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Marzo: Quisiera ser un pez

4 marzo, 2012

(By Nosólodoctor y Nosóloyoda)

DEDICADO A TODA LA ESPECIE “NOSOLO” y A LA NBA ACOMPAÑANTE

El deseo es otro de los grandes temas recurrentes en este blog, pero ¿cómo afecta a nuestra alma y a nuestra vida? Pues casi podría decirse que de una forma totalmente condicionante de la propia existencia.
La mínima división categórica que podríamos realizar del deseo nos daría dos variantes: el deseo de dar y el deseo de recibir. De hecho, en el mundo espiritual (arriba) donde todo es potencia (posibilidad de) sólo existe el deseo en un estado de concesión propio del Creador; es en el mundo físico donde se materializa ese potencial reflejando y consumando una intención que puede ser predominantemente de otorgamiento o de recibimiento, pero que se identifica con un estado de recepción propio de lo Creado o, dicho de otro modo y aprovechando símiles que ya hemos utilizado, propio de vasijas que rellenar de Luz.
Luego el deseo sólo se modifica durante la encarnación (tomar forma corporal). Y esto nos lleva directamente a nuestro propósito vital: conseguir, a través de nuestro conocimiento y nuestro discernimiento, que el deseo del Creado sea un reflejo del deseo del Creador.O lo que es lo mismo “crear una burbuja de amor”…..

http://www.youtube.com/watch?v=YF1GgXmdMWI

Pero ¿qué ocurre cuando se produce un cambio semejante o incluso cuando no se llega a alcanzar finalizada la propia existencia terrenal? Llegados a este punto habría que empezar a hablar de la reencarnación como lo que es en esencia: un cambio en los deseos. Ya hemos comentado en otras ocasiones que, en realidad, el tiempo no es algo lineal, que conceptos como el antes, el ahora o el después son meros puntos de vista…por lo tanto, dentro de nuestro deseo concreto, sentimos que vivimos aquí pero cuando el deseo cambia, sentimos que vivimos en otra “realidad”, en otra vida, en otra encarnación.
Por esto, la Cábalah nos dice que sólo existe un cambio, el del deseo y al hablar de evolución o crecimiento se hace referencia a la corrección. La persona que aún no se corrigió a sí misma, pasa las reencarnaciones, es decir, los distintos cambios del deseo, hasta que finaliza su camino y adquiere control sobre todos sus deseos y cualidades de modo que puedan revelarse hasta su perfección. Cuando somos similares a la fuente otorgante (uno con Dios, con el Creador) ya no es necesario el proceso de reencarnación y permanecemos “arriba” aunque influyendo en los planos de “abajo” hasta que todo lo de abajo esté exactamente como lo de arriba.
Este ciclo se representa grafica y simplemente por los dos peces del signo zodiacal de Piscis, regente del mes de Marzo y pista fundamental para la comprensión de todos estos conceptos.

En un mundo apartado de la vista (“arriba”) los peces se reproducen con facilidad. Piscis es el signo místico del zodiaco porque no podemos acceder a comprenderlo. Para la astrología es fácil entender el porqué de que esté gobernado por Neptuno, el rey del mar y que su símbolo sea el pez y su emplazamiento natural sea la duodécima casa (el duodécimo mes) donde radica la casa del karma (lo que queda por hacer desde el punto de vista metafísico). Precisamente por estas razones el Violeta (el más sutil de todos los colores, además del blanco) es el color que lo representa. El pez también fue el símbolo de los primeros cristianos, hace unos 2000 años, en la era anterior a la que nos encontramos (la de Acuario) y que terminó hace a penas 20 años.
El pez debe dosificar sus energías como nosotros hemos hecho a lo largo de este ciclo que termina y no dejarse sucumbir por los estimulantes o sedantes, por la reactividad de la fatiga o por la presión de emergencias ajenas. Para los humanos, al igual que para los peces, nunca nos es fácil luchar contra la corriente, ambos tenemos una naturaleza ociosa y lo más sencillo (y común) o lo que exige menos esfuerzo, es seguirla donde quiera que nos lleve. Sin embargo, algo nos diferencia del pez a quien la mayoría de las restricciones le dejan indiferente; mientras no le priven de su libertad de nadar y de ir buscando su camino en la vida, nunca se quejarán.

Por eso, el nativo de Piscis prefiere ver el lado bueno de la humanidad y vivir en su mundo sereno y acuoso donde todo es hermoso y estable, no existe la codicia en el corazón de los peces ni aun en el de los tiburones, que destacan por su agresividad y fiereza pero no por la avaricia. Ahora se entiende por qué hay tanta gente a la que le gustan los acuarios. Y aquí viene lo fundamental: así como el pez necesita el agua, también el humano necesita su “alimento espiritual” (está escrito que la palabra de Dios es “agua” y vida para el espíritu del ser humano) para conducirse en la vida.
Los dos peces apuntando hacia direcciones opuestas que simbolizan el signo de Piscis representan en metafísica la necesidad de perfeccionamiento en el plano físico (el que apunta a Acuario) y el deseo de trascendencia en el campo espiritual (el que apunta a Aries, el mes de Abril, el principio de “todo”).

El elemento agua asociado a Marzo denota la flexibilidad de carácter (el agua carece de forma definida, adopta la de su recipiente) que es necesario tener en el “tiempo final” (el último mes) para permitirnos a nosotros mismos profundos cambios, que nos lleven de una “muerte cierta” a una “vida segura”.

Sería como decir: “hay vida después de la vida” al cambiar nuestra forma de pensar y de conducirnos.

De acuerdo con la astrología, los nacidos bajo este signo, último en la rueda astrológica, tienen por esta razón el más elevado estado de desarrollo. Se sienten libres de ataduras materiales y por tanto pueden cambiar fácilmente. Moisés, por ejemplo, el que fue salvado de las aguas nació y murió ¿casualmente? en el séptimo día de la luna de Adar (Piscis).
La imitación, es decir, la capacidad de copiar el formato original ( la Fuente , el Creador) es lo que caracteriza a estos 28 días lunares y de ahí que los carnavales (imitación de lo humano, de la “copia”) se celebren rondando estas fechas. Aunque siempre tenemos la posibilidad de imitar lo correcto (el “original”) para bien, para trascender y en Abril poder gritar “libertad total”, libertad de haberse podido zafar de todos los condicionamientos que nos han esclavizado hasta ahora.

Y es que, retomando el principio de la entrada, el deseo de abajo es muy oscilante y nos hace conducir a ciegas… en cambio, el de arriba, aunque pueda parecer plano por su constancia, no es menos intenso y cuenta con algo importantísimo a su favor: se aleja de ser confuso y autodestructivo.

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