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Asuntos del alma

28 mayo, 2015

De thelma y luisa…
(para un alma errante allende los mares)

Como contaba “El cuidador de almas” que comparte camino con alguno de nosotros, existen tres tipos de asuntos en el universo: los míos, los tuyos y los que escapan al control de las personas… “los asuntos de Dios”.

Buena parte de nuestro estrés proviene de vivir mentalmente fuera de nuestros propios asuntos con nuestra mochila cargada con asuntos de los otros dos. Cuando le digo a alguien: “Necesitas encontrar un trabajo, quiero que seas feliz, deberías ser puntual, necesito tu opinión,  deberías….”  bla bla bla,  me estoy inmiscuyendo en sus asuntos  y cuando me preocupo por los terremotos, las inundaciones, la guerra o la fecha de mi muerte, estoy metiéndome en los asuntos de Dios.

Si mentalmente estoy metido en tus asuntos o en los de Dios, el efecto es que estoy disociado y no estoy presente 100% en mi vida, en mis asuntos. Y disociado es lo contrario de alineado que es cuando alma, mente y cuerpo están enfocados en el mismo asunto. Si me inmiscuyo en los asuntos de mi madre con pensamientos del tipo: “Mi madre debería comprenderme”, experimentaré de inmediato un sentimiento de frustración. Cada vez que me siento herido o frustrado lo más probable es que me esté ocupando en los asuntos de otra persona: otro Yo que no soy yo…. llenando mi mochila de cargas ajenas, aunque mi vida, de esa forma,  poco a poco se vaya quedando sin tiempo para mi,  distraído en atender a cualquiera que se encuentre de puertas para afuera,  convirtiendo esa dedicación en atender a todo, a todos, excepto a mí mismo, en un escudo tras el que esconderme  para, de esa forma, evitando soltar las mochilas ajenas, no ver el trabajo que realmente me corresponde.

Sé impecable, dice Nosolodoctor, ni mucho ni poco, simplemente hacer lo que hay que hacer.

Hay quienes  se dedican a aliviar el pesar ajeno, a quitar o paliar el sufrimiento, sin dejar de aprender para  ser cada día un poco mejor. A través de ellos, de alguna forma, el alivio o la curación a los demás llega impregnado de su aprendizaje y crecimiento personal. Algo muy diferente a esconderse tras una misión salvadora para evitar mirar hacia tu propio interior, agazapados bajo la manta del buen samaritano ¿quién podría reprocharnos nada?

Pero en el fondo del alma, sabemos que estamos dejando ir el tiempo en los asuntos de otros. No es nada fácil, a solas contigo mism@ mirar en lo más profundo de tu interior, poner un espejo en el que se refleje la luz de tu alma, mirar, mirarte sin tapujos, sin excusas… sobre todo sin excusas. Como mirar, la luz que la luna refleja en el mar, solo que esta vez lo que observas, son tus luces y tus sombras, tus aciertos y errores, tus orgullos y tus vergüenzas… cuesta, y mucho, pero nunca se dijo que fuera fácil.

Quizás aprendimos que mirar por nosotros es egoísmo, pero si llega el día en el que tomamos conciencia de que, si no cultivas el amor en ti no podrás repartirlo, ese día puedes elegir no mirar hacia otro lado, y como el médico que sana y también cuida de su salud, si quieres cuidar puedes comenzar aprendiendo a cuidar-te. Un enfermo no puede dedicarse a cuidar y sanar a otros, igualmente el que no se ama no puede dar amor, por lo que está dando otra cosa, encubriendo sus miedos, por lo que tarde o temprano aparecerá su ego pasándole factura “al ayudado”.

Da igual que nos escondamos bajo una manta como niños. Nosotros decidimos venir a aprender, quisimos venir a este mundo para mejorarlo, aceptamos ese reto, esa responsabilidad, es nuestro merito, es nuestra prueba. Podemos pasar el tiempo con las mochilas de los demás,  pero si viniste a aprender humildad, amor, aceptación, desapego… ese es tu trabajo, el que solo puedes hacer tu, que requiere de un esfuerzo de superación y un aceptar la responsabilidad de tu existencia  y del don que te haya sido otorgado para encontrar tu camino y bendecir con él a la humanidad. Si cada uno sacase a pasear a nuestro Don, nadie tendría que pre-ocuparse del otro.

Algunos se embarcan en la búsqueda de esa misión que trajimos, ese aprendizaje que nos comprometimos a hacer cuando el alma se acomodó en el cuerpo que nos está sirviendo de carruaje para aprender,  para corregir errores anteriores y trascender.

En esa búsqueda algunos encuentran el compromiso que hicimos antes de nacer, antes de que perdiéramos la memoria ancestral, para dar paso al libre albedrio que nos permite decidir sin miedo  lo que queremos alimentar, nuestra luz o nuestra sombra, tal como narraba aquella historia de un viejo indio que sentado con su nieto al lado de la hoguera, le decía…“Me siento como si tuviera dos lobos peleando dentro de mi corazón. Uno está enfadado, es violento y vengativo. El otro esta lleno de amor y comprension.” “Y díme, abuelo, cuál de los dos ganara la lucha de tu corazón?” Y el abuelo respondió: “Aquel a quien yo alimente!”

Cuenta una antigua leyenda sufí, que antes de venir al mundo, los bebés en el útero de su madre conocen todos los secretos del universo,  pero justo antes de nacer llega un ángel  que poniendo un dedo sobre su boca le susurra al oído: «¡Ssshh! ¡No cuentes lo que sabes! ¡Olvida! ¡Aprende!» (Bab’Aziz, el sabio sufí)

“Identifica tus metas y el propósito ultimo de lo que anhelas; identifica cual es la resistencia que se opone. Pon atención en ello y desarrolla la autodisciplina para tener la suficiente constancia y la velocidad de crucero necesaria para poder llegar de una manera impecable. “

Nosolodoctor

Quizás, sólo quizás, si cada uno realizáramos nuestro trabajo y nos ocupásemos en hacerlo realmente bien, siendo nuestra mejor versión, estando disponible para el otro como simple acompañante, como una mano amiga, dejándole con su trabajo y centrándonos en el nuestro, quizás el mundo, este mundo nuestro, pueda alcanzar la transcendencia…y ¡que Dios reparta suerte!

Nosolonavegante, el próximo jueves volvemos con más reflexiones.



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