocio. Ella se acordaba perfectamente “como si fuese ayer” lo feliz que estaba su hijo Amiel aquel Viernes por la noche cuando vino a casa y les contó cómo aquella madrugada oyó un tiro en la lejanía en un asentamiento árabe y pudo salvar,  “casualmente”,  la vida de aquel  otro soldado. Así que entró en la tienda y se lo relató a la propietaria y como vieron que la historia coincidía, ambas madres, decidieron localizar a cada uno de sus hijos a través de sus respectivos móviles para ver si podían quedar aquella tarde y conocerse….

Afortunadamente resultó que los jóvenes y los padres podían asistir a la reunión aquella misma tarde. Ambas familias se congregaron para una emotiva “cita”. Los dos soldados intercambiaron experiencias del ejército y finalmente después de todo ese tiempo, la madre de Eithan se puso de pie para agradecer a Amiel por haber salvado la vida de su hijo y le dijo concretamente: “Salvaste mi mundo”.

Después del emotivo agradecimiento, la madre de Amiel la llevó solicita y clandestinamente a un apartado y le pidió hablar con ella fuera. Las dos mujeres salieron. Y ella le preguntó a la madre de Eithan:

-“Míreme, ¿no me recuerda?”  “No, lo siento. ¿Nos habíamos encontrado  antes?”

-“Sí,” -contestó la madre de Amiel. “Hay una razón puntual por la que pasé frente a su tienda hoy.  De hecho paso muy a menudo por esta puerta desde hace muchos años. Quería retribuirle de alguna manera el favor que me hiciste…”

-“¿De qué me está hablando?”- preguntó la madre de Eithan. La otra mujer contestó.

-“Hace veinte años vivíamos cerca de aquí y yo venía a comprar leche y pan muy seguido  a su tienda. Un día usted notó en mi cara que algo no me iba bien y muy gentilmente preguntándome qué me sucedía se interesó usted por mí  y yo … me “abrí” a usted. Le dije que atravesaba por un momento económicamente muy difícil y como estaba embarazada, barruntaba abortar. En cuanto pronuncié la palabra “aborto” usted cerró la tienda y llamó a su marido y los dos parecieron olvidarse de su propio negocio. Se sentaron pacientemente durante dos horas y me oyeron. Todavía recuerdo claramente sus palabras. Usted me dijo que es verdad que estaba pasando por un momento duro pero,  que a veces las cosas buenas en la vida se presentan a través de la dificultad, que esta, la dificultad es como una “cáscara” que esconde lo bueno  y que las cosas mejores llegan a través de abrir la cáscara y no en tirar la nuez solo por la dificultad aparente…

Recuerdo perfectamente que me habló de la alegría de ser madre y que la palabra más bella que se puede  oír en cualquier idioma era  “mamá” cuando es pronunciada por un hijo. Además me recordó  una frase del Talmud que decía “quien salva una vida,  salva el mundo”.

¡Ustedes dos me hablaron y hablaron hasta que me convencieron de no abortar…!,  al menos que dejara a la naturaleza, al destino “hablar” y como hoy pueden comprobarlo, ¡Dios les devolvió el favor!

-“¿Qué quiere decir?- preguntó a la madre de Eithan,  aunque temblando intuía la respuesta y  estremecida escuchó la voz de aquella mujer:

-“Yo di a luz a un niño hace veinte años que ustedes salvaron diciéndome que lo pensara muy bien antes de abortar”. -Con lágrimas de alegría declaró- “Mi Amiel querido no habría estado vivo si no es por ustedes. ¡Él fue quien creció para salvar la vida de su hijo Eithan!” De hecho,  he verificado este mediodía todos los datos en el ejército antes de hablar con usted y coinciden. Solo que a mi hijo Amiel le apodan “el dormilón” por la dificultad que tiene en despertarse y eso le ha supuesto más de un problema con sus jefes. Justo ese día se “desveló”,  justo ese día, escuchó un tiro en la lejanía…

No lo olvides: “A cada Acción le corresponde su reacción…, aunque pasen veinte años,  veinte años no es nada”. La acción fue escoger la opción difícil. La reacción fue… un milagro “casual” que “sólo” te afecta a ti.

Desde entonces cuando me siento frustrado porque creo que no veo los frutos de algo,  que yo tengo la certeza de haber hecho correctamente,  pienso en Eithan y me voy a “spotify” , que muy gentilmente me regaló “caradefuego” y escucho un tango que habla de que “veinte años no es nada…” Oigan bien la letra,  si no hubiese sido ya escrita, perdónenme la inmodestia, estoy seguro que la hubiese escrito un servidor de ustedes ¿la escuchamos?

El problema y la solución de abril, 2011.

27 abril, 2011

El problema: ¿Qué hace una persona cuando tiene un problema?

Lo usual es que la persona que tiene un problema en principio se siente a pensar en soluciones, consulta con otras personas, prueba las soluciones y si no dan resultado entonces busca otra opción y así hasta que agota todas las posibilidades,  hasta que se da por vencido. Esta persona quizás le rece a Dios, pero no pensando que esa puede ser la solución acertada, sino como una solución alterna (fe o creencia,  teoría o hipótesis…) mientras  intenta otras.  En realidad,  no sabemos  la fuerza que tiene la Oración,  quizás porque no sabemos cómo funciona.

Existe un relato bíblico en el que   leemos que se enviaron mil personas de cada tribu para hacerle la guerra al pueblo de Midian, y el Midrash explica que en realidad eran tres mil de cada tribu,  solo que el párrafo está hablando de los que iban destinados específicamente para guerrear. En total, los que iban a luchar eran 12.000, pero habían otros 24.000 para otra función.

¿Y cuáles eran las funciones? Doce mil para salir a la guerra, doce mil para cuidar los utensilios de guerra y doce mil para rezar. (Midrash Raba 23,2) Deducción: Vemos de aquí que se necesitaban la misma cantidad de personas que salgan a la guerra, como los que debían ocuparse de rezar  como “apoyo”. Ahora viene la pregunta: ¿si en este caso del relato bíblico fue el mismo Dios el que le ordena al pueblo ir a la guerra contra los Medianitas y,  por tanto,  si esa guerra era por orden de Dios  de seguro,  entonces,  que iban a tener éxito sin hacer mucho esfuerzo así que….? ¿Para qué era necesario el rezo?

La solución: Explica el comentario cabalista al libro de EZEQUIEL que sin las personas dedicadas  a rezar se podría llegar  a pensar que ellos “solo” con su fuerza eran los que lograban vencer a los Midianitas, entonces era indispensable tener a personas rezando en el mismo campo de batalla para que en ningún momento perder la certeza y se les olvide que es Dios el que les está causando la victoria sobre el enemigo. Vemos de aquí la importancia que tiene la Oración. Dios pidió que la misma cantidad de personas que salieran a la guerra a luchar, sean la cantidad de personas que debían rezar.

Y, ya que estamos en este tema…, estoy pensando que no tiene ningún sentido rezar porque…. ¿Acaso Dios no sabe lo que queremos o necesitamos?,   ¿para qué rezar?   Aún más,  suponiendo que entendiéramos que la Oración es muy importante, ¿por qué a veces vemos que rezamos y rezamos  y no se nos contesta?

Comenta el libro Abodat Penim sobre el párrafo que dice: “Dios está cerca de todos los que le claman, de todos los que Lo llaman de verdad“. Que toda persona que le ruega a Dios desde el fondo de su corazón, su rezo debe ser recibido por Él.  Pero existen dos razones por las que las oraciones no son contestadas.

Veamos:

1. Si el rezo es por cosas espirituales, existe la probabilidad que la persona no está realmente interesada en recibir lo que pide y Dios que conoce los pensamientos de las personas sabe que los deseos de la persona no son sinceros. Por eso no le concede sus deseos hasta que no lo pida con total sinceridad.

2. Cuando los rezos son por cosas materiales como salud, manutención y otras, que es seguro que lo pide de todo corazón,  entonces el problema es que quizás exista una duda en el corazón de la persona si en verdad es Dios el que puede ayudar y resolver su problema por completo y está rezando “por si las moscas”  (eso “no” es certeza,  sería “fe”).

Dios esperaría entonces hasta que la persona esté realmente convencida  que el único que lo puede ayudar y sacar de su problema es Él, ahí es cuando sus rezos pueden ser recibidos. Por eso dice el párrafo que Dios está cerca del que le clama (es un matiz superior a “rezar”).

En conclusión, es importante que nos fijemos bien en la importancia que le estamos dando a nuestro rezo, que a veces confundimos con la meditación. La diferencia entre ambas es que en la meditación intentamos aquietar la mente (“dormir” al cochero) para escuchar al pasajero oculto,  mientras que en la oración: pedimos (clamamos) cuando vemos que el pasajero está en peligro para que el “cielo” le provisione un éxito que no pueda ser achacado ni a la suerte,  ni a la inteligencia,  sino que ese YO (Superior)  sea provisto  con algo así como las espinacas de Popeye  (“certeza”) del superhombre-pasajero oculto.

Dice el Rey Salomón (Eclesiastes 9, 11): “Volvíme, y observé que debajo del sol (la victoria en) la carrera no es de los ligeros ni (la victoria en) la batalla de los fuertes,  ni tampoco de los sabios el pan, ni de los entendidos la riqueza, ni de los inteligen­tes la gracia; sino que el tiempo y la casualidad les tocan a todos ellos”.

Asimismo dijo Jeremías (9, 22-23): “Así dice el Señor: No se vanaglorie el sabio en su sabiduría, ni se vanaglorie el poderoso en su poder, ni se vanaglorie el rico en su riqueza,  mas el que se vanaglorie que lo haga en esto: en que Me entiende y Me conoce a Mí, que Yo soy el Señor, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra (maljut),  porque en estas cosas Me complazco, dice el Señor”. Y estos presentes cuando no vienen de Dios, tarde o temprano quedarán interrum­pidos pero cuando vienen de Él perduran para siempre.

Nejama Leibowitz, la mujer más erudita del siglo XX en  Cabalah recientemente fallecida a los 92 años,  profesora en la Universidad de Tel Aviv en una de sus lecciones recordaba:

“Dos sabios hubo en el mundo, uno del lado de Dios y el otro no: Aji­tofel y Bilam, y los dos se perdieron. De la misma forma dos hombres fuertes hubo en el mundo, uno del lado de Dios y el otro no: Sanson y Goliat, y los dos se perdieron. De la misma forma, dos hombres ricos hubo en el mundo, uno del lado de Dios y el otro no: Koraj y Hamán, y los dos se perdieron.

¿Por qué? Porque su “don” no provenía de Dios, sino que fue arrebatado por el “intelecto”  de ellos. “. Esto es lo que el versí­culo 7 del Salmo 75 dice: “Pues ni del oriente, ni del occidente, ni del desierto, ni de las montañas, sino que Dios es el juez, a éste abate y a aquel ensalza”.

¿Cuál es el significado (decía Nejama) de la ex­presión “Pues ni del oriente ni del occidente“? quizás quiera decir  “ni de la “meditación” (oriente),  ni del trabajo (occidente),  refiriéndose a que la fuente de la riqueza o del éxito no reside en lo que el hombre sale (trabaja) y se ocupa (medita o piensa) en su co­mercio, viaje de oriente a occidente. Aún cuando navegase en su barca y fuese de oriente a occidente y recorriese los desiertos y las montañas, no por ello enriquecerá.

¿Y qué significa “ni del desierto, ni de las montañas”‘? Dijo un Maestro de Cabala  llamado Rab Aba de Rumania: Todo lugar en la Biblia donde aparece el vocablo montaña, se refiere realmente a montañas, con excepción de éste que significan “ele­vaciones”, pues el hombre no se eleva de estas cosas.   ¿Qué es lo que hace el Todopoderoso? ¡Toma los bienes de éste que aún cree que lo que tiene es “por su “esfuerzo” y se lo da a aquel que le pide a D_os y “sabe” que “solo”  Él se lo puede conceder.

Eso es lo que quiere decir  la frase (ibid.) “sino que Dios es juez, a éste abate (el que tiene hipótesis, fe o creencia)  y a aquél ensalza (el que tiene certeza)”.

El videoclip esta vez está requete fácil: ¡deeeeeeeentro!

En nosolodoctorylac@gmail.com tienes un espacio para contar lo que necesitan saber otros.

Quizás ya es de noche…(anatomía de un milagro)

17 abril, 2011

Hemos repetido muchas veces en varias entradas de este blog lo inconveniente y peligroso de juzgar   lo “aparente”. Que vivimos en una realidad engañosa ya no es nuevo y pienso que es hasta cansino repetirlo y  que  podría llegar a aburrir. Cada vez más recibimos peticiones de temas a tratar.

Hace unos quince días recibí el encargo de tratar el tema del “apocalipsis”. ¿Cómo es que este blog no ha tocado hasta ahora un tema tan alternativo y de moda como el tema del 2012,  el apocalipsis y el fin del mundo? Que conste que me he resistido!  y que por tanto con este post intento “salir del paso de un tema peliagudo”.

Siempre me reí de los agoreros que vaticinaban un final negro para nuestra humanidad cuando se acercaba el año 2000; había literatura de sobra sobre el nuevo milenio. Después del 11-S  era inminente la tercera guerra mundial,  ahora el tsunami,  mañana el 2012…

Para aquellos que estamos en un camino espiritualoide, a pesar del hecho de que hemos estado estudiando y haciendo ejercicios que puedan “corregir” (mejorar) el mundo,  a veces creemos, sinceramente, que hay cosas que simplemente no podremos cambiar. Todos sentimos que tenemos un muro frente a nosotros, una barrera que no nos permite ir más lejos. Sin embargo,  la verdad es, como Rav Áshlag,   el autor del libro “La sabiduría de la verdad”,  que no está traducido al castellano,   decía, que nuestro trabajo espiritual no es ir hasta el límite de nuestras capacidades sino  más allá del límite de nuestras capacidades. .

¿Y eso cómo se logra? ¿Cómo hacer lo que no podemos hacer y cómo obtener  lo que en realidad  no merecemos? Hay un camino… Y nunca es tarde (nunca es de noche) para hacerlo.  Ese camino es lo que los kabbalistas llaman “audacia divina” que sostiene que cuando tenemos un deseo de volvernos más fuertes y un impulso  para crear un cambio verdadero en nuestras vidas y en el mundo, podemos despertar esa fuerza, aún cuando no pensemos que existe dentro de nosotros,  si es con el propósito de compartir con otros, “no sólo” tenemos “que”, sino que es nuestro deber empujar las barrera de nuestras capacidades. Como le dije yo una vez a un pupilo: en la vida hay tres tipos de personas: “los que tiran del carro”,  los que se suben al carro” y “los que le tiran piedras al carro”. Nosotros estamos en el primer grupo: no sabemos si por voluntad propia o por determinismo (estoy preparando la conferencia “destino y libre albedrío” para el  próximo mes de julio,  ya les contaré cuando vaya más adelantado).

Hay una historia que enseña  Michael Berg sobre este concepto.

En los tiempos en los que existía el Templo en Jerusalém, gente de todo el mundo viajaba ahí la primera luna de abril (como este año) para poder hacer allí  su conexión espiritual. En una de esas ocasiones había tanta escasez de agua y era tal la cantidad de visitantes que generó un importante desabastecimiento de las reservas de agua del Templo y para  evitar una crisis de salud en los peregrinos que asistían , un hombre llamado Nakdimón encargado del  pozo de agua del Templo (no era ni sacerdote ni  príncipe) se acercó a uno de los terratenientes más ricos de la ciudad  y le pidió prestada el agua de doce de sus pozos, prometiendo pagarle exactamente nueve meses después con exactamente la misma cantidad de agua que le había pedido, o bien con 12 barras de plata. El terrateniente aceptó y la crisis se evitó.

Pasaron los meses, y cuando llegó el momento de pagar, Nakdimón no podía devolver el agua pues no había caído una gota de lluvia en nueve meses. Una mañana  del mes de Diciembre en el último día para pagar la deuda  llegó un mensajero a la puerta de Nakdimon, exigiendo ya fuera el agua o el dinero. Nakdimón respondió: “tengo todo el día para pagarte, si para el anochecer no ha llovido, te pagaré con el dinero”. Aquella misma tarde un mensajero llegó de nuevo a su puerta con el mismo mensaje, y Nakdimón respondió lo mismo. Cuando el Sol estaba a punto de ponerse, el mensajero regresó una vez más y se le contestó  lo mismo: que el día no ha terminado.

Al enterarse de esta última respuesta, el terrateniente se rió para sus adentros porque sabía que era imposible que esa cantidad de lluvia cayera  en un período tan corto de tiempo,  apenas 48 minutos.”Ya era casi de noche…”  Era tal su sensación de regocijo que se fue a los baños locales para refrescarse antes de encontrarse con Nakdimón y  recoger su dinero.

Mientras tanto,  Nakdimón bastante angustiado,   fue al Templo y  comenzó a rezar. Su rezo fue breve: “Yo no pedí prestada el agua de esos doce pozos para mí” le dijo al Creador, “lo hice sólo con el propósito de compartir”.  Esa fue toda su oración.

Inmediatamente después el cielo se llenó de nubes y comenzó a caer lluvia. Llovió tanto en esos pocos minutos sobre Jerusalem que no sólo se llenaron los pozos, sino que hubo un exceso de agua para cinco meses más.  Cuando Nakdimon salió del Templo se encontró con el terrateniente y le dijo. “¡Ahora eres tú el que me debes dinero! Por el exceso de lluvia acabé pagándote de más”. El terrateniente sin inmutarse respondió “Sé que la razón por la que llovió tanto es que el Creador quería hacerte este milagro. No lo pongo en duda. Pero la verdad, si quisiera discutir contigo, podría hacerlo, porque si miras el cielo verás que está oscuro. Quizás ya es de noche, y esta lluvia es en realidad la del día siguiente, después de caer la noche, y por lo tanto, ya no es tu agua, sino  mi agua”.

Al escuchar esto, Nakdimón se dio la vuelta y regresó al Templo y rezó otra corta oración  al Creador. “Amo del Universo, deja que sepan que hay gente en este mundo que es cercana a Ti”. Esa fue toda su oración. Inmediatamente las nubes se dispersaron y salió el sol.

Moraleja: cuando se tiene claro por qué y para qué necesitas un milagro no hay ni que rezar ni implorar: se breve y argumenta. Nakdimón no rogó ni imploró al Creador. Simplemente declaró lo que necesitaba que pasara. Él no se ganó estos milagros, ni tampoco era un gran estudioso o un gigante espiritual. Y sin embargo, porque su único propósito era la de compartir con otros, se lanzó con toda audacia y pidió, en pocas palabras, lo que necesitaba que sucediera. Y sucedió. Claro, no todo el mundo está al nivel en que pueden pedir que los cielos se abran. Pero nosotros utilizamos esta fórmula con el blog y funcionó,  y muchas de las personas que escriben y están vinculadas a nosotros pueden contar como se les ha cumplido un pedido por la “vía rápida”.  Yo no lo puedo contar porque estoy adscrito al secreto médico pero otros pueden hablar.

No obstante, el propósito de esta historia es enseñar la importancia de vivir con este tipo de “certeza” siempre que nuestro único objetivo sea el bien para “otros”. Se supone que debemos aspirar a alcanzar ese nivel en el que nuestras vidas están dedicadas a elevar a otros, entonces la herramienta ésta,  de la audacia divina,  se encarga de diseñar y ejecutar el milagro. Y, claro que  siempre habrá alguien que piense que “quizás ya es de noche y tarde para pedir”,  pero puede que  nuestras acciones superen “el tiempo” porque sí.

Por ejemplo: hace unos meses  un chico de apenas treintitantos años se suicidó a lo bonzo en El Cairo harto de las dificultades burocráticas que le ponían las autoridades para poner un triste quiosco en la plaza  donde vender fruta. Su muerte ha despertado al mundo árabe: Egipto, Libia, Siria,  Túnez, Marruecos,  Yemen… El mensaje se propaga: un solo acto ha generado una panrevolución.  Audacia Divina.

Michel Jackson al que la Historia estará siempre en deuda con él,  aún a pesar de su neurosis de querer ser lo que no se es (una especie de Peter Pan de carne y hueso) tuvo la audacia  (esa es la palabra) de editar un videoclip en contra de su propio gobierno que se ha hecho famoso en todo el mundo después de su muerte. En él narra un apocalipsis iniciado en nuestro instinto destructivo: primero se destruye un árbol,  luego una idea,  luego unos “principios”,  luego quizás,  una “teoría”,  luego una vida humana,  luego viene la “violencia doméstica”,  luego una “guerra civil”,  un holocausto,  una o dos guerras mundiales,  quizás una tercera hasta quedarte sin nada…,  pero siempre habrá alguien que sobreviva y lo pueda contar y decir que “nunca es de noche y que mañana empieza hoy” (¿les suena?) . Vean el video, precioso.

http://www.youtube.com/watch?v=VNZr9sdYFlY&feature=related

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