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Soltar

21 junio, 2011

Cuando se vive de acuerdo con la bondad fundamental, se alcanza la elegancia natural. Uno puede vivir a sus anchas, de  manera relajada, sin caer en el desaliño. Puede, efectivamente, renunciar a su depresión y a su perplejidad por su condición de ser humano y levantar el ánimo”.

Me gusta  la disciplina,  es como aprender a nadar,  dicen que para ser un guerrero de la luz hay que aprender a frenar la ambición y la frivolidad y, a partir de ello, se alcanza un buen sentido del equilibrio. El equilibrio no radica en aferrarse a una situación, sino en trabar amistad con el cielo y con la tierra. La tierra es la fuerza de gravedad, el sentido práctico. El cielo es la visión o vivencia del espacio abierto donde uno puede rectificar su postura, enderezar cabeza y hombros. El equilibrio reside en unir el sentido práctico con la visión, o podríamos decir, la destreza con la espontaneidad.

Primero , es necesario confiar en uno mismo. Después de se puede confiar también en la tierra, o en la fuerza de gravedad de una situación, y en virtud de eso puede uno elevar su vida. Llegado a este punto, la disciplina se convierte en un deleite, en vez de ser una experiencia penosa o una exigencia tremenda. Cuando se cabalga, el equilibrio no se obtiene inmovilizando las piernas contra la montura, sino aprendiendo a flotar con el movimiento del caballo. Así, cada paso es una danza, tanto para el caballo como para el jinete.

Cuando la disciplina comienza a ser natural, a ser parte de uno, es muy importante aprender a soltar.  Soltar tiene que ver con relajarse dentro de la disciplina, para así tener la experiencia de la libertad. Libertad, aquí, no significa desafuero ni desaliño, es, más bien, conducirnos con mayor soltura para experimentar plenamente nuestra existencia.

Para poder soltar, hay    que entrenarse primero tanto en la disciplina de la renuncia como en los aspectos de la disciplina que nos han inculcado .  Considero que esto es necesario para no confundir el soltar con la agresión o la arrogancia. Uno puede creer que soltar significa empujarse a si mismo hasta el límite de sus fuerzas, para demostrarse cuán  intrépido y valiente es. Esta actitud es demasiado agresiva. Soltar tampoco tiene que ver con pasarlo bien a costa del prójimo promoviendo el ego e “imponiendo su rollo” a los demás. Esta  clase de prepotencia   no proviene realmente de soltar, en definitiva sino de una inseguridad fundamental respecto a si mismo, que le vuelve a uno insensible , en vez de suave y afable.

Evidentemente el soltar es algo más que una simple relajación. Es una relajación que proviene de estar en armonía con el medio, con el mundo. Dicen que uno de los principios importantes de soltar es vivir en el desafío, lo cual no significa vivir en una crisis constante.

La versión de soltar en nuestra cultura, es irse de vacaciones o emborracharse, caer en el desafuero y el desaliño y hacer cosas escandalosas que, si estuviera en su “sano” juicio, jamás se le ocurrirían . Desde un punto de vista diferente, es comprometerse más con nuestra propia vida, porque entendemos que, tal como es, nuestra vida contiene los medios para levantarse incondicionalmente el ánimo y curarse de la depresión y de la duda.

Para muchos levantarse el ánimo significa convencerse a si mismo de que ha de sentirse mejor, en vez  de levantarse realmente el ánimo.

La alegría no radica en una fuerza de voluntad artificial, ni tampoco es necesario inventarse un enemigo y convencerlo para sentirse más vivo. Cuando nos miramos en el espejo, podemos apreciar lo que vemos sin preocuparnos de si lo que vemos es lo que debe ser. Con sólo relajarnos con nosotros mismos podemos captar las posibilidades de nuestros corazones y animarnos.Levantarnos, ir al cuarto de baño, ducharnos,  meditar o rezar, desayunar, todo lo que hacemos, podemos apreciarlo sin estar siempre preocupándonos por si se adecua o no  a nuestra disciplina o a nuestro plan para ese día.

Podemos apreciar nuestra vida, incluso si es una situación imperfecta. Quizá nuestra casa o apartamento no sea gran cosa, y los muebles sean baratos y estén pasados de moda. No es necesario vivir en un palacio. Podemos relajarnos y soltar dondequiera que estemos. Por ejemplo si nos mudamos a un departamento que han dejado un desastre, podemos dedicar un tiempo a limpiarlo y ordenarlo, no porque nos sintamos mal u oprimidos por la suciedad, sino porque nos sentimos bien. Si nos tomamos el tiempo de limpiarlo para así mudarnos a un lugar adecuado, podemos transformar un apartamento lamentable en un hogar acogedor.

La dignidad humana no depende de la riqueza monetaria.  La dignidad reside en usar los recursos humanos que nos son inherentes en hacer las cosa con nuestras propias manos, aquí y ahora, de manera bella y adecuada. Y eso es algo que podemos hacer, incluso en la peor de las situaciones, podemos dar elegancia a nuestra vida.

Hay una etapa en la de soltar que es el vivir sin engaño. Es más bien nuestro propio auto engaño, nuestra propia vacilación, nuestra  duda de nosotros mismos, lo que puede desorientar a la otra persona e incluso engañarla. Vivir sin engaño es, de hecho , una extensión de la veracidad: se basa en la sinceridad con nosotros mismos. Cuando tenemos una sensación de confianza en nuestra propia existencia, lo que comunicamos a los demás es auténtico y merece confianza.

El auto engaño surge a veces del miedo que uno tiene a su propia inteligencia, del miedo a no ser capaz de afrontar adecuadamente la vida. Muchas veces no somos capaces de reconocer nuestra propia sabiduría innata y, en cambio, ve la sabiduría como algo monumental, que está afuera de uno mismo.

Para poder vivir sin engaño, el punto de referencia con que no puede contar es saber que en uno existe ya la bondad y el amor verdadero. La certidumbre de ese conocimiento puede ser experimentada en la práctica de la meditación. En la meditación es posible alcanzar un estado mental en el que no hay vacilación, un estado libre de  temores y dudas. No oscila ante los altibajos pasajeros de los pensamientos y emociones . Al principio , es posible que no tengamos ninguna sensación. Mediante la práctica de la meditación vislumbramos una chispa, un destello de la bondad y el amor. Cuando percibimos ese destello, es posible que no nos sintamos del todo libres ni completamente buenos, pero nos damos cuenta de que el estado de vigilia el amor está ahí.

Podemos renunciar a la vacilación y, por consiguiente, podemos existir sin engaño. La vida adquiere una cualidad de inspiración, de algo que existe sin esfuerzo. El resultado de soltar es establecer contacto con esa energía inspirada que nos permite unir por completo la disciplina y el gozo, de modo que la disciplina se vuelve al mismo tiempo fácil y espléndida.

 




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