Temas etiquetados como: ‘superficial’

Qué bonito

25 noviembre, 2011

Los Naranjitos (Nosólodoctor y Nosóloyoda)

El otro día, mi joven profesor me hizo “reconocer” (lo sabía pero no me había fijado) que todas las cosas de este  mundo (materiales) tienen un “exterior” y un interior”: las frutas, las canciones, los paisajes… incluso las personas tenemos una “máscara” (nuestra personalidad) que nos protege de un entorno “hostil”; un “filtro” (nuestro carácter)  con el que “nos dejamos” con unos y nos “resistimos” con otros y una “esencia” (nuestro temperamento). En ese contexto, nuestros “ojos” se convierten en las ventanas de nuestro “temperamento”, de la “torre” en la que vivimos mas o menos aislados…

La entrada que Nosóloyoda propone que realicemos a “duo” trata sobre la belleza; de lo que despierta en las personas y de hasta qué punto nos apegamos o guardamos una distancia emocional que nos haga “regular” la válvula hacia una comunión voluntaria de intención y acción o una posición de “cero grados” donde podamos ver los toros desde la barrera y así estar preparados para lo que venga y con ello sufrir menos.

¿Realmente necesitamos “poseer” todo lo que nos entra por el ojo o por cualquiera de los sentidos? Apreciar o admirar la hermosura de algo o alguien pueden conducir al deseo de detentarlo o por contra, inspirar o despertar la nobleza que habita en cada cual.

La creencia de que la apropiación es la solución más eficiente es lo que conduce a la envidia, a los celos, a la insatisfacción y a conclusiones erróneas en forma de sentimientos falaces y confusos que desembocan en decisiones de dudosa fiabilidad; a veces, un envoltorio llamativo, una belleza extrema puede acabar perjudicando porque nos incita a quedamos “ahí” y a no querer progresar, lo que conlleva que su escencia, al no recibir estímulos, se atrofie y muera.

Sin embargo, captar la hermosura y dejar que siga fluyendo sin el yugo restrictivo de nuestro dominio, permitiendo que crezcan nuestro interés y nuestro deseo ampliándose con el conocimiento del contenido interior (esencia), contribuye a que crezca, se desarrolle y llegue hasta nosotros en la forma madura que hará que persista de un modo más estable y provechoso, en incluso sostenible, podríamos decir.

Como en el caso de la famosa campaña de protección de inmaduros “Pezqueñines. No, gracias. Debes dejarlos crecer” ¿La recordáis?

Pues algo así. La inmadurez, lo primero (y lo primero que percibimos suele ser el exterior) aparenta ser muy sabroso y tierno (bonito al paladar) y parecería que la mejor forma de disfrutarlos es consumirlos mientras son así, pero lo cierto es que eso sólo conduce a la extinción de nuestro objeto de deseo. Como en la cancion de Richard Cocciante, la belleza sin alma no es más que una ilusión.

La mejor forma de proceder ante la belleza sea quizás disfrutar de su contemplación y dejar que evolucione, que madure y se complete con la esencia que encierra.

¿Habéis pasado por ese momento en el que dos personas empiezan a conocerse, se gustan y todo se convierte en un “quiero saberlo todo de ti y compartirlo todo contigo” y se lanzan a la piscina dejándose llevar por el deseo inicial y luego… luego ¿qué? Luego la relación se convierte en una disputa territorial por la parcela afectiva que debería unirlos y que ha acabado siendo una negociación de competencias y un eterno enfrentamiento por la ubicación de la linde: los límites son donde termina algo, pero también donde empieza otra cosa; son los que separan, pero también son el lugar donde vienen a confluir las partes. En las relaciones románticas, sobre todo, una cosa es “atraccion” (casi siempre apego desmedido, una visión túnel provocada por el deslumbramiento que provoca la belleza), otra cosa es contemplación y admiración mutuas y otra, el Amor con mayúsculas que deja espacio y tiempo y favorece activamente el desarrollo y la evolución total.

Cuando nos empeñamos en mantener lo que se basó sólo en un arrebato de superficialidad, le estamos dando paso a una insustancialidad que se precipita casi irremediablemente a autoconsumirse, dejando desoladas las partes y la sumatoria de ambas. Porque, si no nos gusta lo que llegamos a conocer y que ya hemos hecho “nuestro” ¿qué hacemos: tratamos de cambiar su esencia o lo tiramos a la cuneta como al perrito que nos regalaron por navidad y que resultó ser algo más que un peluche (tiene necesidades que cubrir) cariñoso?

Si nos esforzamos y ponemos de nuestra parte (y hablamos de paciencia), la belleza no sólo puede satisfacer nuestros sentidos, si buscamos más, si somos un poco más exigentes y comparativos, la belleza puede adquirir un significado más amplio, incluyendo una especie de practicismo que la asocie al todo: a la fachada y al hogar, al envoltorio y al continente, al escaparate y al almacén.

No es una negación del “aquí” y del “ahora” o del “carpe diem“, sino de verlo teniendo en cuenta un punto de vista más amplio, con una perspectiva más enfocada en vencer la insatisfacción en lugar de alimentarla.

Qué bonito sería que compartiéseis con nosotros en nosolodoctorylac@gmail.com



Licencia de Creative Commons
Nosolounblog by Nosolounblog is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.