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El Yayo: nos queda la (última) palabra.

29 mayo, 2011

Hace tiempo publicamos  en este blog  un post titulado “Julio y Tulio” acerca de una disputa,  en la que hacíamos mención a los manuscritos de los Esenios encontrados en  1947 en las cuevas de Qumram,  en las colinas de Israel,  frente al mar Muerto. Allí se encontraron por casualidad  25.000 fragmentos de papiros y, entre los cuales, un cilindro de cobre intacto conservaba unos manuscritos que actualmente tienen un valor incalculable.

La dificultad para traducir estos escritos y la controversia que despertaron estos documentos más antiguos que cualquier otra versión del Antiguo Testamento, y  por tanto,   con capacidad para contra decir algunas de las revisiones de la Biblia por el Concilio de Nicea del siglo IV, así como las distintas interpretaciones que se le dieron,  retrasó considerablemente su transcripción. En realidad,  lo que se ocultaban en aquellas grutas del Mar Muerto es parte del legado espiritual del profeta Isaías, (760 a.C.), uno de los maestros más respetados de los esenios,  una secta judía muy ortodoxa a la que pertenecía Jesús el “Nazareno”, literalmente: el que hizo el voto de nazir: ni mujeres,  ni vino y no como mucha gente piensa que viene de “Nazareth”. Si Jesús nació en Belén… ¿por qué lo iban a llamar “el de Nazareth”?

A lo que íbamos,  si alguien  le da por leer el libro de Isaías  podrá ver que casi siempre se refiere a la capacidad de traspasar la “palabra” humana  los límites del tiempo y de las circunstancias y así conseguir  ser conscientes de nuestro infinito poder personal y el impulso positivo de nuestra voluntad, así como del valor de la palabra. Lo que se llama “el poder del verbo”.

Lo que resulta asombroso de estos documentos, lo que se extrae de su transcripción,  es que se trata de pura metafísica,  que se acerca más al estudio de la física cuántica que a cualquier tipo de doctrina o credo.

Milena Llop nos muestra en su blog que la física cuántica está demostrando que la ciencia  y la mística, coinciden en afirmar que el universo es una buena fuente de inspiración. Fue Albert Einsten quien dijo que “el tiempo no es lo que parece, no fluye en una única dirección, y que el futuro existe de forma simultánea con el pasado”. Esta afirmación se parece mucho a lo que el Profeta Isaías nos revela en los manuscritos del Mar Muerto. El Dr. Neils Bohr, premio Nóbel de física en 1920, explicó en su teoría, conocida como la Visión de Copenhague, que a veces la materia y también la experiencia  se comportan de forma extraña, ya que en el ínfimo mundo de los átomos, el observador perturba, altera lo observado y que, por lo tanto,  el que contempla cualquier acontecimiento, ya forma parte del mismo. Espectacular… ¿no creen?

Hace 16 años participé en un experimento de canalizaciones en un equipo dirigido en última instancia con el Dr. Jiménez del Oso y otros más (aunque yo en realidad nunca le vi). Era un trabajo muy complejo en el que también estaba implicado el Grupo Azlan y el grupo Spirita. Pero también hubo un grupo que   a través de una chica llamada “Aurora”  canalizaba a un místico de unos cuantos siglos atrás llamado  Jacob Bohm y como no sabían quien rayos era y además no sabían pronunciar su nombre,  lo llamaban el “yayo”.

Recuerdo que un día se perdieron  y ahí estaba Aurora con el Yayo “sacándolos” del atolladero. Al parecer,  un “nieto” de este “Yayo”,  David Bohm, un físico contemporáneo,  nos habla de la existencia  de un orden implicado, un sistema en el que se desenvuelve toda la realidad física en la cual los conceptos de tiempo y espacio no tienen validez. Para el nieto del Yayo  no hay separación entre espíritu y materia (en física sería onda y partícula), todo está en todo y, además,   está presente formando parte del acontecimiento mismo, se implica en ello de una forma u otra, si el observador lo desea, la onda se convierte en partícula y vice-versa.

Esta es una línea de pensamiento que nos transmite la idea de un mundo holístico, (del griego, holos, que significa todo, entero), es decir,  que involucra a todos los componentes. Cada unidad es interdependiente, pero la suma de todas las partes es lo que le da valor e importancia al conjunto.

Ken Wilber, uno de los mejores psicólogos transpersonales de nuestros tiempos, dice que la mística  más genuina, a diferencia de la religión dogmática, es científica porque se basa en la evidencia y la comprobación experimental directa. Los místicos te sugieren que no creas en nada que no puedas experimentar por ti mismo porque es tu propia conciencia la que debe convencerse mediante la experiencia vivida. A partir de ahí llegas a ciertas leyes del espíritu o a  verdades profundas que te convencen.

Y ahí estamos nosotros con nuestro “bloguito”, cuya intención es transmutar malos augurios en buenos  y la posibilidad de revocar malos acontecimientos con la intención, con la palabra,  en este caso escrita,  la fuerza de la oración y la visualización de un mundo mejor. Llamémosle el efecto “Loreal”,  es decir: “porque lo valemos”.

Es  importante ser conscientes del efecto que causan nuestros pensamientos y actos en el transcurso de la vida. La negatividad generará  siempre más negatividad, y el optimismo atraerá optimismo. Y por nosotros no va a quedar. Somos y tenemos lo que proyectamos.

En eso radica el auténtico libre albedrío, la suprema elección del ser humano por encima de todas las profecías y vaticinios. Tenemos la última palabra. Tú también tienes la palabra con tus sugerencias o  propuestas a través de nosolodoctorylac@gmail.com. Y… lo dice muy bien Blas de Otero con música del Maestro Ibáñez: mi himno de los dieciséis años.  Dentro video:

http://www.youtube.com/watch?v=QJ8wYMk4ZA0



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