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4. Los Engreídos.

25 noviembre, 2018

 

A  esta altura del Árbol de la vida, a tres escalones de liberarse de la dualidad, te habrás dado cuenta de cuan fácilmente construimos nuestra realidad a través de nuestra forma de hablar: si decimos “divina de la muerte”, por ejemplo, estamos diciendo que para nosotros lo divino y lo inerte vienen a ser una cosa,  si decimos: “asco de vida”, estamos creando una realidad desilusionante,  con medias verdades o mentiras “piadosa”, que finalmente nos repugnará y nos hará vomitar “asco”. Y así todo.

Palabras como “buena o mala suerte”, “me merezco o no me merezco”,  “no es justo o es justo”,  “es culpable o no lo es”, etc…, son las palabras que nos hacen crear nuestra realidad a corto y largo plazo. Pero saber no es conocer.  Yo, por ejemplo, sé lo que es un parto y he asistido a muchos pero no “conozco” (vivido)  un parto; sé que duele pero no me ha dolido a mí, sé que merece la pena pero no sé hasta cuanto sí o no merece la pena.

Lo que sembraste ayer es lo que recoges hoy, y casi el 100% de las veces nosotros convocamos de forma inconsciente los acontecimientos futuros. A mejor y  mayor conocimiento,  mejor y más libre elección.  Porque la necesidad está en las antípodas  de la libertad.  “La verdad nos hará libres”. Cierto. Pero nunca tendremos en este plano y en nuestro nivel la verdad absoluta, aunque las personas inmaduras e ignorantes vayan por la vida “en nombre de la verdad”  juzgando y emitiendo edictos sobre tal o cual cosa, que poco tiempo después en función del guión de sus vidas defiendan lo contrario y defiendan la “nueva” verdad.

La verdad, que en hebreo se dice EMET tiene un valor de guematria de 9. El nueve es el último número de la individualidad. A partir de él empieza la pluralidad y la convivencia. Cualquier número multiplicado por 9, suma 9. Es decir, el 9 no cambia, ni multiplicado por 3 (27=2+7=9) ni  multiplicado x 15 (135=1+3+5=9). La verdad no cambia en función de nuestros intereses, ni en función de nuestras necesidades, ni en función de nuestro sistema de creencias al cual pertenezcamos. A la única verdad que podemos aspirar es a “nuestra verdad”, y nuestra verdad consiste en pensar, sentir, decir y hacer lo más alineado posible, aunque casi siempre como observaréis pensamos algo, sentimos otra cosa, decimos una parte y hacemos lo contrario.

La manta número 4, la sombra de los “engreídos”, es esa: ¿Quiénes son los engreídos? Aquellas personas que viven en “la” verdad absoluta y no se interesan para nada en “tu” verdad. Viven para conquistar opiniones y voluntades ajenas que retroalimenten su verdad, porque no debería haber otra. Son una especie de ISIS anímico que corta tu  cabeza, si piensas, sientes, hablas o haces de un modo “que no se lleva”.

Precisamente, para defendernos del pavor que nos da ese ISIS anímico, se va construyendo eso que llamamos “EGO”, que nos vende la moto de que nos protege de la incertidumbre, del rechazo y del desamor. Tampoco es verdad.

Siempre tengo muy en cuenta un consejo de mi Catedrático de Psiquiatría, Don Manuel Ruiz, que allá por el año 1980 me dijo, entre otras muchas cosas…

  • Salama, cuando alguien le diga que es usted lo mejor y que gracias a usted se ha sanado de tal o cual afección…, no le crea. Y cuando alguien le eche en cara o le diga: es usted un pesetero, una mal persona, tal o cual…, igualmente, no le crea. Porque solo usted sabe lo que es, y la proyección que usted da hacia los demás no es usted. Es simplemente una proyección, algo virtual, que depende del observador no del emisor. Así que no se pase la vida alimentando y gastando energías que sostengan esa proyección que a usted le reafirma, o intentando lo contrario, es decir, no se pase la vida intentando revocar la imagen que tienen de usted. Se dará cuenta más tarde que pronto, que la vida se le pasó en intentar, en perseguir al pollito equivocado, y cuando uno se da cuenta, queda poco tiempo y mucha soberbia para reconocer que estábamos equivocados.

Gracias Don Manuel. Verdad de la buena. Je…



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