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Oye, abre tus ojos.

2 Marzo, 2017

Estas pasadas navidades me he dado cuenta que  las supuestas fiestas, desde hacía mucho tiempo, se habían convertido en una especie de carrera de obstáculos, a la que me había prestado casi sin darme cuenta.

Cuando veía acercarse estas fechas  se me ponían los pelos de punta solo de pensar en las compras, las comidas, organizarlo todo para que nada se olvidara…, para que todo fuera perfecto. La mayoría de las veces llegaba tan agotada a la meta, que me perdía lo verdaderamente importante.

Me di cuenta, que había olvidado el verdadero espíritu, el que está tras cualquier motivo que nos reúna con aquellos a los que queremos. Eso que llamamos en estas fechas el espíritu de la Navidad, esa ilusión que recuerdo de niña, ese olor a pucheros, ese abrir los ojos y saltar de la cama a ver qué cosa maravillosa me iba a regalar el día, y que en este mundo alocado y consumista, se había desvirtuado… al menos para mí.

A ese cambio de enfoque, que sutilmente ha ido sucediendo a medida que cumplía años,  también había contribuido la partida de seres muy  queridos. Mi hermana, mi padrino, mi padre…, y en este último año mi prima. Sus ausencias, habían ido añadiendo una añoranza y una nostalgia plagada de recuerdos,  que en esta época, igual que me sucedía en primavera, ponía en mí un punto triste en algo, que en esencia representa alegría y amor por todo, y por todos.

Odio la Navidad, me escuché decir un día… Entonces llegó a mí esta pregunta: “Elige una persona muy importante para ti y dime: ¿qué le regalarías?, ¿qué harías para hacerla feliz?”

Si quieres puedes jugar conmigo y elegir a esa persona especial.

Yo pensé en mi madre, y en que iba a traerla a casa a mimarla en Navidad, ese era mi regalo. ¿Pensaste en alguien? Bien, pues ahora viene la pregunta del millón…

¿Qué le regalarías a esa persona, si supieras que estas iban a ser sus últimas navidades? Recuerda que solo es un juego para aprender algo muy importante.

Una vez superas el  asombro que pueda causarte la pregunta, y si como yo, crees en que tenemos un tiempo contratado para lo que hayamos venido a hacer en esta travesía, ves que pensar en esa posibilidad no influye en nada. Puede que entonces te suceda como a  mí, y veas como tú regalo…, tú intención, se llena de nuevos matices.

Porque, lo que inicialmente era mucho trabajo para cuidar de una persona con casi 96 años, sutilmente cambió. Y como si de una película se tratara, nos vi buscando un menú sencillo que nos permitiera compartir el tiempo, algo para preparar a medias, algo en lo que estuviéramos juntas disfrutando con ilusión, en lugar de obligación. La ilusión que recuerdo, cuando de niña me despertaba  escuchando el sorteo de la lotería que impregnaba cada rincón de la casa… ¡por fin había llegado la Navidad!!!!

De pronto, pensar en preparar un plato se había llenado de amor y luz, y aunque no sé las navidades que aún podremos disfrutar  juntas, o si tendré la bendición de tener más, estoy segura de que con mi intención, y con la ayuda de Dios, mi mesa, mi comida y la convivencia que hemos tenido, habrán sido las mejores que podría imaginar para todos nosotros.

Ojalá que,  viva los momentos que viva,  consiga hacerlo sintiéndolos  llenos de todo el amor que he imaginado, y saboreándolos como si cada uno de ellos fuera a ser el último. Entonces el tiempo, ese que contraté al venir aquí, y que alguien dijo una vez que valía más que el oro, se convertiría en un constante regalo de Navidad para todos.

Con mis mejores deseos para que encontréis ese regalo especial, para todas y cada una de las personas a las que queréis, os dejo aquí  lo que me hizo pensar en compartir estas palabras. Como dice Nosolodoctor… ¡Dentro vídeo!!!!

Vivir siendo consciente de que este instante es único te ubica en el presente, y no perderte la posibilidad de llenarlo de “amor incondicional”, hace de este momento, de este ahora en el que discurre toda nuestra vida la mayor de las fortunas.

Autora: Nubepink

25. Recupera la perla

1 Noviembre, 2016

De 50 SOMBRAS de enGREYdos

El otro día llegó a mí el llamado “Himno de la perla”, un relato novelesco y simbólico proveniente del libro apócrifo de los Hechos de Tomás. Este himno narra el descenso de un príncipe celeste al mundo perverso que el texto denomina de modo simbólico “Egipto,” en una misión consistente en hacerse con una Perla Única que aprisiona una serpiente en el fondo del mar.

Esta Misión se ve obstaculizada por la oscuridad que el héroe experimenta tras el descenso, pero que a duras penas solventa mediante  su despertar, provocado por la carta que recibe de sus padres “celestiales”, en la que le recuerda su alto rango y la importancia del encargo que debe cumplir. Una vez que logra el príncipe su objetivo, puede volver al reino de su Padre y vestirse una vez más con sus hábitos gloriosos.

A mí me recuerda mucho esta leyenda a otras muchas que hablan de un paraíso perdido y lo mucho que tiene que ver con nuestro paso por esta vida. Recuerdo el Viaje del Héroe, el Viaje a Ítaca, el Pan de la Vergüenza. De arriba a abajo o del Norte al Sur, da igual, siempre hay un exilio.

En todas estas concepciones independientemente de la religión que estemos tratando la idea central es siempre la misma: nacemos “mágicos”, pero perdemos esa “magia” a medida que ejecutamos el guión de la vida que alguien nos ha dado y nos convertimos en desesperados o en optimista, en ejecutivos o en esclavos, en triunfadores o en perdedores, en felices o desgraciados,  en malvados o en bondadosos, blandiblues o castigadores, etc… Y nos oscurecemos paulatinamente opacificando nuestra luz interior para posteriormente “rescatarnos”, encontrándole unas veces el encanto a la vida, otras veces el sentido de la vida y otras veces el propósito de la vida. Muy pocos elegidos encuentran las tres.

Lo que está claro es que para conseguirlo hay que transitar por un abanico de experiencias que van desde un abandono, un divorcio, un cáncer, un fracaso, una injusticia, una perdida afectiva etc… Solo transitando a través de una o varias de esas experiencias despertamos, encontramos nuestro “don”, transformamos nuestro carbón interno en un diamante, y acabamos por entender que estamos en el exilio. Fuera de casa.

Solo admitiendo que somos exiliados de un paraíso perdido podremos encontrarle el sentido a esta vida y acceder al conocimiento del  qué, por qué y para qué estamos aquí y por qué algún día tendremos que volver.

Ahora atentos y atentas pues estos son los ejercicios para quitarte una nueva sombra:

1) Identifica quién eras tú antes de las experiencias que opacificaron tu luz.

2) Recuerda qué experiencia fue la que te terminó de desconectar  de tu “origen”.

3) Imagina cuál puede ser tu sitio en el mundo.

4) Escribe en tu GPS virtual hacia dónde quieres caminar…

Nosolonavegante, seguimos juntos un mes más…

¿Quién quiere vender la paz de un niño durmiendo?

7 Enero, 2016

En la plaza vacía nada vendía el vendedor,
y aunque nadie compraba no se apagaba nunca su voz.

¿Quién quiere vender conmigo la paz de un niño durmiendo,
la tarde sobre mi madre y el tiempo en que estoy queriendo?

Vendo en una cesta el agua y la nieve en una hoguera y

la sombra de tu pelo cuando inclinas la cabeza.

Mucha gente me dice: “no entiendo por qué hay personas que todo le sale bien, son felices y parece no tener ningún problema”.  Normalmente no suelo responderles o si lo hago solo le apunto que mejor es mirar a nosotros mismos y no lo que le pasa a los demás.

El mundo en el que vivimos se parece a un Mercadillo donde se reúnen compradores y vendedores, tal como ya escribió el Rey Salomón en Eclesiastes, y de todas las personas que van (vamos) al mercadillo, hay quien viene a comprar y hay quienes vienen a vender…, y hay quien solo “mira”. Los que solo miran se van del mercadillo igual que como vinieron. Pasaron el Tiempo.  Los que vienen a comprar ¿qué compran?: compran los ingredientes necesarios para arreglar las carencias de sus Almas. Si imaginásemos nuestras Almas como una enorme campana con ciertas rajaduras que hemos venido a arreglar (tikun) en este mercadillo (vida) es donde compramos (adquirimos) los elementos necesarios para nuestro arreglo.

¿Y los que venden qué venden? Venden su propia Santidad y por Santidad debe entenderse su propia  “unicidad”,  es decir, la especialidad o “don”  de nuestro YO que nos hace especiales y únicos (e irrepetibles) ante el Universo,   a través del cual nuestra vida adquiere no solo un propósito sino, además, un “sentido”. Solo a través de la toma de conciencia plena somos capaces de entender el libre albedrio entre comprar y/o vender.

En eso simplemente consiste la vida con sus luces y sus sombras: comprar o vender luces. Solo que si vendes tu  “luz” defectuosa (la paz de tu niño interior dormido) o con carencias, por el “ofertón” de una cesta con agua o de una hoguera con nieve  te  quedas sin campana y sin propósito. Y el sentido de tu vida… cambia.

Muchas personas vienen al mercadillo con la intención de comprar y sin embargo son “liados” por un charlatán o alguien realmente seductor que le convence, no solo de que no adquiera los elementos que fue a comprar sino para que además le venda el badajo de su campana por una oferta aparentemente sugerente, pongamos por ejemplo (por seguir con la letra de nuestra canción): la tarde sobre mi madre (que ya no está)  o el tiempo en que estamos queriendo a alguien (para que sea “Eterno” y no pase …”nunca”).

A eso se refiere José en el Génesis cuando una vez ya reunidos con sus hermanos antes de presentarles al Faraón les aconseja lo siguiente:

Y cuando el Faraón (El Arquetipo de Lado Oscuro)  os llame y os diga: “¿Cuál es vuestra ocupación?, (34) vosotros responderéis: “Tus siervos han sido hombres de ganado (en el hebreo original, hombres que adquieren, que compran)  desde su juventud hasta ahora, tanto nosotros como nuestros padres, para que así podáis habitar la tierra de Goshén, porque para los egipcios ( los “otros”)  todo pastor de ovejas (en el hebreo original,  este tipo de personas que “compran”) es una abominación (gilipollez).

Y también según esto se puede entender la Bendición que Malkitsedek le dio a Abraham cuando le dijo: “Bendito tú Abraham que adquieres (compra) “el  cielo y la Tierra”   (Génesis 14, 19). Y también lo que escribió el Rey Salomón en Proverbios: “La verdad (de este mundo) es comprar y no vender”.  Es decir: la verdadera (cosa) es las rajaduras de tu Alma; compra pues los elementos para arreglarla (tikun) y no vendas (nada de tu campana) por muy defectuosa o aparentemente inservible que parezca o sientas que está. Compra Entendimiento  y compra Sabiduría para saber dónde está aquello que necesitas comprar. Eso es todo.

¿Y cuál es el dinero para esa compra simbólica?   El esfuerzo. El esfuerzo es el  dinero espiritual. Aquello que uno adquiere (compra) con su esfuerzo es Eterno; aquello que se adquiere regalado es transitorio (por eso está escrito también por el Rey Salomón: “Quien odia los regalos “vivirá”.  Del mismo modo que aquí en este mundo nos da seguridad conseguir la escritura de una propiedad que hemos comprado porque sabemos que nadie nos la puede quitar, así aquello que se nos ha dado por un esfuerzo está de alguna forma escriturado en otro plano para tu pertenencia. Y aquí en este punto viene el ejercicio para las próximas tres semanas:

1.      Identifica cual es la grieta (carencia) de tu Alma.

2.      Piensa qué elementos necesitas para su arreglo y dónde se venden.

3.      Esfuérzate (cómpralos) en arreglarla.

Y si por alguna razón alguien te comió el coco para venderte una hoguera con nieve o una cesta con nieve  y piensas que “hay gato encerrado”, busca en la plaza al vendedor  y anula la “operación” aunque le pierdas “dinero”. Simplemente dile: “lo he pensado mejor. Te aseguro que no te arrepentirás.

Nooslonavegante, volveré dentro de tres semanas.

Y elegirás la VIDA

14 Octubre, 2011

Polvo eres y en polvo te convertirás

Cuando redacté la pequeña historia de la semana pasada, ya daba vueltas en mi cabeza el concepto de “polvo de estrellas” del modo en que Carl Sagan lo entendía “Todos somos polvo de estrellas” y lo cierto es que no es sólo una licencia poética.

Teniendo en cuenta la evolución del universo, después del Big Bang sólo existían los átomos de hidrógeno (el elemento más básico y ligero) que, resumiendo mucho, dieron lugar a la formación de estrellas cuyas fusiones internas dieron lugar al resto de elementos conforme aumentaba la temperatura y la presión hasta que se transformaban en Supernovas que estallaban arrojando al universo materia que se volvía a agrupar. En nuestro planeta, además, se dieron las condiciones idóneas para la aparición de VIDA orgánica. Por tanto, todos y cada uno de los átomos que configuran toda la materia que forma todo lo que nos rodea (y eso nos incluye a nosotros, las personas) no deja de ser ese “polvo de estrellas”. ¿Qué duda cabe, entonces, de que somos Seres de Luz que desde siempre nos hemos sentido atraídos por ese manto de puntitos brillantes que cubre el cielo nocturno en busca de nuesro propio origen?

Se podría decir, pues, que jugamos en la Liga de las Estrellas y por lo tanto, nuestra misión es iluminar, brillar, aportar LUZ, dar y generar más VIDA a partir de nuestro propio polvo, de nuestras propias cenizas, cual Ave Fénix que engloba en sí mismo el ciclo vital.

Pero el hecho de que todo y todos tengamos el mismo origen no significa que seamos iguales. Afortunadamente, la desigualdad (la variedad) es la base fundamental de la (perpetuación de la) VIDA.

Y la diferencia del Ser Humano con el resto de seres vivos no es ni más ni menos que ellos simplemente viven y nosotros podemos (y tenemos que) elegir la VIDA.

Parece una perogrullada, pero os aseguro que en muchos casos no es tal. ¿Quién no elegiría la vida? la respuesta es sencilla, aquél que sólo deambula por ahí realizando las funcioines biológicas precisas y básicas, aquél que cree que todo es puro azar o un sinsentido, aquél para quien el “cómo” no importa pues tampoco existen un “porqué” ni un “para qué”, aquél que es incapaz de encontrar la conexión con su alma y no ve más que materia, sólo polvo de estrella en su sentido más literal.

Quien tiene un para qué vivir, puede superar casi totalmente el cómo vivirNietzsche.

Tener una meta no es que ayude, es que da significado a la palabra VIDA, porque al final lo que cuenta es “si querermos vivir como un monstruo o morir como un hombre bueno“. Ésta es la frase final de una película que si no habeis visto os recomiendo que veais, al menos, dos veces. Tranquilos, conocer esa frase no os va a destripar el final. Eso sí, olvidaos de esas críticas que dicen de ella que no es más que el autorregodeo de Scorsese llevado al extremo; en esa película hay mucho más petróleo del que parece a simple vista.

Oro parece, plata no es…, ¿quién soy?

2 Julio, 2011

” Cowboy  de Media Noche” fue ganadora en 1969  de tres oscars a la Mejor película, al Mejor director y al Mejor guión adaptado. También obtuvo otras cuatro candidaturas: al Mejor actor principal (Jon Voight), al Mejor actor principal (Dustin Hoffman), a la Mejor actriz de reparto (Sylvia Miles) y al Mejor montaje.

Su director, John Schlesinger, atinó con todos los elementos que se barajan en una película para legarnos un retrato perfecto sobre un viaje iniciático que parte de la humilde y soleada Arizona a la rutilante y urbana ciudad de New York. ¿El precio del viaje? El protagonista crea un personaje ficticio, un cowboy, un tipo duro y seductor… con el fin de ganar dinero gracias a las mujeres. Como ven, la codicia justificó los medios, dió  sentido a su vida: vendió su alma. Se desconectó  de sí mismo.

Así es cómo  se pierde la inocencia y  el diamante que veníamos a pulir es sustituido por la fantasía del  TENER en lugar del SER.

Chaqueta de piel con flecos, botas y sombrero vaquero…, más la pose y su actitud,  recrearon una nueva  personalidad o máscara para cegar  el limpio corazón del chico de la América profunda. Aunque…,  a medio camino, la prostitución con hombres, la soledad…, la falta de  hogar…,  la  cruda aparente realidad que él mismo se había construído  le desbordó, hecho que afortunadamente le hizo despertar del “sueño”, y desear pasar página,  marcharse de allí…, recapitular.

Pero  lo más satisfactorio de esta pieza cinematográfica, está en la forma que nuestro cowboy escapa de ese mundo sórdido…, ¿cómo da el cerrojazo?: “ayudando a alguien que está en peores condiciones que él a hacer su sueño realidad: viajar a California”.

Por lo tanto, ayudar a alguien, cuando no se tienen fuerzas ni para uno mismo (audacia espiritual),  lo llevó al sol. Al sol californiano. A reencontrarse con el joven que iniciaba sus primeros pasos en la madurez, con la persona que era y que por una elección materialista estuvo a punto de perder.

Nilsson con su maravillosa canción “Everybody´s talking” cuenta lo mismo pero de forma condensada y metafóricamente.

Todo el mundo habla de mí

No oigo una palabra de lo que están diciendo

Sólo los ecos de mi mente

La gente se paraba mirando

No puedo ver sus caras

Sólo las sombras de sus ojos

(Soledad, aislamiento,

falta de corazón.)

Voy a donde el sol sigue brillando
A través de la lluvia intensa
Voy donde el clima encaje con mi ropa
Dejando atrás el viento del Noreste
Navegando por la brisa del verano
Y saltando sobre el océano como una piedra.

(Despedida hacia otro lugar donde pueda SER él mismo).

Podemos elegir quienes queremos ser,  elegir lo que decidimos elegir ser, engañar al mundo entero y a nosotros mismos, pero al final…,  nos damos cuenta  que lo mejor es SER de verdad lo que somos: únicos, imprescindibles, especiales y necesarios.

Mientras llegamos a esa constatación,  vamos ascendiendo por  nuestras mejores versiones posibles,  que al principio son instigadas por las circunstancias adversas,  pero  llegado el momento,   se transforma en una determinación firme.

El último puente hacia casa es  frágil,  pues solo se pasa actuando  contra nuestra naturaleza  al dejar de desear  RECIBIR. Doblegando el instinto pues mientras  domine no habrá camino para ejercer quienes somos ya que tapa la LUZ interior, nuestra esencia.  Nuestro libre albedrío empieza lejos del YO-EGO…, del intelecto y va  contra natura.

El crecimiento espiritual es molesto, es incómodo,  pues consiste en estar constantemente haciendo algo por los demás y si es posible desde el anonimato,  pero sus réditos son cuantiosos… Imagínense metiendo un palito de madera en una rueda hecha de nuestra dotación genética y nuestra cultura. Una palanquita hecha de voluntad que pretende librarnos  de dos yugos a la vez… para convertir DAR en nuestro instinto natural… ¡El mundo del revés!.

La idea no es luchar contra lo que no deseamos SER, sino extraer lo que ya somos y el camino es DANDO.

Si la canción que Julian Lennon dedica a su esposa, imaginan que se la dedican a sus verdadera esencia,  verán qué reveladora se vuelve la letra…

Que el lado luminoso de la fuerza te ayude a regresar pronto y recuerda que los pps, fotos, vídeos…etc… que te manden puedes compartirlos en: nosolodoctorylac@gmail.com


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