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17. Corre como León…, o como Antílope. Pero “corre”

27 septiembre, 2017

“De 50 sombras de enGREYdos”

Muchos de mis lectores me han oído hablar de los Eneatipos: se tratan de nueve  “máscaras”  posibles  por las que nuestra Alma elige caminar por el Mundo.

Los eneatipos basculan entre una virtud y una pasión como dos caras de la misma moneda.  Cada Eneatipo, en última instancia conecta con uno de los antiguos pecados capitales de la Iglesia Católica; el uno representa la Ira, el dos el orgullo, el tres la vanidad, el cuatro la envidia, el cinco la miseria, el seis la cobardía, el siete la gula, el ocho la lujuria y el nueve la pereza.

Del Eneatipo 9 se dice que representa una pereza que recibe el nombre de ACIDIA. Llegué a escribir en el 2012 que aunque todos los eneatipos no son ni buenos ni malos, ni mejores ni peores que otros, porque representan en última instancia el “Mecanismo de Defensa” con el que nos protegemos del sufrimiento.

Del eneatipo 9 está dicho que es el que más cerca está de Dios porque hay un trasfondo de Humildad que está en las antípodas del “orgullo” del Eneatipo 2, que de alguna manera estaría, por decirlo de alguna manera, un tanto más alejado de la Divinidad.

Esto no es Así. Lo sabemos,  es solo una “Disquisición Teórica y de Hecho” se habla mucho y con desesperación de la pereza del Eneatipo 9. Del Daño que se hace. Y del daño que puede hacer.

En realidad lo que la pereza del 9 esconde es un mecanismo de hiperadaptación para no luchar por sus creencias o por lo que quiere, porque ello le supone sufrir. Sufrir por no ser aceptad@, sufrir para no ser excluid@ o evitar a toda costa sentirse aceptado por los demás o por el grupo. O por Papá, o por Mamá. O por el “importante” del momento.

Ello conlleva renunciar a su Yo, lo cual se parece a la Humildad y por eso “se dice que están mas cerca de Dios” pero…   algo puede salir mal.

Muchos Eneatipos 9 son dejados por sus cónyuges, o ninguneados por sus íntimos, en Mujeres representan la “Santa Cede”, la que siempre “cede”; en Hombres representan el “Bobo aparente feliz” que compra palomitas de maíz además de haber invitado a todos al cine… y llevarlos a todos ellos (unos seis con sus parejas) en su pequeño mini Morris, y, por supuesto, pagar la multa por exceso de pasajeros…

¿Es esto Humildad? ¿Es Bondad? ¿Santidad?… ¿En última instancia Amor?. Y en última última instancia… ¿es esto libre Albedrio?

Y ahora viene la “sombra de Grey” de la que estamos tratando:

“aspirar a no sufrir a toda costa y disfrutar del Amor es un engañabobo de la dualidad de Matrix”.

Hemos hablado también del pan de la vergüenza como el leif motiv por lo que venimos a este mundo a conquistar algo que nos supone un esfuerzo.  Si no fuera así, seriamos como gatitos o perritos tumbados al Sol toda una vida con el objetivo vital de Ser acariciados por el calorcito del Sol y la Brisa del mar. Y solo movernos para comer, y si “nos dan de comer”…  ¡¡¡¡mejor!!!

Olvidamos que en Términos Metafísicos (y nosotros somos meta – más allá—de la física). este mundo dual en el que nos encontramos, es como África. En África cada mañana el Antílope sabe que ese día tiene que correr más que el León porque de lo contrario morirá. Cada día en África, el león se despierta sabiendo que ese día tiene que correr más que el Antílope si quiere comer y sobrevivir…

En África, es decir, en Matrix, en el mundo dual que el documental que arriba les ponemos, da igual ser Antílope o León. Ambos tienen que correr y cada día que corren un día más que  “el otro”, es un día más de vida.  Y un día más… de superación personal.  De este modo se “valora” la vida.

Hiperadaptarse para que no te quiten lo que tú más quieres es una renuncia muy arriesgada que nos puede llevar a la frustración, al desconocimiento de uno mismo y a las antípodas de la famosa frase de Sócrates: “Conócete a ti mismo”.

Disfrazarse de Árbol al Antílope no le sirve de nada. Hacerse Vegetariano el león es imposible. Ambos tienen su pan de la vergüenza, su tikun, su misión, su propósito en la vida. Y la capacidad de poder decir en el último minuto “hice cuanto pude”.

Todos nacemos con los puños cerrados como diciendo “vengo a correr”; nos vamos con las manos abiertas como diciendo: “lo intenté”…

El Eneatipo 9 no quiere correr, por eso es perezoso, se sube a un Árbol de la Sabana – no se si la Sabana africana tiene árboles, creo que sí— y ahí se queda sobreviviendo de las chuches que le dan los turistas que vienen de safari a África admirados de ver a un león o a un antílope en la copa de un Árbol…

El final es triste, porque la frustración de no ser uno mismo con tal de ser feliz, les deshumaniza y acaban siendo usados como muñecos que se dejan manejar por los demás. Y el entorno lo sabe y les sigue el juego. Roma no paga a traidores.  Al final no encontramos el sitio, y nadie nos lo da. Y eso da rabia. Y la rabia te lleva a la autodestrucción o a vomitarla algún día convirtiéndote de repente en la niña del exorcista cosa más que improbable.

Es mal negocio  a largo plazo renunciar a lo que uno es.   Si eres León y llevas tres semanas en la copa del Árbol acabarás muriendo de hambre, y si eres Antílope o bien mueres de hambre allá en la copa del árbol, o bien mueres de aburrimiento, que quizás es peor porque es una muerte lenta. Y siempre está, además,  por aquello de la ley de Murhy, que te entre sueño, des una cabezadita, te caigas del Árbol…. y te coma el León.

Todos tenemos algo de 9 en nosotros; especialmente, los eneatipos 3 y 6 al que un servidor pertenece. Todos tenemos la tentación de diluirnos y renunciar a ser uno mismo con tal de no sufrir, de ser aceptado, de pasar una existencia feliz, hiperadaptada, pero cuidado con la trampa de hacerse el hara kiri espiritual y volver con las manos vacías sin la misión cumplida…, como me enseñó un sabio profesor que conocí:

A ver…, ¿qué es lo primero que te van a preguntar cuando tras la muerte salgas de la dualidad?

Respuesta: ¿por qué no has sido “TÚ”?

 

 

 

 

 

En casa del herrero…

13 mayo, 2011

Trabajo en televisión pero lo cierto es que la veo muy poco. Procuro estar al día y le echo un vistazo a los “nuevos” formatos, aunque suelo hacerlo en internet y así me ahorro la publicidad.

A mí me gustan los documentales, los concursos de toda la vida (Saber y ganar, Cifras y letras, Pasa palabra…) No puedo seguirlos fielmente porque mi horario laboral varía muchísimo, pero no importa, no son como las series, aunque a alguna que otra me he enganchado…

Me pasó con Lost y no es que me arrepienta, pero fui de las que, tras levantarme a las 4 de la mañana para ver el capítulo final, pensé que los arrepentidos deberían haber sido los guionistas. Desde entonces no he empezado a ver ninguna serie nueva por propia iniciativa (sigo Ángel o Demonio, pero es por alusiones y una especie de “prescripción”).

Sin embargo, llevo 7 temporadas de House. Ese médico misántropo, sarcástico, irrespetuoso, cínico, ególatra, irónico, prepotente y poco ortodoxo que cada semana consigue diagnosticar lo que antes nadie pudo.

Este personaje cojo, borde, adicto rehabilitado a la Vicodina y ejemplo máximo de lo políticamente incorrecto ha llegado a conseguir, a pesar de todo, 86 millones de telespectadores con un solo capítulo (17 millones de hogares estadounidenses sintonizaron la Fox en el estreno de este capítulo llamado Un día, una habitación y dirigido por el argentino Juan José Campanella, quien se caracteriza por contar historias de sentimientos) en el que una joven víctima de una violación requiere de su atención a pesar de no parecer el facultativo “más apropiado”.

La pregunta es obvia ¿por qué? ¿Quién querría pasar su tiempo con una persona que acabará ridiculizándote, insultándote, buscando y viendo lo peor de ti mismo, ignorando por completo tus necesidades, allanando tus propiedades y tu intimidad, tratando de aprovecharse de ti…? La respuesta no es un masoquista, aunque no creáis que no lo he pensado… la respuesta está en su propia filosofia

House afirma que Todo el mundo miente, lo que complica o impide descubrir la verdad. Éste es su argumento para ignorar los protocolos e incluso los derechos de sus pacientes y de todas las personas que le rodean. Por eso miente él a los demás, para reafirmar su ego. Pero la importancia de esa teoría no reside en las mentiras que contamos a los demás, sino en las que nos contamos a nosotros mismos.

Este irreverente doctor se considera un defensor incondicional de la lógica y la racionalidad, sin embargo, todos los capítulos se desarrollan (llega un caso descartado por varios médicos) y se resuelven de la misma forma: después de que una frase o un objeto o un lugar ajenos al caso, de repente, le inspiran la solución, se habla incluso de las “epifanías de House”. Se podría hablar de casualidad… sí, no seré yo quien diga lo contrario, pero entonces habría que hablar de muuuuchas casualidades, exactamente de una por cada caso.

No hay duda de que se trata de un personaje inteligente y bien formado, pero no es su intelecto en solitario el que consigue diagnosticar, es la suma de éste con “algo” más. Se le puede llamar suerte o apreciar que no sólo somos cuerpo (Estar) y mente (Existir), sino que tenemos un espíritu (Ser) capaz de conectarse a una “Red de redes” e interpretar como señales esos hechos, en principio fortuitos, que ayudan a desentrañar las situaciones.

Por lo tanto, si el Dr. House ha gozado de un éxito tan rotundo, es sin duda porque representa con mayúsculas ese prototio que él mismo define, esa incongruencia en uno u otro sentido, tanto da, de que todo el mundo SE miente y por eso, todo el mundo sufre… a veces

Aguanta

No estás sol@

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