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Compartir mesa

28 marzo, 2012

Hay muchas maneras de comer y una de ellas podría ser alimentarse de forma consciente, es decir, sabiendo aproximadamente la composición de los ingredientes de los platos que vamos a degustar. Pero también está la posibilidad de comer  exclusivamente motivados por el deseo.

En el primer caso además de cubrir nuestras necesidades físicas también conoceremos el aporte nutricional que estamos recibiendo, nos referimos a saber cual es la cuota de proteínas, fibras, vitaminas, tipos de grasas, cantidad de carbohidratos, etc.…  que en cada ingesta introducimos en nuestro cuerpo. El objetivo sería tener una dieta rica y equilibrada que nos haría  sentir saludables.

En el segundo caso la necesidad exclusiva de saciar un bienestar  físico coagularía cualquier proceso reflexivo sobre el acto de comer y el placer sería el terrateniente absoluto de nuestra dieta diaria. Había una canción de La chiqui de Jerez que comenzaba diciendo:

“Me lo como too0o…me lo como to0…los garbanso der puchero… y la liebre con arró…x 2
Primo cuando me levanto lo primerito que  suelo ase Ee…x 2
e irme a la nevera… a vee que  pueo0o come…x 2
me  gustan los durse… me gusta er café… y siempre toy cabiland0 a ve que pueo0o come…”

Aunque de entrada y a simple vista parezca raro  el paralelismo, nuestra idea es hablar de la amistad, por eso como “entrante” hemos elegido la alimentación… Veamos por qué.

Bastante a menudo cuando aún no somos personas maduras solemos hacer amigos guiados  por las coincidencias en cuanto a gustos musicales, cinematográficos, literarios, ideológicos, moda, etc. Son,  estas,  premisas  que más bien vienen  a “reafirmarnos”  y  así vamos dando palos de ciego por la vida, alimentando nuestro espíritu “por la vista” e ingiriendo las vidas poco nutritivas de otras personas  seducidos por nuestro ego,  e  incluso, a veces, con resultados poco deseados como indigestiones, digestiones pesadas  y pobres para nuestra salud interior.

Como contrapartida para poder “compartir mesa”  en condiciones recomendamos  la “percepción espiritual”.

A pesar de que nos esforzamos en justificar mediante disquisiciones mentales las razones que nos hacen elegir a una persona como nuestro amigo, o seleccionar el mejor amigo entre los que tenemos, la amistad no tiene ninguna explicación intelectual, va más allá, ella pertenece al reino de lo intangible, lo sutil. El acceso a ese estadio, estado, percepción intangible o espiritual tiene su proceso de aprendizaje, aunque existen personas que ya vienen más predispuestas y otras que nos tenemos que esforzar y autoexigir un estudio constante.

Una de las primeras  grandes lecciones para entrar en esa realidad especial es la humildad y la modestia…, es decir,  la negación de nuestro yo para empastarnos con  la vida y fluir, simplemente fluir.  Todos somos imperfectos.

Si estamos anclados en el mar de la realidad material nuestras amistades serán seleccionadas por afinidades en cuanto a gustos, por admiración, idealización, intereses, status, autoafirmación personal.

Si estamos navegando en el plano oculto de la espiritualidad nos preocupará encontrar un sentido a la vida, es decir,  corregir nuestro entorno cercano ocupándonos de sus imperfecciones y estos hechos serán   un referente para saber  quiénes están en el mismo camino que nosotros, quienes son nuestros compañeros de viaje, nuestros amigos.

A menudo pensamos que tener una consciencia reflexiva sobre estas cuestiones es premisa imperativa para localizar a nuestros amigos o hermanos de alma…, nada más lejos de la verdad, pues en la realidad en la que vivimos  la acción es  el motor, es decir, de nada sirve tener buenas intenciones y no poner en práctica lo que estudiamos en este blog.  Por eso hemos hablado de percepción espiritual, porque hay muchas personas que actúan de forma  sutil, casi invisible pero en total  sintonía con la esencia aunque no lo parezca. Personas que se ocupan de otras, personas que no esperan nada a cambio, personas que ceden el paso, personas que dejan hacer, personas que confían, personas que están sencillamente  tranquilas y con ese «estar pausado» nos recorfontan el espíritu llenándonos de luz milagrosamente. Inocentes de sus dones o conscientes, no hay nada como un amigo del alma.

Hablando de sintonías,  el video que verán a continuación seguro que les emocionará. Nuestro especial agradecimiento a las personas que sincrónicamente nos lo recomendaron en su día. Una belleza.

Bibliografía consultada: El canto del alma. Autor: Rabí Lejiel Bar Lev. Edt.: Obelisco.

Tenemos una mesa reservada para ti en: nosolodoctorylac@gmail.com. Ven y comparte entre amig@s.



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