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14. Separar lo accesorio de lo principal

25 enero, 2018

De 50 sombras de enGreydos.

“La mayor parte de nuestras frustraciones vienen por una lectura rápida y superficial de nuestra realidad”.

Todo en nuestro mundo es dual: Fondo y Forma, Alma-Cuerpo, Yin-Yang, Recipiente-Relleno, Espacio y Tiempo, “principal y  accesorio”.

En realidad nuestra  vida es como una Boda. En una Boda  los novios y sus padres se preocupan y gastan tiempo y dinero en las características del banquete, la música y los invitados, y apenas reparan en la característica del anillo o las cualidades personales de los testigos ante el  acto  trascendente del casamiento, pues son dos personas que deciden unir sus vidas en un proyecto común, creíble y sostenible, donde 1 + 1 será igual a 1.

Cumplimos con alguien para que sean testigos de ese enlace, y a veces la elección de los testigos sigue más unos criterios sociales que trascendentales. Es más, muchas veces los novios apenas comen en su mesa el día del banquete; entre saludos, nervios, fotos, regalos y bailes es casi imposible.

En el mismo sentido,  nuestra  vida también es así; no distinguimos mucho entre lo prioritario (comer nuestro comida, es decir, vivir el momento con conciencia, alimentar nuestro espíritu, justificar nuestra existencia y engordar nuestro saldo energético-espiritual), de lo accesorio (ocuparnos de saludos, salir en la foto, triunfar, recibir regalos, tener una  hipoteca, competir con el vecino, prosperar… ), y nos ocupamos y ocupamos de tantas cosas “vanas” que finalmente apenas nos sentamos y comemos de nuestro propio banquete.

Tags: vivir conscientes, herraminetas para vivir espiritualmente, vida plena, apariencias y esencia, criterios para vivir con valores.

Asuntos del alma

28 mayo, 2015

De thelma y luisa…
(para un alma errante allende los mares)

Como contaba “El cuidador de almas” que comparte camino con alguno de nosotros, existen tres tipos de asuntos en el universo: los míos, los tuyos y los que escapan al control de las personas… “los asuntos de Dios”.

Buena parte de nuestro estrés proviene de vivir mentalmente fuera de nuestros propios asuntos con nuestra mochila cargada con asuntos de los otros dos. Cuando le digo a alguien: “Necesitas encontrar un trabajo, quiero que seas feliz, deberías ser puntual, necesito tu opinión,  deberías….”  bla bla bla,  me estoy inmiscuyendo en sus asuntos  y cuando me preocupo por los terremotos, las inundaciones, la guerra o la fecha de mi muerte, estoy metiéndome en los asuntos de Dios.

Si mentalmente estoy metido en tus asuntos o en los de Dios, el efecto es que estoy disociado y no estoy presente 100% en mi vida, en mis asuntos. Y disociado es lo contrario de alineado que es cuando alma, mente y cuerpo están enfocados en el mismo asunto. Si me inmiscuyo en los asuntos de mi madre con pensamientos del tipo: “Mi madre debería comprenderme”, experimentaré de inmediato un sentimiento de frustración. Cada vez que me siento herido o frustrado lo más probable es que me esté ocupando en los asuntos de otra persona: otro Yo que no soy yo…. llenando mi mochila de cargas ajenas, aunque mi vida, de esa forma,  poco a poco se vaya quedando sin tiempo para mi,  distraído en atender a cualquiera que se encuentre de puertas para afuera,  convirtiendo esa dedicación en atender a todo, a todos, excepto a mí mismo, en un escudo tras el que esconderme  para, de esa forma, evitando soltar las mochilas ajenas, no ver el trabajo que realmente me corresponde.

Sé impecable, dice Nosolodoctor, ni mucho ni poco, simplemente hacer lo que hay que hacer.

Hay quienes  se dedican a aliviar el pesar ajeno, a quitar o paliar el sufrimiento, sin dejar de aprender para  ser cada día un poco mejor. A través de ellos, de alguna forma, el alivio o la curación a los demás llega impregnado de su aprendizaje y crecimiento personal. Algo muy diferente a esconderse tras una misión salvadora para evitar mirar hacia tu propio interior, agazapados bajo la manta del buen samaritano ¿quién podría reprocharnos nada?

Pero en el fondo del alma, sabemos que estamos dejando ir el tiempo en los asuntos de otros. No es nada fácil, a solas contigo mism@ mirar en lo más profundo de tu interior, poner un espejo en el que se refleje la luz de tu alma, mirar, mirarte sin tapujos, sin excusas… sobre todo sin excusas. Como mirar, la luz que la luna refleja en el mar, solo que esta vez lo que observas, son tus luces y tus sombras, tus aciertos y errores, tus orgullos y tus vergüenzas… cuesta, y mucho, pero nunca se dijo que fuera fácil.

Quizás aprendimos que mirar por nosotros es egoísmo, pero si llega el día en el que tomamos conciencia de que, si no cultivas el amor en ti no podrás repartirlo, ese día puedes elegir no mirar hacia otro lado, y como el médico que sana y también cuida de su salud, si quieres cuidar puedes comenzar aprendiendo a cuidar-te. Un enfermo no puede dedicarse a cuidar y sanar a otros, igualmente el que no se ama no puede dar amor, por lo que está dando otra cosa, encubriendo sus miedos, por lo que tarde o temprano aparecerá su ego pasándole factura “al ayudado”.

Da igual que nos escondamos bajo una manta como niños. Nosotros decidimos venir a aprender, quisimos venir a este mundo para mejorarlo, aceptamos ese reto, esa responsabilidad, es nuestro merito, es nuestra prueba. Podemos pasar el tiempo con las mochilas de los demás,  pero si viniste a aprender humildad, amor, aceptación, desapego… ese es tu trabajo, el que solo puedes hacer tu, que requiere de un esfuerzo de superación y un aceptar la responsabilidad de tu existencia  y del don que te haya sido otorgado para encontrar tu camino y bendecir con él a la humanidad. Si cada uno sacase a pasear a nuestro Don, nadie tendría que pre-ocuparse del otro.

Algunos se embarcan en la búsqueda de esa misión que trajimos, ese aprendizaje que nos comprometimos a hacer cuando el alma se acomodó en el cuerpo que nos está sirviendo de carruaje para aprender,  para corregir errores anteriores y trascender.

En esa búsqueda algunos encuentran el compromiso que hicimos antes de nacer, antes de que perdiéramos la memoria ancestral, para dar paso al libre albedrio que nos permite decidir sin miedo  lo que queremos alimentar, nuestra luz o nuestra sombra, tal como narraba aquella historia de un viejo indio que sentado con su nieto al lado de la hoguera, le decía…“Me siento como si tuviera dos lobos peleando dentro de mi corazón. Uno está enfadado, es violento y vengativo. El otro esta lleno de amor y comprension.” “Y díme, abuelo, cuál de los dos ganara la lucha de tu corazón?” Y el abuelo respondió: “Aquel a quien yo alimente!”

Cuenta una antigua leyenda sufí, que antes de venir al mundo, los bebés en el útero de su madre conocen todos los secretos del universo,  pero justo antes de nacer llega un ángel  que poniendo un dedo sobre su boca le susurra al oído: «¡Ssshh! ¡No cuentes lo que sabes! ¡Olvida! ¡Aprende!» (Bab’Aziz, el sabio sufí)

“Identifica tus metas y el propósito ultimo de lo que anhelas; identifica cual es la resistencia que se opone. Pon atención en ello y desarrolla la autodisciplina para tener la suficiente constancia y la velocidad de crucero necesaria para poder llegar de una manera impecable. “

Nosolodoctor

Quizás, sólo quizás, si cada uno realizáramos nuestro trabajo y nos ocupásemos en hacerlo realmente bien, siendo nuestra mejor versión, estando disponible para el otro como simple acompañante, como una mano amiga, dejándole con su trabajo y centrándonos en el nuestro, quizás el mundo, este mundo nuestro, pueda alcanzar la transcendencia…y ¡que Dios reparta suerte!

Nosolonavegante, el próximo jueves volvemos con más reflexiones.

Volver a casa

12 mayo, 2015

By Nosolodoctor, Nubepink y Nosolomamá

Se trataba sólo de mi examen físico anual de rutina. No tenía problemas de salud ni quejas particulares. Tanto mi madre como mi padre habían vivido una vejez saludable. Supuse que recibiría las clásicas palabras tranquilizadoras: “todo está bien” junto con una sugerencia de que volviera en un año.

Me pareció raro que el doctor no estuviera sonriendo cuando me llamó a su oficina para darme los resultados de sus análisis. Fue entonces que empecé a sospechar que algo podría andar mal.

-Me es difícil decirle esto —comenzó diciendo—. No tengo cómo decirlo de forma más suave. Usted es sacerdote, un hombre de fe, y sé que encontrará cómo lidiar con las noticias que estoy a punto de darle. Tiene una rara enfermedad  terminal para la que no hay cura conocida…

Casi no escuché el resto.

Mi cabeza comenzó a dar vueltas. Había sido el predicador de una congregación por casi cuatro décadas. Entre mis funciones había aconsejado a los enfermos y había apoyado a los agonizantes. Casi siempre sabía qué decirles a quienes se enfrentaban a los más graves desafíos. Ayudé a la gente a enfrentarse a la muerte.

Pero esta vez era completamente diferente. No le estaba pasando a otra persona, ¡me estaba pasando a mí!

Por primera vez en mi vida, a pesar de tener 78 años, me di cuenta que realmente iba a morir.

¿Cómo podemos olvidar esa verdad sobre nuestra existencia? El famoso primer dictado de la vida llamaba a mi puerta; ante mí se presentaba la realidad universal de la vida, a la que no queremos ni ver ni oir… Asumimos que viviremos para siempre, eliminamos de nuestra mente la posibilidad de la muerte como si al negarla pudiéramos evitar su certeza. Como dice Woody Allen, decimos no temerle a la muerte, pero “no queremos estar allí cuando ocurra”. Je…

Steve Jobs en su legado nos  dejó escrito que la muerte siempre nos está esperando al final del camino, sólo que no sabemos cuándo será. Y escucharla como un diagnóstico médico hace que su certeza sea inevitable.

Así que voy a establecer las 10 prioritarias cosas que debo, quiero y me gustaría hacer antes de volver a casa… Por ese orden: lo que creo que debo hacer, lo que quiero hacer y lo que me gustaría hacer….

Y aquí las tienes. Un beso.

1. Daré  valor a lo que realmente lo tiene, para poder regresar sabiendo que he gastado de forma consciente, buena parte de mi tiempo, en aquello que realmente es valioso.

2. Me responsabilizaré  de mis errores en la misma medida que de mis aciertos, para así sentir que soy justo.

3. Viviré en estado de equilibrio, paz y armonía espiritual.

4. Seré flexible y  fluiré con los acontecimientos, me  ocuparé  en lugar de preocuparme sin sentido para así  superar  las adversidades.

5. Mi mayor deseo es que  en mi mochila solo quede la satisfacción del trabajo bien hecho. Un trabajo por el que merezca la pena vivir. Haré aquello que realmente merezca la pena.

6. Viviré cultivando la chispa de un niño alegre que siente la vida como un juego, que se siente entusiasmado por el mero hecho de existir.

7. Seré un ser vulnerable a la verdad.

8. Seré consciente de mi infinita pequeñez y guardaré un respetuoso silencio ante el Universo.

9. Seré valiente y estaré  en movimiento, la acción será mi fiel compañera. Me   dejaré  mecer por los vaivenes de la vida al igual que por las olas.

10. Amaré la vida procurando nutrir sin juicios a todos y a todo.

11. Cuidaré mi boca mediante un estado de plena consciencia para que de la verdad y la gracia sea portadora.

¿Y tú ?…

(La lista que acabo de hacer,  la verdad que no está completa ni es fija, la renuevo cada mes como la luna… Si quieres podemos seguir haciéndola juntos… Espero curioso tus palabras. Je….)

Pero lo más interesante del tema este, de  por qué estoy  escribiendo acerca de los enfermos terminales es la sorprendente conclusión sobre mi historia personal.

Han pasado dos años. Dos años de regalo. Me dijeron que iba a morir. Una rápida búsqueda en Google me informó que mi condición de “terminal” normalmente permite seis meses más de vida a partir del diagnóstico. ¡Eso pasó hace casi dos años y medio!

Gracias a Dios hoy sigo sintiéndome perfectamente bien. Mi equipo de doctores siguen preguntándose cómo es que pasó. Yo traté de explicarles que me someto a una medicación que se ha probado ser exitosa durante miles de años, aunque sus propiedades curativas aún no han sido científicamente corroboradas.
Consiste básicamente en no estar enfocado en “cómo morir”, sino enfocarme solo en cómo vivir.

Nosolonavegante, esperamos tus propuestas para inspirarnos en ellas… Nos vemos el próximo jueves.

Nunca pensé que…

9 enero, 2014

By Nosolodoctor, Nuberosa y su propia esfera de influencia.


Dedicado a Toñi García con casi veinte años de retraso…




Basado en un caso real de Irvin Yalom

Elva fue una paciente que entró un día en la consulta… y, casi al mismo tiempo, en mí. Recuerdo sus primeras palabras tras cerrarse la puerta…

-Creo que necesito ayuda – dijo encaminándose al sillón donde se desplomó abatida -Mi vida no merece la pena, ya hace más de un año que mi marido murió, y nada va a mejor… Quizás  soy muy lenta.

Sin embargo, hasta ese día su terapia había ido muy bien por lo que me pregunté ¿qué le habría pasado para hacerla hablar  así?

-Nunca pensé que me pasaría a mi… me han robado – Dijo mirándome muy triste.

Imaginé que el ladrón se fijaría en ella cuando abrió la cartera llena de dinero para invitar a sus tres amigas, todas viudas sesentonas, debió seguirla hasta el aparcamiento donde, apareciendo de la nada, le arrebató el bolso y echó a correr despareciendo sin darle tiempo a reaccionar. El clásico “tirón”.

Elva, pese a sus varices, regresó corriendo al restaurante pidiendo ayuda, pero ya era demasiado tarde. Unas horas después, la policía encontró su bolso colgado de un arbusto junto a la carretera, los 300 euros habían desaparecido. Durante unos días estuvo preocupada, el dinero no le sobraba, pero esa sensación gradualmente fue dando paso a una lenta amargura, esa que tan bien expresa la frase: “Nunca pensé que me pasaría a mí.”

Junto a aquella pequeña fortuna, a Elva le robaron la ilusión de estar en la zona VIP de la vida, la ilusión de sentirse “una persona especial” alejada de esas abundantes masas de los periódicos sensacionalistas y boletines informativos, a las que maltratan o lisian.  Fue como decirle adiós a la comodidad, a la ternura de la vida.

Elva se sentía insegura y en alerta constante. Otras víctimas de robos gradualmente recuperan su normalidad. Pero para ella, lo sucedido le confirmó, de forma brutal, la muerte de su marido, el que la protegía, el que realmente le daba seguridad. Le hizo añicos su ilusión de que Albert siempre estaría para cuidarla, para arreglarlo todo. Esa ilusión nosoloreconfortante le había durado cuarenta y un años. Era comprensible que para Elva, de alguna forma, Albert aún seguía ahí afuera en el taller, mirando por ella, arreglando cosas.

Por supuesto que ella sabía que Albert había muerto. Muerto y enterrado desde hacía catorce meses. De hecho, esa fue la razón por la que vino a consulta. Había pasado por el diagnóstico del cáncer, la terrible quimioterapia, la cama de hospital en casa, el funeral, el papeleo y racionalmente sabía que Albert se había ido, sin embargo aún vivía en su rutina, y cada día se escondía tras un velo de ilusión, que a modo de coraza la protegía de la realidad.

En ocho meses de terapia, no hubo día en el que no desplegara una gran rabia contra todo el que no fuera Albert. Odiaba a las amistades que ya no le invitaban ni la tranquilizaban. Odiaba a los médicos que le habían dicho que él tenía los días contados e incluso más a los que le dieron falsas esperanzas. Odiaba a su hijo al que sentía ausente incluso cuando la visitaba a cenar una vez por semana. Su asistenta, a quien ella había contratado para atenuar su soledad, era tan tonta que intentaba disimular que fumaba escondiéndose en el baño. Su amiga más cercana era la única tratable del grupito, todas con Alzheimer o Parkinson, con las que mataba el tiempo jugando a las cartas. Todo un escenario deprimente…

Las primeras sesiones de su terapia fueron muy duras para mí como terapeuta pues sus comentarios me recordaban la lengua maliciosa de mi madre, siempre desagradable e hiriente con todos. Tuve que hacer un esfuerzo para desligar a Elva de mis recuerdos y, lentamente, muy lentamente, logré acercarme, comencé a darle calor, a apreciar y esperar aquellas sesiones en las que descubrí su maravilloso sentido del humor, su inteligencia, su vida rica en anécdotas.

Pero aquel robo de aquel día iluminó su existencia como un foco, poniendo en evidencia su sentimiento de ser, la excepción de estar eternamente protegida. Aquellos auto-engaños de repente perdieron su persuasión.

El lado racional de ser especial se encuentra en el hecho de que la vida de cada cual es única e irrepetible, pero al igual que Elva, todos nosotros en alguna medida también tenemos un sentido irracional de ser especiales, ese que para rechazar nuestros miedos o apaciguar el terror que nos producen, hace que nuestra mente genere la creencia de que somos invulnerables. Elva respondió al “tirón” de forma aparentemente irracional no sintiéndose capacitada para vivir en la tierra, y teniendo miedo hasta de salir de casa, pero sufría por eliminar la irracionalidad al ver que la ilusión que le había protegido, ahora yacía ante ella, desnuda y terrible.

Pensé que este era el momento de abrir totalmente su herida y curarla de verdad.

-Cuando dices que pensabas que nunca te pasaría a ti, sé exactamente lo que quieres decir. Para mí también es muy difícil de aceptar que todas esas aflicciones como envejecer, perder a seres queridos o incluso la muerte, algún día también me van a suceder.

Elva asintió. Su mirada mostraba que estaba muy sorprendida por el hecho de que le dijera algo personal sobre mí.

-Debes sentir que si Albert estuviera vivo, esto nunca te hubiera ocurrido. -Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero yo sentía que tenía la obligación de continuar – Tú sabías que había muerto, lo sé, pero una parte de ti se resistía a creerlo. Ahora realmente sabes que no está en el jardín, ni afuera en el taller. No está en ningún sitio mirando por ti…, solo está en tus recuerdos.

Por primera vez desde que llegó a mi consulta, Elva lloraba de verdad. Vi su bolso, el mismo que le sustrajeron con tanto abuso y le dije…

-Una cosa es la mala suerte, pero otra cosa es… ¿no lo estabas pidiendo a gritos llevando por ahí algo tan enorme? Si fuera un poco más grande necesitarías un carrito de equipaje para llevarlo.

-Pero… es que necesito todo lo que hay dentro -Dijo, secándose las lágrimas.

-¡Estás de broma! ¡Vamos a ver!

Entrando en el juego, Elva se cambió a la silla de al lado para poder arrimarse a la mesa, puso el bolso encima, lo abrió, metió la mano y lo primero que sacó fueron tres bolsas vacías para la caquita de su perro.

-¿Necesitas dos bolsas extra en caso de emergencia?

Elva esbozó una leve sonrisa, y juntos continuamos inspeccionando y conversando sobre cómo y cuándo había llegado cada objeto allí dentro. Admitió que podía quedarse con uno de los doce bolígrafos, pero defendió la utilidad de dos botes de colonia y tres peines y con un golpecito imperioso dejó claro que no se discutía sobre la enorme libreta y el montón de fotos sueltas.

Pero Elva, ¿eso son tres bolsas de caramelos? – sin azúcar, por supuesto

¿Crees que adelgazarás si comes muchos? – Mi pregunta le arrancó una risilla nerviosa.

Una bolsa de plástico con piel de naranja seca – Le dije sonriendo – nunca se sabe cuando te harán falta ¿verdad?

Me acribilló con la mirada, pero continuó sacando tres pares de gafas de sol, un puñado de agujas para coser (“Seis agujas en busca de suéter”, pensé)… la mitad de una novela de Stephen King:

Es que arranco los capítulos conforme los leo, de veras que no merece la pena guardarlos.

¡Vaya!!! algo que no hay que guardar. ¡Elva!!! esto es una locura.

Cuando finalmente la gran bolsa había sucumbido, Elva y yo observamos su contenido sobre mi mesa. En cierto modo lamentamos que no hubiera nada más por vaciar. Levantó su rostro, ahora iluminado con una amplia sonrisa y nuestras miradas se unieron en un momento de gran ternura. Fue un instante extraordinariamente íntimo. Me enseñó todo lo que había detrás de cada rincón de ella misma. Y yo lo había aceptado y abrazado todo, pidiéndole a cada objeto… un poquito más. La seguí en cada escondrijo a cada recoveco, sobrecogido por el hecho de que el bolso de una mujer mayor, pudiera servir como vehículo para romper el aislamiento de ese lugar profundo donde se esconde el dolor del alma.

Fue una hora transformadora, podríamos llamarlo un momento o un acto de amor, pero en cualquier caso… fue redentor. En esa hora, Elva pasó de una postura de abandono a una de confianza, y tras esa sesión, su mente… o quizás ¿su alma?, hizo clic y volvió a la vida…

Creo que la mejor hora de terapia que he tenido nunca, y aquel día aprendí, que compartir con un paciente algo íntimo puede ayudar a romper barreras, vi que a veces la magia de la terapia está en la tontería más grande y se puede encontrar escondida, incluso en un simple y maravilloso momento de intimidad compartida.

Y ahora los deberes… ¿te ha pasado alguna vez una situación que te haya descolocado tanto, que te hiciera vulnerable diciéndote a ti mism@ eso de “nunca pensé que podría pasarme a mí…? ¿Te ha pasado alguna vez, que ese algo inesperado haya conseguido hacer un click o un crack en tu existencia, trasformando los latidos que provoca el instinto básico de supervivencia, por una decisión consciente como la de volver a vivir?

Aquí estamos para leerte, para ver contigo, y saber cómo es el camino de la magia en nuestras vidas. ¡Dentro video ¡

Nosolonavegante, esta entrada queda activada hasta el 19 de enero.



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